jueves, 18 de noviembre de 2021

LA MOSCA CONTRA EL CRISTAL

 

Una adicción es una inclinación o atracción extrema hacia algo o alguien. La adicción te priva de la tranquilidad y es por ello normalmente vista como algo vicioso e indeseable. Además, los adictos vivimos aislados de los demás humanos que no padecen la adicción. Por eso existen los clubes de alcohólicos, para acompañarse en su soledad. Me confieso. Padezco de una adicción. Me declaro adicto a la realidad. No puedo evitarla ni eludirla. Me persigue durante toda la vigilia y a veces en sueños.

No quiero con esta confesión presumir que posea mayor inteligencia respecto quienes no los afecta esta obsesión. Por el contrario. Entiendo por inteligencia la facultad para desentrañar los problemas que te opone el mundo. Pero los problemas que te opone el mundo están teñidos de subjetividad y perspectiva. Ser adicto a la realidad es contrario a ser inteligente desde cierta perspectiva.

Soy como la mosca prisionera del cristal de la ventana, que al contrario de sus hermanas que revolotean en el centro de la pieza volando con giros bruscos, y siguiendo su naturaleza mosquil que es simplemente volar y disfrutar del aire sin vientos y otras dificultades de la atmósfera exterior, disfrutan la pieza encerrada de la casa. Mi símil son aquellas moscas que se golpean contra la ventana y batallan contra el cristal para salir a volar al mundo exterior sin atinar a solucionar el problema que les opone ese cristal. Sus hermanas moscas normales y corientes, parecen disfrutar más de la vida que la porfiada, que se afana en la casi insoluble resistencia del vidrio. Con aguda inteligencia pensarán las moscas voladoras; “esta imbécil se afana en vano por salir de esta cálida pieza, para que el viento se lo lleve, quien sabe donde”.

Digo esto para ilustrar las razones de mi desazón sobre los términos en que se plantea el debate sobre las próximas elecciones. Se trata de elegir el gobierno del Estado que es la sociedad jurídicamente organizada. Se trata pues de elegir que hacer con ese Estado y como abordar los acontecimientos políticos. ¿Qué es un acontecimiento político? ¿Qué lo distingue de un acontecimiento no político? Un acontecimiento político es aquel que afecta y altera la convivencia dentro de una comunidad política, y una comunidad es política cuando está trazada en base a derechos y deberes que se nos imponen para que la convivencia sea posible. Lo que uno esperaría entonces que se debatiera en una “elección” son los hechos políticos mas relevantes y que nos afectan cotidianamente.

¿Cuál es el hecho más relevante políticamente hoy? Que duda puede caber: pues la llamada pandemia. Un poder coercitivo ha declarado que ha surgido de la noche a la mañana algo indeseable que no vemos, que se llama virus, que es letal, que mata o puede matar a mucha gente, que no puede controlarse sino colectivamente, y en razón de ello, la población del mundo debe ser privada de libertad, suspenderse el normal comercio humano, y para conservar la salud, la población masivamente sin reservas y por medios coercitivos, debe inocularse sustancias químicas externas y ajenas a nuestro cuerpo, cuyos efectos indeseados le son desconocidos.

Pero como la mosca que está pegada al cristal, constato de modo efectivo y conforme a los datos que existen para formarse un juicio razonado sobre el tema; que ese virus no es letal en términos que no mata al 99% o más de quienes lo padecen y que considerada la población total su letalidad es inferior al uno por mil; que se diagnostica la existencia del virus a través de un examen cuyo inventor declaró que no era útil ni idóneo para detectar virus; qué en base a ese diagnóstico -errado científicamente hablando- se adoptan decisiones coercitivas que afectan las libertades básicas; que como virus que es, no puede controlarse como tal -los virus son mutables y no existe capacidad humana para controlarlos-; que la inoculación de sustancias químicas no ha sido útil para controlar el virus, que la mayoría de casos fatales reportados luego de la inoculación, corresponde a personas inoculadas; que estadísticamente la inoculación produce efectos nocivos para la salud y finalmente; que el comercio humano mundial debido a esta decisión coercitivamente impuesta, se ha visto gravemente afectado, lo que provocará pobreza, caos, violencia y eventualmente guerras que, esas si, provocarán millones de muertos.

En dos palabras, el juicio racional señala que estamos privados de libertad ad portas de un caos de proporciones imposibles de calcular, debido a un error inducido por un poder trans estatal y trans nacional. Entonces ¿por qué razón el debate para elegir conductores del Estado no trata de esta cuestión?

Pero en el “debate” el tema no se toca. ¿Por qué el tema no se trata? ¿Por qué no se razona públicamente sobre un hecho político inducido por causas imposibles de justificar con argumentos racionales y que reporta múltiples efectos negativos para la comunidad política? Propongo una hipótesis: Porque el tema es místico. Se instaló socialmente como un hecho que toca la sensibilidad mística de las personas. Por místico me refiero a una representación de la realidad aceptada en nuestra siquis por causas misteriosas, imposibles de desentrañar racionalmente y que escarbar sobre ello nos genera una sensación de vértigo abisal. Después de instalado en la conciencia colectiva el coronavirus como un hecho místico, no es un acontecimiento susceptible de análisis racional. Es algo similar a un tabú. Nadie públicamente discutirá sus complejos de Edipo o de Electra porque son cuestiones que tocan la sensibilidad mística.

La moderna sicología de masas y los manipuladores de la conciencia colectiva, ha descubierto que, si tratas un tema místicamente, ese tema estará fuera del ámbito del análisis racional. Los intentos de racionalizar el hecho recibirán entonces, un repudio masivo. Es como para los católicos discutir y cuestionar la transubstanciación de la hostia. Si se plantea, todos mirarán molestos hacia un costado, buscando cambiar de tema.

Entonces los candidatos, cazadores de voluntades y votos, racionalmente lo estiman como algo incuestionable e inútil para conquistar esas voluntades. Incluso, el solo hecho de cuestionarlo necesariamente le reportará rechazo a quien lo haga.

Ahora bien; ¿Cómo se transforma un hecho susceptible de escrutinio racional, en un hecho místico, vedado socialmente a ese escrutinio? Propongo una segunda hipótesis: instalando en la siquis que un hecho nuevo o sobreviniente, tiene efectos insuperables para el individuo.

La amenaza debe ser sobreviniente. A nadie se le ocurre proponer cuarentenas y vacunaciones masivas por el peligro de muerte y preminencia de la hepatitis B, una enfermedad viral que provoca más muertes que el coronavirus y de diagnóstico mucho más preciso. Ello porque la hepatitis B no es un hecho sobreviniente. Convivíamos con ella de lo más bien. Imposible entonces de legitimar una parálisis colectiva como la que ha causado el coronavirus.

La amenaza debe ser insuperable. Se ha dicho que se siembra el temor a la muerte. Pero la representación de la muerte individual no alcanza a paralizar racionalmente a un colectivo. Es algo demasiado previsible la muerte individual. Lo que sí es insuperable intelectualmente, es representarnos la posibilidad de la muerte colectiva; aquello genera un terror atávico de tal magnitud, que paraliza la racionalidad. Existe en nosotros un atavismo animal; el terror de desaparecer como especie. Ese miedo es mucho más potente que el temor a la muerte individual. Es aquella la tecla que han tocado los ingenieros sociales del terror. Desaparecer como lo hicieron los dinosaurios.

La mosca del cristal si pudiera convencería a sus hermanas que revolotean volando insustancial e inútilmente hasta su próxima muerte, que afuera de la habitación, hay cadáveres, excrementos y pudriciones que les permitirían desarrollar de mejor manera su naturaleza mosquil y por ello deben atreverse a salir de la habitación o al menos intentarlo.

Algo así me gustaría inspirar a mis prójimos humanos: Vivimos en un mundo repleto de datos. Nunca en la historia de la humanidad conocida, el hombre había tenido a su disposición tamaña cantidad de datos susceptibles de procesarse racionalmente. Es pues posible liberarnos colectivamente de los atavismos místicos. Es posible hacerlo. Propongo empezar por apagar el televisor y dejar hablando solos a los hierofantes del terror atávico.

Noviembre de 2021

 

miércoles, 3 de noviembre de 2021

EL NEOLIBERALISMO Y EL VICTIMISMO

Chile en el siglo XX, ha sido protagonista de sucesivas vanguardias o experimentos socio-políticos a los problemas sociales derivados del avance de la modernidad. Me explico: fue en Chile donde se pretendió imponer la utopía socialista por la vía democrática; fue en Chile donde se reinstaló (antes que la Sra. Tatcher y R. Reagan lo hicieran en naciones del primer mundo) un sistema que hoy se identifica como neoliberal, en que se liberaron los mercados de controles y proteccionismos para superar un empobrecimiento crónico que afectaba a occidente, pobreza que golpeaba con mayor rigor a las naciones más pobres.

Los experimentos como tales son azarosos; a veces tienen éxito, algún éxito, o ninguno. El experimento de la revolución con empanadas y vino tinto de Salvador Allende, terminó en tragedia. Obviamente no por culpa de unos militares perversos y caprichosos como nos pretende enseñar el Museo de la Memoria, sino por el frívolo utopismo de pretender destruir una de las bases de toda convivencia social; el derecho de propiedad, y de un modo absurdamente voluntarista; con las patas y con el buche. El experimento del gobierno militar, fue el que sus detractores llaman neoliberal, tuvo éxitos evidentes y palpables: el camino a la superación de la pobreza. Tanto fue su éxito que sus detractores y enemigos iniciales lo adoptaron a rajatabla[1] y Chile pasó a ser la joya de la corona de latino américa. Pero ese experimento generó también patologías como la precarización social, que los actores observan desde diferentes perspectivas y ofrecen soluciones diversas y opuestas para superarlas.

¿En qué consiste esa precarización de la vida social? Si bien no sufrimos hambrunas ni guerras, una parte de la población presumiblemente mayoritaria, adquiere expectativas de progreso personal que antes no existían, pero que ahora están formalmente a su disposición, tales como la educación superior formal, el consumo de bienes que hacen más grata la vida cotidiana, la conservación de la salud con procedimientos sofisticados; pero carecen de las suficientes herramientas para proveérselas lo que genera ansiedad y angustia. Y en parte también carecen de las aptitudes para lidiar con el sistema de mercado y proveérselas por su cuenta. Esto último – y aquí lo yo denomino patología de la modernidad- paradojalmente los avances tecnológicos y sus facilidades han deteriorado ciertas aptitudes para que cada uno asuma su vida y encare sus caminos. Recordando esa vieja metáfora del escultor, donde el cincel es la inteligencia y el martillo es la voluntad; la modernidad ha mejorado y sofisticado el cincel, pero ha deteriorado el martillo. Cuando el piloto de un barco se enfrenta a la borrasca, si solo le acompañan sus conocimientos náuticos teóricos, pero flaquea en la disposición para ponerlos en práctica, su nave fatalmente zozobrará.

Lo descrito en el párrafo precedente es un fenómeno global que afecta a casi todas las sociedades occidentales. Y nuevamente Chile, inducido esta vez por generosas ONG y otras influencias foráneas, se propone como laboratorio experimental. El programa del candidato a la presidencia de la república don Gabriel Boric representa a mi juicio un nuevo proyecto de experimento vanguardista para Chile cuyo éxito, en caso de triunfar su opción electoral, pronostico consecuencias fatalmente nefastas, por las razones que pretendo explicar a continuación.

El perspectivismo es una corriente filosófica que asimila la realidad a una naranja que cogemos con la mano: siempre y fatalmente la estaremos observando la naranja de un costado y nos resultará oculta desde otro; cuando la cambiemos de posición, nos resultará ajena la parte oculta. Por eso el eclecticismo que nos invita a ponderar la razonabilidad de cada una de las perspectivas, es una virtud y un imperativo para la convivencia democrática. Pero ese eclecticismo debe comparar manzanas con manzanas y peras con peras. No se puede valorar de un mismo modo una perspectiva de la realidad que nace de la reflexión racional a otra que nace de las pulsiones emocionales.

En la coalición de Boric conviven comunistas que aun creen en la arcadia socialista y colectivista de Lenin, Stalin y compañía, e inspiran en parte el programa. Pero la corriente principal es la del candidato Boric que, ¿cómo podríamos denominarla? Propongo un nombre que encierra con bastante precisión su perspectiva fundada más que en la reflexión, en la emoción: El Victimismo. El mundo según esta corriente está compuesto por dos tipos de seres humanos: opresores y oprimidos. Los oprimidos son víctimas de este sistema opresor que es el neoliberalismo. Se ofenden fácilmente. La cultura de la ofensa los induce a ser intolerantes con las ideas ajenas, y tal como su líder, nunca han sido capaces de salir al mundo y enfrentarse a él. Prefieren el fanal que los proteja. Un amigo me advirtió a propósito del movimiento del 18/10/2019; las revoluciones verdaderas buscan la liberación. Este movimiento busca el aborregamiento colectivo. Busca la protección y el amparo de un Estado amable y protector. Y lo busca porque la emoción que los inspira es la impotencia para lidiar con el mundo. No hay propiamente un bototo que los oprime. Simplemente el mundo se ha tornado para ellos en una entidad tan compleja que aquello les genera una perplejidad paralizante.

De tras de los deditos levantados y de la voz aguda de su líder, de su tono altisonante, se esconde pues una gran fragilidad colectiva de quienes aspiran a un mundo como el que propician las agencias de la ONU; “donde seremos más pobres, pero más felices”.

Así las cosas, que Boric llegue a ser presidente más que un sueño de construcción de un mundo más justo, pacífico y borreguil; es una pesadilla de falta de control sobre las consecuencias de los actos de este colectivo político que es el frente amplio y sus socios. “Le meteremos inestabilidad al sistema” fue la brillante idea de uno de sus colaboradores. Es como si el piloto del barco dijera le haremos un forado a la sentina del barco. Esa sola frase demuestra hasta que punto hay una dramática desconexión a la realidad.

Frente a esta candidatura inspirada en una especie de revolución de las flores de 1970 o del prohibido prohibir de París de 1968, la candidatura de José Antonio Kast, representa la figura del padre fundado en el sentido común; que no tiene respuestas para todas las dificultades porque reconoce en la realidad un margen de precariedad que es necesario encarar todos los días. Es decir, reconoce la vida y su realidad como ella es.

Dios guarde a nuestro país del desatino estridente del victimismo y que no seamos nuevamente probeta del laboratorio del mundo.

Noviembre 3 de 2021

 

 



[1] No se olvide el lector que Alejandro Foxley ministro de Aylwin y Ricardo Lagos protagonista privilegiado del Chile neoliberal, escribieron anteriormente libros que propiciaban las recetas colectivistas y socialistas.

viernes, 29 de octubre de 2021

BORIC, EL SOCIALISMO Y LA CLEPTOCRACIA

Cuando tenía trece años acompañaba a mi padre rumbo a Constitución. Un tórrido día domingo de verano, paramos a tomar algo liquido en San Javier. Mi padre al ver a un vendedor de diarios me pidió que le comprara el mercurio. El hombre de extracción muy modesta vestía, no obstante el calor, una raída chaqueta y usaba corbata. Lo interpelé pidiéndole El Mercurio. Me contestó que el solo vendía El Siglo. Me explicó que era militante del partido Comunista y que recorría las calles de San Javier por orden partidaria. Me atreví a preguntarle si vendía todos los ejemplares. Me contestó que no; que lograba vender a un muy bajo precio muy pocos ejemplares, pero que él cooperaba con la futura sociedad socialista de esta forma. Me quedé perplejo. Que tremenda convicción podía tener un hombre para salir a repartir un diario -que además era muy aburrido- con 38º centígrados para vender tan pocos diarios. Así funcionaba el comunismo en el año 1969.

 Mucha agua ha pasado bajo los puentes. El socialismo del siglo XXI es otra cosa. Somos testigos de una tendencia dominante en el socialismo latino americano: La cleptocracia. Demagogos que prometen reemplazar el infierno neoliberal llegan al poder en nuestras frágiles democracias latinoamericanas, y como por arte de magia se hacen ricos, con cuentas off shore y sociedades de inversión, veraneos en paraísos capitalistas -como nuestro alcalde de Recoleta- y discursos altisonantes contra el sistema opresor.  Los hermanos Castro, los Kichnner, los Lulas, los Correa los Maduro y algunos de los próceres de la ex concertación; milagrosamente son ricos; sin haber pagado empleados, formularios 29 y todas las ordinarieces a las que estamos sometidos quienes hemos vivido de nuestro trabajo diario.

En el 2013 en Coyhaique, conocí personalmente en una comida, al malogrado ex presidente de Perú Alan García. En el calor de los bajativos que se extendieron hasta las dos de la mañana, contó la anécdota de su asunción a la presidencia del Perú en 1985. Asistía dentro de otros, el ex presidente de Venezuela Carlos Andrés Pérez recordado cleptócrata de la izquierdista Acción Democrática. Ambos progresistas y socialistas.  Pérez, sin ambages le señaló “Alan usted cuando ejerce el poder en latino américa, debe disponer lo necesario para proveerse de una fortuna personal, sin la cual después lo pasará muy mal”. Alan García le respondió -lo contó sin ninguna vergüenza- No se preocupe presidente, dispondré de una fortuna de dos millones de dólares. Carlos Andrés Pérez le contestó; “Alan no me ha entendido, debe usted proveerse de una fortuna de al menos cuarenta millones de dólares -hoy más de cien-. Si no lo hace después se arrepentirá”. Parece que García no le hizo suficiente caso. Debió pegarse un tiro acosado por las requisitorias judiciales por delitos de corrupción.

Cuando aparecieron los jóvenes del Frente Amplio y de sus derivaciones; sus discursos altisonantes señalaban que renunciarían a sueldos, donarían sus dietas y por ningún motivo se contaminarían con el satánico neoliberalismo corruptor. La idea era mantenerse impolutos. Gabriel Boric era uno de ellos. Me acorde entonces del disciplinado militante comunista de San Javier.

En el ejercicio del cargo de diputado, alguna vez acusaron a Boric de haberse aprovechado de un barco fiscal para asistir a un paseo a la isla Lenox donde sus antepasados croatas habían hecho patria. La imputación me pareció un pecado menor porque la finalidad, a fin de cuentas, la encontré simbólica y patriota.

Pero al parecer el compañero Gabriel no era el continuador de esa pura moral revolucionaria de nuestro militante de San Javier. En el tráfago de la campaña presidencial se ha develado un obscuro “negocito” que implicaba a su padre, en sociedad con la cónyuge del ex alcalde socialista, y ¡eureka!; Gabriel había participado interponiendo sus buenos oficios para que el “proyecto” corriera aceitado: El Serviu de Punta Arenas le compraba la propiedad en un valor que multiplicaba por 100, el valor en que sus parientes habían tenido la “suerte” de comprar. Partícipe también era una señora o señorita llamada Doris González, la compañera Doris, quien actualmente es parte de su círculo de hierro, y que se hizo famosa por sus discursos emocionados en la asamblea chavista de Venezuela que le valió un cálido abrazo del compañero Nicolás Maduro. Esta inclaudicable anti neoliberal, era artífice del negocito, porque soliviantó a pobladores para que exigieran la compra del predio de Boric papá. Si para desgracia de Chile el compañero Gabriel llega a la presidencia, ya podemos imaginar lo que sucederá. Es muy posible que le hará caso al gran cleptócrata Carlos Andrés Pérez. Todo naturalmente por el bien de la revolución y del socialismo.

Octubre de 2021


martes, 19 de octubre de 2021

LA FRIVOLIDAD; PERVERSA CONDICION DE NUESTRA NACIONALIDAD

 


Francisco Antonio Encina, Edwards Vives, Gonzalo Vial Correa, Edwards Bello; lo denuncian en sus páginas: el gran defecto de la nacionalidad chilena es la frivolidad de sus élites. Esto es, una actitud frente a la vida y sus circunstancias, ligera, veleidosa y superficialmente sensual.

La revolución del 91 tiene como condición de posibilidad, la actitud veleidosa y liviana de toda la clase política, que entonces se confundía con una oligarquía sin suficientes méritos de riqueza. También la frivolidad de Balmaceda que busca, a lo bestia, romper con esa inercia, sin respetar las reglas básicas de la política. El resultado es una tragedia colosal. En el caso de Salvador Allende, a mi juicio su peor pecado no fue pretender una utopía socialista que probaría con el tiempo ser fracasada. Su gran pecado fue la frivolidad de pretender imponerla con los compañeros de viaje que tenía. El epítome del pije frívolo fue su camarada Altamirano, criado entre algodones y presumiéndose de guerrillero al estilo Mao. No los comparo; el uno dignamente se pegó un tiro; el otro huyó deshonrosamente dejando en la estacada a quienes seguían sus delirantes prescripciones.

En páginas económicas de El Mercurio un mercader ex supermercadista, pontifica de política diciendo que debemos hacer lo necesario para que gane Boric. Mientras su deseo se cumple, él se dedicará a navegar en yate por la antártica o jugará golf en otras latitudes fuera de la jurisdicción nacional.

Tenemos un presidente de la república, exitoso agiotista, que cuando la república es sometida a un ataque coordinado y planificado, él califica la asonada del 18 de octubre como la voluntad del pueblo donde los chilenos piden un Chile más justo y solidario y abre grandes caminos de futuro y esperanza. ¿Apego a la realidad de los acontecimientos? No importa. La frasesita suena cool.

Tenemos un candidato a la presidencia de la república que nos ofrece un programa coloreado de rosado (no es un decir) con gráfica del movimiento hippie de los años 60, plagado de lugares comunes de la onda progre, proponiendo como base de la gobernabilidad del país que la población haga lo único que él ha hecho en su vida: la movilización y la protesta como motor del cambio social. Su programa -hoy retirado de la página web- es una oda a la frivolidad conceptual de cabo a rabo. ¿Cómo gobernará? No importa compañeros y compañeras; después se verá. Levantando los deditos con su voz atiplada, siempre encontrando un aburrido argumento sacado de la academia de moda.

No. No estamos hablando de la frivolidad afectada de un Wilde que pretende ocultar una profunda preocupación por la naturaleza humana trascendente y reírse de ella. No; es una frivolidad rasca, que oculta todos los defectos de la naturaleza humana y ninguna de sus virtudes: Cobardía, carencia de empatía y de caridad por el prójimo.

¿Por qué estamos en el abismo social y político en que nos encontramos? Si escarbamos un poco la encontraremos: la frivolidad de la solución fácil. La de la derecha política de acomodarse: que gobiernen ellos mientras nosotros ganamos plata. La de una oligarquía dada a lo superfluo que enterró en el olvido a cualquier idea de trascendencia. Aquella que fue emplazada por un Gonzalo Vial Correa cuando todos se festinaban del crecimiento económico, mientras la familia de sectores populares era pulverizada. ¿De donde salieron estos infelices que queman y llenan de excrementos verbales la ciudad? Pues de esas familias pulverizadas.

Los años locos de los 15 a los 30 del siglo pasado, pavimentaron la crisis social que hundió al país en la pobreza del segundo cuarto de siglo. Mientras una oligarquía desdeñosa se construía palacetes y hacia fiestas de amanecida, cundía la subalimentación en las clases populares. Hoy gracias a Dios, no hay hambre. Pero el crecimiento de la riqueza criolla ha ido acompañado con la destrucción de la familia, a causa de la promoción de un estilo de vida frívolo; un american way of life pero a la chilena; sin los valores de la honesty anglosajona; lo que ha sido condición de posibilidad de la actual generación nihilista que tiene en jaque el futuro de todos.

Empecé estas letras radicando en las élites el vicio de la frivolidad. Pero como el país ha cambiado su estructura social y se ha hecho posible la movilidad social, la frivolidad también ha sido permeada por toda la sociedad.

¿Qué representa el fenómeno de la candidatura de Gabriel Boric? Pues el de una generación ultra frívola hasta la demencia: Aceptan e incluso propician la guerra interna, pero rechazan y se escandalizan con las consecuencias de la guerra.

Dios salve a Chile.

Octubre de 2021

jueves, 14 de octubre de 2021

LOS COLEROS Y EL CUARTO RETIRO DE LOS FONDOS DE PENSIONES


Mi representación del mundo que formé en la niñez, se fijó en mis largas estadías veraniegas en la zona de Graneros en pleno campo de la zona central. Los huasos y vaqueros de los cerros, contaban fascinantes cuentos de bandidos, donde ellos eran los buenos y los portadores de la justicia. Al ladrón de ganado decían había que apalearlo; pero el hombre lo hacía por necesidad de modo que lo entregaban a los Carabineros. Pero había un tipo de delincuente que no tenía perdón de Dios: El colero. ¿Quién era el colero? Aquel que cortaba la cola a los caballos. ¿Para qué? Pues para robarse y vender la crin de caballo, que se mezclaba con lana y era la materia prima de los colchones y las almohadas de entonces. ¿Y por qué era tan grave su crimen? Pues porque el daño que causaba al dueño del caballo era muy superior al beneficio que le reportaba su delito. Por la crin de un caballo le pagaban en Rancagua menos que lo que costaba una coliza de pan. Pero el daño era la infamia y el deshonor para el jinete de montar un caballo chileno sin cola. Después de muchos años le crecía al pobre bruto, una cola hirsuta y nunca como la del original caballo chileno. ¿Qué hacían con el delincuente? Desaparecía el infeliz en los cerros de la cordillera de la costa en los altos del Cantillana. Algo similar leí en alguna novela costumbrista no me acuerdo si de Luis Durand o de Oscar Castro. Entonces no me hizo sentido ni de justicia ni de lógica. Adicionalmente, cuando estudié derecho penal en la universidad, no me parece haber escuchado ese criterio como política criminal.

Pero después de muchos años, de haber visto tantos pecados y pecadores en mi vida profesional de abogado, el criterio de gravedad de una conducta, medido por el cociente entre beneficio y daño me hace algún sentido. La historia del “cuarto retiro”, es un ejemplo palmario de este desequilibrio.

Leo en el diario la discusión en el Senado sobre el “cuarto retiro” o cuarto fraude constitucional perpetrado por los honorables violando el artículo 7 de nuestra vilipendiada carta magna. No tengo que explicar a los lectores el detalle de lo que se ha discutido hasta la náusea. Todos los honorables saben de economía. Todos saben lo que está en juego. Todos saben que el desequilibrio macroeconómico que han causado a través de este fraude constitucional, no tiene grado de comparación con el beneficio que le ha reportado a algunos disponer de una liquidez que no les correspondía legalmente disponer. Todos los honorables entienden de ahorro interno, inversión, crecimiento económico, ingreso per cápita etc. etc. etc. Todos saben que, sin equilibrio y solidez macroeconómica, no hay microeconomía. Todos saben el daño que le están causando en el mediano plazo a la familias y persona de menores recursos del país. Eso no se discute porque eso lo saben TODOS.

¿Qué están en juego entonces? ¿Cuál es la disyuntiva de los honorables? Pues su beneficio personal. ¿Cuál? Ser reelegidos y seguir disfrutando de su dieta de 9 millones de pesos mensuales que ninguno de ellos se puede ganar fuera de la burocracia parlamentaria.

La sumatoria de los daños que la medida causará a la sociedad toda, sin ninguna posibilidad de error, es infinitamente superior a los beneficios que le reportará. La cuestión está en que los beneficiados más seguros son los diputados y los senadores que hayan votado a su favor. ¿Cómo puede ser así? A través del viejo vicio de la demagogia. Mintiendo, escondiendo la verdad, torciendo la realidad al punto de verla distorsionada.

Cuando todos seamos más pobres, cuando esa joven pareja no acceda al crédito hipotecario y a la casa propia que accedieron sus mayores, cuando los pobres se conviertan en miserables; cuando ese joven de vueltas y vueltas buscando un empleo y no lo encuentre, cuando ese jefe de hogar llegue a la casa sin el puchero diario, cuando veamos destruida esa débil urdiembre social que son los despreciados equilibrios económicos; entonces nos recordaremos de los chascarros de los senadores Urresti, Juan Pablo Letelier,  Yasna Provoste, Huenchumilla; que con guasa frivolidad explicaron la cuadratura del círculo y para entonces estarán disfrutando de su riqueza acumulada en base a su astucia. De seguro no tendrán la misma suerte que los huasos cuenteros le asignaban a los pobres coleros.

octubre de 2021

miércoles, 6 de octubre de 2021

¿ES EL PODER CAUSA DE ESTUPIDEZ, O LA ESTUPIDEZ FUENTE DE PODER?

 


 

El poder a través de la historia tiene buena prensa. Nos emocionamos y tendemos a admirar a los poderosos históricos. Julio Cesar tenía su Twitter propio. Gustaba de decir frases para el bronce; Vini vidi vinci; Alea Jacta Est; Vade Vinci; etc. Napoleón algo parecido. Pero el fenómeno del poder está también lleno de contradicciones no suficientemente estudiadas por los historiadores y filósofos de la historia. Alejandro murió en una borrachera sin sentido. Hernando de Magallanes ahogado por hacerse el valiente frente a sus inferiores y después de un almuerzo regado. Hegel – a mi juicio mayormente un charlatán – sostenía que había una inteligencia histórica que conducía al mundo del espíritu. Yo desde mi humilde punto de vista creo lo contrario que Hegel; hay una estupidez que guía la historia de los poderosos. Ojo que digo de los poderosos, no de la humanidad. En la administración del poder la necedad es la regla; la excepción es la inteligencia. La humanidad está compuesta de pequeños grandes hombres que construyen: el que inventó las herraduras de los caballos, el agua corriente y el escusado, la rueda, los microchips, el derecho romano, etc.; y grandes hombres que se aprovechan de lo que construyen los pequeños y normalmente (hay excepciones) con su ambición lo deterioran o en el extremo lo destruyen.

El hombre necio del evangelio es calificado de tal solo por llenar sus graneros. Pregunto al lector: ¿De qué sirve poseer un patrimonio superior a los 100 millones de dólares después de los 60 años de edad? Si razonamos correctamente llegaremos a la respuesta: De absolutamente nada. La pregunta está formulada en el título de estas letras: ¿El poder causa estupidez, o la estupidez es fuente de poder con su avidez insana?

Su Excelencia el presidente de la República, parece darnos una pista para su caso; el poder sería la causa de su estupidez. Piñera da una conferencia de prensa, entero, vigilante, asertivo, despierto, sagaz; para explicarnos según él, la evidente cuadratura del círculo. El no tienen nada que ver ni ninguna relación, con el hecho que de un acto de gobierno que él preside se derivaría una ganancia para su familia – es decir para él mismo- de 157 millones de dólares. No lo habíamos visto así hace muchos meses. Para referirse a los actos del gobierno del Estado se le notaba afectado, dubitativo, deteriorado físicamente y casi siempre con mascarilla. Aquí, a rostro descubierto nos da su “verdad” categórico y rejuvenecido.

¿Puede ser fruto de la inteligencia querer ganar 157 millones de dólares más, cuando se tienen entre dos mil y tres mil millones, y aquella ganancia le reporte necesariamente su ruina moral? No. No lo es. Como abogado he asistido a cierres de negocios donde las partes disputan minucias hasta altas horas de la madrugada, solo para sentirse ganadores. Mi profesor de derecho procesal don Juan Pomés contaba que, oficiando de juez partidor de una herencia, una comunera hereditaria cogió a la fuerza el anillo de brillante de su madre, y le amenazó con lanzarse por la ventana de su oficina si él, como juez partidor, no se lo adjudicaba.

La avidez de dinero y el poder por sobre las capacidades humanas, genera estupidez. No hay duda. En el caso de Piñera, su estupidez no solamente lo daña a él mismo. Daña a todo el país; al Estado del que es jefe; a la juventud de Chile; a sus parciales y a sus contendores.

Las óperas wagnerianas nos emocionan con la caída de los héroes. Sigfrido muere como héroe y la música de su funeral nos conmueve. La caída de Piñera será como una cumbia villera: rasca, fea, de mal gusto. No nos dejará ninguna enseñanza y mucho daño.

Que pena por Chile.

Octubre de 2021

sábado, 11 de septiembre de 2021

LA BUROCRACIA, EL INFIERNO CHINO, EL SERVEL Y LOS PROTOCOLOS ADMINISTRATIVOS

Existe una antigua y popular obra de teatro y opera china intitulada “Mulián Rescata a su Madre del Infierno”. Esta obra dio lugar a la imagen del inframundo que tiene la cultura china. Aquella se ve reflejada en ilustraciones en jarrones y múltiples expresiones gráficas del gran país de oriente. Así como la Divina Comedia de Dante generó en el imaginario occidental nuestra visión el infierno; el igualmente indeseable infierno de los chinos, se lo imaginaron plagado de burócratas custodios privilegiados de ese averno. Mulián en el relato, podrá rescatar finalmente a su madre, pero luego de cumplir un sinfín de trámites burocráticos; hacer filas, rellenar formularios y ganarse la voluntad de los hostiles burócratas chinos, que le ponen todo tipo de trabas. Es muy posible que la cultura china, amante del equilibrio y la armonía, reconozca en la burocracia la antípoda de aquello.

Cuando estudiaba mi primer año de derecho en la Universidad de Chile, en las tardes trabajaba de procurador-suche en un estudio de abogados. Mientras los estudiantes de segundo y tercer año a quienes consideraba privilegiados e importantes, tramitaban causas judiciales en los tribunales, el suche de primer año – que era yo-, tramitaba la obtención de pasaportes haciendo cola en las oficinas de General Mackenna al costado de Investigaciones, revisaba los libros de marcas comerciales en el húmedo y fétido subsuelo del Ministerio de Economía, y efectuaba otras tareas oscuras y despreciadas por mis importantes colegas mayores. Había que sonreír empáticamente a hostiles funcionarios, obsequiar chocolates a señoras mayores, adherir ruidosamente a las preferencias futbolísticas de algunos funcionarios; todo en aras de que; “saliera el trámite”. Era mi infierno chino que lo soportaba estoicamente para hacer méritos y ser considerado en el bufete, para ejercer roles forenses más dignos de mi futura profesión de abogado.

Si me hiciera un sicoanálisis con toda seguridad esa experiencia explicaría la aversión que profeso por la burocracia, entendiendo por tal, aquellos ritualismos oficinescos cuya causa y cuyo objeto nunca están del todo claros. La declaración de impuestos de abril de cada año, aparte de ser un agravio a mi pobre patrimonio, tiene ese componente amargo de llenar formularios y más formularios, los que ante cualquiera pequeña equivocación, se deja caer la guillotina: Multa en unidades tributarias mensuales. ¿Por qué? ¿A quién lesioné? A nadie. Simplemente el recuadro está mal llenado.

El surgimiento de la electrónica, se suponía que dejaría en el pasado este infierno chino. Pero los candidatos a cargos de elección popular han constatado que ese infierno está plenamente vigente. La democracia representativa, la voluntad popular y hasta la soberanía; pueden verse trastocadas porque el recuadro XX del formulario YY no ha sido completado adecuadamente. El Servel, órgano público compuesto por funcionarios formalmente inteligentes, con estudios universitarios y de post grado, son incapaces de razonar. Para ellos los “protocolos” son los “protocolos”.

Cuando en nuestro País se legislaba con la recta razón, se dictó la ley 18.575 (que ahora luego de sucesivas y desordenadas modificaciones parece queso suizo), norma de rango constitucional que se denomina, “Bases de la Administración del Estado”. En ella se prescribe: La Administración del Estado está al servicio de la persona humana; su finalidad es promover el bien común atendiendo las necesidades públicas en forma continua y permanente. Del mismo modo cuando aún el legislador se apegaba a la razón y a la adecuada sintaxis, se dictó la ley 19.880 sobre la formalidad de los actos de la administración que manda lo siguiente: El procedimiento debe desarrollarse con sencillez y eficacia, de modo que las formalidades que se exijan sean aquéllas indispensables para dejar constancia indubitada de lo actuado, y evitar perjuicios a los particulares.

El Estado de Chile ha perdido la brújula hace rato. Vivimos prisioneros de protocolos sin sentido exigidos perentoriamente por burócratas cada vez más numerosos, más alejados de la realidad fáctica y menos eficaces para el logro de los fines para lo que se les paga. El País dilapida toneladas de energía creativa en montañas de trámites inútiles como el que tiene rechazadas las candidaturas por el Servel. Para presentar una candidatura, abrir un kiosco para vender empanadas, cruzar con una cañería una calle, levantar un edificio, etc. estamos tapizados de exigencias inútiles.

Salvemos a Chile de este Gulag de la burocracia.

 

Septiembre de 2021