sábado, 20 de junio de 2026

EXTRAVIO DE NIÑOS HAITIANOS. PERSPECTIVA PROGRESISTA Y TRADICIONALISTA DEL FENOMENO

 


El extravío de niños haitianos ingresados a Chile como parte de un deliberado tráfico de personas, ha provocado reacciones unánimes. Las redes sociales y medios de comunicación hierven. Periodistas dejan caer lagrimones en cámara, académicos progresistas corren a ponerle paños fríos, algunos políticos buscan moderar la reacción natural que la noticia provoca y otros, lúcidamente a mi juicio, aprovechan las horrendas conjeturas que despierta el episodio, para recordar que este tráfico de personas lo vienen denunciando desde hace nueve año con el fin de ponerle término.

El tráfico sistemático y organizado de personas, fue desde 2015, organizado y promovido por la bondadosa mami, Michel Bachelet que ha fungido de Madre Teresa de Calcuta, no para alcanzar la dignidad de los altares, sino para obtener curules en la burocracia internacional. Y como casi todas las medidas populistas que encaran los demagogos, es con cláusula de no responsabilidad, tal como rezan esos aburridos papelitos que nadie lee de los remedios: sin ulterior responsabilidad para fabricantes, gestores e impulsores.

La cuestión despierta atavismos colectivos al estilo de aquellos que históricamente despertaron las brujas de Salem: El mal absoluto mora entre nosotros y es preciso extirparlo. Es un atavismo que se encuentra en el inconsciente colectivo de todo grupo humano, que el progresismo desprecia como pura irracionalidad. Pero desde mi perspectiva tradicionalista es una realidad ontológica, y, en el caso de marras, es muy saludable la reacción de las masas porque se funda en conjeturas bastante posibles.

Hay un libro de Roger Scrutton cuya lectura recomiendo ardientemente y que fue editado en Chile bajo el título “Las Bondades del Pesimismo y el Peligro de la Falsa Esperanza”. En este ensayo, Scruton argumenta que el optimismo ciego e inescrupuloso es peligroso porque genera utopías políticas e ingeniería social destructiva. Como contraparte, defiende un pesimismo saludable o lúcido que consiste en reconocer los límites de la naturaleza humana, valorar las tradiciones y aceptar las imperfecciones del mundo para construir una convivencia civil real y pacífica.

La obra nos relaciona con una palabra que contiene un concepto completo. Concepto el cual desde la perspectiva progresista del mundo se olvida deliberadamente o se le considera algo superado por la historia y que debe extirparse del análisis de los fenómenos. Es, la palabra escrúpulo, aquella que demanda de toda persona civilizada y racional una actitud en el análisis de los fenómenos humanos: La duda o recelo inquietante para la conciencia, sobre si algo es bueno o se debe hacer desde un punto de vista moral. Desde mi perspectiva tradicionalista los escrúpulos, cuando preceden a la acción, son una conducta saludable.

Analicemos pues el fenómeno del extravío de lo niños en su contexto histórico. Haití, la primera nación independiente de américa, ha debido soportar, desde 1803 año de su nacimiento, el dañino intervencionismo progresista de todo género. Napoleón -el semi dios del progresismo- quiso explícitamente exterminar la población negra como quien extermina una plaga, sin lograrlo. Luego de las sucesivas agresiones francesas, Estados Unidos intentó adueñarse y causó nuevas guerras intestinas. Las Naciones Unidas, desde su creación han intervenido en Haití con una variada gama de experimentos de ingeniería social. El resultado de este coctel progresista es que se Haití se ha transformado en un infierno en la tierra.

Solución: Salvemos a los negritos. Juntemos fondos de bondadosos blancos septentrionales interesados en mandar a los haitianos lo más lejos posible de ellos. Montemos pues una línea industrial de ingeniería social y depositamos a estos elementos (así se refería Lenin y Stalin a los seres humanos que trasladaban a lo ancho y largo de Rusia) en Chile. Qué mejor destino pues que a un país de medio pelo, pero con ingresos per cápita de país desarrollado, donde la opinión pública es blandengue y voluble a los medios de concientización de masas. Ahí, los pobres haitianos tendrán regalías gracias a las políticas socialistas y progresistas, que tienen ordeñados a los contribuyentes y controlada la opinión pública con la nueva moral woke, respetada por izquierda y derecha. Y Bachelet sonriente con su rostro caucásico de matrona normanda, se retratará con los “negritos”. Todo bien. Every things its gona be all right.

¿Cuál es el problema? El mismo de la Reforma Agraria, de la Ley Indígena, del Gan Salto Adelante chino, de las vacunas del COVID, de la economía centralmente planificada y de TODAS las iniciativas socialistas y progresistas. Fracaso, fracaso, fracaso. Los daños colaterales terminan siendo la regla.

Yo viajé hace dos años de turismo a Mexico. En el avión Santiago-Mexico, el 70% de los pasajeros eran haitianos con niños con cédula de identidad chilena. Todos financiados por alguna remota ONG porque portaban una misma credencial y carpeta con un archivo de sus antecedentes. Con mi mujer conjeturábamos: estas pobres criaturas y/o sus padres, puede que en una semana más estén flotando en las aguas del rio grande asesinados por los coyotes.

Hoy, existe la hipótesis plausible, que reemplazando esos fondos generosos de caucásicos que viven dentro de sus fanales en Old Greenwich, Palm Beach o Nantucket, la “generosidad” venga ahora de la zarpa del crimen organizado que domina de facto gran parte de Venezuela, Colombia, Centroamérica y el sur de los Estados Unidos, que opera de manera transnacional. Hoy, existe la hipótesis plausible que Chile sea el Head Quarter del crimen organizado. Pero ya vendrán voces que, a nosotros los escrupulosos, nos tildarán de terraplanistas, racistas u otros adjetivos, para clausurar nuestra opinión como lo hicieron desde el 2015 en adelante con Johannes Kaiser. De hecho, el fiscal nacional y el ministro de defensa ya han cerrado la posibilidad de esas conjeturas. ¿En base a qué evidencia? Ninguna. Simplemente con la mentalidad progresista que insufla un optimismo infundado en la cruda realidad.

Señores progresistas: créanle a Murphy: Lo que va mal puede ir peor.

Junio 2026