miércoles, 29 de julio de 2026

¿POR QUÉ NUESTRO TIEMPO SE DESFONDA? LA LEVEDAD DEL SIGLO XXI

 


¿Ha sentido el lector en alguna oportunidad que el suelo se abría bajo sus pies y caía? Me crie en el campo. En la casa principal del fundo había un pasadizo que conducía a una quinta de frutales. Cruzaba sobre un tablonaje que tapaba una noria, un pozo de agua. Las tablas estaban en mal estado y con mis camaradas de cinco años de edad saltábamos sobre ellas. De pronto se quebró una tabla y yo quedé con los pies en el vacío sujeto de mis axilas. Fue una sensación de terror inolvidable.

Hace un par de décadas un novelista checo, Milán Kundera, nos conmovió con una soberbia novela que describía el vacío vital de los jóvenes en su Chequia comunista. La intituló “La Insoportable Levedad del Ser”.

Si es que tengo lectores fieles de mis balbuceos filosóficos, sabrán que soy un porfiado cultor de la filosofía de José Ortega y Gasset. El más lúcido aporte de Ortega, es haber invertido brillantemente el orden de los factores en la tarea de comprender el mundo, revolucionando la epistemología. La filosofía, desde Platón, viene pretendiendo comprender, cómo las ideas le dan forma al mundo que los rodea. La Historiografía ordinariamente relata que el mundo es gobernado por ideas matrices que inspiran los tiempos. Así, cambian las ideas y los tiempos cambian. Ortega explícitamente da vuelta ese silogismo, y señala que son las circunstancias las que inspiran las ideas. Las ideas interpretan los tiempos y no los tiempos interpretan las ideas y sus relatos sobre el mundo.

¿Percibe usted lector la levedad de nuestros tiempos, y que todo parece desfondarse? Lo que relatan los medios informativos no es creíble, los liderazgos que aparecen para remediar los males del mundo, se corrompen al cabo, no ya de años, de meses. Lo que se percibía como creíble ayer, hoy es una completa mentira, timo y engaño. Los “ideales” se corrompen por la praxis corrupta de quienes los enarbolan. Se ha descrito hasta la náusea que la política, los medios informativos, el arte e incluso la religión, vive hoy en un permanente espectáculo de máscaras. La sociedad del espectáculo que describiera Guy Debord y Vargas Llosa, hoy es corregida y aumentada.

Para quienes intentamos comprender esta realidad y para los más osados que pretenden corregirla en aras que nuestro mundo se ordene a la verdad, la justicia y la belleza, la cuestión es azorante. El mundo pareciera fragmentarse en pedazos minúsculos y los principios explicativos, las teorías filosóficas y las verdades religiosas no dan el ancho para poder recomponer esos fragmentos.

Las generaciones jóvenes nacidas en este mundo fragmentado e incomprensible optan por el suicidio trascendental. No les interesa trascender. La mayoría no quiere tener hijos, y los que quieren tener hijos los tienen en una cantidad tal, que la desaparición de su estirpe es cosa cierta.

Se habla de una Batalla Cultural. Una de las partes de esta batalla enarbola las viejas ideas del revolucionarismo, neologismo con que pretendo reunir a quienes nos torturan desde hace dos siglos y medio con ideas que dividen al mundo entre oprimidos y opresores, y la política se resumiría en que oprimidos se rebelan, destruyen a los opresores y entonces seremos felices comiendo perdices. Solo cambian en este desgastado y falaz relato, quienes se ponen las máscaras de oprimidos y a quienes le ponen la máscara de opresores. En el otro rincón del ring de esta batalla cultural, están los restauradores. Desde hace 250 años, todas las revoluciones, por esencia disolventes y destructoras del tejido social, tiene una reacción de distinto grado impulsada por quienes pretenden la tranquilidad del orden[1], pero siempre los restauradores en el mediano y largo plazo fracasan y la sociedad moderna vuelve a verse envuelta, por una nueva idea disolvente en el caos y en el vacío. Eso los marxistas lo enarbolan como una dialéctica histórica fatal, pero si se revisa sin comprarse el relato del materialismo histórico, se verá que es propio solo de la modernidad y referido exclusivamente a la modernidad occidental.

Clementt Von Metternich, Felipe de Orleans, Napoleón Tercero, Cánovas Robles, el General Primo de Rivera, Francisco Franco, Augusto Pinochet, por nombrar algunos, enderezaron el escorado barco de la historia, pero al cabo, sus esfuerzos fracasaron en el largo plazo. ¿Por qué?

Mi conjetura[2] es que, la culpa la tiene la epistemología que prima en la modernidad. Quiero decir con ello, la forma, el método con que los habitantes de la modernidad pretendemos entender el mundo.

¿Cómo se endereza el mundo hacia la tranquilidad del orden? Responden los restauradores: a través de las ideas correctas. Aquello es irremediablemente falso. Las ideas nunca han enderezado nada. Las ideas son simples interpretaciones del mundo, más o menos correctas. Las ideas no cambian las conductas.

La forma de enderezar el mundo es enderezar las conductas. Por sus obras los conoceréis[3]. Lo que necesita el mundo es más nobleza, porque la nobleza obliga. Lo que necesita el mundo es combatir la zafiedad, la fealdad, la ordinariez, la deshonestidad; en dos palabras más caridad que no es más que ocuparse del prójimo y liberarse del ego. Eso no es política, me refutará el modernista. Eso es precisamente la política, según quién inventó esa palabra: Aristóteles.

Inazo Nitobe, japones autor de un libro intitulado Bushido: El Alma de Japón, da cuenta que su padre, guerrero Samurai, lo castigó enviándolo a dormir a la leñera cuando arreciaba un temporal de nieve, porque, al traer leña a la chimenea que compartía la familia en el cálido hogar, sacudiéndose la nieve expresó: Qué frio es el que hace afuera. Su padre buscaba erradicar la queja inútil y debilidad al expresar un malestar físico que perturbaba la paz y la armonía de la familia. El sufrimiento debe asimilarse, según el bushido, y reflexionar, qué debo hacer yo para superar mi sufrimiento. Nuestra superior cultura cristiana agregaría: y el sufrimiento ajeno.

¿Cuál es la novísima circunstancia que tiene desfondado el mundo? ¿Son acaso las ideas de la nueva versión de opresores y oprimidos del revolucionarismo en boga? ¿Acaso la nueva versión de ideas restauradoras nos salvará?

Es la Rebelión de las Masas potenciada por las redes sociales, las que desfondan al mundo; son las encuestas de opinión las que desfondan el mundo; son el victimismo omnipresente el que desfonda el mundo; es la zafiedad de las conductas las que desfondan el mundo; son los que demandan más derechos los que desfondan el mundo.

Quien nos salvará: una nueva nobleza, una nueva legión de ocupados en sus deberes, cultores de la belleza estética de las conductas personales como enseña el Bushido. No hay restauración posible a través de las ideas.

Julio 2026



[1] Así define la paz San Agustín

[2] Prefiero no hablar de hipótesis porque en humanidades las hipótesis son meras conjeturas.

[3] Evangelio según San Mateo capítulo 7 versículos 16 a 20.

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