miércoles, 12 de noviembre de 2014

GOBERNABILIDAD MARKETING POLITICO Y CAMBIO

GOBERNABILIDAD MARKETING POLITICO Y CAMBIO

La estrepitosa caída en los niveles de popularidad de la líder del Partido de los Trabajadores, ex guerrillera y ahora Presidenta del Brasil doña Dilma Rouseff, dan cuenta de lo precaria que es la adhesión de los gobernados a los gobernantes en la sociedad contemporánea. Desde luego, nada indica que en nuestra sociedad esa constante de la inconstancia, vaya a ser diferente de la que ha expresado nuestro enorme vecino latinoamericano.

La Cofa en un barco a vela, era un pequeño compartimento ubicado casi al tope del palo mayor. Ahí se ubicaban los vigías para poder vocear al piloto cualquier accidente que pudiese afectar el derrotero del barco.

Imaginemos a la sociedad chilena como un barco a vela. En la cofa están los gobernantes. En la cubierta del barco los gobernados. Siguiendo esta analogía, cuando hay buen tiempo se dan condiciones materiales de paz, concordia y prosperidad. Cuando hay mal tiempo, crisis, guerra, conflicto y pobreza.

Existe un manifiesto entusiasmo reformista de algunos que quieren escribir en el “blanco  papel de la revolución” cuando se produzca, el por ellos ansiado cambio de coalición gobernante. Quienes se encontrarán en las alturas del poder tratan de moderar tal entusiasmo porque cuando el mar azote el barco con el “surazo” de las crisis que están por venir, abajo se moverán mucho; pero los que quieren escribir a la sociedad en ese papel blanco, ni se imaginan como se zarandean los de arriba.

La paradoja es que la misma izquierda moderada, requiere urgentemente que la derecha se encuentre en buena forma física, a fin que le ayuden a neutralizar a sus propias fuerzas que pretenden el aniquilamiento del orden público económico, del orden social y familiar y hasta el orden sexual de las familias. Esta situación resulta casi cómica diría yo, si no fuera porque lo que está en juego es el destino de la República.

En cualquier caso quienes no profesamos un gran entusiasmo por el actual estado de cosas en la sociedad contemporánea de la que Chile forma parte, ya no nos sorprende ni afecta demasiado que se dispare sobre los restos humeantes de los valores tradicionales de justicia, autoridad, respeto al derecho, la jerarquía y autoridad familiar. Restos humeantes que la derecha política hace ya rato que abandonó su defensa por ser tener “mala prensa”.

¿La verdad histórica? Ya no interesa a nadie. Bastan los slogan idóneos para capturar voluntad de consumistas del buen gobierno. Se puede contar cualquier historia, ya que nadie lee sobre la historia y todos se tragan las crónicas digeridas por los ingenieros sociales, respecto de que es lo que ha sucedido en Chile y en mundo en el último siglo. Las fuerzas “del mercado” en política, dan resultados más rápidos e instantáneos, que invocar a la historia, a la tradición o a los principios.

Ejemplo palmario de lo anterior es la novísima popularidad del Partido Comunista. De representar el anquilosado y avergonzante marxismo leninismo, pasa hoy a ser una buena “marca”; acondiciona sus símbolos históricos para que no le confundan y asocien con  Stalin y otros carcamales genocidas; invoca a valores “pegadores” como el empoderamiento del “homo festivus” moderno. El partido no es más representado por rostros torvos y odiosos. Ahora jovencitas angelicales que más parecen presentadoras de televisión que revolucionarias, representan a este “relanzado” producto mediático. Así pretende ser votado por quienes no tienen ni la menor idea qué es y que ha hecho el comunismo en la historia reciente. ¿Cien millones de personas asesinadas en aras de la revolución? ¡Mentiras de Pinochet y punto! Hay que refrescar la marca “Comunismo” tal como se hace con una marca de dentífrico.

¿Y que hay con la gobernabilidad? Aquella condición que permite que el bus llegue al paradero en la mañana, que encienda la luz del velador cuando me levanto, que con lo que gano como fruto de mi trabajo pueda pagar los bienes y servicios que requiero para la vida cotidiana, que halla con que pagarles a los sueldos a los carabineros y a los empleados públicos en general. Respuesta: Todo el que amenace que esto está en peligro, profesa la campaña del terror; son los fascistas de siempre que quieren poner término a este ideal moderno del hombre festivo.

Ahora relaciono estos dos conceptos: Esta manera de tratar a “las masas” como ellos le dicen al electorado, tiene su contrapunto; En cualquier momento se da una vuelta de carnero la inestable voluntad popular. Y esto tiene su razón: Como de lo único que se trata en los debates es respecto de los medios, las llamadas “masas” perciben la enorme carencia de no ser guiadas hacia fines ciertos y determinados.

¿Pesimista? Nada. Por el contrario tengo una proposición optimista: ¿Qué tal si hacemos todos política en serio? Eso permitiría confesarnos y decirnos lo que pensamos sobre el devenir del hombre, el futuro que aspiramos, sobre el sentido del hombre en la vida, sobre el sentido de la sociedad política, de la familia, de la libertad, de la propiedad. Así sabremos quién es quién, sin importar demasiado las herramientas y los medios que es sobre lo único que se discute, pero sin decir para que fines.

SUFRIMIENTOS Y TRADICIÓN



Para informarme de lo que sucede en Chile, no siempre es útil leer las noticias de coyuntura. De pronto es más útil leer la historia. Especialmente sugiero la historia remota de nuestra Patria. Pocos se acuerdan que nuestra historia colonial es aún más extensa que nuestra historia republicana. Pero no solo eso; pocos saben que la colonia es mucho más prodiga en acontecimientos históricos relevantes que el período republicano.

Gilbert Keith Chesterton, célebre escritor inglés, se decía demócrata y tradicionalista. Y sostenía que la obligación de todo demócrata era ser tradicionalista por cuanto las tradiciones nos conectaban con nuestros muertos y su sentido del bien, de la belleza y de la justicia. ¿por qué – se preguntaba- sobre el futuro de una Nación democrática van a opinar solo los vivos? Los muertos han opinado, y sus opiniones, según Chesterton, están expresadas en la tradición. Y esto no quiere decir que estemos de acuerdo con todas las ideas tradicionales y de nuestros antepasados. Así como tenemos derecho a discrepar con los vivos, también tenemos derecho a discrepar con los muertos pero ... respetándolos.

Hay períodos de la historia de Chile en que la muerte, el dolor, la injusticia, la violencia, la pobreza, la destrucción física y moral del país ha llegado al paroxismo. En 1599 se produjo el segundo levantamiento general indígena. Las injusticias abusos y fundamentalmente el sometimiento a una cultura del trabajo y de la producción que no les era propia, motivó a la población indígena del Reyno de Chile revelarse y sembrar la muerte, la destrucción y el hambre por todas las ciudades del sur. El rapto de mujeres colonas, las aberraciones contra menores de edad, la destrucción de los bienes físicos de los colonos; fueron el fruto de la primacía por casi dos años del imperio de la barbarie.

¿Qué si estoy de acuerdo con los alzados y sus causas? ¿Con los colonos y sus sufrimientos? Desde luego no podemos adherir a los malones, los raptos, la destrucción de 1599. Si debemos ser solidarios con las penurias, explotación e injusticias contra ellos, con la destrucción se su modo de vida de nuestros aborígenes de entonces. Tampoco podemos adherir a los abusos de los chilenos colonos de la 1599, explotadores y mañosos con su mayor capacidad y sagacidad. Pero debemos ser solidarios con las penurias de los colonos, sus dolores, sus esfuerzos, su actividad fundacional, su perseverancia para hacer de Chile su patria. Por enseñarnos un camino de esfuerzo y sacrificio sin parangón en la américa hispana.

Es bueno ser optimista. Ayuda a vivir ver la parte llena del vaso antes que la vacía. Chile es y ha sido desde sus orígenes, una comunidad humana compleja especialmente condicionada por las dificultades físicas que nos impone nuestra loca geografía y ser la nación del confín; donde conviven y han convivido individuos avaros, flojos, corruptos, codiciosos, aberrantes, odiosos, egoístas, egocéntricos, neuróticos, cultores de la fealdad, narcisistas, prejuiciosos, cobardes y tantos otros tarados intelectuales o espirituales. Pero Chile también ha sido poblado por chilenos santos, generosos, amantes, amables, sabios, honestos, valientes, equilibrados, trabajadores, cultores de la verdad y de la belleza y empáticos entre otras virtudes.

Chile de 1599 estuvo gobernado por la avaricia, la codicia, la muerte, la destrucción, la injusticia y el hambre. Sin embargo encontramos en esos acontecimientos, expresiones de valentía, y de esfuerzo humano llevado al extremo en la búsqueda del bien común. De la obscuridad de esos años encontramos luces que alumbran la tradición patria: Esfuerzo, anhelo de justicia, voluntad de seguir existiendo como nación.

¿En que se parece el Chile de 1599 al Chile de hoy? En casi nada. Hoy estamos gobernados por instituciones estables, poderes públicos que en general hacen correctamente su trabajo, trabajadores que en general hacen su trabajo, empresarios que en general no explotan a sus trabajadores y que generan riqueza. Una gran mayoría ama y valora la paz y la estabilidad porque cree que el futuro para sí y para sus hijos puede ser mejor si continuamos el camino que hemos efectuado. ¿Qué existen focos de explotación de seres humanos, crueldad, avaricia flojera insolidaridad? Si es verdad. Pero eso no es la regla. ¿Estamos al borde del abismo como en 1599? Claro que no. Para ver en perspectiva las carencias e injusticias de hoy, es conveniente revisar las carencias e injusticias de ayer. En Chile no corre aquello de que “todo tiempo pasado fue mejor”. No se trata de defender superestructuras, como diría “sagazmente” un ideólogo. Se trata de ver toda la verdad; de reconocer que el futuro se construye con el pasado y el pasado es el esfuerzo de muchos que hoy no están.

Tenemos una deuda con quienes han construido la nación. Y esa deuda se paga no destruyéndola por de pronto o “transformándola” con tabla rasa como pretenden algunos iluminados.

VULNERABLES E INVULNERABLES

VULNERABLES E INVULNERABLES

Mi plácido fin de semana de invierno es interrumpido por un llamado por teléfono en que un amigo me comunica la tragedia de una familia conocida de ambos, que han perdido a una hija en un accidente del tránsito. Familia campesina ejemplar; hija aprovechada en sus talentos. Recién egresada de la universidad. Tragedia que no resiste consuelo alguno.

Mi reflexión divaga entre la compasión con los afectados, y la angustia de no encontrar palabras de consuelo a una desgracia semejante. El sinsentido del evento nos impone un bloqueo emocional; pero fundamentalmente intelectual. Sencillamente no entendemos el por qué y no sabemos que decir. El evento está fuera de nuestro software mental.

Discurro que, nosotros los hombres de la modernidad, no estamos familiarizados con la palabra resignación, porque perdimos la noción de la precariedad de la existencia humana. Vivimos en un mundo en que las noches las hacemos día; en donde lo normal es la disponibilidad de cosas y voluntades. Lo normal es que los deseos se hagan realidad y que la realidad se amolde a nuestros deseos. Subjetivamente para nosotros quedaron atrás los tiempos de las tinieblas, en que desde un púlpito, algún sacerdote nos recomendaba la resignación.

No estoy haciendo un juicio de valor con aquello de que “todo tiempo pasado fue mejor”. Solo quiero recordar, que hasta la primera cuarta parte del siglo XX, la existencia humana; al menos en todo occidente, era esclava de situaciones que cotidianamente sometían a los seres humanos a cuestiones contrarias a sus deseos; el hambre, las enfermedades, las carencias materiales ordinarias. Y naturalmente esos hombres sometidos de manera habitual a condiciones adversas que violentaban sus deseos, estaban familiarizados con la precariedad humana. Eran resignados, en un grado que nosotros no lo somos. Y lo digo respecto de todos los rangos sociales de la sociedad de entonces y la nuestra.

Aquello es algo que está condicionando, tanto a la sociedad en que vivimos, como a las familias que integramos y especialmente a los individuos personalmente; a una suerte de neurosis colectiva en que nos creemos capacitados para todo. El dinero y los bienes materiales a que ese dinero da acceso, nos hacen conducirnos a nosotros mismos y como miembros de la sociedad, como si fuésemos o tuviésemos la posibilidad de ser, invulnerables.

La sociología moderna ha creado un concepto, recogido por los trabajadores y organismos de asistencia social; las personas vulnerables. Generalmente se refieren al grupo social que carece de bienes para satisfacer sus necesidades básicas. Pero el solo llamar a ese grupo social “vulnerables”  da cuenta que estiman (haciéndose eco de la cultura dominante) a todo el resto de la sociedad integrada por personas invulnerables. Y no es chiste. Es que inconscientemente aspiramos e incluso creemos ser invulnerables.

El justo medio, es el que el viejo Aristóteles recomendaba a sus alumnos. La sociedad debe recuperar un equilibrio que nos lleve a ser eficientes pero no inconscientes de nuestra vulnerabilidad humana; de la precariedad de la existencia humana. Creo que este bloqueo mental a que nos somete un materialismo medio obtuso que nos ilusiona con el poder del dinero, nos está haciendo más neuróticos y menos sabios. Re-tomar consciencia de las limitaciones humanas, creo que nos haría más solidarios y más empáticos.

SI ME SACAS DEL POZO TE PERDONO LA VIDA

SI ME SACAS DEL POZO TE PERDONO LA VIDA

Cuando se es minoría, hay distintas formas de conquistar la voluntad popular y transformarse en mayoría.

Uno es el camino de la violencia y del aniquilamiento físico de quien no piensa o actúa según tu voluntad. Así lo hizo Lenin el año 1917 quien astutamente con el bluf de autodenominarse “bolchevique”; en ruso, “miembro de la mayoría”; aniquiló a la verdadera mayoría que era, quienes pensaban distinto a él. Su “éxito” fue coronado con más de cincuenta millones de muertos causados por él y sus correligionarios sucesores, en una de las tragedias más horribles que conoce la historia humana.

Otra forma de transmutarse de minoría en mayoría, es expresar de manera reflexiva las ideas que ilustran razón, y expresar sentimientos de manera atractiva. Cabe entonces la posibilidad que los receptores de esas verdades y sentimientos, libremente adhieran a ellos por razón y emoción; y la minoría entonces pasará a ser mayoría.

Naturalmente existen procedimientos intermedios entre estos dos métodos puros. Algo así como una mezcla entre zanahoria y garrote. Pero tengo la impresión que son menos eficientes que los métodos puros descritos.

Una panacea es un remedio para cualquier mal. Hoy hay quienes levantan la voz para pedir exigir una nueva panacea para los males del Chile: la “Asamblea Constituyente”.

Ortega y Gasset hacía presente que la sociedad moderna produce un tipo de hombre que no quiere dar razones ni quiere tener razón, sino que sencillamente se muestra resuelto a imponer sus opiniones. Se encuentra con "ideas" dentro de sí, pero carece de la función de idear. Sus "ideas" no son efectivamente sino apetitos con palabras.

Algo muy cercano a aquello supone la defensa de La Asamblea Constituyente, como solución para “cambiar Chile”. No se dan razones del por qué sería la causa de la solución de los problemas. Simplemente se expresa el deseo de que así ocurra.

La metodología de los defensores de esta iniciativa da cuenta de un elitismo intelectual donde “las masas” aún no están preparadas para saber el “por qué” de la asamblea constituyente. Hay que “sensibilizarlas” para que actuando como hombre masa “exijan” este procedimiento tan trascendental para el destino de la Nación. Lo singular de sus defensores que, siendo minoría, no respetan a las mayorías. Es de imaginar que si llegasen a ser mayoría, menos respetarán a las minorías. Ese irrespeto es explícito: La Constitución tiene un procedimiento de modificación a través de mayorías; Las mayorías son “amarres” en el decálogo de sus defensores. No se puede esperar ser mayoría; se debe irrumpir como minoría para cambiar la sociedad.

Se cuenta que Gonzalo Fernandez de Córdova, que fue Gran Capitán (algo así como comandante en Jefe) de los Tercios españoles en la guerra de Flandes, y siendo en ese momento uno de los hombres más poderosos del mundo, al acercarse a un pozo para saciar la sed se percató que había un soldado borracho al que sus camaradas por gastarle una broma, le habían tirado al pozo. Fue entonces cuando el soldado aun influido por los sopores del alcohol, le grito a quien asomaba su rostro por el pozo “sácame del pozo y te perdonaré la vida”.

Usted señor ciudadano con derecho a voto, es como Fernandez de Córdova: Poderoso. Pero solo sí ejerce sus deberes ciudadanos. Es decir, solo si concurre a votar en el contexto de la democracia versión 2.0; esto es con el voto voluntario. Si no concurre, después no se queje que el borrachito del fondo del pozo, no le perdonó la vida.

LIDERAZGO Y CAMBIOS DE OPINION

LIDERAZGO Y CAMBIOS DE OPINION

“El camaleón mamá/ El Camaleón … / Cambia de colores según la ocasión”. Así decía una cumbia de la Sonora Palacios en los años 60.

El cambiar de opinión es un evento que a todos nos puede afectar en el transcurso de nuestras vidas. Las experiencias, las impresiones, las pasiones que nos sobrevengan, pueden motivarnos a decir blanco, lo que hasta entonces decíamos negro. La legitimidad moral de cambiar de opinión, es discutible, pero casi todos están por valorar el derecho de formarse una nueva opinión fundada en una mejor razón.

Pareciera que esa legitimidad de conducta, resulta mucho más discutible cuando proviene de un líder político o un líder de opinión.

Alexander Dubček, secretario general del partido comunista checo y Jefe de Gobierno de la Checoeslovaquia comunista, haciéndose eco del descontento popular, lideró en 1968 el levantamiento del pueblo Checoeslovaco que pretendía liberarse del poder soviético que asfixiaba a esa nación. Lamentablemente la famosa Primavera de Praga, terminó con una invasión militar del ejército Rojo, que aplastó con las orugas de sus tanques las pretensiones de libertad de los Checos. Millones de espectadores en el mundo, observamos con consternada impotencia esa demostración del poder imperialista soviético. (Fui testigo presencial de la celebración de la invasión soviética por las Juventudes Comunistas de Chile, grupo que integraban algunos líderes actuales de ese partido). Consolidada la invasión y derrotada la resistencia, entonces sucedió un milagro: Alexander Dubček, cambió de opinión … Y expresó a todo el mundo el “agradecimiento” del pueblo checoslovaco por la “liberación” que había sido objeto por parte del ejército soviético.

Es este un ejemplo clásico (y dramático) de los “cambios de opinión” de los líderes políticos. Cualquier persona con un mínimo de inteligencia y criterio, tiende a sospechar que esos cambios no son honestos, ni con su primera opinión, ni con la segunda. Y ello porque los cambios de opinión denotan con toda evidencia un interés primordial de conquistar o conservar el poder para sí y no para una misión. Siendo capitán del buque, no le importa si el derrotero va a babor o a estribor. Lo que le interesa es estar al mando del timón. Un líder verdadero quiere conquistar el poder, no para sí, sino para los demás; para liderar un camino, una idea que se estime como conveniente para el bien común de la nación.

Doña Michelle Bachelet hizo un primer mandato presidencial que se encuentra detalladamente documentado en programas y en cuentas públicas de gestión de su gobierno. ¿Resulta legítimo y confiable que hoy, en su segundo mandato como Presidenta de la República opine distinto de lo que opinó y ejecutó en su gobierno en materias de políticas fundamentales?

No parece convincente justificarse con que han cambiado las condiciones, menos en un lapso tan corto de tiempo. Cuando una persona se dedica a la política al fin de liderar la Nación, lo mínimo que se le pide es que tenga una apreciación completa de la situación de esa Nación. Lo que era bueno para el País cinco años atrás no puede hoy ser malo y viceversa. Es más, si yo hubiera liderado un curso de acción en política de cuya conveniencia años después me formo la opinión que fue equivocado, no me presento a la reelección.

Y lo expresado no es “nada personal” contra doña Michelle. El fenómeno del camaleonismo la trasciende a ella. Creo que nos hemos acostumbrado a que el people meter gobierne la política nacional. Los partidos ya no proponen líderes; proponen “figuras” de líderes que estén bien en las encuestas. Eso espanta a los verdaderos líderes y obliga a las figuras, a un travestismo permanente que daña a la nación porque nos priva de lo que resulta de la esencia de la política, y que la hace funcional al bien común: El que sabe, debe conducir al que no sabe. No a la inversa como hoy pareciera suceder.

LA EFICACIA DEL ESTADO

LA EFICACIA DEL ESTADO

En su magistral obra “La Rebelión de las Masa”, varias veces citado por este redactor, José Ortega y Gasset advierte a los lectores sobre la sorprendente eficacia del Estado moderno. Nos hemos acostumbrado en el día a día a críticas respecto la gestión del Estado, pero damos como hecho y en consecuencia no valoramos la capacidad de este órgano para ordenar y gestionar, una enorme cantidad de problemas y recursos. Quizá no se pueda hacer la observación de manera genérica respecto de todas las naciones del orbe, pero hay en el mundo muchas  naciones que poseen un Estado Nacional de gran eficacia y efectividad (incluyo a Chile). El poder del Estado deviene de su potestad para obtener recursos de las personas, administrar la fuerza coercitiva de manera exclusiva, y en los días que corren –la era de la informática-, administrar una enorme cantidad de datos sobre los individuos que integran la nación.

Hemos constatado una enfermedad recurrente del modelo de mercado, que se caracteriza por el abuso que algunos poderosos han hecho de su posición negociadora dominante en la sociedad. La labor del Sernac es aplaudida desde la izquierda a la derecha, y básicamente consiste en proteger a los débiles de la economía de mercado y moderar el poder de los poderosos. Hasta ahí todo bien.

Sin embargo, a riesgo de ser políticamente incorrecto quiero poner una nota discordante en el amplio consenso que despierta la acción de Sernac. Creo que en términos estrictos, la labor de Sernac no es una acción propia del  Estado. Creo que los abusos de los agentes económicos enormes y concentrados, son posibles gracias a la total ineficacia de los consumidores en defender sus derechos. Creo que la racionalidad de los consumidores es escasa y que ello hace posible los abusos. Los grandes negocios funcionan en la medida que existen enormes cantidades de consumidores que responden a conductas típicas. Si esos consumidores son de mejor manera racionales, el poder de las grandes empresas de consumo se modera y su capacidad para abusar de ese poder por consecuencia disminuye o se elimina.

¿Por qué hago presente esto? Por cuanto el poder enorme del Estado, en la medida que se legitima para desarrollar actividades que no son propiamente acciones del rol propio del Estado, permitirá que vaya creciendo hasta el límite que la libertad de los individuos se vea comprometida. El fenómeno del incremento exhorbitante del poder del Estado compromete la libertad del “hombre de la calle”. Y contra lo que creen muchos socialistas teóricos, un Estado enorme no perturba el poder de los poderosos porque el dinero es poder y quien lo tiene en grandes cantidades, elude la acción del Estado. Los que viven de su trabajo diario, como dice el Código Civil, esos si sufren el abuso del poder estatal.

Vuelvo al tema de Sernac. Los consumidores cuando sus derechos se ven conculcados por las mega-empresas de retail, bancos, servicios básicos etc., tienen capacidad de maniobra (menor es cierto) para neutralizar el poder de esos agentes económicos. Respecto al poder del Estado, no tiene el individuo la capacidad de neutralizarlo.

Creo que la democracia se potencia con mayor poder real para los individuos y sociedades intermedias. No con un Estado semi totalitario. Digo semi totalitario porque el Estado nacional, aunque se autoimponga límites, dados los medios de que dispone en la práctica tiene capacidad para influir en todo, particularmente en la vida cotidiana de los individuos.
Reconozco que el tema no es pacífico, pero es urgente que los individuos y organizaciones básicas ejerzan sus derechos con mayor eficacia, sin necesidad que las potestades del Estado se incrementen.

La eficacia del Estado moderno, deviene en poder y el poder en poder absoluto. Y como reza la famosa frase de Lord Acton “El poder tiende a corromper y el poder absoluto a corromper absolutamente”.

RESPONSABILIDAD Y DEMOCRACIA

LA RESPONSABILIDAD; VIRTUD OLVIDADA EN EL DEBATE DEMOCRATICO

Los candidatos a optar a cargos de elección popular, están muy dispuestos a debatir sobre valores que sean atractivos y ojalá gratuitos para ellos y para los electores. Ideas a través de los cuales superaremos todos nuestros males: Igualdad, libertad, desarrollo económico, derechos humanos, ecología, etc.

Ideas que envuelven conceptos harto imprecisos y que su adecuada inteligencia obligaría a detenerse a reflexionar sobre cada uno de ellos. Pero eso no es muy popular y no lleva agua al molino electoral.

La igualdad entre los seres humanos, a la hora de explicarla, tiene que ser con apellido, porque la igualdad a secas es un absurdo conceptual imposible. Debemos pues referirnos a la “igualdad de oportunidades”, “igualdad de derechos” etc. Pero como para capturar voluntades de voto, lo que falta es tiempo, debemos referirnos a la igualdad con la máxima economía verbal y conceptual, dejando una estela de dudas que a fuerza de machacar consignas, deberían taparse.

La libertad, lamentablemente confundida con la condición que permita hacer a cada uno lo que se venga en gana, resulta un ideal, así explicado, completamente absurdo en el contexto de un orden de dos o más personas. Así entendida la libertad de fulano es la esclavitud de mengano. Al igual que la igualdad, los que la ofrecen se refieren a ella “haciéndola cortita” sin entrar en profundidades reflexivas tan antipáticas y a veces impopulares.

El desarrollo económico, se asocia a altos índices de ingreso per cápita, lo que representa una abstracción estadística completamente reñida con la racionalidad. Se constata que las llamadas naciones desarrolladas tienen alto índice de ingreso per cápita y se concluye entonces que esa es la llave para el logro de esa anhelada condición. Lo mismo sucede con las bandurrias y la lluvia, estas no vuelan cuando llueve pero no es causa suficiente de la lluvia, que las bandurrias estén en tierra.

Con los derechos humanos el problema es peor aún: La confusión es total. Nadie “pierde tiempo” del debate político para detenerse en el detalle nimio de definir quién es el sujeto pasivo de los derechos humanos, es decir, quien es el directamente obligado en cada uno de los derechos humanos. Es demasiado ingrato hablarle a los electores de deberes, de modo que dejemos el concepto “ahí no más”. Los romanos, padres de la ciencia jurídica, partieron por definir los deberes. La responsabilidad jurídica, la doctrina de los actos propios etc. Quizá los romanos no debían ganar elecciones por voto popular y por eso se explayaban en ideas tan ingratas al hombre moderno.

Pocos candidatos estarán dispuestos a hablar de una virtud que es la piedra angular tanto de la democracia, como del desarrollo económico, de la libertad, de la protección del medio ambiente, y por sobre todo, del respeto a los derechos humanos; sin la cual, ninguno (digo ninguno) de esos bienes sería posible. Me refiero a la responsabilidad, verdadero patito feo del debate electoral; olvidada por todos.

La responsabilidad es la virtud o disposición habitual de asumir las consecuencias de las propias decisiones, respondiendo de ellas ante alguien; y la capacidad de dar respuesta de los propios actos.

Los niños son no-responsables por antonomasia. Un niño ejecuta acciones pero no mide las consecuencias de ellas y por eso necesita de un padre o un tutor que lo represente. Existe empero una ficción jurídica que dispone: los mayores de 18 años son responsables de sus actos. Basta una observación y reflexión superficial de nuestra realidad social para concluir que aquello no es más que una ficción, por cuanto una gran proporción de chilenos y chilenas mayores de 18 años se desenvuelven en la vida cotidiana tomando decisiones, sin asumir las consecuencias ni responderle por esas decisiones al resto de los chilenos.

¿Qué hace superiores a las naciones que vemos como marco de referencia? ¿El ingreso per cápita? ¿Qué tienen más y mejores derechos a su disposición? ¿Qué disponen de “mayor libertad” o “más democracia” que los chilenos? Me parece a mí, que el factor de distinción y de superioridad de algunas naciones respecto de otras, es la responsabilidad de sus ciudadanos. Sucede cuando, desde las élites hasta el más humilde de los ciudadanos se hacen cargo de las consecuencias de sus actos y responden por ello. La consecuencia de ello es que aquella nación o sociedad o colectividad, pasa a tener una cualidad que llamamos “desarrollada”. La prosperidad y riqueza, el respeto a los derechos humanos, la tolerancia, el respeto por el medio ambiente etc. es la consecuencia de individuos, ciudadanos, hombres y mujeres de mayor y mejor manera responsables de sus actos. Perseguir y prometer logros respecto de esos valores aisladamente, sin incrementar la cantidad y calidad de la responsabilidad de cada uno de los ciudadanos, es utopía, populismo y demagogia pura. Es poner la carreta delante de los bueyes.

Un talismán es un objeto sagrado con el cual se cumplen los deseos más difíciles de lograr. La palabra-talismán de moda (y además harto imprecisa), en las verbalizaciones de la izquierda y la derecha, es “empoderamiento”. Generalmente se refieren a ella como algo positivo. A mí me parece que esa palabra esconde una involución en los grados de responsabilidad con que se conducen los llamados empoderados. Los “empoderados”, siempre están disponibles para desafiar a la autoridad y a los derechos ajenos, sin aceptar responder de sus propios actos.

En una colectividad, el cultivo de la responsabilidad de sus integrantes, es la pared que divide la barbarie de la civilización. Pared que varios “empoderados” están dispuestos a derribar.