lunes, 30 de mayo de 2022

LA NECESIDAD CREA EL ÓRGANO Y LA FALTA DE NECESIDAD ¿LO ATROFIA? REFLEXIONES SOBRE LA MASCULINIDAD

 

Jean Baptiste Lamark fue un naturalista francés nacido en 1799, injustamente olvidado bajo la sombra de Darwin por el relato hegemónico anglosajón y progresista. Fue él y no Darwin quien elaboró la primera teoría de la evolución biológica. Él acuñó el omnipresente término biología. La parte inicial del título de estas letras es la simplificación vulgarizada de su famoso concepto: La necesidad crea la función, y la función crea el órgano”. En la entrada del parque Jardín de Flores de París, una estatua monumental del genio sentado en actitud de meditación nos recuerda su enorme aporte a la ciencia.

El término ética, tiene dos acepciones: la primera es como sustantivo: la ciencia de las costumbres; la segunda como adjetivo: La cualidad de una conducta. En la segunda acepción, conducta ética sería aquella que se adopta en función de un fin. Aristóteles usa el concepto de ética para referirse a las conductas prácticas, acepción que es mayormente usada por la tradición filosófica.

En estas letras me tomo la licencia de extrapolar a la ética – como ciencia de las costumbres - la famosa frase de Lamark formulada para la biología; y a través de ella quisiera reflexionar sobre el debate contemporáneo de la cuestión del sexo, que por presión ideológica hoy se identifica como cuestión de género.

Aristóteles observó la ética desde la óptica de la virtud. La virtud sería para el estagirita, la conducta que tiende a la perfección. Así la masculinidad y la femineidad tendrían conforme a esta perspectiva un telos o tendencia a su perfección. De este modo la ética habría de enseñar en qué consiste vivir bien, y qué virtudes han de ser cultivadas para conducirse adecuadamente. Las virtudes serían entonces aquellas cualidades que debe hacer suyas cada persona para orientar su vida éticamente.

Es muy recurrente que el debate filosófico se confunda cuando el mundo se analiza desde perspectivas descriptivas de la realidad (lo que el mundo es) oponiéndolas a perspectivas prescriptivas de la realidad (lo que el mundo debería ser). Muchos contaminan su descripción del ser de las cosas con sus pretensiones prescriptivas del deber ser de las cosas. 

Marx reconoce aquello cuando señala que, hasta que él formulara su doctrina, los filósofos se habían ocupado en entender el mundo y él se propone transformarlo. El patético Carlos se equivoca en tres dimensiones. Primero, porque desde los orígenes de la filosofía hay filósofos que han pretendido cambiar el mundo. Segundo, porque no son los filósofos los que han cambiado el mundo, entendido por mundo aquel que rodea al hombre en su microcosmos. Los que han cambiado el mundo, han sido principalmente los técnicos, desde los que inventaron como hacer fuego hasta los que inventaron el smart phone; y secundariamente los militares, políticos y otros hombres del poder; jamás los filósofos[1]. Por último, se equivoca Marx al confundir los planos prescriptivos y descriptivos y fuerza la realidad ontológica (el ser de las cosas) para que ésta encaje en su pretensión prescriptiva del mundo (el deber ser de las cosas), error que le costó a la humanidad 150 millones de muertos.

Alejándome de la acepción aristotélica, me referiré a la ética entendida como un sustantivo. ¿Por qué razón? Porque las conductas humanas se dan en un mundo exterior que cambia según las circunstancias, y la validez de las proposiciones sobre ética entendidas genéricamente y como adjetivo de las conductas, son referidas a un entorno determinado.

Aristóteles habla de las virtudes con pretensiones de generalidad, pero sin tener en cuenta  que en el mundo que le rodeaba, las mujeres y a los bárbaros no eran propiamente individuos; condición que al menos prescriptivamente tienen todos los hombres y mujeres del siglo XXI. Las propuestas aristotélicas en consecuencia tienen un valor relativo y podrían no ser aplicables erga hommes en nuestro siglo.

Las conductas humanas acontecen en un mundo exterior que son nuestras circunstancias. Así como el no nato en el vientre de la madre vive rodeado del líquido amniótico, así nosotros lanzados al mundo vivimos rodeados de un complejo de facilidades y dificultades. Y aquí creo que existe la razón por la cual existe tan gran diferencia entre los conceptos de virtud y de ética formulados por Aristóteles con aquellos formulados por la ilustración inaugurada por Kant. 

Los ilustrados percibieron que las circunstancias del mundo eran, a causa del mismo hombre, una condición cambiante. Kant habría intuido que el hombre era capaz de progresar y como consecuencia de ello recrear el mundo artificialmente; y hoy, cuando esa intuición kantiana se ha hecho realidad, impera un olvido fatal: confundimos o mimetizamos esta realidad artificial, con la realidad natural.

Me explico; las circunstancias que rodeaban al hombre observado por Aristóteles era un conjunto de facilidades-dificultades principalmente naturales y no controlados por el hombre. Ese hombre que poblaba el mundo desde la época de Aristóteles hasta el mundo nuevo que percibió Kant, enfrentaba circunstancias, que, en una proporción muy alta, le eran incontrolables porque las imponía la naturaleza. En tal escenario la masculinidad y la femineidad tenían un telos o tendencia a su perfección, orientada a doblegar las dificultades que la naturaleza le oponía.

La gran brecha de aquella realidad que la podríamos denominar clásica, con nuestra realidad moderna, es que la circunstancias que nos rodean a los hombres de la modernidad, son, en una proporción muy alta, realidades artificiales creadas, no por la naturaleza, sino por el hombre y su técnica.

Y refiriendo aquello a la cuestión del sexo, el telos o tendencia a su perfección del varón y de la mujer, no puede determinarse con la claridad con que se hacía hasta antes de los monstruosos[2] cambios tecnológicos ocurridos en nuestros tiempos, porque el ser mujer y ser hombre hoy, tiene un conjunto de dificultades-facilidades muy distinto al que tenía desde los orígenes de la humanidad hasta hace breves 150 a 200 años atrás.

Este manifiesto cambio del entorno donde se desenvuelva la humanidad en el presente contemporáneo mantiene en estado de perplejidad a esa humanidad toda, la cual aún no ha sido capaz de procesar adecuadamente la causalidad de los cambios. Abundan aprendices de brujo y chamanes que dicen tener la fórmula para endilgar a la modernidad; y lo que es peligroso, aprendices de brujo y chamanes muy poderosos.

Existe una campaña articulada políticamente, para imponernos una visión ideológica de la igualdad de género[3]. El sustrato de donde se arraiga esta ideología es del materialismo dialéctico el cual propone que toda realidad es el fruto de la síntesis de conflictos precedentes, entre una tesis (en este caso una estructura de dominación masculina opresora o hetero patriarcado) y una antítesis (en este caso, la rebelión de las mujeres oprimidas en busca de la liberación femenina). 

No pasa de ser el feminismo militante un refrito recalentado en un horno microondas, de un plato bastante más sustancioso y lógico que fuera la tristemente célebre ideología comunista marxista o materialismo histórico.

La falta de lógica interna y su casi total falta de correlato empírico hace de esta ideología una doctrina inaceptablemente superficial, que desorienta a una juventud angustiada por no saber a qué atenerse para proyectar sus existencias. Además, el poder de los medios de difusión de masas hace de esta seudo doctrina una majadería omnipresente. Quienes detentan el poder de la información pretenden un modelamiento de la realidad en base a relatos basados en esta doctrinilla. Es una asfixiante imposición manu militari que contamina el espacio de debate político y que tiene un innegable tufo de conspiración para el logro de objetivos, que, de ser propuestos con transparencia, recibirían el unánime repudio de la población[4].

Es evidente que el ideal masculino del macho protector, valiente que dibuja y guia el camino a la fémina criadora y protectora de la prole, se encuentra hoy degradado. Funcional a dicho ideal, era la virtud masculina por excelencia: la fortaleza; virtud aquella que al varón le permitía acometer los desafíos del mundo y resistir las dificultades con que la realidad oponía a esa voluntad de avance.

Y esta degradación, no tiene por causa la imposición majadera de la ideología de género. A la inversa; la ideología de género se ha hecho posible merced del entorno social que rodea a la degradación de la masculinidad. Así el deterioro de la masculinidad sería condición de posibilidad del surgimiento de este delirante ideal del hombre feminizado e incluso asexuado. 

¿Cuál es la causa que gravita sobre estos dos fenómenos? Una muy trivial omnipresente y que está fuera del radar de la mayoría de los análisis que se hacen sobre este debate: En el mundo contemporáneo, la mujer necesita menos o casi nada de aquel estereotipo de hombre valiente y protector. ¿Por qué razón? Enumeraré algunas causas que tienen a su vez varias consecuencias:

La píldora anticonceptiva niveló a la mujer con el hombre en su conducta sexual. Las relaciones sexuales dejaron de tener la consecuencia potencial de producir la prole. El sexo sigue sirviendo para traer niños al mundo cuando no se usan métodos anticonceptivos, pero ahora puede ser ejercido para el puro disfrute erótico del hombre, pero también de la mujer. A este fenómeno se le llamó en los sesenta del siglo pasado la liberación sexual.

Esta cotidiana circunstancia artificial creada por la técnica humana, ha tenido el efecto de cambiar la forma que la humanidad concibe al sexo. El sexo sería conforme a esta perspectiva, hecho para el placer, y accidentalmente para la reproducción, de manera que resulta axiológicamente idéntico para las ideologías imperantes, la práctica del sexo natural, con la cópula antinatura que practican los homosexuales. ¿Qué siempre ha existido homosexuales y la píldora nada ha cambiado en ello? Aquello es relativamente falso.

Lo que hasta ahora se conoce por investigaciones arqueológicas y antropológicas, demuestra que desde que el hombre tiene conciencia de su finitud (de su muerte) ha pretendido que las conductas humanas solo pretendan el sexo verdadero, el del ayuntamiento natural de un hombre con una mujer. El sexo verdadero se ha encontrado tradicionalmente sacralizado y rodeado de un marco normativo. Por esa razón y conforme a ese marco normativo, la homosexualidad fue éticamente una conducta abominable e inmunda en todas las culturas superiores. Solo ahora que el sexo gracias a la píldora es una actividad menos sacralizada y más genital, que la homosexualidad se ha sacudido para algunos, el estigma de conducta aberrante.

En el mundo contemporáneo y por efecto de esta realidad artificial causada por las técnicas de control de los ciclos reproductivos, la masculinidad como valor imprescindible, ha sufrido un deterioro. Siguiendo la regla inconcusa de Lamark, la necesidad (perpetuar y mejorar la especie) creo la función (relacionarse sexualmente para unir los cigotos) y la función creó el órgano (los órganos sexuales funcionales y el sistema hormonal que causan el impulso a relacionarse sexualmente). 

Si el sexo se practica como quien se rasca la espalda, obviamente la masculinidad ética que impone las costumbres viriles declina. Lo que es más evidente, el conjunto de la fenomenología biológica (sistema endocrino en general) que hace posible el sexo reproductivo, también declina en general y en promedio. Así lo indican múltiples estudios que acusan una disminución de los niveles de testosterona en los hombres de distintas edades en mega ciudades modernas, respecto de muestras obtenidas en los años 60 del siglo pasado[5].

Las facilidades para ganarse la vida. Las mujeres, hace 150 y menos años atrás, demandaban la presencia de un hombre proveedor que las ayudase a sustentarse a ella y a la prole; porque la sociedad y la realidad tecnológica estaba ordenada de un modo tal, que para poder participar en la mayoría de las actividades productivas y generadoras de riqueza, se requería de la fuerza y la agresividad masculina para obtener ese sustento. 

La mujer de hoy compite en el mercado laboral casi en las mismas condiciones que el hombre y es un hecho que si no existiesen normas protectoras de la maternidad que le confieren garantías de preservación del empleo e inamovilidad en los períodos de maternidad, la mujer tendría niveles superiores de remuneraciones. El trabajo hoy no demanda fuerza masculina. Una ley promulgada por mamá Bachelet en su gobierno, prohibió que los obreros cargasen un saco de ¡más de 25 kilos![6] Una mujer hoy podría pues ser obrera a la par de un hombre.

La disponibilidad de alimentos, calefacción, albergue universalmente obtenidos con dinero, es hoy algo tan omnipresente, que olvidamos que hace 150 años no lo era. Las familias debían proveerse sus alimentos, su calefacción y su techo, a través de la fuerza física que proveía principalmente el integrante de la familia de sexo masculino.

Las máquinas que sustituyen la fuerza física, haciendo progresivamente inútil los talentos exclusivos masculinos. El hombre antiguo sin una dotación suficiente de testosterona no tenía la posibilidad de relacionarse sexualmente con una hembra ni formar familia porque ante un ataque o ante cualquier evento que demandada usar la fuerza física no era idóneo. El hombre y mujer modernos disponen de aparatos mecánicos para infinidad de funciones y no se necesita de la fuerza física. Ni siquiera la guerra requiere de la fuerza física masculina, y que hasta hace pocos años era exclusivamente viril. Hoy es posible hacer la guerra a través de máquinas conducidas por hombres o mujeres.

Como se ve, el debate sobre el tema padece de una confusión entre lo prescriptivo (el telos del sexo y de la masculinidad y femineidad o la pretendida desexualización de las masas) y lo descriptivo (una realidad que se le apareció al ser humano a consecuencia de la técnica). 

Independiente de los conceptos morales y éticos que se sostengan, no se puede razonablemente negar que la humanidad sufre una innegable feminización de las relaciones sociales en todos los órdenes. La demanda de hoy es por derechos y protección. En un mundo masculinizado la demanda era por libertad, y la lucha permanente era contra la opresión del soberano. Hoy la opresión del estado es vista por las mayorías no como opresión sino como un alivio para ser protegido de lo desconocido y peligroso.

¿Es posible que esta tendencia autoformativa de la humanidad generada por la técnica persevere ad infinitum? ¿Existe un telos de mujer y de hombre?; ¿un ideal de conducta diferenciada de uno y otro sexo degradado que es menester recuperar, conservar y promover? ¿Será el hombre algo moldeable como la arcilla, no solo por el Dios creador del Génesis, sino por el mismo hombre tecnológico al punto de poder suprimir el sexo? ¿Será una fatalidad que los engendros de la técnica puedan degradar al género humano?

Existe una hipótesis de los antropólogos que han estudiado la cultura Maya acerca del por qué ese pueblo nunca usó la rueda, en circunstancias que manejaban conceptos físicos y matemáticos de alta complejidad. Siendo la rueda una herramienta tan trivial de concebir y construir y de tan evidente utilidad para multiplicar la fuerza de los hombres y los animales, no resulta plausible creer que no se les ocurriera usarla. La hipótesis razonable señala que los Mayas simplemente renunciaron a usar la rueda. ¿Por qué habrían adoptado una decisión tan extraña y antiprogresista? Pues porque habrían ponderado que las consecuencias de su uso eran contrarias al telos del hombre como ellos lo entendían.

A principios del siglo XX Jean Jaques Sorel y Gabriel D´Anunzio levantaron desde distintas trincheras, seudo doctrinas que se fundan en este fenómeno de feminización de la sociedad que ya entonces se vislumbraba. Sorel, uno de los fundadores del anarquismo, pronosticaba el colapso de la burguesía en manos de musculosos y arrogantes proletarios que darwinianamente desplazarían a los débiles y afeminados burgueses. D´Anunzio poeta proto fascista se hizo célebre por su italianísimo y algo histérico apotegma; vivire peligorosamente, en reacción a la modosa vida burguesa de los años locos. Ambas doctrinas han fallado sus pronósticos por la falsedad de sus premisas.

Ortega y Gasset nos ofrece una orientación en esta perplejidad moderna cuando señala: La idea del progreso, funesta en todos los órdenes, cuando se la emplea sin críticas, ha sido fatal. Supone ella que el hombre ha querido, quiere y querrá siempre lo mismo, que los anhelos vitales han sido siempre idénticos y la única variación a través de los tiempos ha consistido en el avance progresivo hacia el logro de aquel único desiderátum. La realidad histórica nos indica que, el perfil del bienestar se ha transformado innumerables veces.

La ciencia, la técnica y el poder político contemporáneo propician ese estado de bienestar. Ese desiderátum que los políticos ambiguamente denominan, desarrollo económico. ¿Qué tal si esa piñata en que se ha constituido el concepto de desarrollo económico importa un empobrecimiento de la condición humana en general y de los sexos como tales en particular? Esta arcadia llamada nación desarrollada, deja indefinido la calidad de individuos que quisiéramos ser en la intimidad de nuestro yo.

A mi juicio es el concepto de bienestar de nuestra época moderna lo que debería estar en cuestión y debate. La propuesta vigente de progreso y desarrollo es incompleta y comporta daños colaterales que recoge el malestar ambiental. Prestar oídos a las necedades de una doctrina fallida como el feminismo es como resucitar a Sorel y sus despropósitos revolucionarios.

El progresismo nos ha llenado la cabeza con una presunción de control sobre lo desconocido, que dista de tener un correlato empírico. El mundo gobernado por las premisas del progreso y desarrollo económico empobrece sin desearlo a quien busca servir que es al género humano cuando persigue una seguridad que degrada.

Una parte del estado de rebelión en contra del orden establecido proviene de sentirse los individuos, desplazados y prescindibles para la sociedad. Esos individuos auto percibidos como desplazados principalmente son de sexo masculino. La masculinidad debe recuperar un rol en la sociedad que se construirá en la era post Smart phone. 

La pretensión de las ideologías sexistas en boga que propician des sexualizar a la población – especialmente a los varones- es absurda, inhumana, inviable, carece de correlato empírico, es antiestética y aberrante. 

Debemos reinstalar la sexualidad natural, en esta nueva circunstancia dentro de la sociedad tecnológica, sacando de varones y hembras sus mejores talentos para la integración social y familiar. Debemos combatir y derrotar esta dialéctica suicida que ha impulsado una agenda que siembra discordia entre los sexos. 

Debemos suprimir los excesos de protección de que es objeto la población en general y la juventud en particular, propiciada por políticos buenitos que esconden su demagogia bajo estos favores que degradan la masculinidad y por consecuncia también a la femineidad.

mayo de 2022



[1] Kant no cambió el mundo. Solo interpretó novedosamente el mundo que había cambiado frente a sus ojos.

[2] Digo monstruosos, por las razones que más abajo desarrollo.

[3] Se sustituyó la palabra género por sexo en esta doctrina, para hacerla más amable y menos chocante a las masas. En la Real Academia de la Lengua se perpetró una conjura para introducir esta palabra para identificar personas y no fonemas como hasta entonces se significaba, por presiones ideológicas. Y también por una razón bien trivial: la bibliografía de esta ideología venía del inglés en que la palabra gener significaba algo distinto a género, del castellano hasta entonces.

[4] Obviamente, la reducción de la población mundial a través de la promoción de culturas castratti.

[6] El ejército de Chile no podría hoy asaltar y tomarse el Morro de Arica, debido a esa norma. Las mochilas y el fusíl pesaban 35 kilos.

viernes, 13 de mayo de 2022

AVARICIA, CODICIA Y DEMAGOGIA; CAUSAS DEL LLAMADO CONFLICTO MAPUCHE

 


En el llamado conflicto mapuche en la zona de La Araucanía, Los Rios y Los Lagos, se reúne lo más granado de la estulticia, demagogia, codicia y avaricia de nuestra nacionalidad.

El gobierno militar impulsó dos políticas de estado – a mi juicio atinadas- que son una isla en un océano de desatinos que posteriormente han cometido el estado nacional, los empresarios forestales más influyentes y las comunidades mapuches del sector; condimentadas por la demagogia de la izquierda revolucionaria.

Impulsó el gobierno militar el Decreto Ley 701, un fondo fiscal extraído de fondos generales de la nación, para subvencionar el desarrollo forestal. A los particulares se les bonificaba un porcentaje de la inversión en reforestación de terrenos con aptitud preferentemente forestal. Permitió esa bonificación poner de pie una industria forestal entonces casi inexistente. Dos consorcios económicos – CMPC y Forestal Arauco - que entonces tenían un valor bursátil con el cual hoy día un banco no les otorgaría ni un préstamo de consumo, se capitalizaron gracias a ese mecanismo. Existió un abuso tolerado negligentemente por las autoridades sectoriales, que consistió en integrar tierras que no tenían exactamente aptitudes preferentemente forestales sino agrícolas, a la bonificación forestal, pero se estimó entonces que aquello no hacía ningún daño, sino más bien beneficio, porque integraba terrenos que no tenían entonces un destino productivo agrícola.

La capitalización de esas empresas no solo agregó valor a los terrenos que ya entonces poseían legalmente, sino que impulsó una agresiva política de adquisiciones de terrenos algunos forestales y otros agrícolas, sobre los cuales desarrolló planes de forestación inicialmente subvencionados por el Decreto Ley 701 y después con sus propios recursos.

La otra política de estado, permitió nivelar a las personas miembros de comunidades mapuches a la condición de ciudadanos plenamente capaces para usar, gozar y disponer de sus bienes, confiriéndoles títulos individuales de plenos propietarios, sobre tierras que poseían con títulos precarios que les impedían la libre disposición.

Los efectos de estas dos políticas fueron mayormente beneficiosos. Se generó una industria antes inexistente, y un círculo virtuoso de actividad económica y mejora en las condiciones de vida, de sectores hasta antes del decreto ley 701 sumidos en la pobreza, subalimentación y abandono por parte de los bienes públicos que provee el estado. En el caso de los nuevos propietarios individuales en un porcentaje indeterminado – y deliberadamente obscurecido por los políticos demagogos – los nuevos propietarios hicieron fructificar y prosperar sus propiedades individuales, y por tal razón, electoralmente siempre le dieron la mayoría de votos a quienes dicen ser los herederos del gobierno militar.

Pero también hubo efectos perniciosos de estas dos políticas. La afectación al destino agrícola de terrenos que antes habían sido el granero de américa (en el siglo XIX el principal exportador de trigo a California era Chile). El trastorno ecológico que supuso poblar con especies forestales foráneas que tiene hábitos de consumo de agua distintas a las especies nativas ha agudizado los efectos de la sequía; y el desamparo social de personas que habiéndole legalmente vendido a las empresas forestales no tuvieron el talento y condiciones para fructificar con el capital monetario recibido.

Siguiendo su premisa victimista en orden a que la causa del fracaso de los fracasados es el éxito de los exitosos, el gobierno de Patricio Aylwin Azocar autor intelectual de la ley de reforma agraria que sembró el caos en todo el agro chileno, dictó en su gobierno la ley indígena, que ha resultado ser el portaviones del caos social en las zonas rurales donde antaño convivían pacíficamente comunidades indígenas. No ha solucionado ningún problema social ni político, ha elevado a la potencia las frustraciones sociales y ha legitimado la usurpación. La demagogia ha sembrado la codicia de los frustrados por haber dejado de ser poseedores y como este círculo genera más pobreza y frustración, a los nuevos pobres la demagogia los pliega al ejército de frustrados y estos terminan siendo legiones.

¿Y cómo reaccionan los controladores de las empresas que se enriquecieron basalmente de los aportes del fisco? Pues ocupados en lo único que saben hacer: maximizar los beneficios de sus accionistas y ahora, efectuando una triangulación grotescamente simple para hacer desaparecer todos sus activos fijos en la zona conflictiva y transformarlos en activos circulantes. En efecto; Arauco, obligada por ley, informó a la Comisión para el Mercado Financiero, como hecho esencial que había “vendido” sus más de 80 mil hectáreas forestales a fondos de inversión foráneos y todos para la casa con sus utilidades. ¿Qué pasa con el giro forestal? Pues que sigue explotándolo, arrendando a su “contraparte” propietaria de las tierras. ¿Es jurídicamente lícita esta operación? No solamente lícita, sino que blinda a los accionistas porque no podrán expropiar lo que es de propiedad de extranjeros vinculados por pactos de comercio como Japón, Corea, etc. ¡Golazo! Se abrazan gerentes, abogados y banqueros; como cuando la selección hace un gol. Cuales prestidigitadores hacen un malabar astuto y todos sus activos desaparecen por arte de birlibirloque.

La avaricia se define como el afán desmedido de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas; la codicia como el afán desmedido de riquezas y bienes que no se poseen y la demagogia es la degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante el temor y concesiones y halagos falsos, que estimulan las emociones elementales de los gobernados, buscan conseguir e incrementar su poder.

No hay posibilidad alguna de concertar la paz social cuando la empresa privada (privada entre comillas porque fue subvencionada en sus orígenes) tienen en su norte exclusivamente la avaricia de sus propietarios. No es justo, ni es moralmente lícito lo que han hecho. Recibieron una subvención de todos los chilenos en base a la cual adquirieron una posición de poder que es manifiestamente excesiva para el interés nacional, y ahora nos endosan a todos los chilenos un problema social, ecológico y hoy alimentario, que si bien es cierto no lo generaron directamente ellos, son parte directa de él y los principales llamados a solucionarlo. ¿Qué eso no está en su giro y en los estatutos de la sociedad anónima? Tampoco lo está que su razón de existir fuese la dádiva que le entregaron el resto de los chilenos con el D.L. 701. Esa deuda no está en los estados financieros, pero es de justicia cobrarla. No es lícito que el corazón productivo de la nación sea enajenado a extranjeros que están muy lejos y ajenos a nuestros problemas.

No hay posibilidad alguna de concertar la paz social con políticos como los actuales de todo el espectro que actúan demagógicamente, sin decirle la verdad a los electores, sembrando expectativas falsas que serán causa del descoyuntamiento del esqueleto social. La ley indígena es una falsedad de principio a fin. Su derogación inmediata es condición sine qua non de la paz social.

No hay posibilidad alguna de concertar la paz social con un poder judicial que busca actuar políticamente sin sujeción a la ley y a la constitución, prevaricando a diario para imponer contra texto explícito de la ley, la subjetividad de la justicia del caso concreto. Deberían quienes manifiestan esa voluntad, renunciar al poder judicial y postular a cargos de elección popular.

No hay posibilidad alguna de concertar la paz social con individuos y grupos de presión que se consideran por sobre la ley y pretenden legitimar por la fuerza más o menos violenta, sus expectativas de adquirir gratuitamente derechos bajo justificaciones espurias como su presunto origen racial.

El plato está servido para la guerra civil. La presa principal la pone la gran empresa que es como la vaca que olvidó que fue ternero, los políticos que han hecho un negocio de la cosa pública, los miembros del poder judicial superhéroes de la subjetividad jurídica y los terroristas que buscan ganancia a rio revuelto.

El rechazo al mamarracho constitucional no será solución. Solo permitirá que no empeore esta situación.

Mayo de 2022

sábado, 7 de mayo de 2022

LAS CERTEZAS; DIOS Y EL PROGRESO

 

La batalla primordial de la conciencia humana es vencer al tiempo. Esta extraña entidad que es causa del devenir de las cosas, del mundo y de nuestra conciencia. El tiempo nos azora porque nos somete a una verdad indeseada: la certeza de nuestra finitud. La poetisa Fernán Caballero nos lo recuerda: Desde el día que nacemos/ A la muerte caminamos/ No hay cosa que más se olvide/ Y que más cierta tengamos. El tiempo nos somete a la radical evidencia que nuestro futuro es incierto salvo nuestra finitud. ¿Cuál es el mecanismo que usamos para vencer el tiempo y su consecuencia que es esta incerteza radical? Nuestra inteligencia. Leer dentro de las cosas para extraer sus verdades y de esa manera, en un mar de incertezas, mantenernos a flote.

Es así como en la historia humana nace la fe en Dios padre todopoderoso creador y sostén del cosmos. La complejidad del mundo, su manifiesto y perfecto orden, racionalmente nos permite concebir en nuestra conciencia que existe un creador, un motor inmóvil que con sus poleas hace girar el tiempo y el espacio con su variedad de cosas y creaturas. Dios, contra lo que sostiene la perspectiva inmanente, es racional. Es una idea plausible. Nos explica desde fuera del tiempo y del espacio, por qué existe el tiempo y el espacio.

Pero lo que no nos ofrece de manera unívoca la idea de Dios, es la explicación y el remedio para el sufrimiento. Esta otra realidad radical humana. Las doctrinas ascéticas nos proponen suprimir el deseo para derrotar el sufrimiento; pero como para la mayoría de los seres humanos vivir es desear, aquello no parece plausible, al menos para esa mayoría. Radicalizando la idea ascética, la muerte -la suprema entropía- sería la solución. Pero los seres en general y el hombre en particular con la mochila de su conciencia, desean vivir y luchan por sostener y mantenerse vivos; y ante esa imposibilidad luchan por perpetuar su especie, y de esta forma en cierta medida vencer el tiempo.  Pero el hombre y las creaturas vivas no solamente desean vivir. También desean vivir bien. Desean el bienestar. Desean vencer el sufrimiento.

Y es así como nace la fe en el progreso. Porque la idea del progreso como la idea de Dios no son ideas que podamos comprobar empíricamente. Dios y el progreso son creencias basales desde donde construimos nuestra representación del mundo. Representan la una, el mecanismo para vencer nuestra finitud, la otra el mecanismo para vencer el sufrimiento.

Desde hace tres siglos en occidente existe un colosal error que sostiene un conflicto por el cual los hombres discuten, se enfrentan y a veces guerrean y se matan por miles y por millones: El error consiste que la creencia en Dios y en el progreso se oponen la una a la otra y deben suprimirse mutuamente.  El conflicto es artificial porque ambas creencias han surgido en la conciencia humana para vencer dos realidades radicales diferentes. La una a la muerte; la otra al sufrimiento.

Jorge Millas, uno de los cerebros más preclaros que ha parido nuestra nación, urdidor de ideas filosóficas luminosas, ofrece una explicación decepcionante para su elevado nivel intelectual, casi infantil, para explicar su ateísmo: la imposibilidad de Dios para vencer el sufrimiento humano. Es la rabieta del niño que se rebela contra su padre porque su padre no le compra un helado. El anti - progresismo de la Iglesia católica ventilado por los pontífices del siglo diecinueve, hoy nos parecen de una puerilidad absurda: suprimir el desarrollo de la ciencia para no perjudicar la fe en Dios.

Pero este fanatismo y falta de eclecticismo no es parte del pasado; se mantiene hasta hoy y sostiene un conflicto que ha llevado al progresismo radical a pretender activamente desalojar de la conciencia humana a Dios, reemplazándole con ideas absurdas insostenibles racionalmente.

Hoy, los progresistas fanáticos obtusos e intolerantes se han impuesto. Detentan el poder del mundo y lo usan para mantener arrinconados a quienes vemos el mundo a través de la fe en Dios padre todopoderoso sostenedor de un orden que trasciende la existencia humana. Uno de sus apóstoles Yuval Noah Arari, escritor(cillo) superventas, artificialmente inflado por los poderes progresistas del mundo, sostiene que el hombre ya ha desalojado a Dios. El es homosexual; ha superado según él la dualidad sexual. El superhombre que viene según él, será como un pollo broiler supersofisticado ordenado en sus conductas por la ciencia que controlará su código genético para hacer al hombre inmortal, asexuado y carente de sufrimientos. Este milenarista, de un plumazo eliminó, el tiempo, el espacio, la muerte y el sufrimiento.

Fanáticos milenaristas delirantes han existido siempre. Lo que sorprende es que quienes detentan el poder mundial ofrezcan cobertura a ideas tan completamente absurdas. La sola circunstancia que Arari sea superventas de sus libros escritos en serie, y un hierofante en todos los foros sobre el devenir del mundo, habla de un colapso de la inteligencia. Un individuo carente de formación filosófica, histórica y científica elemental es hoy un referente “académico”. El positivismo científico, aquella doctrina que puso orejeras a la ciencia para que tuviese una visión unívoca y tildó de absurda la observación trascendental; es la madre de estos fanatismos.

Pero vaya paradoja; la ciencia positiva ha derivado en la ciencia teórica que a través de observaciones empíricas ha desarrollado extensas inferencias racionales y matemáticas para llegar a conclusiones que son demoledoras para los progresistas fanáticos:

-          La materia en sí no existe; todos son órdenes atómicos, moleculares, articuladores de sistemas orgánicos complejos; y lo más azorante: no responden necesariamente a comportamiento predecibles sino aleatorios. ¿son explicables únicamente a través de la teoría darwiniana? Definitivamente no.

-          El cosmos no responde a lógicas mecánicas, el espacio y el tiempo son entidades relativas; el universo se expande ¿gracias a qué? algo llamado energía obscura (comodín de naipe) sin respeto por la entropía que nos señalaba que la energía se disipaba hasta su extinción. Lo que mantiene unidos a los órdenes estelares no son los presupuestos de la llamada “ley” de gravitación (que no es universal). Existiría algo llamado (comodín de naipe) materia obscura que permite que todo siga funcionando.

La promesa del progresismo radical del siglo diecisiete que el hombre científico finalmente llegaría a conocer el universo por concatenación de causas con efectos, se ha desplomado. Por cada descubrimiento científico se infieren más y mayores complejidades de la realidad. La ciencia simplemente no es capaz de explicarnos el tiempo, el espacio, el cosmos ni las razones radicales de los órdenes orgánicos.

Urge reducir la idea del progreso a la función que tuvo en sus orígenes: buscar los medios para mitigar el sufrimiento humano. No sirve la ciencia positiva para ofrecernos explicaciones trascendentales. Urge en el mundo una perspectiva ecléctica que ponga en su lugar a los vendedores de pomadas. Urge que el poder político se alinee con la verdadera ciencia moderna y recupere una visión ecléctica.

Mayo de 2022

 

miércoles, 20 de abril de 2022

TRASCENDENCIA E INMANENCIA; BELLEZA Y FEALDAD; Y LOS CHASCARROS DE BORIC

 


Las palabras son como conejos que huyen de nosotros. Quienes buscamos expresarnos con precisión debemos correr tras ellas para que no se nos arranquen. Si se nos arrancan de sentido, las palabras comienzan a no expresar nada. Elvira Roca

Me inspiró esta frase de la mediática historiadora española citada, para referirme a dos palabras que nos ayudan a encontrarle sentido al debate en nuestra vida contemporánea. Se dice de una actividad que es inmanente a un agente cuando «permanece» dentro del agente en el sentido de que tiene en el agente su propio fin. El ser in­manente se contrapone, pues, al ser trascen­dente —o «transitivo»— y, en general, la in­manencia se contrapone a la trascendencia.[1] En palabras más simples, la perspectiva inmanente solo pone atención en la vida humana desde el nacimiento hasta la muerte. Su sentido de vida es el bienestar en este mundo; la perspectiva trascendente se pregunta cotidianamente por la vida más allá de la muerte. Quien tiene una perspectiva trascendente vive montado en la creencia que el mundo y la vida no es solo su existencia material. No es necesariamente un dualismo entre teísmo versus ateísmo. Un creyente en Dios puede tener una perspectiva estrictamente inmanente; como hoy los hay muchos.

Acaba de terminar la semana santa. Quienes no tenemos el hábito de la piedad religiosa, nos apoyamos en la música de Bach, Haendel, Mozart y otros genios, para ayudarnos a percibir el sentido trascendente de la Pasión de Cristo, puntal de nuestra civilización occidental. Aquel género de arte tiene una perspectiva trascendente. Autores musicales contemporáneos como el norteamericano Samuel Barber y el estonio Arvo Part, se han inspirado en la misma perspectiva trascendente de la realidad, pero el mundo contemporáneo no reconoce en ellos esa perspectiva. Se les invoca como música de relajación o de autoayuda. Algo así como la versión etérea del inmanentismo materialista.

¿Por qué sucede aquello? Pues porque nuestra época tiene una perspectiva estrictamente inmanente. Hasta la religiosidad moderna es inmanente. Eso explica que la música religiosa que se escucha en las parroquias católicas o en los templos evangélicos de nuestros barrios, es más parecida a jingles de autoayuda para esta vida, que aquella que inspira Bach o Haendel. El religioso contemporáneo está ocupado en esta vida; la de aquí; la de la experiencia sensible y aquello se percibe en el formato de las ceremonias religiosas.

El inmanentismo, elevado por Kant al rango de virtud intelectual, nos regaló la ilustración. Pero tiene la fatal consecuencia de reducir nuestra perspectiva del mundo. Así como lo hacen los pintores y dibujantes, nuestro pensamiento opera con un punto de fuga[2]. El inmanentismo aproxima nuestro punto de fuga a nosotros mismos. Y extremando la prescripción kantiana de agotar la búsqueda del conocimiento en la experiencia sensible, la degradación del inmanentismo, reduce esa perspectiva hasta el extremo de solo vernos a nosotros mismos, sin ser capaces de ver nada de lo que nos rodea. Y esto, aproximar el punto de fuga a la punta de nuestra nariz, trae a su vez como consecuencia el narcisismo. Narciso se enamoró de sí mismo no solo porque se consideraba bello, sino porque era lo único que veía.

Y es sorprendentemente obvia la razón de ello: solo somos capaces de amar aquello en lo que podemos poner nuestra atención. El primer escalón descendente del inmanentismo kantiano es poner solo la atención en la experiencia sensible. El segundo escalón descendente, es reducir nuestra perspectiva - y nuestro punto de fuga- en nosotros mismos.

¿Qué caracteriza a esta generación que ha conquistado el poder formal de la república? ¿Cuál es la fuente de su extravío? A mi juicio la patética reducción de su perspectiva para ver el mundo. Por lo demás, es un fenómeno global en nuestra cultura occidental e ilustrada, hoy llevado al extremo.

La ilustración Kantiana “descubrió” la inmanencia como fuente de poner atención en lo importante; este mundo. El hombre occidental de este modo desarrolló la técnica moderna y esta técnica, que tanto nos ha aportado, ha tenido también la indeseable consecuencia de ir progresivamente reduciendo la perspectiva humana, tal como Ortega y Gasset lo denunciara hace casi cien años en su libro La Rebelión de las Masas. Pero el proceso no se ha detenido donde Ortega lo retrató. Ha continuado ese acercamiento del punto de fuga. Porque el hombre contemporáneo se apoya en los extraordinarios medios facilitadores de la vida que la técnica le proporciona; paradójicamente no para expandir su mundo, sino para reducirlo.

A mi juicio, Chile hoy es un laboratorio social de este fenómeno, quizá el ultimo estadio -ojalá así sea- de este proceso de degradación de la perspectiva inmanentista, y que tiene por consecuencia dos “ismos”: El feísmo y el narcisismo.

Nuestras ciudades están saturadas de gráfica fea. La belleza pareciera que les repugna a los feistas. Quieren invadirlo todo de cosas feas. Las redes sociales están saturadas de coprolalia. El parlamento y la convención constituyente está saturado de individuos zafios, incultos, groseros y narcisistas. Pocos han reparado en el daño que el feísmo causa a la convivencia colectiva y a la esperanza de quienes salen a vivir la vida sin haber conocido otra cosa que lugares y objetos feos. Nadie ha invocado el derecho a la belleza de los espacios y de la vida pública. Sin embargo, su ausencia daña de un modo aun inconmensurable la vida colectiva.

Así como en la teletón tenemos el niño símbolo positivo de la superación de los defectos corporales, quien detenta el cargo de Presidente de la República, Gabriel Boric Font es el niño símbolo del feísmo y del narcisismo. Su aspecto y sus actos son deliberadamente antiestéticos y rupturistas. Su descuido del marrueco abierto, del paso cambiado en las ceremonias protocolares, de su camisa afuera con el ombligo al aire, es deliberado. ¿Por qué? Pues porque quiere exhibirse como quien desdeña todo orden protocolar, estético y formal, que represente la sacralidad del poder. ¿Por qué? Pues porque le tiene antipatía. ¿Por qué? Porque representa una generación que no entiende su simbología porque ya no es capaz de mirar más allá de su nariz ni entender esa sacralidad del poder político. Es más, sus intentos por proyectar una actitud de amistad cívica resultan afectados y artificiosos, tal como cuando niños nos decían, salude a la tía. Lo hace de contrapelo.

Esta generación de seudo políticos es narcisista. No saben mirar otra cosa que sí mismos. Es lo único que pueden amar genuinamente y sin afectaciones. Son seudo políticos porque solo son capaces de observar a los que son iguales a ellos. No tienen perspectiva histórica ni social.  

Boric representa el narcisismo de las postrimerías. Es la encarnación del Último Hombre, aquella metáfora genial del Zaratustra de Nietsche; ¿Quién quiere aun gobernar? ¿Quién aún obedecer? Ambas cosas son demasiado molestas[3].

El problema de ser laboratorio de ingeniería social del mundo, tal como lo fuimos en el año 1970 y lo somos ahora, es que la línea por donde discurre la paz social y la convivencia es sumamente delgada y precaria. Todos esos aspectos que Boric ridiculiza del poder, son en última instancia lo que sostiene la convivencia.

Creo, sine ira et studio, que el actual gobierno y su portaestandarte, la Convención Constituyente actúan deliberadamente para destruir esas reglas de convivencia que hacen posible la vida en común, sin proponer nada viable a cambio. Pero también creo que fracasarán en su intento en el corto o mediano plazo.

Pero eso no será un triunfo si no somos capaces de cambiar el rumbo de nuestra sociedad desde esta fatal tendencia de la reducción de la perspectiva hacia la expansión de esta. Esa es la verdadera tarea. Es posible. Los medios están. Vivimos rodeado de datos y de sabiduría gracias a los fantásticos medios de comunicación. Cada niño tiene en su teléfono, además de toda la bazofia y coprolalia con que actualmente son alimentados, toda la historia de la sabiduría y belleza de la humanidad. Es cuestión de disponerse a ver el horizonte donde lo hicieron los pintores del renacimiento italiano.

Abril de 2022



[1] Diccionario filosófico Ferrater Mora

[2] En técnica de dibujo, punto de fuga es aquel lugar donde las rectas paralelas se juntan conforme la perspectiva del dibujante.

[3] Así Hablaba Zaratustra. Federico Nietsche

viernes, 15 de abril de 2022

EXCURSIONES AL SUBSUELO DEL FEMINISMO

 


José Antonio Kast ganó la primera vuelta presidencial. Asesores de su campaña le hicieron presente que, una de sus bases programáticas de campaña; suprimir el ministerio de la mujer, era una traba insalvable para ganar el balotaje. Pidió entonces pública y humildemente perdón a “las mujeres” de Chile, por este error. Se comprometió en la campaña del balotaje a mantener este ministerio que según la inteligentzia electoral, era una sentida aspiración de las mujeres chilenas.

Armado de un mínimo eclecticismo, no es necesario ser un genio para concluir racionalmente que el mentado ministerio de la mujer es un artefacto estatal completamente inútil, oneroso, que solo sirve para dar empleos a apitutados, que no está en el radar de la mayoría electoral, cuyas pocas funciones útiles las cumplían antes otros ministerios que sin problemas podrían a futuro volver a cumplirlas, y que ha servido a agendas globalistas y revolucionarias, contrarias a los principios que encarnaba Kast y sus partidarios. Un prudente administrador del estado entonces debería pues eliminarlo, y eso pretendía inicialmente el candidato lo que objetivamente beneficiaba al bien común general.

Como sabemos, de nada sirvieron sus disculpas para ganar el balotaje, pero si para demostrar que, para la clase política oponerse a los mandamientos de la ideología feminista es un pecado grave. Y, entendida la supresión de este inútil artefacto burocrático -el ministerio de la mujer- como una agresión al feminismo, suponía Kast echarse encima a las feministas y sus simpatizantes (hombres y mujeres). Así lo advirtió, el otro candidato de la “derecha” - Sichel- quien, para medrar de los votantes favorables a Kast, hizo un spot rodeado de mujeres, como un macho alfa, haciendo saber que disolver el ministerio de la mujer era atentar contra la dignidad de la mujer chilena.

Es posible que Kast no haya perdido por su fallida intención de suprimir el ministerio de la mujer. Pero es posible conjeturar que podría no haber concitado más apoyo, por su implícita hostilidad a la ideología feminista, de la que esa medida puntual era solo una expresión menor.

Siendo el feminismo pues algo tan importante como para resolver una elección presidencial, era necesario para mí, conocerlo con más detalle y profundidad que el que conocía por su estética y ética explícita, tan hostil a mi forma de ver el mundo. Y para conocerlo realmente habría de hacerlo con buen ánimo. José Ortega nos decía que el odio es como un fiero resorte de acero que impide aproximarse a la cosa odiada. Para aprender lo que dicen las feministas, debía hacerlo con ánimo ecléctico y compasivo. Por ecléctico quiero decir ponderar templadamente sus razones y el razonamiento implícito en la ideología feminista y por compasivo quiero decir entender las emociones implícitas que inducen a esos razonamientos.

Equívocamente se entiende la palabra compasión como la conmiseración. La conmiseración es la compasión que se tiene del mal de alguien. Compadecer en cambio, es genéricamente padecer- con; meterse dentro de las emociones del otro; comprenderlas y en lo posible, hacerlas propias.

El resultado que he podido constatar de mis lecturas[1], es que en el ámbito racional el feminismo es un producto de segunda selección, de una ideología que le sirve de sustento, que es la dialéctica hegeliana, marxista y post marxista. Por post marxista envuelvo las obras de Gramsci y los estructuralistas y post estructuralistas franceses. En esquema, las mujeres serían unas víctimas de un opresor llamado el patriarca, del que ya se ha liberado y cambiará el mundo esta “toma de conciencia” que, como lo hicieron también los jacobinos, parte por cambiar el idioma.

No encontré una sola letra referida a una genealogía de esta “liberación”. Simplemente alguien habría descubierto esta sumisión perversa a la que se sometía a las mujeres del mundo, y estaríamos en curso de liberación de esas opresiones para lo cual -dicen las radicales- debemos eliminar la sociedad actual y reemplazarla por otra de ribetes harto imprecisos. Siendo su estructura lógica extremadamente simple, aquello es causa de su adhesión irreflexiva por las masas que no quieren entrar en honduras lógicas.

El feminismo es una cosa. Para responder a la pregunta: ¿Qué es tal cosa?, lo que hacemos es deshacerla; descomponerla. Una cosa es, ante todo, la serie de condiciones que la hacen posible. Kant decía «condiciones de su posibilidad». Y es curioso observar que de ordinario esos más auténticos ingredientes o requisitos de una cosa son los que nos pasan inadvertidos, los que dejamos a nuestra espalda, como si no fueran lo que son: el ser más profundo de la cosa[2].

El evidente cambio en el rol de la mujer en la sociedad, de hace cien o cincuenta años atrás se debe a dos causas basales invisibilizadas por la ideología feminista: las condiciones sanitarias de la mujer y de la cría humana, derivadas de descubrimientos técnico-científicos; y en segundo lugar, un artilugio que ha sido sin duda el más importante: la píldora anticonceptiva.

Por milenios los órdenes sociales de diversas culturas a lo largo y ancho del mundo prescribieron para la mujer, pautas de conductas que tenían presente la fragilidad biológica y social a que la sometía la maternidad y/o la posibilidad de maternidad. Para mayor complicación, las crías eran extremadamente frágiles y precarios y la maternidad, por tanto, no solo era genitalmente compleja sino también socialmente. El cachorro humano, para sobrevivir requería a la madre una cantidad de tiempo muchísimo mayor que los demás mamíferos. Hembras y madres cuadrúpedas eran dependientes, pero sensiblemente más autovalentes que la hembra de homo sapiens, tanto en el sexo, como en la maternidad. En nuestro tan versátil idioma castellano, decir que una mujer está preñada, es decir, está embarazada. La palabra lo dice todo. Está en una condición de precariedad que demanda ciertas ayudas de sus congéneres. Las vacas y las perras nunca están embarazadas.

Una de nuestras circunstancias con que debemos lidiar en nuestras vidas, es nuestra carga genética. Nuestra genética es un complejo de facilidades y dificultades con las cuales debemos habérnosla cotidianamente. El ser humano tiene una carga genética que ha entrado en colisión con ciertos inventos técnico-científicos que son de uso generalizado en nuestro mundo contemporáneo. Y dentro del género humano, el sexo femenino se ha visto impactado en mayor grado.   

La mujer se liberó de la maternidad no deseada. Por consecuencia tiene la posibilidad de administrar su sexualidad de una manera diferente a como lo hacían sus abuelas o bisabuelas. Lo prescriptivo en el ámbito sexual era hasta antes de la píldora anticonceptiva algo tan prístino, que no se discutía. No se puede tener sexo fuera del matrimonio. Entre santo y santa; pared de calicanto, repetían nuestras abuelas. Decir que aquellas estructuras normativas eran fruto de una estructura de dominación masculina, es el absurdo más completo. Una llave como las de lucha libre que retuerce al contendor, así esta ideología retuerce la realidad histórica, que queda tan deformada o más que las explicaciones históricas del marxismo decimonónico. Cero correlatos empíricos. Cero correlatos históricos. Solo un relato útil a una visión sesgada para que “todo cuadre” con la ideología.

Hoy el mainstreem induce a la mujer a administrar su sexualidad de la manera que lo hacen los hombres. ¿por qué? Pues simplemente porque lo puede hacer. El placer y la experiencia sexual está disponible. No hay reglas opresoras como cuando imperaba el patriarcado, responden las feministas.

Por su vínculo con la maternidad, la mujer normalmente no le cabía rol de proveedora del hogar sino solamente de protectora de la prole. Y al hombre le cabía esta responsabilidad en exclusiva. Hoy la educación y todos los insumos culturales obligan a la mujer a tener una carrera laboral tal como la tienen los hombres. En el caso de las clases menos dotadas, esta seudo “liberación” femenina ha sido causa de una liberación fáctica de los hombres. Existen en esos segmentos sociales más jefas de hogar que jefes de hogar.  Seguramente la cajera del supermercado que debe mantener a tres hijos y que llega después de dos horas en el Transantiago a su casa en la noche, debe suspirar para que vuelva la sociedad hetero patriarcal y tenga ella y sus hijos un marido proveedor. Probablemente ella no es solidaria con el feminismo.

El constructo racional-ideológico revolucionario que importa el feminismo radical y el más moderado feminismo burgués o de “derecha”, suponen la vieja visión binaria opresor, oprimido; víctima, victimario; Caín y Abel. Su superficialidad, azas de irritante demuestra una total desconexión con una antropología rigurosa. Al leer “ensayos” de feministas radicales, más parece estar leyendo prosa poética. No existe la intención de dar razón de sus tesis ni correlaciones con la realidad fáctica; la mescolanza entre feminismo, neoliberalismo, victimismo sexual; es inconexa e infundada. Al feminismo no le alcanza para ideología. Gramsci habría puesto el grito en el cielo.

Mi tesis es que el feminismo, más que una ideología, es un grito como el del lienzo de Edvard Munch, en busca de un sentido extraviado en la vida colectiva de las mujeres en la modernidad contemporánea. Es verdad como dice Byung Chul Han filósofo coreano, que aquella crisis de sentido afecta a toda la sociedad. Pero a mi juicio afecta con mayor intensidad al género femenino.

Es bastante más útil para aproximarnos de verdad a las causas del feminismo comprender sus factores emocionales. Es más fácil entender esta ideología com-padeciendo la realidad del género femenino desde dos perspectivas:

La primera es en el caso de una burguesía pudiente y bulliciosa que encarna toda esta estética chocante del feminismo publicitada hasta la náusea por los medios de comunicación social. Ese feminismo de rango universitario cuyo padecer se funda en la dificultad para encontrar un sentido de vida que cuadre con las circunstancias genéticas de la mujer. Vivimos un cambio social violento. Cambio que es hostil con los deseos atávicos femeninos (y que mi juicio es el sentido trascendente de “lo femenino” y el derecho natural a ser mujer). La mujer símbolo propuesta por esta sociedad de consumo sofisticado enarbola una neo ética que difunde el mainstrem y apunta a un sentido de femineidad que prescribe: No atarse a la maternidad, no atarse al compromiso matrimonial, usar del sexo para su placer personal, “realizarse” como recurso económico[3] para que la rueda siga girando.

La segunda es la de la mujer liberada del matrimonio, pero administradora de los hijos en solitario. La mujer padre-madre; subproducto de esta guerra contra el orden familiar pretérito donde había un padre proveedor. No encontré e los textos feministas, ninguna referencia a esta realidad empírica. La familia en el credo feminista es cualquier vínculo; y ese cualquier vínculo no funciona en términos prácticos para la mujer proveedora en solitario.

La vida individual es un complejo de facilidades y dificultades con que nos enfrentamos cotidianamente. Para enfrentar las dificultades debemos proveernos de un arsenal de destrezas y representaciones del mundo que permitan darle sentido y dimensión a lo que vivimos. El mundo contemporáneo se encuentra bajo presión de enormes cambios sociales, tan bruscos que un padre es impotente de transmitir a un hijo cómo funciona ese mundo, por la sencilla razón que el mundo que él conoció ha mutado de fisonomía. Sucede entonces que el arsenal de recursos racionales y emocionales que dispone ese hijo para enfrentar las dificultades del devenir, son insuficientes. Cuando el mundo no lo comprendemos sobreviene una emoción tal como si se hundiera el suelo bajo nuestros pies y aflora entonces la angustia y la disposición a la rabia. En este ambiente el resentimiento surge como hongo en la humedad cuando se siembra aquel viejo grito de Caín: ¡alguien que no soy yo, es culpable de mis angustias! Así el marxismo cultural, el evangelio de los resentidos, cae como bocatto di cardinale para bocas hambrientas de sentido.

La situación descrita es la que explica una buena parte – no en toda su dimensión- las emociones que están en el subsuelo de la ideología feminista, que, como otros desvaríos identitarios en boga, daña a los individuos y los aleja de un camino de genuina misión en el mundo, y daña a la sociedad cuando se propone que todo arda por los cuatro costados para reemplazarlo por algo impreciso; o quizá por la nada; el nihilismo absoluto.

¿Cuál es la salida a esta dificultad? Es el liderazgo social y político quien tiene la tarea de dotar de sentido real a la vida colectiva. Quien se considere con el mérito para liderar debe tener las destrezas y talentos para guiar en un mundo que ha cambiado. Tiene que comprender la mecánica del cambio y las nuevas tareas y misiones a ofrecer, defendiendo siempre y de modo inclaudicable, la libertad, la misión trascendente del género humano y la sabiduría del creador de habernos puesto en el mundo. Hacer ver a carne viva, las contradicciones y superficialidades de las nuevas versiones de la ideología de los resentidos y jamás ser condescendiente con el error para parecer buenito frente a la masa. La hartura de las masas es con el error y el engaño. Afectar lo que no se es, demuele el liderazgo.  

Es necesario que un futuro liderazgo de derecha dimensione que vivimos en un orden social que debemos transformar. Que no es el nuestro ni el que queremos legar a los chilenos del mañana. La derecha hoy debe ser la posición revolucionaria. Debemos transformar esta realidad fea, tosca, sin horizontes que ha instalado la izquierda a través del marxismo cultural. Debemos hacerlo porque hay mucha inconformidad que nace desde la desnaturalización del orden social en una economía de mercado sofisticada, que ha perdido buena parte del sentido de trascendencia de la vida humana. Es menester entonces no hacerle “verónicas” como el torero al error cuando nos ataca. Es menester pararse de frente y con la espada para clavarla en la cruz de la bestia. No se puede ser complacientes con la ideología del feminismo. Es menester desmantelarla y en paralelo proponer un orden social renovado que libere a la mujer que hoy está oprimida por este orden social que violenta los valores de su femineidad.

abril de 2022

 

 



[1] Las bibliotecas y anaqueles de librerías están repletas de tratadistas, ensayistas, novelistas, cronistas, periodistas, poetisas etc. etc. de esta ideología. Mis lecturas fueron pocas, apenas dos, para poder concluir que su lógica es común, disputándose cada quien, ser la que es capaz de epatar al burgués con mayor agudeza. Los relatos son de una a veces sorprendente y otras, irritantemente superficiales.

[2] José Ortega y Gasset; Que es la Técnica.

[3] Hasta la náusea nos tiene bombardeados el mainstreem de, encuestas, premiaciones, destacados del mes sobre las mujeres líderes a que apunta con todo su poder comunicacional, a perfilar una condición deseada de la mujer competidora del hombre en los ámbitos laborales productivos.  

lunes, 21 de marzo de 2022

LAS OPCIONES DEL PLEBISCITO DE SALIDA; UN CUENTO DE TERROR

 


A mi edad no me compro mesianismos, fatalismos ni brujerías para mejorar el estado de cosas. No creo en las soluciones totales. La política desde esta perspectiva añosa consiste en administrar el poder para urdir la convivencia social. Las voluntades humanas se cruzan, traslapan y se oponen entre sí. Dejadas esas voluntades a su solo albedrío normalmente colisionan, se expanden las emociones, surgen las pasiones y finalmente desembocan en conflictos. Mayoritariamente quienes integran una colectividad humana, desean cosas impulsadas por sus emociones. Y las emociones no dialogan con otras emociones; solo la razón puede dialogar. De ahí nace la necesidad que quienes conducen las colectividades humanas, deben administrar esas emociones y orientarlas racionalmente hacia el bien común general. Eso se llama liderazgo.

Chile llegó a la circunstancia que desembocó en el 11 de septiembre de 1973, donde se enfrentaron opciones que representaban más o menos nítidamente los enemigos de la guerra fría, habiéndose agotado las posibilidades racionales de un acuerdo. Allende no fue un líder capaz de administrar las pasiones de su bando y la guerra fue la única vía. Don Augusto Pinochet pisando sobre una cubierta de cristal, conociendo en detalle la experiencia de la guerra civil española, urdió cuidadosa y prudentemente que el ejército se alineara en una sola opción: la del recambio lo más incruento posible del gobierno marxista de Allende. La historia aun no reconoce el enorme talento desplegado por Pinochet que hizo posible que la guerra civil no se desencadenara con un ejército dividido como sucedió en la España del 36. En las antípodas está don José Manuel Balmaceda, que no solo no administró adecuadamente las pasiones de sus gobernados, sino que regó los incendios con bencina provocando una guerra civil que causó más de 4.000 compatriotas muertos en aquella guerra fratricida, en un país de 4 millones de habitantes. Comparados con las 2.298 víctimas fatales que informó la comisión Valech, en un país de más de 10 millones de habitantes, dan cuenta de un manejo mayormente prudencial en 1973, al menos comparado con el conflicto de 1891.

Nos encontramos en aquellas encrucijadas de la historia en que los chilenos nos dividimos en bandos bastante difíciles de conciliar. Luego del llamado estallido social en el cual, desde mi perspectiva fue una asonada de violencia política organizada y articulada por fuerzas políticas subversivas; el 15 de noviembre de 2019 se llegó al intitulado por sus suscriptores, “Acuerdo por la paz y la nueva constitución”. Dicho acuerdo mal parido y peor implementado, recibió el reconocimiento de tal por el gobierno de Piñera y por una mayoría del Congreso que acordó la modificación de la constitución vigente para hacer posible una convención constituyente que redactaría la nueva carta fundamental.

La arquitectura del proceso no pudo ser peor. El liderazgo en esas iniciativas brilló por su ausencia. Pequeños grupos metieron cuñas y transformaron ese cuerpo colegiado en la jaula de todos los demonios latentes en el alma nacional; al punto que nos encontramos ad portas de un texto constitucional, que de ser aprobado por simple mayoría electoral, podría significar el fin de la república de Chile, dolorosa y costosamente construida en más de 400 años por la sangre sudor y lágrimas de nuestros antepasados.

El texto de la constitución que se perfila carecerá sin ningún género de dudas, de la mínima legitimidad para tener imperio. Ilegitimidad tanto por su origen, pero fundamentalmente por la integración y la carencia de técnica legislativa. Personas sin formación histórica, jurídica y política aprobarán una melcocha de disposiciones que pretenden cambiar el carácter de la nación sin orden ni correspondencia ni armonía con la tradición jurídica de cualquier nación mínimamente civilizada, pretendiendo crear a través de un cuerpo legal, un ente que no existe. Tarea que es imposible hacer ni por buenos legisladores en un cuerpo colegiado de calidad; menos aún redactado por esta caterva de aventureros. Resumen: Si la constitución es aprobada el caos social estará garantizado.

Entonces ¿Qué sucede si gana el rechazo? El país queda sumido en una tierra de nadie, que, dadas las expectativas sembradas, generará una enorme frustración y posiblemente inestabilidad y caos.

¿Qué idiota nos metió en esto? ¿Quién diseñó este mamarracho? ¿Cómo puede ser que un país con una severa crisis de expectativas, pero cuya gobernabilidad estaba relativamente asegurada, nos hayan involucrado en este despropósito?

Creo que la causa basal de la crisis de Chile no han sido las expectativas sino los liderazgos. Los que han ocupado cargos parlamentarios, liderado los partidos políticos y en la presidencia de la república en los últimos 16 años; han carecido de los talentos mínimos para el desempeño de esos cargos. Mentes brillantes criollas, que son pocas, han derivado a otras actividades, y el ágora política ha quedado a cargo de personas de poco vuelo intelectual y espiritual. ¿Dónde está el relevo de los Jaime Guzmán, de los Carlos Cáceres, de los Onofre Jarpa, de los Patricio Aylwin, de los Edgardo Boeninger, de los Gabriel Valdés Subercaseaux, de los Ricardo Lagos Escobar; por nombrar algunos que hicieron posible la convivencia y mejoras durante 20 años? Las inteligencias superiores fueron sistemáticamente desplazadas de los altos cargos de los partidos políticos y de la política en general, por legiones de enanos. Con esos enanos al timón, la zozobra es un peligro inminente.

Lo que el país necesita es dejar atrás el fanatismo obtuso de los aprendices de brujo, el buenismo y los lugares comunes, el catastrofismo y las campañas aterradoras. Convengamos que ambas opciones planteadas nos condenan a sumir a la Nación en un hoyo profundo. Urgen negociadores prudentes para alumbrar una tercera opción que nos saque de este sancocho. Purgar las instituciones de todos aquellos que nos condujeron a esta calle sin salida, no sería mala idea también.

marzo de 2022

martes, 15 de marzo de 2022

LA CONVENCION CONSTITUYENTE Y LA VERDAD

 


Ha llegado a mi dispositivo de video, un mensaje creado en la plataforma Instagram en el que habla un individuo que fue creado en base a inteligencia artificial del retrato de una persona real. Los conceptos que expresa, las ideas, las expresiones; todo es creación en base a algoritmos. Nada es real. Así lo revela el hombre del cual se extrajo la cara y el tono de la voz.  El fenómeno es azorante y causa perplejidad. ¿Nos aproximamos al fin de la realidad y el inicio de la ficción permanente? Algunos responden entusiasmados que sí.

La Convención Constituyente que debería ser nuestra ágora, esto es, el espacio físico y virtual de diálogo donde los chilenos se encuentran para ponderar sus diferencias y así hacer posible la vida en común, fue cooptado por una mayoría que, como el humanoide del video, viven en una ficción alejada de la realidad.

Una conferencia de Julián Marías Aguilera[1] que circula en internet intitulada La Verdad, nos ofrece luces sobre el particular. En los ámbitos de las comunicaciones, de la política y de los intercambios comerciales, la técnica moderna tiene un efecto sorprendente si se reflexiona un poco en ello: las cosas han sido sustituidas por símbolos. ¿Qué problema tendría aquello? Pues que la verdad o falsedad solo se puede inquirir sobre las cosas reales; sobre los entes. Los símbolos son símbolos de cosas y por ende no tienen valor de verdad o falsedad. Lo que dice el androide del video, no tiene valor de verdad porque no lo dice un hombre con conciencia de sí mismo. Lo mismo pasa con los relatos que esgrime la mayoría constituyente. ¿Qué pasa con la verdad cuando las cosas no son de verdad?

Un viejo adagio jurídico dice; las cosas son lo que son; no lo que se dice de ellas. Pero aquello no impera en el reino de la post verdad. Julián Marías nos advertía la existencia de este hábito moderno, de vivir al margen de la verdad. Eso es lo que vivimos desde hace 30 años en nuestro país. Cuando se levantaron acuerdos de poner un cepo a la verdad, encarcelando soldados por delitos inexistentes, la mayor parte de los casos, por sentencias que desprecian los hechos reales, basándose en un relato ficticio de lo acontecido; sentencias que están a disposición de toda persona que sepa leer y discernir y corroborar lo que estoy dicuendo. Hemos durante 30 años tolerado un relato mentiroso sobre nuestra historia reciente, que levantó odiosa y vengativamente la izquierda que incluso erigió museos para consagrar la mentira, y la gente decente no hizo nada. Mutis por el foro como reza el adagio. Los relatos son símbolos de la realidad; no son la realidad. Entonces el que ha tenido conciencia de verdad estima que no tiene por qué enjuiciar los relatos que son meros símbolos de la realidad.

Colosal error fue abandonar por comodidad el ágora y no combatir aquellos relatos. Fuimos cobardemente silenciosos, y entonces operó una segunda degradación que nos relata Marías: en Chile pasamos de vivir al margen de la verdad, a vivir contra la verdad. Por haber vivido cómodamente en nuestras casitas disfrutando del bienestar económico, sustraídos de este fenómeno, quienes odian la verdad porque los somete al escrutinio de sus pobres vidas, pretenden acorralarnos ahora con la anti verdad. Esa es la postura de la mayoría en la Convención Constituyente.

¿Cómo hemos llegado a esto? Si a los miembros de esa mayoría los tendiéramos en un diván de psicoanálisis, el resultado sería el siguiente: Mi vida es un bodrio, no se afrontar mi realidad; la culpa de todo ello no se encuentra en mi mismo. ¿Quién es el culpable?: la realidad. Por tanto, vamos a crear un orden jurídico contra la realidad; vamos a legislar fundados en un relato, inexistente fáctica e históricamente; saldremos de nuestro hoyo existencial, superando la realidad. ¿Cómo?; negándola. ¡Qué importa la historia! ¡qué importa la ciencia! ¡Viva la irrealidad!

Todos los actores políticos que hicieron posible que el país viviese al margen de la verdad, están perplejos con las “realidades” inventadas contra la verdad por la mayoría de la convención constituyente. Esa casta de políticos de derecha e izquierda parpadeará y dirá; han ido demasiado lejos. Hicimos posible hacer que Chile viviese al margen de la verdad, pero esto es ya demasiado.

Pocos reparan que todas esas seudo realidades inventadas por la convención no son posibles en un contexto de paz social. En efecto; si el mamarracho jurídico que preparan fuese aprobado su legitimidad será nula. No existe la nación mapuche o kahueskar. No puedes inventar una realidad por el solo hecho de desearlo. Se trata de realidades prescriptivas imposibles de cumplirse por la voluntad espontánea de las personas. Es como ordenarles a los ciudadanos que caminen en las manos. Y todos sabemos cómo se imponen los órdenes jurídicos que van contra la naturaleza humana: El viejo método estilo Stalin y Mao. Por la fuerza de las armas.

Me pregunto ¿Tienen los revolucionarios de la irrealidad, que conforman la mayoría de la convención, las armas para imponer su orden jurídico esperpéntico? Es la pregunta que deberemos hacernos tarde o temprano.

marzo de 2022



[1] Filósofo español (1914 – 2005) prolífico escritor, integrante de la escuela de Madrid fundada por José Ortega y Gasset