sábado, 7 de mayo de 2022

LAS CERTEZAS; DIOS Y EL PROGRESO

 

La batalla primordial de la conciencia humana es vencer al tiempo. Esta extraña entidad que es causa del devenir de las cosas, del mundo y de nuestra conciencia. El tiempo nos azora porque nos somete a una verdad indeseada: la certeza de nuestra finitud. La poetisa Fernán Caballero nos lo recuerda: Desde el día que nacemos/ A la muerte caminamos/ No hay cosa que más se olvide/ Y que más cierta tengamos. El tiempo nos somete a la radical evidencia que nuestro futuro es incierto salvo nuestra finitud. ¿Cuál es el mecanismo que usamos para vencer el tiempo y su consecuencia que es esta incerteza radical? Nuestra inteligencia. Leer dentro de las cosas para extraer sus verdades y de esa manera, en un mar de incertezas, mantenernos a flote.

Es así como en la historia humana nace la fe en Dios padre todopoderoso creador y sostén del cosmos. La complejidad del mundo, su manifiesto y perfecto orden, racionalmente nos permite concebir en nuestra conciencia que existe un creador, un motor inmóvil que con sus poleas hace girar el tiempo y el espacio con su variedad de cosas y creaturas. Dios, contra lo que sostiene la perspectiva inmanente, es racional. Es una idea plausible. Nos explica desde fuera del tiempo y del espacio, por qué existe el tiempo y el espacio.

Pero lo que no nos ofrece de manera unívoca la idea de Dios, es la explicación y el remedio para el sufrimiento. Esta otra realidad radical humana. Las doctrinas ascéticas nos proponen suprimir el deseo para derrotar el sufrimiento; pero como para la mayoría de los seres humanos vivir es desear, aquello no parece plausible, al menos para esa mayoría. Radicalizando la idea ascética, la muerte -la suprema entropía- sería la solución. Pero los seres en general y el hombre en particular con la mochila de su conciencia, desean vivir y luchan por sostener y mantenerse vivos; y ante esa imposibilidad luchan por perpetuar su especie, y de esta forma en cierta medida vencer el tiempo.  Pero el hombre y las creaturas vivas no solamente desean vivir. También desean vivir bien. Desean el bienestar. Desean vencer el sufrimiento.

Y es así como nace la fe en el progreso. Porque la idea del progreso como la idea de Dios no son ideas que podamos comprobar empíricamente. Dios y el progreso son creencias basales desde donde construimos nuestra representación del mundo. Representan la una, el mecanismo para vencer nuestra finitud, la otra el mecanismo para vencer el sufrimiento.

Desde hace tres siglos en occidente existe un colosal error que sostiene un conflicto por el cual los hombres discuten, se enfrentan y a veces guerrean y se matan por miles y por millones: El error consiste que la creencia en Dios y en el progreso se oponen la una a la otra y deben suprimirse mutuamente.  El conflicto es artificial porque ambas creencias han surgido en la conciencia humana para vencer dos realidades radicales diferentes. La una a la muerte; la otra al sufrimiento.

Jorge Millas, uno de los cerebros más preclaros que ha parido nuestra nación, urdidor de ideas filosóficas luminosas, ofrece una explicación decepcionante para su elevado nivel intelectual, casi infantil, para explicar su ateísmo: la imposibilidad de Dios para vencer el sufrimiento humano. Es la rabieta del niño que se rebela contra su padre porque su padre no le compra un helado. El anti - progresismo de la Iglesia católica ventilado por los pontífices del siglo diecinueve, hoy nos parecen de una puerilidad absurda: suprimir el desarrollo de la ciencia para no perjudicar la fe en Dios.

Pero este fanatismo y falta de eclecticismo no es parte del pasado; se mantiene hasta hoy y sostiene un conflicto que ha llevado al progresismo radical a pretender activamente desalojar de la conciencia humana a Dios, reemplazándole con ideas absurdas insostenibles racionalmente.

Hoy, los progresistas fanáticos obtusos e intolerantes se han impuesto. Detentan el poder del mundo y lo usan para mantener arrinconados a quienes vemos el mundo a través de la fe en Dios padre todopoderoso sostenedor de un orden que trasciende la existencia humana. Uno de sus apóstoles Yuval Noah Arari, escritor(cillo) superventas, artificialmente inflado por los poderes progresistas del mundo, sostiene que el hombre ya ha desalojado a Dios. El es homosexual; ha superado según él la dualidad sexual. El superhombre que viene según él, será como un pollo broiler supersofisticado ordenado en sus conductas por la ciencia que controlará su código genético para hacer al hombre inmortal, asexuado y carente de sufrimientos. Este milenarista, de un plumazo eliminó, el tiempo, el espacio, la muerte y el sufrimiento.

Fanáticos milenaristas delirantes han existido siempre. Lo que sorprende es que quienes detentan el poder mundial ofrezcan cobertura a ideas tan completamente absurdas. La sola circunstancia que Arari sea superventas de sus libros escritos en serie, y un hierofante en todos los foros sobre el devenir del mundo, habla de un colapso de la inteligencia. Un individuo carente de formación filosófica, histórica y científica elemental es hoy un referente “académico”. El positivismo científico, aquella doctrina que puso orejeras a la ciencia para que tuviese una visión unívoca y tildó de absurda la observación trascendental; es la madre de estos fanatismos.

Pero vaya paradoja; la ciencia positiva ha derivado en la ciencia teórica que a través de observaciones empíricas ha desarrollado extensas inferencias racionales y matemáticas para llegar a conclusiones que son demoledoras para los progresistas fanáticos:

-          La materia en sí no existe; todos son órdenes atómicos, moleculares, articuladores de sistemas orgánicos complejos; y lo más azorante: no responden necesariamente a comportamiento predecibles sino aleatorios. ¿son explicables únicamente a través de la teoría darwiniana? Definitivamente no.

-          El cosmos no responde a lógicas mecánicas, el espacio y el tiempo son entidades relativas; el universo se expande ¿gracias a qué? algo llamado energía obscura (comodín de naipe) sin respeto por la entropía que nos señalaba que la energía se disipaba hasta su extinción. Lo que mantiene unidos a los órdenes estelares no son los presupuestos de la llamada “ley” de gravitación (que no es universal). Existiría algo llamado (comodín de naipe) materia obscura que permite que todo siga funcionando.

La promesa del progresismo radical del siglo diecisiete que el hombre científico finalmente llegaría a conocer el universo por concatenación de causas con efectos, se ha desplomado. Por cada descubrimiento científico se infieren más y mayores complejidades de la realidad. La ciencia simplemente no es capaz de explicarnos el tiempo, el espacio, el cosmos ni las razones radicales de los órdenes orgánicos.

Urge reducir la idea del progreso a la función que tuvo en sus orígenes: buscar los medios para mitigar el sufrimiento humano. No sirve la ciencia positiva para ofrecernos explicaciones trascendentales. Urge en el mundo una perspectiva ecléctica que ponga en su lugar a los vendedores de pomadas. Urge que el poder político se alinee con la verdadera ciencia moderna y recupere una visión ecléctica.

Mayo de 2022

 

miércoles, 20 de abril de 2022

TRASCENDENCIA E INMANENCIA; BELLEZA Y FEALDAD; Y LOS CHASCARROS DE BORIC

 


Las palabras son como conejos que huyen de nosotros. Quienes buscamos expresarnos con precisión debemos correr tras ellas para que no se nos arranquen. Si se nos arrancan de sentido, las palabras comienzan a no expresar nada. Elvira Roca

Me inspiró esta frase de la mediática historiadora española citada, para referirme a dos palabras que nos ayudan a encontrarle sentido al debate en nuestra vida contemporánea. Se dice de una actividad que es inmanente a un agente cuando «permanece» dentro del agente en el sentido de que tiene en el agente su propio fin. El ser in­manente se contrapone, pues, al ser trascen­dente —o «transitivo»— y, en general, la in­manencia se contrapone a la trascendencia.[1] En palabras más simples, la perspectiva inmanente solo pone atención en la vida humana desde el nacimiento hasta la muerte. Su sentido de vida es el bienestar en este mundo; la perspectiva trascendente se pregunta cotidianamente por la vida más allá de la muerte. Quien tiene una perspectiva trascendente vive montado en la creencia que el mundo y la vida no es solo su existencia material. No es necesariamente un dualismo entre teísmo versus ateísmo. Un creyente en Dios puede tener una perspectiva estrictamente inmanente; como hoy los hay muchos.

Acaba de terminar la semana santa. Quienes no tenemos el hábito de la piedad religiosa, nos apoyamos en la música de Bach, Haendel, Mozart y otros genios, para ayudarnos a percibir el sentido trascendente de la Pasión de Cristo, puntal de nuestra civilización occidental. Aquel género de arte tiene una perspectiva trascendente. Autores musicales contemporáneos como el norteamericano Samuel Barber y el estonio Arvo Part, se han inspirado en la misma perspectiva trascendente de la realidad, pero el mundo contemporáneo no reconoce en ellos esa perspectiva. Se les invoca como música de relajación o de autoayuda. Algo así como la versión etérea del inmanentismo materialista.

¿Por qué sucede aquello? Pues porque nuestra época tiene una perspectiva estrictamente inmanente. Hasta la religiosidad moderna es inmanente. Eso explica que la música religiosa que se escucha en las parroquias católicas o en los templos evangélicos de nuestros barrios, es más parecida a jingles de autoayuda para esta vida, que aquella que inspira Bach o Haendel. El religioso contemporáneo está ocupado en esta vida; la de aquí; la de la experiencia sensible y aquello se percibe en el formato de las ceremonias religiosas.

El inmanentismo, elevado por Kant al rango de virtud intelectual, nos regaló la ilustración. Pero tiene la fatal consecuencia de reducir nuestra perspectiva del mundo. Así como lo hacen los pintores y dibujantes, nuestro pensamiento opera con un punto de fuga[2]. El inmanentismo aproxima nuestro punto de fuga a nosotros mismos. Y extremando la prescripción kantiana de agotar la búsqueda del conocimiento en la experiencia sensible, la degradación del inmanentismo, reduce esa perspectiva hasta el extremo de solo vernos a nosotros mismos, sin ser capaces de ver nada de lo que nos rodea. Y esto, aproximar el punto de fuga a la punta de nuestra nariz, trae a su vez como consecuencia el narcisismo. Narciso se enamoró de sí mismo no solo porque se consideraba bello, sino porque era lo único que veía.

Y es sorprendentemente obvia la razón de ello: solo somos capaces de amar aquello en lo que podemos poner nuestra atención. El primer escalón descendente del inmanentismo kantiano es poner solo la atención en la experiencia sensible. El segundo escalón descendente, es reducir nuestra perspectiva - y nuestro punto de fuga- en nosotros mismos.

¿Qué caracteriza a esta generación que ha conquistado el poder formal de la república? ¿Cuál es la fuente de su extravío? A mi juicio la patética reducción de su perspectiva para ver el mundo. Por lo demás, es un fenómeno global en nuestra cultura occidental e ilustrada, hoy llevado al extremo.

La ilustración Kantiana “descubrió” la inmanencia como fuente de poner atención en lo importante; este mundo. El hombre occidental de este modo desarrolló la técnica moderna y esta técnica, que tanto nos ha aportado, ha tenido también la indeseable consecuencia de ir progresivamente reduciendo la perspectiva humana, tal como Ortega y Gasset lo denunciara hace casi cien años en su libro La Rebelión de las Masas. Pero el proceso no se ha detenido donde Ortega lo retrató. Ha continuado ese acercamiento del punto de fuga. Porque el hombre contemporáneo se apoya en los extraordinarios medios facilitadores de la vida que la técnica le proporciona; paradójicamente no para expandir su mundo, sino para reducirlo.

A mi juicio, Chile hoy es un laboratorio social de este fenómeno, quizá el ultimo estadio -ojalá así sea- de este proceso de degradación de la perspectiva inmanentista, y que tiene por consecuencia dos “ismos”: El feísmo y el narcisismo.

Nuestras ciudades están saturadas de gráfica fea. La belleza pareciera que les repugna a los feistas. Quieren invadirlo todo de cosas feas. Las redes sociales están saturadas de coprolalia. El parlamento y la convención constituyente está saturado de individuos zafios, incultos, groseros y narcisistas. Pocos han reparado en el daño que el feísmo causa a la convivencia colectiva y a la esperanza de quienes salen a vivir la vida sin haber conocido otra cosa que lugares y objetos feos. Nadie ha invocado el derecho a la belleza de los espacios y de la vida pública. Sin embargo, su ausencia daña de un modo aun inconmensurable la vida colectiva.

Así como en la teletón tenemos el niño símbolo positivo de la superación de los defectos corporales, quien detenta el cargo de Presidente de la República, Gabriel Boric Font es el niño símbolo del feísmo y del narcisismo. Su aspecto y sus actos son deliberadamente antiestéticos y rupturistas. Su descuido del marrueco abierto, del paso cambiado en las ceremonias protocolares, de su camisa afuera con el ombligo al aire, es deliberado. ¿Por qué? Pues porque quiere exhibirse como quien desdeña todo orden protocolar, estético y formal, que represente la sacralidad del poder. ¿Por qué? Pues porque le tiene antipatía. ¿Por qué? Porque representa una generación que no entiende su simbología porque ya no es capaz de mirar más allá de su nariz ni entender esa sacralidad del poder político. Es más, sus intentos por proyectar una actitud de amistad cívica resultan afectados y artificiosos, tal como cuando niños nos decían, salude a la tía. Lo hace de contrapelo.

Esta generación de seudo políticos es narcisista. No saben mirar otra cosa que sí mismos. Es lo único que pueden amar genuinamente y sin afectaciones. Son seudo políticos porque solo son capaces de observar a los que son iguales a ellos. No tienen perspectiva histórica ni social.  

Boric representa el narcisismo de las postrimerías. Es la encarnación del Último Hombre, aquella metáfora genial del Zaratustra de Nietsche; ¿Quién quiere aun gobernar? ¿Quién aún obedecer? Ambas cosas son demasiado molestas[3].

El problema de ser laboratorio de ingeniería social del mundo, tal como lo fuimos en el año 1970 y lo somos ahora, es que la línea por donde discurre la paz social y la convivencia es sumamente delgada y precaria. Todos esos aspectos que Boric ridiculiza del poder, son en última instancia lo que sostiene la convivencia.

Creo, sine ira et studio, que el actual gobierno y su portaestandarte, la Convención Constituyente actúan deliberadamente para destruir esas reglas de convivencia que hacen posible la vida en común, sin proponer nada viable a cambio. Pero también creo que fracasarán en su intento en el corto o mediano plazo.

Pero eso no será un triunfo si no somos capaces de cambiar el rumbo de nuestra sociedad desde esta fatal tendencia de la reducción de la perspectiva hacia la expansión de esta. Esa es la verdadera tarea. Es posible. Los medios están. Vivimos rodeado de datos y de sabiduría gracias a los fantásticos medios de comunicación. Cada niño tiene en su teléfono, además de toda la bazofia y coprolalia con que actualmente son alimentados, toda la historia de la sabiduría y belleza de la humanidad. Es cuestión de disponerse a ver el horizonte donde lo hicieron los pintores del renacimiento italiano.

Abril de 2022



[1] Diccionario filosófico Ferrater Mora

[2] En técnica de dibujo, punto de fuga es aquel lugar donde las rectas paralelas se juntan conforme la perspectiva del dibujante.

[3] Así Hablaba Zaratustra. Federico Nietsche

viernes, 15 de abril de 2022

EXCURSIONES AL SUBSUELO DEL FEMINISMO

 


José Antonio Kast ganó la primera vuelta presidencial. Asesores de su campaña le hicieron presente que, una de sus bases programáticas de campaña; suprimir el ministerio de la mujer, era una traba insalvable para ganar el balotaje. Pidió entonces pública y humildemente perdón a “las mujeres” de Chile, por este error. Se comprometió en la campaña del balotaje a mantener este ministerio que según la inteligentzia electoral, era una sentida aspiración de las mujeres chilenas.

Armado de un mínimo eclecticismo, no es necesario ser un genio para concluir racionalmente que el mentado ministerio de la mujer es un artefacto estatal completamente inútil, oneroso, que solo sirve para dar empleos a apitutados, que no está en el radar de la mayoría electoral, cuyas pocas funciones útiles las cumplían antes otros ministerios que sin problemas podrían a futuro volver a cumplirlas, y que ha servido a agendas globalistas y revolucionarias, contrarias a los principios que encarnaba Kast y sus partidarios. Un prudente administrador del estado entonces debería pues eliminarlo, y eso pretendía inicialmente el candidato lo que objetivamente beneficiaba al bien común general.

Como sabemos, de nada sirvieron sus disculpas para ganar el balotaje, pero si para demostrar que, para la clase política oponerse a los mandamientos de la ideología feminista es un pecado grave. Y, entendida la supresión de este inútil artefacto burocrático -el ministerio de la mujer- como una agresión al feminismo, suponía Kast echarse encima a las feministas y sus simpatizantes (hombres y mujeres). Así lo advirtió, el otro candidato de la “derecha” - Sichel- quien, para medrar de los votantes favorables a Kast, hizo un spot rodeado de mujeres, como un macho alfa, haciendo saber que disolver el ministerio de la mujer era atentar contra la dignidad de la mujer chilena.

Es posible que Kast no haya perdido por su fallida intención de suprimir el ministerio de la mujer. Pero es posible conjeturar que podría no haber concitado más apoyo, por su implícita hostilidad a la ideología feminista, de la que esa medida puntual era solo una expresión menor.

Siendo el feminismo pues algo tan importante como para resolver una elección presidencial, era necesario para mí, conocerlo con más detalle y profundidad que el que conocía por su estética y ética explícita, tan hostil a mi forma de ver el mundo. Y para conocerlo realmente habría de hacerlo con buen ánimo. José Ortega nos decía que el odio es como un fiero resorte de acero que impide aproximarse a la cosa odiada. Para aprender lo que dicen las feministas, debía hacerlo con ánimo ecléctico y compasivo. Por ecléctico quiero decir ponderar templadamente sus razones y el razonamiento implícito en la ideología feminista y por compasivo quiero decir entender las emociones implícitas que inducen a esos razonamientos.

Equívocamente se entiende la palabra compasión como la conmiseración. La conmiseración es la compasión que se tiene del mal de alguien. Compadecer en cambio, es genéricamente padecer- con; meterse dentro de las emociones del otro; comprenderlas y en lo posible, hacerlas propias.

El resultado que he podido constatar de mis lecturas[1], es que en el ámbito racional el feminismo es un producto de segunda selección, de una ideología que le sirve de sustento, que es la dialéctica hegeliana, marxista y post marxista. Por post marxista envuelvo las obras de Gramsci y los estructuralistas y post estructuralistas franceses. En esquema, las mujeres serían unas víctimas de un opresor llamado el patriarca, del que ya se ha liberado y cambiará el mundo esta “toma de conciencia” que, como lo hicieron también los jacobinos, parte por cambiar el idioma.

No encontré una sola letra referida a una genealogía de esta “liberación”. Simplemente alguien habría descubierto esta sumisión perversa a la que se sometía a las mujeres del mundo, y estaríamos en curso de liberación de esas opresiones para lo cual -dicen las radicales- debemos eliminar la sociedad actual y reemplazarla por otra de ribetes harto imprecisos. Siendo su estructura lógica extremadamente simple, aquello es causa de su adhesión irreflexiva por las masas que no quieren entrar en honduras lógicas.

El feminismo es una cosa. Para responder a la pregunta: ¿Qué es tal cosa?, lo que hacemos es deshacerla; descomponerla. Una cosa es, ante todo, la serie de condiciones que la hacen posible. Kant decía «condiciones de su posibilidad». Y es curioso observar que de ordinario esos más auténticos ingredientes o requisitos de una cosa son los que nos pasan inadvertidos, los que dejamos a nuestra espalda, como si no fueran lo que son: el ser más profundo de la cosa[2].

El evidente cambio en el rol de la mujer en la sociedad, de hace cien o cincuenta años atrás se debe a dos causas basales invisibilizadas por la ideología feminista: las condiciones sanitarias de la mujer y de la cría humana, derivadas de descubrimientos técnico-científicos; y en segundo lugar, un artilugio que ha sido sin duda el más importante: la píldora anticonceptiva.

Por milenios los órdenes sociales de diversas culturas a lo largo y ancho del mundo prescribieron para la mujer, pautas de conductas que tenían presente la fragilidad biológica y social a que la sometía la maternidad y/o la posibilidad de maternidad. Para mayor complicación, las crías eran extremadamente frágiles y precarios y la maternidad, por tanto, no solo era genitalmente compleja sino también socialmente. El cachorro humano, para sobrevivir requería a la madre una cantidad de tiempo muchísimo mayor que los demás mamíferos. Hembras y madres cuadrúpedas eran dependientes, pero sensiblemente más autovalentes que la hembra de homo sapiens, tanto en el sexo, como en la maternidad. En nuestro tan versátil idioma castellano, decir que una mujer está preñada, es decir, está embarazada. La palabra lo dice todo. Está en una condición de precariedad que demanda ciertas ayudas de sus congéneres. Las vacas y las perras nunca están embarazadas.

Una de nuestras circunstancias con que debemos lidiar en nuestras vidas, es nuestra carga genética. Nuestra genética es un complejo de facilidades y dificultades con las cuales debemos habérnosla cotidianamente. El ser humano tiene una carga genética que ha entrado en colisión con ciertos inventos técnico-científicos que son de uso generalizado en nuestro mundo contemporáneo. Y dentro del género humano, el sexo femenino se ha visto impactado en mayor grado.   

La mujer se liberó de la maternidad no deseada. Por consecuencia tiene la posibilidad de administrar su sexualidad de una manera diferente a como lo hacían sus abuelas o bisabuelas. Lo prescriptivo en el ámbito sexual era hasta antes de la píldora anticonceptiva algo tan prístino, que no se discutía. No se puede tener sexo fuera del matrimonio. Entre santo y santa; pared de calicanto, repetían nuestras abuelas. Decir que aquellas estructuras normativas eran fruto de una estructura de dominación masculina, es el absurdo más completo. Una llave como las de lucha libre que retuerce al contendor, así esta ideología retuerce la realidad histórica, que queda tan deformada o más que las explicaciones históricas del marxismo decimonónico. Cero correlatos empíricos. Cero correlatos históricos. Solo un relato útil a una visión sesgada para que “todo cuadre” con la ideología.

Hoy el mainstreem induce a la mujer a administrar su sexualidad de la manera que lo hacen los hombres. ¿por qué? Pues simplemente porque lo puede hacer. El placer y la experiencia sexual está disponible. No hay reglas opresoras como cuando imperaba el patriarcado, responden las feministas.

Por su vínculo con la maternidad, la mujer normalmente no le cabía rol de proveedora del hogar sino solamente de protectora de la prole. Y al hombre le cabía esta responsabilidad en exclusiva. Hoy la educación y todos los insumos culturales obligan a la mujer a tener una carrera laboral tal como la tienen los hombres. En el caso de las clases menos dotadas, esta seudo “liberación” femenina ha sido causa de una liberación fáctica de los hombres. Existen en esos segmentos sociales más jefas de hogar que jefes de hogar.  Seguramente la cajera del supermercado que debe mantener a tres hijos y que llega después de dos horas en el Transantiago a su casa en la noche, debe suspirar para que vuelva la sociedad hetero patriarcal y tenga ella y sus hijos un marido proveedor. Probablemente ella no es solidaria con el feminismo.

El constructo racional-ideológico revolucionario que importa el feminismo radical y el más moderado feminismo burgués o de “derecha”, suponen la vieja visión binaria opresor, oprimido; víctima, victimario; Caín y Abel. Su superficialidad, azas de irritante demuestra una total desconexión con una antropología rigurosa. Al leer “ensayos” de feministas radicales, más parece estar leyendo prosa poética. No existe la intención de dar razón de sus tesis ni correlaciones con la realidad fáctica; la mescolanza entre feminismo, neoliberalismo, victimismo sexual; es inconexa e infundada. Al feminismo no le alcanza para ideología. Gramsci habría puesto el grito en el cielo.

Mi tesis es que el feminismo, más que una ideología, es un grito como el del lienzo de Edvard Munch, en busca de un sentido extraviado en la vida colectiva de las mujeres en la modernidad contemporánea. Es verdad como dice Byung Chul Han filósofo coreano, que aquella crisis de sentido afecta a toda la sociedad. Pero a mi juicio afecta con mayor intensidad al género femenino.

Es bastante más útil para aproximarnos de verdad a las causas del feminismo comprender sus factores emocionales. Es más fácil entender esta ideología com-padeciendo la realidad del género femenino desde dos perspectivas:

La primera es en el caso de una burguesía pudiente y bulliciosa que encarna toda esta estética chocante del feminismo publicitada hasta la náusea por los medios de comunicación social. Ese feminismo de rango universitario cuyo padecer se funda en la dificultad para encontrar un sentido de vida que cuadre con las circunstancias genéticas de la mujer. Vivimos un cambio social violento. Cambio que es hostil con los deseos atávicos femeninos (y que mi juicio es el sentido trascendente de “lo femenino” y el derecho natural a ser mujer). La mujer símbolo propuesta por esta sociedad de consumo sofisticado enarbola una neo ética que difunde el mainstrem y apunta a un sentido de femineidad que prescribe: No atarse a la maternidad, no atarse al compromiso matrimonial, usar del sexo para su placer personal, “realizarse” como recurso económico[3] para que la rueda siga girando.

La segunda es la de la mujer liberada del matrimonio, pero administradora de los hijos en solitario. La mujer padre-madre; subproducto de esta guerra contra el orden familiar pretérito donde había un padre proveedor. No encontré e los textos feministas, ninguna referencia a esta realidad empírica. La familia en el credo feminista es cualquier vínculo; y ese cualquier vínculo no funciona en términos prácticos para la mujer proveedora en solitario.

La vida individual es un complejo de facilidades y dificultades con que nos enfrentamos cotidianamente. Para enfrentar las dificultades debemos proveernos de un arsenal de destrezas y representaciones del mundo que permitan darle sentido y dimensión a lo que vivimos. El mundo contemporáneo se encuentra bajo presión de enormes cambios sociales, tan bruscos que un padre es impotente de transmitir a un hijo cómo funciona ese mundo, por la sencilla razón que el mundo que él conoció ha mutado de fisonomía. Sucede entonces que el arsenal de recursos racionales y emocionales que dispone ese hijo para enfrentar las dificultades del devenir, son insuficientes. Cuando el mundo no lo comprendemos sobreviene una emoción tal como si se hundiera el suelo bajo nuestros pies y aflora entonces la angustia y la disposición a la rabia. En este ambiente el resentimiento surge como hongo en la humedad cuando se siembra aquel viejo grito de Caín: ¡alguien que no soy yo, es culpable de mis angustias! Así el marxismo cultural, el evangelio de los resentidos, cae como bocatto di cardinale para bocas hambrientas de sentido.

La situación descrita es la que explica una buena parte – no en toda su dimensión- las emociones que están en el subsuelo de la ideología feminista, que, como otros desvaríos identitarios en boga, daña a los individuos y los aleja de un camino de genuina misión en el mundo, y daña a la sociedad cuando se propone que todo arda por los cuatro costados para reemplazarlo por algo impreciso; o quizá por la nada; el nihilismo absoluto.

¿Cuál es la salida a esta dificultad? Es el liderazgo social y político quien tiene la tarea de dotar de sentido real a la vida colectiva. Quien se considere con el mérito para liderar debe tener las destrezas y talentos para guiar en un mundo que ha cambiado. Tiene que comprender la mecánica del cambio y las nuevas tareas y misiones a ofrecer, defendiendo siempre y de modo inclaudicable, la libertad, la misión trascendente del género humano y la sabiduría del creador de habernos puesto en el mundo. Hacer ver a carne viva, las contradicciones y superficialidades de las nuevas versiones de la ideología de los resentidos y jamás ser condescendiente con el error para parecer buenito frente a la masa. La hartura de las masas es con el error y el engaño. Afectar lo que no se es, demuele el liderazgo.  

Es necesario que un futuro liderazgo de derecha dimensione que vivimos en un orden social que debemos transformar. Que no es el nuestro ni el que queremos legar a los chilenos del mañana. La derecha hoy debe ser la posición revolucionaria. Debemos transformar esta realidad fea, tosca, sin horizontes que ha instalado la izquierda a través del marxismo cultural. Debemos hacerlo porque hay mucha inconformidad que nace desde la desnaturalización del orden social en una economía de mercado sofisticada, que ha perdido buena parte del sentido de trascendencia de la vida humana. Es menester entonces no hacerle “verónicas” como el torero al error cuando nos ataca. Es menester pararse de frente y con la espada para clavarla en la cruz de la bestia. No se puede ser complacientes con la ideología del feminismo. Es menester desmantelarla y en paralelo proponer un orden social renovado que libere a la mujer que hoy está oprimida por este orden social que violenta los valores de su femineidad.

abril de 2022

 

 



[1] Las bibliotecas y anaqueles de librerías están repletas de tratadistas, ensayistas, novelistas, cronistas, periodistas, poetisas etc. etc. de esta ideología. Mis lecturas fueron pocas, apenas dos, para poder concluir que su lógica es común, disputándose cada quien, ser la que es capaz de epatar al burgués con mayor agudeza. Los relatos son de una a veces sorprendente y otras, irritantemente superficiales.

[2] José Ortega y Gasset; Que es la Técnica.

[3] Hasta la náusea nos tiene bombardeados el mainstreem de, encuestas, premiaciones, destacados del mes sobre las mujeres líderes a que apunta con todo su poder comunicacional, a perfilar una condición deseada de la mujer competidora del hombre en los ámbitos laborales productivos.  

lunes, 21 de marzo de 2022

LAS OPCIONES DEL PLEBISCITO DE SALIDA; UN CUENTO DE TERROR

 


A mi edad no me compro mesianismos, fatalismos ni brujerías para mejorar el estado de cosas. No creo en las soluciones totales. La política desde esta perspectiva añosa consiste en administrar el poder para urdir la convivencia social. Las voluntades humanas se cruzan, traslapan y se oponen entre sí. Dejadas esas voluntades a su solo albedrío normalmente colisionan, se expanden las emociones, surgen las pasiones y finalmente desembocan en conflictos. Mayoritariamente quienes integran una colectividad humana, desean cosas impulsadas por sus emociones. Y las emociones no dialogan con otras emociones; solo la razón puede dialogar. De ahí nace la necesidad que quienes conducen las colectividades humanas, deben administrar esas emociones y orientarlas racionalmente hacia el bien común general. Eso se llama liderazgo.

Chile llegó a la circunstancia que desembocó en el 11 de septiembre de 1973, donde se enfrentaron opciones que representaban más o menos nítidamente los enemigos de la guerra fría, habiéndose agotado las posibilidades racionales de un acuerdo. Allende no fue un líder capaz de administrar las pasiones de su bando y la guerra fue la única vía. Don Augusto Pinochet pisando sobre una cubierta de cristal, conociendo en detalle la experiencia de la guerra civil española, urdió cuidadosa y prudentemente que el ejército se alineara en una sola opción: la del recambio lo más incruento posible del gobierno marxista de Allende. La historia aun no reconoce el enorme talento desplegado por Pinochet que hizo posible que la guerra civil no se desencadenara con un ejército dividido como sucedió en la España del 36. En las antípodas está don José Manuel Balmaceda, que no solo no administró adecuadamente las pasiones de sus gobernados, sino que regó los incendios con bencina provocando una guerra civil que causó más de 4.000 compatriotas muertos en aquella guerra fratricida, en un país de 4 millones de habitantes. Comparados con las 2.298 víctimas fatales que informó la comisión Valech, en un país de más de 10 millones de habitantes, dan cuenta de un manejo mayormente prudencial en 1973, al menos comparado con el conflicto de 1891.

Nos encontramos en aquellas encrucijadas de la historia en que los chilenos nos dividimos en bandos bastante difíciles de conciliar. Luego del llamado estallido social en el cual, desde mi perspectiva fue una asonada de violencia política organizada y articulada por fuerzas políticas subversivas; el 15 de noviembre de 2019 se llegó al intitulado por sus suscriptores, “Acuerdo por la paz y la nueva constitución”. Dicho acuerdo mal parido y peor implementado, recibió el reconocimiento de tal por el gobierno de Piñera y por una mayoría del Congreso que acordó la modificación de la constitución vigente para hacer posible una convención constituyente que redactaría la nueva carta fundamental.

La arquitectura del proceso no pudo ser peor. El liderazgo en esas iniciativas brilló por su ausencia. Pequeños grupos metieron cuñas y transformaron ese cuerpo colegiado en la jaula de todos los demonios latentes en el alma nacional; al punto que nos encontramos ad portas de un texto constitucional, que de ser aprobado por simple mayoría electoral, podría significar el fin de la república de Chile, dolorosa y costosamente construida en más de 400 años por la sangre sudor y lágrimas de nuestros antepasados.

El texto de la constitución que se perfila carecerá sin ningún género de dudas, de la mínima legitimidad para tener imperio. Ilegitimidad tanto por su origen, pero fundamentalmente por la integración y la carencia de técnica legislativa. Personas sin formación histórica, jurídica y política aprobarán una melcocha de disposiciones que pretenden cambiar el carácter de la nación sin orden ni correspondencia ni armonía con la tradición jurídica de cualquier nación mínimamente civilizada, pretendiendo crear a través de un cuerpo legal, un ente que no existe. Tarea que es imposible hacer ni por buenos legisladores en un cuerpo colegiado de calidad; menos aún redactado por esta caterva de aventureros. Resumen: Si la constitución es aprobada el caos social estará garantizado.

Entonces ¿Qué sucede si gana el rechazo? El país queda sumido en una tierra de nadie, que, dadas las expectativas sembradas, generará una enorme frustración y posiblemente inestabilidad y caos.

¿Qué idiota nos metió en esto? ¿Quién diseñó este mamarracho? ¿Cómo puede ser que un país con una severa crisis de expectativas, pero cuya gobernabilidad estaba relativamente asegurada, nos hayan involucrado en este despropósito?

Creo que la causa basal de la crisis de Chile no han sido las expectativas sino los liderazgos. Los que han ocupado cargos parlamentarios, liderado los partidos políticos y en la presidencia de la república en los últimos 16 años; han carecido de los talentos mínimos para el desempeño de esos cargos. Mentes brillantes criollas, que son pocas, han derivado a otras actividades, y el ágora política ha quedado a cargo de personas de poco vuelo intelectual y espiritual. ¿Dónde está el relevo de los Jaime Guzmán, de los Carlos Cáceres, de los Onofre Jarpa, de los Patricio Aylwin, de los Edgardo Boeninger, de los Gabriel Valdés Subercaseaux, de los Ricardo Lagos Escobar; por nombrar algunos que hicieron posible la convivencia y mejoras durante 20 años? Las inteligencias superiores fueron sistemáticamente desplazadas de los altos cargos de los partidos políticos y de la política en general, por legiones de enanos. Con esos enanos al timón, la zozobra es un peligro inminente.

Lo que el país necesita es dejar atrás el fanatismo obtuso de los aprendices de brujo, el buenismo y los lugares comunes, el catastrofismo y las campañas aterradoras. Convengamos que ambas opciones planteadas nos condenan a sumir a la Nación en un hoyo profundo. Urgen negociadores prudentes para alumbrar una tercera opción que nos saque de este sancocho. Purgar las instituciones de todos aquellos que nos condujeron a esta calle sin salida, no sería mala idea también.

marzo de 2022

martes, 15 de marzo de 2022

LA CONVENCION CONSTITUYENTE Y LA VERDAD

 


Ha llegado a mi dispositivo de video, un mensaje creado en la plataforma Instagram en el que habla un individuo que fue creado en base a inteligencia artificial del retrato de una persona real. Los conceptos que expresa, las ideas, las expresiones; todo es creación en base a algoritmos. Nada es real. Así lo revela el hombre del cual se extrajo la cara y el tono de la voz.  El fenómeno es azorante y causa perplejidad. ¿Nos aproximamos al fin de la realidad y el inicio de la ficción permanente? Algunos responden entusiasmados que sí.

La Convención Constituyente que debería ser nuestra ágora, esto es, el espacio físico y virtual de diálogo donde los chilenos se encuentran para ponderar sus diferencias y así hacer posible la vida en común, fue cooptado por una mayoría que, como el humanoide del video, viven en una ficción alejada de la realidad.

Una conferencia de Julián Marías Aguilera[1] que circula en internet intitulada La Verdad, nos ofrece luces sobre el particular. En los ámbitos de las comunicaciones, de la política y de los intercambios comerciales, la técnica moderna tiene un efecto sorprendente si se reflexiona un poco en ello: las cosas han sido sustituidas por símbolos. ¿Qué problema tendría aquello? Pues que la verdad o falsedad solo se puede inquirir sobre las cosas reales; sobre los entes. Los símbolos son símbolos de cosas y por ende no tienen valor de verdad o falsedad. Lo que dice el androide del video, no tiene valor de verdad porque no lo dice un hombre con conciencia de sí mismo. Lo mismo pasa con los relatos que esgrime la mayoría constituyente. ¿Qué pasa con la verdad cuando las cosas no son de verdad?

Un viejo adagio jurídico dice; las cosas son lo que son; no lo que se dice de ellas. Pero aquello no impera en el reino de la post verdad. Julián Marías nos advertía la existencia de este hábito moderno, de vivir al margen de la verdad. Eso es lo que vivimos desde hace 30 años en nuestro país. Cuando se levantaron acuerdos de poner un cepo a la verdad, encarcelando soldados por delitos inexistentes, la mayor parte de los casos, por sentencias que desprecian los hechos reales, basándose en un relato ficticio de lo acontecido; sentencias que están a disposición de toda persona que sepa leer y discernir y corroborar lo que estoy dicuendo. Hemos durante 30 años tolerado un relato mentiroso sobre nuestra historia reciente, que levantó odiosa y vengativamente la izquierda que incluso erigió museos para consagrar la mentira, y la gente decente no hizo nada. Mutis por el foro como reza el adagio. Los relatos son símbolos de la realidad; no son la realidad. Entonces el que ha tenido conciencia de verdad estima que no tiene por qué enjuiciar los relatos que son meros símbolos de la realidad.

Colosal error fue abandonar por comodidad el ágora y no combatir aquellos relatos. Fuimos cobardemente silenciosos, y entonces operó una segunda degradación que nos relata Marías: en Chile pasamos de vivir al margen de la verdad, a vivir contra la verdad. Por haber vivido cómodamente en nuestras casitas disfrutando del bienestar económico, sustraídos de este fenómeno, quienes odian la verdad porque los somete al escrutinio de sus pobres vidas, pretenden acorralarnos ahora con la anti verdad. Esa es la postura de la mayoría en la Convención Constituyente.

¿Cómo hemos llegado a esto? Si a los miembros de esa mayoría los tendiéramos en un diván de psicoanálisis, el resultado sería el siguiente: Mi vida es un bodrio, no se afrontar mi realidad; la culpa de todo ello no se encuentra en mi mismo. ¿Quién es el culpable?: la realidad. Por tanto, vamos a crear un orden jurídico contra la realidad; vamos a legislar fundados en un relato, inexistente fáctica e históricamente; saldremos de nuestro hoyo existencial, superando la realidad. ¿Cómo?; negándola. ¡Qué importa la historia! ¡qué importa la ciencia! ¡Viva la irrealidad!

Todos los actores políticos que hicieron posible que el país viviese al margen de la verdad, están perplejos con las “realidades” inventadas contra la verdad por la mayoría de la convención constituyente. Esa casta de políticos de derecha e izquierda parpadeará y dirá; han ido demasiado lejos. Hicimos posible hacer que Chile viviese al margen de la verdad, pero esto es ya demasiado.

Pocos reparan que todas esas seudo realidades inventadas por la convención no son posibles en un contexto de paz social. En efecto; si el mamarracho jurídico que preparan fuese aprobado su legitimidad será nula. No existe la nación mapuche o kahueskar. No puedes inventar una realidad por el solo hecho de desearlo. Se trata de realidades prescriptivas imposibles de cumplirse por la voluntad espontánea de las personas. Es como ordenarles a los ciudadanos que caminen en las manos. Y todos sabemos cómo se imponen los órdenes jurídicos que van contra la naturaleza humana: El viejo método estilo Stalin y Mao. Por la fuerza de las armas.

Me pregunto ¿Tienen los revolucionarios de la irrealidad, que conforman la mayoría de la convención, las armas para imponer su orden jurídico esperpéntico? Es la pregunta que deberemos hacernos tarde o temprano.

marzo de 2022



[1] Filósofo español (1914 – 2005) prolífico escritor, integrante de la escuela de Madrid fundada por José Ortega y Gasset

domingo, 23 de enero de 2022

LAS “SEÑALES” DE BORIC

 


El presidente electo Gabriel Boric, le ha “hecho” las vacaciones a algunos veraneantes de Las Brisas, Cachagua, Zapallar y de los lagos del Sur que buscan pensar positivo. Aquella derecha cedente y concedente a la demolición de las bases de convivencia proyectada por la izquierda revolucionaria, tiene así su merecido respiro. Marcel es el próximo ministro de hacienda. La bolsa sube, el dólar baja y todo camina sobre ruedas. Dirigentes gremiales se manifiestan conmovidos con una poesía declamada por Boric en la Enade - que da cuenta su inocultable resentimiento social -. Y muchos hacen afectados votos de confianza sobre la moderación del electo.

Pero quiero incomodar a esos optimistas veraneantes para destacar otra señal que quiso dar Boric urbi et orbi, y que pasó colada: Fue a reunirse con el nonagenario sumo sacerdote del fracaso socialista en Chile, Jaques Chonchol Haít, para rendirle un merecido homenaje. Le pide consejos como lo haría un aprendiz de brujo con el hierofante máximo, y el electo revela ante periodistas ignorantes de nuestra historia, que fue un gran transformador. Para las generaciones nuevas, recordaremos quien es Chonchol motejado Atila por la revista Topaze, pues donde pisaba no crecía más nada. Fue el inspirador de la reforma agraria de Eduardo Frei y de Salvador Allende. Funcionario de ambos gobiernos por cuanto en las postrimerías del gobierno demócrata cristiano, sintió la llamada de la selva y migró al movimiento revolucionario de izquierda marxista MAPU, parte de la Unidad Popular, la coalición de Allende. En entrevista publicada en el libro Reforma Agraria Chilena de Angela Cousiño y María Angélica Ovalle, le preguntan, cual fue el objetivo de la reforma agraria, a lo que Chonchol responde; Terminar fundamentalmente con el dominio de la hacienda y con el poder de los latifundistas. ¿Desarrollar el agro, superar la pobreza, aumentar la producción? Nada. A confesión de parte, relevo de prueba. Ya antes se había efectuado en la Unión Soviética este experimento con la colectivización forzosa llamada la Deskulaquisación (los Kulak eran los hacendados). Como la Unión Soviética tenía peor clima que Chile, murieron de hambre 6 millones de inocentes solo en los campos como consecuencia del experimento. En Chile, la magnífica obra de Chonchol hizo que el presidente Allende nos advirtiera el 9 de septiembre de 1973 que había trigo (importado) para tres días y ahí se acababa la cosa. La agricultura chilena se encontraba arruinada. Sin contar los expolios, arbitrariedades, muertos y violencia que la mentada reforma agraria sembró en la comunidad humana del agro chileno. Los militares intervinieron dos días después. Arreglaron el desastre; y de la reforma agraria nunca más se supo.

En la obra citada le preguntaron a Chonchol si había trabajado alguna vez en el campo, y contestó que sí: un año en un fundo de Pirque cerca de Santiago. Le consulté a mi fallecido amigo Eduard Simón chileno francés, esforzado creador de una estancia modelo en Aysén, compañero de curso en agronomía de Chonchol, si había leído el libro comentado. Me contestó que sí, pero que Chonchol mentía. El año que dice haber trabajado en un predio particular era la práctica profesional a la cual todos los alumnos de agronomía estábamos obligados.  Entonces ahí hay una identidad con el presidente electo: ambos nunca le han trabajado un día a nadie fuera de la burocracia estatal.

La izquierda ha sido históricamente diestra para generar relatos para transformar la basura en oro y viceversa. Pero con la reforma agraria no lo han logrado. Fue un fracaso demasiado evidente, económico y social; y sus únicos frutos fueron, discordia, pobreza, violencia y muertes.

Esta señal, mal que les pese a los cómodos veraneantes, exhibe al verdadero Boric. Aquel de la primera vuelta presidencial, que al ver que su mensaje revolucionario a las compañeras y compañeros lo llevaba al despeñadero, agiornó su discurso y convocó al millón de votantes identificados con las grandes demandas insatisfechas.

Con la visita a Chonchol, Boric envía una señal a ese millón adicionales de ingenuos que votaron por él, y a esos empresarios conmovidos con los versos resentidos del poeta Linh: las demandas de los votantes seguirán insatisfechas; las esperanzas de los empresarios se verán frustradas. ¿Saben por qué? Porque Boric es un revolucionario que quiere cambiar el mundo y las expectativas no solo no se verán satisfechas, sino que las consecuencias de mesianismos al estilo Chonchol, son devastadores para todas las sociedades en todo tiempo.

Enero 2022

 

 

 

viernes, 14 de enero de 2022

ENSAYO DEL PROFESOR CARLOS PEÑA LA POLITICA DE IDENTIDAD. ¿ENSAYO O FABRICACION DE RELATOS?


Don Carlos Peña debe ser hoy por hoy uno de los ensayistas más prolíficos, ilustrados y creativos de nuestro medio nacional. En la obra citada, pretende él hacer una apretada síntesis de un fenómeno político muy amplio – quizá demasiado amplio y por ello difícil de conceptualizar – que son los relatos de identidad, fenómeno que él postula implícitamente como espontáneos y derivados de un estadio de la evolución de las colectividades modernas, a mí juicio, artificiales creaciones académicas cuya condición de posibilidad ha sido la auto demolición de las bases de nuestra cultura occidental, demolición causada en gran parte por fenómenos moralmente neutros como es la técnica contemporánea.

La cuestión abordada por el profesor Peña tendría solo una relevancia académica, si no fuese porque los conglomerados políticos que se apoderaron del proceso insurreccional chileno y de la Convención Constituyente, buscan a través de la instalación de nuevas reglas jurídicas de convivencia, provocar un cambio copernicano a la república de Chile. En este sentido el ensayo debería ser el evangelio de los constituyentes revolucionarios de la Convención, pese a que muchos de ellos desacrediten al autor de amarillismo anti revolucionario por su pausada seriedad intelectual.

Para empezar, debo honrar la potencia intelectual del autor que nos permite tanto a partidarios como a detractores, tomar partido fundamentado del fenómeno. En la historia literaria criolla, don Carlos creo yo, será el Valentín Letelier o el Barros Arana de fines del siglo XX y principios del XXI. Un hombre que ha marcado huella.

La obra se inscribe en el género del ensayo, pero a través de su amplia erudición, el autor efectúa un ejercicio algo abusivo de las síntesis de variada gama de autores para inscribirlos o argumentar en favor de la tesis central de la obra: Existe una generalizada demanda por identidades de variada especie, que el futuro orden jurídico debe recoger y reconocer. Tesis central que el autor empero, para salvar su neutralidad intelectual y conservar las reglas del género de ensayo, usa reiteradamente la forma verbal condicional (el fenómeno x estaría demostrando que etc. etc.). Evidentemente la obra carece de neutralidad como toda obra de hijo de mujer. Por debajo de todo razonamiento humano late una intencionalidad emocional. Y el autor es un hombre de izquierda, admirador, benevolente y acrítico, con las argumentaciones de las obras de Carlos Marx, de Antonio Gramsci y de Ernesto Laclau.

¿Cuál es la gigantesca debilidad de la obra? Su correlato histórico. Nada de lo que se argumenta como propio o como idea o tesis de los autores citados, tiene o pretende tener, fundamento histórico. La pueril pretensión de Marx de que su obra era la clave de todos los tiempos pretéritos y futuros ha sido ampliamente desacreditada por su ingenua ucronía y utopía. Por esa razón sus apologistas como el profesor Peña, evitan la argumentación y fundamentación histórica. Y aquí es donde se encuentra el flanco débil no solo del autor sino de todo el modernismo post marxista constructivista y post constructivista; su voluntarismo subjetivo que me induce a calificarlos de fabricantes de relatos. Se desprende de sus planteamientos que no existe un ser de las cosas, una entidad del mundo. La realidad colectiva e incluso algo tan duramente objetivo como el sexo, sería solo fruto de los relatos de los opresores; y el futuro que se construirá, será ahora el relato de los oprimidos y víctimas emancipadas. El mundo desde siempre (desde Caín, padre fundador de las tesis victimistas[1]) se habría ordenado en base a relatos para fundamentar las relaciones fácticas de dominación.

¿Es una caricatura abusiva la del párrafo precedente? No si se analiza con cautela la obra de Peña a fin de salvar los cazabobos dialécticos que, como huachis para cazar conejos, nos plantea en muchos párrafos de su libro.

¿Cuáles son los cazabobos? Primero; la manera de proponer las premisas. En su introducción se señala lo siguiente: La tarea de la política no consistiría en leer el guion de la historia o de la providencia sino en inventar uno que estabilice la vida social. Dos reflexiones. No resulta congruente con un razonamiento que pretende valor de verdad usar formas verbales condicionales. Lo honesto intelectualmente es decir; fulano sostiene que; o derechamente sostener la tesis en presente perfecto; la manzana es una fruta. La negación del ser de las cosas por la vía de someter las realidades a una existencia etérea a través de las formas verbales blandas, nos introduce en el mundo al cual el autor y la variada gama de post marxistas nos llevan: el que Milán Kundera definió en el título de su célebre novela como la insoportable levedad del ser. En este caso ¿Cómo vamos a avanzar en el razonamiento del tema tratado sino sostenemos que es la política? Porque si la forma verbal de esta introducción fuese La política consiste en inventar una realidad, saltan los tapones como cuando hacemos un cortocircuito eléctrico y se nos corta la luz. El lector es advertido hacia donde camina el razonamiento. Roger Scrutton citando a Edmund Burke sintetiza el problema al señalar que lo que nos separa del socialismo son las premisas básicas sobre lo que es la política. Para todos los autores qué sostienen el razonamiento del profesor Peña[2], la política es un instrumento para reinventar la realidad. Para toda visión ecléctica madura y que pondere la historicidad del hombre, la política es la herramienta de los individuos para mantener la paz; y el estado de derecho son las reglas previas a las conductas para que esta convivencia no se salga de control y aplaste al individuo -como el socialismo históricamente lo ha hecho-. La cuestión sería un diferendo trivial si no fuese por las consecuencias que esta manera de entender la política ha tenido a través de la historia. Los jacobinos en la revolución francesa quisieron dibujar una realidad nueva artificialmente creada (cambiaron hasta las estaciones del año y el calendario) y para ello estimaron legítimo provocar la matanza generalizada de los disidentes. La revolución bolchevique lo mismo. No tan lejos, la reforma agraria en Chile significó la ruina del agro y el destape de las reglas de convivencia que motivaron un baño de sangre al cabo de corto tiempo. Antonio Escohotado en su crítica al socialismo lo sintetiza señalando que las visiones constructivistas socialistas desprecian la realidad, y en concreto, las inconmensurables causas que los fenómenos sociales tienen, reduciendo la realidad a un número ficticiamente controlable de variables. El constructivista y utopista reduce la realidad para dar valor de verdad a sus propuestas y diseño futuro de esta sociedad inexistente. El resultado es y ha sido siempre el mismo; la destrucción del tejido social y su necesaria consecuencia: el imperio de la fuerza por sobre la razón.

Segundo caza bobo intelectual son las reiteradas falacias del hombre de paja, y de autoridad que introduce en el desarrollo de la obra. En el caso del hombre de paja que es asignarle a tu contendor intelectual conductas y reflexiones sacadas de contexto para desacreditarlo. En el caso de las falacias de autoridad, es citar filósofos contemporáneos de Marx en adelante, adjetivando sus virtudes e ilustración para inhibir las críticas y examen desapasionado de sus productos intelectuales, muchas veces una sopa de galimatías sin ningún valor para develar la realidad, sino que aportantes de piezas y partes para el constructo de la realidad utópica que se pretende.

Dicen que el camino al infierno está plagado de buenas intenciones. En este caso don Carlos Peña pavimenta, suaviza y legitima conductas políticas de la extrema izquierda presente en la Convención Constituyente. Su objetivo intelectual pareciera ser fundamentar intelectualmente posiciones políticas voluntaristas e irreflexivas en la praxis, de muchos indigenistas, LGTB, feministas radicales etc. proporcionándoles los insumos ideológicos que esa “primera línea” carece.

En el epílogo el autor aboga por la supervivencia del régimen de igualdad ante la ley y primacía de los derechos humanos, ambos principios que serían arrasadas a sangre y fuego, si las tesis de Ernesto Laclau sobre la primacía de las identidades se impusieran como pretenden la mayoría de los actuales miembros de la Convención Constituyente. Cuando hablamos en plural de los derechos humanos, o se respetan todos los derechos humanos o no existen como bases de convivencia.  Entonces ¿Qué ha pretendido el autor con su obra? ¿darle bencina a una máquina infernal que destruirá la convivencia? ¿quedar bien con dios y con el diablo? ¿O es como dicen los envases de productos o cláusulas de un contrato de seguros, sin ulterior responsabilidad para el fabricante?

Y entonces surge la cuestión a la responsabilidad de los intelectuales; los de Neruda y Sartre con sus apologías al carnicero Stalin; los de un Heidegger y su soporte y legitimación del nacionalsocialismo y sus monstruosidades.

La fabricación de relatos para que “todo cuadre” sin correlato histórico, no solo es un error. Legitimar a través de un razonamiento sesgado un proceso revolucionario que ha triunfado y pretende a través de una constitución a proponer, violentar la realidad y la convivencia, hace responsable al intelectual de los vasos y platos que se quebrarán. Quienes analizan con espíritu crítico a los hijos de mujer y sus conductas a través de la historia sabemos que el paraíso no existe en el mundo. Pero de ahí a promocionar intelectualmente el infierno, hay un paso que los intelectuales no deberían dar.

Enero de 2022

 

 

 

 

 

 

 



[2] cuando digo todos, estoy diciendo casi todos, porque de pronto cita a Arendt, Ortega o a Chesterton, y lo hace para dar una imagen ecléctica, pero sacando sus frases de contexto