miércoles, 25 de marzo de 2026

CIEN AÑOS DE LA REBELION DE LAS MASAS (CAP 2)

 

LA “DESMASIFICACION” DEL HOMBRE CONTEMPORANEO. LA MADRE DE TODAS LAS BATALLAS

Una de las consecuencias de ver el mundo desde una perspectiva inmanente, olvidando la esencia trascendente del hombre, es la proliferación de visiones críticas a la realidad contingente, que no ofrecen orilla a la atribulada alma del hombre contemporáneo. Algo de eso tiene, lo que se ha dado en llamar la Nueva Derecha, nacida (como tantos caminos hacia el abismo) en la Francia post moderna. Ser intelectual pareciera querer decir, denunciar desdeñosamente la realidad, poniéndose en un plano de superioridad escéptico a su influencia.

Philippe Muray, lúcido integrante de esa Nouveau Droite siguiendo las consecuencias del fenómeno denunciado por Ortega, desarrolló el concepto del Homo Festivus. Los puntos clave de su tesis son: 1) La "Festivización" de la Sociedad: Muray afirma que ya no existen ciudades ni ciudadanos, sino espacios de eventos donde la fiesta se ha vuelto totalitaria. Todo aspecto de la vida debe ser divertido, lúdico o "festivizado" para ser aceptable. 2) El Imperio del Bien: Describe un sistema de pensamiento único que impone una moralidad infantil y optimista. El Homo festivus es el habitante de este imperio: un ser que rechaza cualquier forma de negatividad, tragedia o profundidad histórica, prefiriendo vivir en un presente eufórico y vacío. 3) El Infantilismo y Ocio: El autor critica la adoración de la juventud y la transformación del adulto en un niño grande que consume entretenimiento estandarizado. Para Muray, el ocio no es una liberación, sino una forma de adiestramiento de las masas bajo la apariencia de libertad. 4) El desprecio por la Historia: El Homo festivus vive en una amnesia voluntaria. Al eliminar el pasado y sus complejidades, la sociedad se convierte en un "parque temático" donde no ocurre nada realmente nuevo, solo la repetición de ritos de consumo disfrazados de rebeldía. 5) La corrección Política: Muray ve la corrección política como el brazo censor de esta fiesta perpetua, que persigue cualquier asomo de ironía, conflicto o verdad que pueda "arruinar la celebración".

Siendo completamente lúcidas las tesis descritas en el párrafo anterior, conforman una condenación del lector/auditor a la visión de esta debacle, con un dejo de victimización pasiva como la del tango: “la vida fue y será una porquería ya lo ve”. Porque ¿Cuáles son las opciones de praxis que un mundo materialista ofrece a un joven que descubre estas realidades sin la clave que pasaré a señalar? Dos y nada más que dos: La revolución, esto es la sustitución violenta del orden social (con violencia activa o pasiva como lo hace la nueva izquierda integrada por feministas y bolas tristes) o la actitud individualista de encerrarse cada uno en su catacumba personal, familiar o religiosa y dejar que el mundo se caiga a pedazos. La catacumba es una metáfora para referir un encierro dentro de un fanal donde lo apestoso de un mundo sin ética, sin estética, sin bondad, sin belleza; te permita vivir sin su contaminación.

Ambas opciones están destinadas al fracaso. Los órdenes de magnitud de un mundo desacralizado, feo, sin bondad; son de tal magnitud, que su pestilencia llegará y contaminará a revolucionarios y catecúmenos.

¿Cuál es la falencia en la tesis de Muray? Pues dejar sin explorar la causa basal de este mundo horrendo de la sociedad de masas. ¿Y cual es la causa basal de la masificación? Pues la deshumanización del hombre que renuncia a la soledad de su ego y a la realidad de la alteridad con otros egos. Somos lanzados a la existencia como sintetiza Heidegger sin voluntad para estar en el mundo. Y de ahí nace la necesidad de relacionar nuestro ego con los otros egos. ¿Y cual es esa fórmula de relación que la revelación cristiana “descubrió”? Pues la conducta personal para con el mundo, para con los otros egos.

La madre se entrega cien por ciento a la criatura que trae al mundo. Por instinto de supervivencia evolutivo el bebé también se apega a ese otro ego para su “estar en el mundo”. Pero cuando el homo sapiens se ve autovalente, el dilema es tener la voluntad y disposición de cuidar, respetar y proteger a los demás egos que circulan u orbitan sobre nuestro ego, u obrar como lo hacen los animales y el hombre masa.

El mensaje de la revelación cristiana tuvo ese mérito: señalar que la humanización del hombre viene imperativamente condicionada por la capacidad de amar al prójimo como a uno mismo. No tolerarlo o soportarlo, amarlo. Esa es lo que Ortega denomina la eligentia, matriz del vocablo elegancia, condición necesaria de la nobleza de espíritu, aquella que obliga: nobleza obliga. Esa es la condición necesario y yo diría suficiente, para superar la sociedad de masas.

El fenómeno de la sociedad de masas no es necesariamente inducido por el fenómeno del poder político. Este fenómeno del poder, da cuenta que en la sociedad siempre han existido, existen y existirán quienes mandan y quienes obedecen. El fenómeno de la masificación es más bien hijo de la técnica moderna y el poder se ha aprovechado de la simplicidad con que puede manejar a las masas a través de los mecanismos de la técnica moderna. En dos palabras: que seas un hombre masificado no es un problema fatal que se te haya impuesto. Es una conducta que tú puedes superar.

La desmasificación de la sociedad es la madre de todas las batallas. El soberano justo prudente, fuerte y ecuánime debe velar por que sus súbditos cultiven el señorío sobre sus vidas y la nobleza sobre los demás. La fórmula para desmasificar la sociedad contemporánea es estructurar una sociedad sobre los deberes y no sobre los derechos. Como se ve, una voltereta copernicana.

Socialismo y capitalismo son palabrejas añejas, gastadas y que no traen remedio a los males que nos aquejan. El dilema es una sociedad de masas o una sociedad de señores.

Marzo 2026

lunes, 16 de marzo de 2026

CIEN AÑOS DE LA REBELION DE LAS MASAS. ¿HA CAMBIADO ALGO? O MAS BIEN, ¿HEMOS APRENDIDO ALGO? (Parte I)[1]

 


Hay un verso de Silvio Rodríguez que en parte dice: ¿A dónde van las palabras que no se quedaron? / Acaso flotan eternas como prisioneras de un ventarrón /O se acurrucan entre las rendijas buscando calor /Acaso ruedan sobre los cristales cual gotas de lluvia que quieren pasar / Acaso nunca, vuelven a ser algo/ Acaso se van / Y ¿a dónde van?

Cuando garabateamos una hoja escribiendo (hoy, maltratamos un teclado) para expresar una idea que encontramos lúcida, para explicar (nos) y explicar (les) a nuestros lectores lo que, a nuestro juicio es el mundo, lo que es el hombre, lo que es la conciencia humana, y lo que deberían ser esas entidades, lo hacemos pensando en influir, en permanecer, en tocar, aunque fuese mínimamente, como gotas de lluvia, una o mas conciencias que pudiesen asimilar aquello que predicamos. La trova de Rodríguez nos somete a la realidad de lo efímero y quizá ocioso de nuestra pretensión.

El que escribe estas letras, carece de una lucidez extra - ordinaria y la pérdida que sufre la humanidad es ínfima o inexistente cuando sus palabras se extravían en la nada. El problema lo tiene la humanidad toda, en un mundo super saturado de información, cuando sucede que el esfuerzo que hacen hombres de la estirpe de los genios, sus palabras, ideas y conceptos quedan flotando eternamente como prisioneras de un ventarrón. En tal caso, la humanidad es la que sufre un detrimento.

Es lo que a mi juicio ha sucedido con el filósofo de habla castellana más importante habido hasta hoy. Yo diría: el primer filósofo de habla castellana: José Ortega y Gasset. Y decir de habla castellana es muy importante para nosotros porque el castellano, hoy llamado español, es nuestro idioma, en el que pensamos, soñamos, odiamos etc. Es la viga sobre la que descansa nuestra conciencia. No es lo mismo entender una traducción de una idea genial. No es lo mismo asimilar la perspectiva de alguien que no piensa en nuestro idioma. La traducción no lo consigue en toda su dimensión. Los políglotas nativos (digo nativos, esto es, que aprenden a hablar en dos idiomas antes de hablar en ninguno) son muy pocos. Siempre pensamos en una lengua. Podemos matizar nuestro pensamiento con palabras de otra lengua. Entonces, filosofar en castellano es para los hispanoparlantes un combustible a la inteligencia, difícilmente sustituible por lo que predican otros en otro idioma. Heidegger dijo (no sé con qué grado de convicción) que solo se podía filosofar en griego antiguo y en alemán. Y si lo dijo fue porque era un idealista, esto es, un pensador que está convencido que las ideas son las que forman la realidad. Pero sucede -y esta es la idea más genial expresada por Ortega- que la circunstancia de un griego de Leontinos, de Éfeso o de Atenas, no es ni remotamente la nuestra y por consecuencia la realidad que pudieron predicar sus filósofos nos llega solo como ecos difusos. Lo mismo decir de un alemán, francés, ruso etc.

Pues bien, hace cien años se publicó el libro[2] referido en el título, que debe ser el escrito en nuestro idioma, que más traducciones a otras lenguas ha tenido y más reediciones en otros idiomas ha tenido, particularmente en alemán. ¿Por qué? Porque es una síntesis genial descriptiva de un fenómeno de involución humana que irrumpe en la modernidad fundada en el siglo XIX y que, en el transcurso de casi dos siglos, lo único que ha sucedido es agudizarse. Justo en tiempos que se predica que vivimos el non plus ultra de un concepto sacrosanto o más bien de un talismán: el progreso. Idea equívoca que permite asumir que, por arte de birlibirloque, el hombre de ayer es menos que el de hoy y el de mañana será más que el de hoy. ¿Y por qué la obra de Ortega y este fenómeno de la masificación permanece oculto sobre todo en la academia? Pues porque es un disparo en la línea de flotación del modernismo progresista. Pues porque si se asume en toda su dimensión, el relato modernista se viene al suelo y se hace añicos.

Entonces, a propósito del centenario de “La Rebelión de Las Masas” conviene recuperar esas palabras contenidas en aquella obra filosófica/ensayística que, acaso ruedan sobre los cristales, como dice el trovador Rodríguez; recuperarlas, leerlas, entenderlas. Más que nadie nosotros, los que hablamos, pensamos, sentimos, sufrimos y nos alegramos en castellano; además de ser herederos de una cultura dominante que se encuentra grabada en nuestro inconsciente colectivo: la hispánica.

Marzo de 2026

 

 



[1] Pretendo abordar por capítulos esta obra y oponerla como el sastre pone el patrón de un corte de chaqueta, sobre la tela que es nuestra realidad contingente. La presente es solo una introducción para motivar su lectura. Luego la analizaré por capítulos según el orden de la obra.

 

[2]  Poco antes había sido publicado fragmentariamente como artículos de periódico.

lunes, 16 de febrero de 2026

EL DISCURSO APOLOGÉTICO DE MARCO RUBIO. EQUIVOCOS Y ACIERTOS DESDE UNA PERSPECTIVA CHILENA

 

Ascender en la resbalosa política norteamericana exige de quienes llegan a la cúspide un gran talento prudencial. En especial para quien como Marco Rubio no cumple con aquel check list convencional de la oligarquía norteamericana WASP (White, anglo saxon and protestant). Él es hispano, católico, hijo de inmigrantes cubanos que arribaron a Miami en 1956; el padre, mozo de banquetes y la madre, una empleada de aseo y cajera de supermercado. Todo un representante del american dream. Debe ser riguroso en la repetición estricta del relato que hizo grande su nación. La oligarquía WASP lo está observando.

Para ascender en uno de los dos partidos políticos que se reparten el poder en los Estados Unidos, es menester aprender y repetir rigurosamente y sin trizaduras, el relato fundacional norteamericano: Ellos son la representación del destino manifiesto de dominar el planeta como el pueblo escogido por Dios. Para hacer cuadrar el círculo, los estadounidenses de manera sistemática deben torcer verdades históricas bastante triviales, negándole el mérito civilizatorio a quienes realmente trajeron la civilización occidental a América, su archienemigo histórico: el Imperio Español. Deben mentir señalando que Colón era un italiano que salió a navegar por su cuenta, y se encalló con un nuevo mundo. Debe repetir que la civilización occidental recién se asienta en América con la llegada de los pilgrims a las costas de nueva Inglaterra, cuando hacía ya casi dos siglos en el Virreinato de Nueva España y del Perú estaban construidas algunas de las catedrales más grandes del mundo, funcionaban en Perú y México universidades que impartían la sabiduría acumulada por el hombre hasta entonces, y poseían bibliotecas más prolíficas que las de Europa. Donde se dominaba y enseñaba la náutica y la navegación por los mejores pilotos del mundo y los procelosos mares americanos habían sido cartografiados, incluido el pacífico donde el Imperio Español ¡comerciaba ya entonces con China! Pero por sobre todo y antes que todo, la hispanidad había traído consigo la religión católica con vocación universalista, con la cual sustituyeron los dioses, varios de ellos sanguinarios, de pueblos estacionados en la edad de piedra. Eso y no otra cosa, estimado lector, es la base de lo que se llama, civilización occidental.

Ahora bien, el Secretario de Estado Mr. Marco Rubio, dando cuenta de su enorme talento retórico, ha expresado un discurso que será sin duda histórico[1]. Pretende con él detener y reaccionar a un largo proceso de decadencia de occidente que incluye precisamente a los EEUU. Dos son los conceptos equívocos que su brillante speech ameritan ser aclarados: civilización occidental y Europa. Porque las cosas son lo que son y no lo que se dice de ellas, por mucho voluntarismo que Rubio imprima a sus palabras.

 Cuando Rubio habla de Europa, naturalmente no se refiere a Europa como tal, sino exclusivamente a sus países amigos y vasallos en Europa. No se refiere a Rusia, no se refiere a Bosnia y a Croacia, no se refiere a España ni a Portugal, no se refiere a Turquía. Cuando Rubio habla de Civilización Occidental, no se refiere a la cristiandad que la fundó, se refiere a la sociedad mercantil e industrial que nació a consecuencia de la reforma luterana protestante. Aunque Rubio es hispano de origen y formalmente católico de religión, seguramente fue debidamente adiestrado en alguna de las logias masónicas que “filtran” los liderazgos políticos en los Estados Unidos, y debe repetir el mantra imperial norteamericano: ellos son La Civilización. Ellos y sus valores (y desvalores también) están del lado correcto de la historia y sus enemigos son los malos. Esa fórmula funcionó hasta una fecha difusa en que los poderes establecidos perdieron el monopolio de la información. Imponer un relato resulta hoy algo mucho más difícil que en 1945. Sobre todo un relato mentiroso o equivoco como el que contienen sus palabras.

Estando personalmente de acuerdo con Rubio en todo el relato del siglo XX que hace, me cuestiono si a Chile, cuyo socio principal (y creciendo) es China, es pertinente y conveniente sindicarlo en el lado siniestro de la historia, y el socio secundario (y bajando) que es Estados Unidos, como el bien personificado.

Quizá no compartimos valores ni religión, ni una visión trascendente e inmanente del mundo con la cultura china, india o japonesa. Pero la hostilidad de la principal potencia mundial hacia alguno o todos ellos nos perjudica sin lugar a dudas. Ahora bien, en el actual estado del arte, yo diría que tampoco compartimos demasiados valores con los Estados Unidos y menos con una Europa netamente decadente como la actual.

Si hacemos un comparativo entre los siglos XV al XVIII, con nuestro siglo actual, un referente para Chile es la Serenísima República de Venecia destruida por un resentido social como fue Napoleón. Venezia compartía religión y valores con Europa continental, entonces en expansión cultural y económica, pero sus principales socios comerciales eran China y el Gran Turco. El Mediterráneo de entonces es el Océano Pacífico de hoy, testigo del mayor intercambio comercial de la historia humana. Chile es actor principal de ello. Condición que nunca tuvo desde su nacimiento en 1541.

En esa perspectiva saludo el discurso de Rubio en cuanto a la tarea de combatir y derrotar los totalitarismos del siglo XX pero su apologética me parece con algo de olor a naftalina. Porque la decadencia de Europa en mayor medida, pero también de los Estados Unidos no se revierte ni se revertirá con palabras. Se requiere un consenso que en Europa no existe y en Norteamérica se ve muy distante para que se haga realidad.

Un dato surrealista del discurso es que había muchos europeos musulmanes asistentes escuchándole en el salón donde habló, que naturalmente no aplaudían. En el caso de los Estados Unidos, su oligarquía que siempre ha sido la conductora de su destino no comparte en general las ideas expresadas por Rubio.

La historia la dirigen los grandes deseos colectivos. Las ideas y la épica de los relatos son el envoltorio de esos grandes deseos colectivos. No basta liderazgo tecnológico para arrastrar a un pueblo tras de sí en un esfuerzo colectivo. Paradójicamente la tecnología moderna hace más laxas las voluntades y genera el fenómeno de la masificación e infantilismo que nos envuelve a todos en occidente. Me parece que los Estados Unidos de Norteamérica perdió esa voluntad que se quebró por allá por la guerra de Vietnam. Y no hay fuerza colectiva para recuperarla.

Lo que escribo para Usías, para los fines que estimen de rigor.

 

Febrero 2026


[1] https://www.youtube.com/watch?v=rc1XlUFRa_4

lunes, 5 de enero de 2026

LA INDIGENCIA DE LAS IDEAS FRENTE A LAS CIRCUNSTANCIAS

 


 

Desde nuestra formación escolar venimos escuchando algo que a los hombres de occidente nos ha marcado a fuego: Las ideas cambian el mundo. La historia de la humanidad sería un escalamiento progresivo gracias a nuestra capacidad de razonar y de formular ideas sobre el mundo que nos rodea. Se nos ha repetido como un mantra: La revolución francesa fue la consecuencia de las ideas liberales, la revolución rusa fue la consecuencia de las ideas de Marx y Engels, la existencia misma de los Estados Unidos es fruto de las ideas de la libertad expresadas por los padres fundadores de aquella nación del norte, etc.

De esta tendencia a la santificación de las ideas como ídolos y pre formadoras de la realidad, nace también una confusión omnipresente en los estudios históricos y de la política: A menudo se confunden los planos prescriptivos y los descriptivos de la realidad.

Todas las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos, dice nuestra constitución. ¿Qué quiere decir realmente eso? ¿Qué somos todos realmente iguales? ¿Qué somos todos realmente libres? ¿Qué somos todos realmente dignos? ¿Qué todos tenemos realmente los mismos derechos?

Trayendo la cuestión a nuestra contingencia, tenemos a un gobierno muy pronto saliente, completamente fracasado, encabezado por un individuo fracasado. Alguien que prometió transformarse en el sepulturero del neoliberalismo, idea demonizada por los redentores progresistas que entronizarían el reino de la igualdad económica, la igualdad de género, y el respeto irrestricto de los derechos humanos de los que infringen la ley opresora. Para eso una nueva constitución que establecería el reino de la igualdad interseccional.

¿Obras para el bien de Chile y de los chilenos? ¿Conductas que pongan de relieve cualidades personales de los gobernantes? Absolutamente ninguna. Le pagamos el sueldo, casa, viáticos, movilización, viajes, pitutos a sus amigotes, a este fracasado y a su séquito de cleptócratas, para que no solucionaran absolutamente ninguno de los problemas contingentes, algunos de ellos graves. Por el contrario, impuestos, violencia, delincuencia, inseguridad, endeudamiento fiscal; se han incrementado a niveles nunca antes vistos.

Harto de estos fracasados y cleptócratas, la ciudadanía elige por mayoría significativa a quien dice, gobernará con ideas de derecha. De extrema derecha le acusan sus detractores. ¿Qué quiere decir aquello? ¿Más honestidad? ¿más trabajo? ¿ordenar la convivencia sometiendo al imperio de la ley a los gobernantes y gobernados? ¿exterminar el terrorismo en la Araucanía? ¿liberar a los ciudadanos del yugo de impuestos asfixiantes que impiden el emprendimiento?

El anterior gobierno que gobernó con ideas de derecha, subió los impuestos, el endeudamiento fiscal, las regulaciones asfixiantes, toleró el terrorismo, persiguió a miembros de las fuerzas armadas y carabineros por imponer el imperio del derecho, toleró el salvajismo del lumpen urbano. No parece un buen adjetivo pues, profesar ideas de derecha, así sin más.

La clave de esto está en el absurdo del mito dominante descrito en el párrafo inicial. La verdad es muy distinta: no se gobierna con las ideas; se gobierna con las conductas. Las ideas no son justas o injustas. Solo las conductas obtienen ese calificativo.

En lo formal, el Presidente electo José Antonio Kast, aparenta ocuparse de ser un (futuro) gobernante virtuoso. Eso ya es algo. Pero no basta para limpiar la institución de la jefatura de estado del cenagal donde la ha rebajado su predecesor. Se necesita cierta radicalidad que le separe a los ojos de los ciudadanos, de aquel ambiente contaminado.

Las “visitas de estado” a quienes han participado en el saliente gobierno depravado, aunque fuere de manera indirecta, disuelve la energía que debemos empeñar comunicacionalmente, para dejar por establecido, que sus participes, nunca más deben tocar el timón de la república.

José Antonio Kast Rist: si quieres la paz, prepárate para la guerra.

diciembre de 2025

miércoles, 15 de octubre de 2025

DEL OCASO DE LA (SEUDO) REVOLUCION OCTUBRISTA Y A LA ORFANDAD DE PRETENCIONES

 

Ortega dentro de su abrumadoramente prolífica e inacabada obra, nos ofrece un opúsculo o monografía intitulada “El Ocaso de las Revoluciones”. En ella propone que la era de las revoluciones había sucumbido en Europa de post guerra y lo que irrumpía era la era del aburrimiento, de la desconfianza en los valores y principios, y del individualismo. Las revoluciones nos señala, no son los estallidos de violencia, tomas de la bastilla o asaltos al palacio de invierno. Aquellos son la consecuencia de estas. Las revoluciones no se dirigen ni sostienen cuando la causa de esos estallidos de violencia, son los abusos. Dice Ortega, las revoluciones se dirigen contra los usos, no contra los abusos. Y se dirigen contra los usos porque son los usos la base, el suelo sólido desde donde se sostiene un concepto de mundo. Por ejemplo, los ilustrados liberales y positivistas creen estar pisando un suelo sólido de creencias y de ahí se proponen destruir el antiguo régimen de la tradición europea. Algo similar sucede con el hijo tarado del liberalismo, que fue la revolución marxista.

Pero el ímpetu revolucionario se va desinflando, va perdiendo confianza porque la realidad se le viene encima desnudando sus contradicciones, errores y sinsentidos. El desengaño en la fe revolucionaria va a producir el desgano, aburrimiento de sus monsergas, la desconfianza en los valores predicados y finalmente el encierro de los individuos en un ensimismamiento que de mantenerse por varias generaciones va resultando corrosivo para la convivencia.

Conjeturo que ante esa realidad post 1945 que retrató Ortega, hubo un intento de darle oxígeno o esteroides a la revolución marxista anquilosada, pretendiendo recrear una revolución a través del movimiento de la primavera de París de 1968 o lo que se predica o relata de ella. Amparados en un refrito de comida recalentada reciclaban una ideología basada en un materialismo dialéctico seudo científico, justo cuando Einstein y Planck nos develaron que la materia no es más que energía en movimiento. Así el inmanentismo materialista de los Erick Fromm, Marcuse, Foucault, escuela de Frankfurt, Sartre, Beauvoir etc. nace como la fe que tenían los milenaristas[1] en el año mil, predicando que el fin del mundo se produciría el año mil, y éste – todos se daban cuenta - no se produjo. Entonces, para sostener la fe en sus creencias, el materialismo contemporáneo ha debido progresivamente apartarse más y más del foro, del debate, del ejercicio crítico y del alegre intercambio de experiencias vitales, encerrándose en ostracismo de violencia verbal y física. Su enseña ha sido la cancelación, la violencia y en el extremo, como Marco Vinicio en la novela Quo Vadis, asesinar al mensajero.

¿Qué queda del delirante proyecto milenarista de la tía picachu y de la falsa doctora y falsa mapuche señora Loncón, rechazado por el pueblo soberano? Bueno, sucede que el insano que ocupa el sillón de O´Higgins dictaminó que el pueblo soberano no estaba preparado para entender tamaño portento solo comprensible para intelectos poderosos como el de vuecencia. ¡No hay salud! diría mi madre.

Sostengo que, la batalla más importante se da en el relato – lo he sostenido antes en estas columnas-. Y el peor enemigo para levantar las banderas de un nuevo orden de justicia que no es más que la paz del orden, es el hastío, el aburrimiento, el señorito satisfecho de las redes sociales que aspira a ser auditor espectador y disparar likes sin arriesgar nada. Nietzsche lo retrató dramáticamente en el discurso de El Último Hombre en su Zaratustra.

Chile, esta creación dura, difícil que ha costado sangre sudor y lágrimas de conquistadores que se abrieron paso a sangre y espada para someter a los demonios del caos, colonos que resistieron tres levantamientos generales de indios, de emancipadores republicanos que resistieron la soberbia de la burocracia borbónica durante la reconquista, de agresiones foráneas sofocadas en dos guerras que trajeron los pabellones ensangrentados y victoriosos, de agricultores que resistieron la reforma agraria inicua y destructora, de hombres y mujeres que resistieron el intento mutilador de la Unidad Popular: Ahora, desde hace cinco años hemos estado bajo ataque por demonios que pretenden su destrucción para fundar una entelequia inhumana e inmoral.

En esas batallas pretéritas tuvimos referentes culturales y morales. Ya no tenemos a la Iglesia Universal salvífica ordenando y orientando las conductas. Los referentes culturales de Europa y de Estados Unidos de Norteamérica declinan sin retorno. Occidente se asfixia en un inmanentismo suicida. ¿Qué tenemos para orientarnos? Chile es una entidad huérfana de pretensiones que movilicen los espíritus. Estamos obligados a escarbar en la tradición de occidente para construir la convivencia de espíritus libres. Un nuevo acuerdo social que ponga el énfasis en la calidad de las conductas de los miembros de nuestra comunidad, en las obligaciones, en la bondad de las intenciones y actos, en la belleza de las obras. Insisto: no tenemos referentes.

Tenemos la historia como magister vitae. Debemos nosotros construirlo todo, como lo hicieron un puñado de patricios romanos que luego del colapso del imperio se congregaron en un delta barroso del Véneto, para levantar una ciudad Estado que duró ochocientos años: la Serenísima República de Venecia. Ahí hay un ejemplo.

Pero la historia es solo eso, historia. Entonces, ¿cuál es el remedio o más bien el tónico para despertar esa energía? Quizá una dosis de sufrimiento le vendría bien a un Chile de masas saturadas de comodidades y de gratuidades. Lo decía San Alberto Hurtado: El dolor es una forma de visita del Señor.

Octubre 2025

 

 



[1] El verdadero milenarismo – no el que describe torcidamente la irreligiosidad contemporánea que le confunde con escatología trascendental- es la fe que tenían quienes creían que el año mil sobrevendría la segunda venida de El Mesías.

LA RECETA DEL MIEDO, Y LA ELECCION PRESIDENCIAL

 


Mel Gibson es uno de los pocos cineastas contemporáneos que a través de sus obras de arte inspira emociones constructivas. En su película Apocalypto reserva una escena para retratar lo que representa el miedo. Al pie de este escrito dejo el enlace con el fragmento de la obra cinematográfica para quienes quieran escuchar este magnífico discurso[1] que relato en pocas palabras: Un padre aborigen, en una selva de Mesoamérica va a cazar con sus hijos y parientes. Lo han hecho por generaciones en ese mismo territorio selvático. De pronto se encuentran con una tribu miserable que camina buscando “un nuevo comienzo” porque sus tierras han sido arrasadas. El padre les advierte que deben salir de esas, sus tierras, pero impide a sus jóvenes que los agredan. El hijo expresa a través de la mirada sin palabras, todas las emociones negativas que son hijas del miedo. Al final de la jornada, le expresa a su hijo un magnífico discurso sobre lo que es el miedo, y lo exhorta a limpiar su corazón de esa emoción podrida y contagiosa.

El Evangelio en Mateo 26:69 a 75 nos conmueve con la negación de Pedro poseído por el miedo. Pedro nos dice la escritura, llora después de ver los ojos de su Señor, pero no nos dice que supere su miedo. Al contrario, era tan profundo su miedo que nada dice el evangelista que lo haya acompañado en el calvario, y solo su Madre, Juan y María acuden a los pies de la cruz. Debemos entender que el arrepentimiento de Pedro fue moral, es decir, de repugnancia a su propia debilidad, pero siguió dominado por esa emoción contagiosa. Pedro, símbolo y padre de la iglesia tuvo miedo y no lo superó en ese episodio.

La tarea de reconstrucción de la convivencia es la tarea más relevante para el mandato presidencial que sucederá a esta administración. Ésta parece gobernada en prácticamente todos los aspectos y estamentos por las fuerzas del mal. Palabras, ideas, frases, obras, proyectos; casi nada es rescatable como algo positivo para la paz, la justicia, la verdad o la belleza. Sus partidarios, activistas de la calle, sabiendo lo imposible de retener el poder en el próximo período, amenazan larvadamente con retomar la senda de la violencia demoledora de la convivencia pacífica y seguir sembrando las ciudades de Chile con sus excrementos verbales, buscando víctimas ojalá jóvenes para después escalar a la violencia homicida. El mensaje va dirigido como advertencia a los votantes que votarán por el desalojo de esta impúdica casta de revolucionarios cleptócratas. Conocemos la receta del miedo. La conocen los afectos y desafectos del actual gobierno, políticos, jueces, sacerdotes, obispos, hombres de negocios, miembros de las fuerzas armadas y de orden. La idea de la propaganda es que lo sepan los votantes y que, sin van a votar por el desalojo, lo hagan poseídos por el miedo y en consecuencia, elijan el mandatario más pusilánime u obsecuente con la violencia y el caos.

Ante esta evidencia ¿Cuál es la actitud de cada uno de los candidatos presidenciales serios?[2] 

La señora Jara busca un posicionamiento personal. Como política fogueada, sabe que no puede ganar la elección en el balotaje. No tiene plan ni programa. Para qué quemarse con dimes y diretes si sabe que no ejercerá, por ahora, el cargo.

La señora Mathei anhela un milagro y un electorado atorado por el miedo, ojalá el terror, a fin de desarrollar un gobierno de continuidad del expresidente Piñera. Sus abanderados son la oligarquía que coopta las organizaciones de grandes empresarios cuya insignia es que todo cambie para que todo siga igual. Administraría la violencia revolucionaria como un dolor de muelas de una pieza dental imposible de erradicar, cediendo y concediendo para que no se desborde, con analgésicos y barbitúricos si es necesario. Tiene como experto en seguridad, al ex subsecretario de interior, el señor Galli, que sentó una doctrina de replegarse y contener a los violentistas a fin de no tocarlos con el pétalo de una rosa. En los ojos de la candidata no veo el miedo porque está segura de que no opondrá resistencia a los enemigos de sus electores y también porque sus talentos prudenciales son discretos. Ella, ni siquiera se representa los costos personales y perjuicios para Chile, que su desordenada ambición puede causar. La cuestión para ella es extraordinariamente simple: llegar a su sueño de terciarse la tricolor.

El señor Kast sube este palo ensebado para alcanzar la piñata que le permita sentarse, por fin, en el sillón de O´Higgins. ¿Cómo? Con un mensaje críptico con publicidad de dentífrico, buscando a toda costa decir las menos cosas posibles para no derramar el vaso pletórico de las encuestas que lo dan por ganador. ¿Qué hacer con la subversión revolucionaria de las calles?: ya se verá. ¿Qué hacer con los cien mil delincuentes extranjeros que asolan la convivencia?: mensajes genéricos, crípticos. No referirse a ello en detalle. El que mucho habla mucho puede equivocarse. ¿Será está táctica sustituta de una estrategia inexistente? ¿Será quizá por causa de aquella emoción podrida y contagiosa que es el miedo?

El señor Kaiser ha dejado por establecido que es el único líder que encarna un mando, que sabe cuáles son los medios para ejercitar ese mando, y cuál es la misión. Tiene principios. Pone los principios por, sobre todo. Tiene una estrategia clara y tácticas coherentes con aquella. Sabe que hay enemigos políticos potencialmente homicidas – el terrorismo – que deberá resistir, sabe que se enfrentará a una burocracia judicial plagada de activistas políticos y de jueces pusilánimes, sabe que se enfrentará a un sector del parlamento que buscará destruirlo personal y moralmente. 

El electorado dirá si se deja gobernar por aquella emoción podrida y contagiosa. Quienes voten por Johannes y sus parlamentarios, habrán superado esa parálisis que produce el miedo. En noviembre sabremos cuantos somos los chilenos que honramos aquello que les gritó O´Higgins a sus soldados en Rancagua: O vivir con honor o morir con gloria.

Viva Chile. Viva Kaiser.

octubre de 2025



[2] Por serios me refiero a aquellos que se postulan para ser presidente de la república, no para testimoniar o ganar dinero en base a los vacíos legales de la ley de financiamiento de las elecciones. No me refiero pues, ni a Parisi, ni a Enríquez, ni los otros dos cuyos nombres ni me recuerdo.

jueves, 14 de agosto de 2025

ELECCIONES Y DILEMAS CIUDADANOS EN LA ERA DEL POST ESTATISMO

 

La gente que produce es tan granada, tan soberbia, gallarda y belicosa, qué no ha sido por rey jamás regida, ni a extranjero dominio sometida.

La Araucana de Ercilla y Zúñiga


Estamos en un año de elecciones para escoger las próximas autoridades políticas. Nuestra Constitución[1] radica la soberanía en el pueblo y reconoce el concepto de la nación soberana. Pero las normas jurídicas establecen intenciones prescriptivas y no descriptivas, y la realidad en nuestra modernidad tardía discurre a veces por cauces más complejos. A eso apuntan estas letras. Reflexionar si elegimos fruto genuino de nuestra voluntad, o simplemente somos observadores pasivos de un juego de máscaras.

En el siglo XX las potencias nacionales dominantes reformatearon el mundo según los dictados que, Bismark en la paz y Napoleón en la guerra, habían experimentado en los siglos precedentes. La hegemonía debía obtenerse a cañonazos y metiendo a la población joven a una moledora de carne humana[2]. La paz a través de una jaula dorada[3] llamada estado que nos controle y asegure desde la cuna hasta la tumba.

La sofisticación de la tecnología para matar llegó en 1962 a un punto ciego, cuando a propósito de la llamada Crisis de los Misiles se acuñó el acrónimo en inglés MAD que significa, Destrucción Masiva Asegurada. Así, los que mandaban a los jóvenes a la muerte, se lo pensaron mejor porque ahora les llegaba a ellos. Desde entonces, la escabechina de muertos solo se continuó contra pueblos inferiores o lejanos, con algunos “colateral damage” en el caso de Vietnam para EE. UU. y Francia o Afganistán para la URSS[4].

Los Estados nacionales hegemónicos, creados como tales con la Paz de Westfalia[5], sin poder usar la herramienta de la guerra, en nuestra post modernidad han perdido relevancia y el poder real se radica en un conjunto de poderes transnacionales difusos; alianzas tipo Unión Europea, agencias locales poderosas que adquieren autonomía propia como la CIA, burocracia internacional como el Sistema de Naciones Unidas; todas descolgadas de la soberanía popular y del control de los individuos. Y por encima de todo, el poder del dinero, vinculados transnacionalmente en una compleja trama que incluye, bancos centrales, bancos privados y cárteles financieros.

Este cambio de modalidad en el ejercicio del poder es una buena noticia para los jóvenes de las naciones hegemónicas, porque no serán reclutados como carne de cañón, pero no son nada de buenas para naciones pequeñas como la nuestra. Ausente la guerra al estilo napoleónico, se han sofisticado los métodos de influir, controlar y condicionar nuestras vidas, praxis que, en las últimas décadas provienen fundamentalmente de poderes lejanos, remotos y muchas veces desconocidos para nosotros fruto de una deliberada opacidad.

No obstante, lo que declara nuestra Constitución – Chile es una república democrática – los ciudadanos de a pie somos en mayor medida, objetos y no sujetos del poder político. Las agendas políticas e ideológicas, nos son impuestas desde fuera de nuestro país y normalmente sin nuestra anuencia.

Siempre es útil recordar que la guerra y la política pretenden lo mismo: imponer voluntad y vencer resistencias. Digámoslo claramente: Aquello de los acuerdos y del diálogo es una bolsa caza mariposas para incautos. Entonces, reconociendo la demencia de la MAD, la técnica para la hegemonía migró desde las guerras traga muertos, hacia refinadas prácticas que pretenden lograr sus objetivos por medios relativamente incruentos: 1) El control de los Estados soberanos; 2) El control de las conciencias de los individuos; 3) La reducción de la población humana, que, con la supresión de la guerra y el progreso sanitario, se transformó en la obsesión de la oligarquía mundial.

Para el control de los Estados Soberanos no hegemónicos como el nuestro, la seudo doctrina de los derechos humanos y un seudo derecho punitivo internacional, son efectivos mecanismos de paralizar el poder de esas soberanías locales. La delegación de jurisdicción internacional un revolver en la sien de la soberanía nacional. La doctrina de los derechos humanos, no es una versión renovada de la Pax Romana como se le ha pretendido edulcorarla. La Pax Romana pretendía ordenar un mundo bárbaro en permanente caos. A la inversa, el seudo orden jurídico internacional post 1945, lo que pretende es un caos controlado y controlable, aplicando criterios disolventes de la convivencia pacífica, y por supuesto excluir de ello a las naciones hegemónicas de esas odiosas obligaciones. Prueba palpable de esta hegemonía ha sido las indoctrinadas huestes globalistas a cargo de nuestro Ministerio Público, que permitieron y promovieron la insurrección caótica persiguiendo a los agentes del orden y una cabeza de playa de la gobernanza global llamada Instituto de Derechos Humanos.

Para el control de las conciencias había que demoler una serie de obstáculos. La religión en general y en especial la Iglesia Católica era una de ellas; la familia nuclear era otra; la propiedad privada y todo entorno que supone la soberanía de los individuos para obrar conscientemente sin necesidad de sumisión al poder hegemónico. Y por sobre todo lo anterior, la herramienta predilecta: el miedo. Pandemias, crisis económicas y escatologías climáticas, vacunas que son ruletas macabras donde algunos deben morir para redimir a otros, pasando por la siembra de la violencia y caos urbano. El miedo es lo que nos animaliza porque paraliza el arsenal de herramientas que la conciencia provee al hombre civilizado. Nos transformamos en seres en permanente alteración tal como si fuésemos bovinos.

Para inducir a la reducción de la población mundial: a) píldora anticonceptiva y la consecuente “liberación sexual” infértil; b) despenalizar el homicidio de nonatos llamado derecho al aborto; c) “liberación” femenina promoviendo la necesidad y vocación de trabajar fuera de casa, deteriorando en las mujeres, cuando no suprimiendo, el rol de madre y reserva de la tradición familiar; d) ideología de género que trivializa y promueve las desviaciones y anormalidades sexuales como una “liberación”.

Esta agenda está en curso, ha logrado grandes triunfos, ha cambiado y deteriorado nuestra vida individual y colectiva y es una guerra incruenta que vamos perdiendo. Cloroformados por una prosperidad económica sin precedentes en la historia de la humanidad, no queremos reconocer a veces lo que se encuentra frente a nuestros ojos, y solo reaccionamos cuando se hace intolerable la injusticia, la fealdad y la maldad que florece especialmente en las megalópolis de nuestra patria y de todo el orbe civilizado.

La buena noticia es que esta agenda fracasará. No tiene futuro. Por mucha tecnología y dinero que tenga a su disposición, la distancia física, psíquica y espiritual entre la oligarquía transnacional que la impulsa y los millones de hombres y mujeres libres dotados de voluntad, asegura que, liberarnos de ella, está a nuestra disposición y es solo cuestión de arrostrar la resistencia.

Como se ve, los dilemas que nos impone una elección de gobernantes en esta modernidad tardía en un país minúsculo como es el nuestro, son muchísimo más complejas que las clásicas dicotomías, izquierdas y derechas; capitalismo y socialismo; OTAN o BRIC, etc.

En un océano gigantesco de fuerzas incontrolables para el ciudadano chileno, ejercemos un poder minúsculo al votar, pero no por eso poco importante, porque cabe preguntarse: ¿Es relevante conservar o recuperar el control de nuestras vidas personales, en un mundo que parece impulsarnos por carriles que no hemos escogido y a una velocidad que bloquea nuestra capacidad de comprensión? ¿Es relevante recuperar las condiciones que permitan a las nuevas generaciones de chilenos prosperar económicamente y proliferar, creando familias y teniendo hijos que podamos educar conforme nuestra visión del mundo? ¿Es relevante para nuestras vidas sostener y defender la soberanía e independencia de esta unidad histórica llamada Chile, que se ha fundado en el esfuerzo y la sangre de nuestros antepasados?

Si su respuesta estimado lector es un sí a las anteriores tres preguntas, debe entonces enjuiciar en las propuestas electorales que se ofrecen, quienes han manifestado conductas que propician o derechamente son embajadores de las agendas globales descritas.

La oferta de la izquierda por de pronto completa. Pero en la llamada centro y derecha si bien todos apuntan a la prosperidad y al orden público, hay también activistas de esta agenda de modo que su embarcación rema con un remo para adelante y otro para atrás.

Las agendas globalistas amenazan zozobrar. Con el voto debemos dar un empujón para su desplome. Chile ha sido, para bien o para mal, vanguardia de tendencias en occidente. Sacudámonos entonces de la molicie, y encarnemos las cualidades que Ercilla vio en el habitante de nuestra tierra.

La oferta electoral de Johannes Kaiser, sin ninguna duda encarna esta resistencia virtuosa. Acompáñeme lector en su apoyo. Derrotemos la tristeza, la fealdad, la violencia, la injustica y la cobardía que ha empobrecido nuestro valor como nación soberana.

Por Chile. ¡Kaiser!

Agosto 2025

   

 



[1] Que debiese llamarse “gatuna”, por desafiar la muerte reiteradas veces.

[2] Las cifras de víctimas de aquellas guerras horrorosas desencadenadas desde palacios y oficinas cómodas y bien calefaccionadas, son espeluznantes. Solo en Europa murieron 70 millones de seres humanos como usted y yo.

[3] Así le llama Max Weber al Estado burocrático nacido en el siglo XIX en su obra La Moral Protestante y el Espíritu del Capitalismo

[4] 21.000 franceses, 58.000 norteamericanos y 15.000 rusos fue la macabra cosecha, amén de los millones que murieron defendiendo su terruño.

[5] Pactos políticos de 1648 que pusieron término a la guerra de los 30 años y organizaron Europa en base a la soberanía de Estados Nación, concepto que fue replicado en América luego de la emancipación de las coronas británicas, española y portuguesa.