domingo, 23 de junio de 2024

LOS MIGRANTES, LA DEMAGOGIA, LA PRUDENCIA Y LA JUSTICIA

 Se han hecho virales, sendas declaraciones de la Conferencia Episcopal y del Senador Manuel José Ossandon que abogan por la “regularización” de los migrantes ilegales. La propuesta es vagarosa porque no se precisa, qué quieren decir con aquello de regularizar.

El fenómeno de la migración a nuestro país en los últimos años, no ha sido espontáneo. El gobierno de la presidenta Bachelet, sottovoce, sin hacer pública una política al respecto, ocultando la medida hacia los que forman la soberanía popular de Chile, organizó de manera coordinada y sistemática una migración larvadamente ilegal de ciudadanos haitianos, financiada hasta ahora no se sabe muy bien por quién. A cambio de esta generosa conducta, la señora Bachelet obtuvo un jugoso botín: pasó a integrarse como Alteza Serenísima, a la burocracia de las naciones unidas, como generalísima de su campaña de, dinamitar las soberanías nacionales y el concepto de Estado-Nación, estructura que desde el siglo XVII, ha sido pilar de la realpolitik mundial y ha soportado con alguna eficacia la convivencia pacífica.

Como es habitual en la conductas de los revolucionarios, entran como bueyes en la cristalería, sin tener muy claro que resultará de su experimento con seres humanos. Muchos de esos haitianos menores de edad habrán muerto ahogados cruzando el rio grande rumbo a los EE. UU. con su visa waiver chilena en el bolsillo. Vi a esos pobres compartiendo masivamente el avión en que me dirigía a ciudad de México donde los esperaban probablemente los coyotes para cruzarlos al cielo norteamericano. Todos eran padres adultos haitianos acompañados de sus hijos chilenos.

El experimento “haitianos en Chile” sirvió para demostrar que nuestra fértil provincia señalada, era capaz de acoger a personas de otra raza que vivían la mayoría en condición de extrema pobreza en su país, que, dicho sea de paso, Haití es un modelo y ejemplo de Estado Fallido, dinamitado por el buenismo de la burocracia mundialista de la ONU.

Como señala el viejo adagio que esgrimen economistas, los agentes económicos responden a los estímulos, y fue así como los pobres de los países del norte de Sudamérica, vieron en el ejemplo haitiano la oportunidad de radicarse en Chile y gozar de los beneficios sociales gratuitos, proveídos por los esforzados contribuyentes chilenos.

En aquello de, migrantes ilegales, hay que hacer una distinción: 1) los que entraron de manera formalmente legal a Chile con visado de turista y luego permanecieron violando los plazos de permanencia. Estos a su vez deben dividirse entre aquellos que abogan ante una burocracia lenta e ineficaz por su radicación legal y quienes están al margen de toda intención de legalizarse; y 2) aquellos que ingresaron ilegalmente al país por pasos no habilitados y que obviamente no tienen los medios formales para regularizar su permanencia, a menudo ni siquiera tienen identificación de sus naciones de origen.

¿Cómo llegaron hasta la frontera de Chile los segundos? Las conjeturas son variadas: 1) la satrapía venezolana los estimuló y financió para deshacerse del bulto de pobres y de delincuentes, que podían desestabilizar la perla de la corona neoliberal que era Chile. 2) Foundation que articula la ONU que enviando como bovinos a aquellos infelices, mataban dos pájaros de un tiro: minaban al Estado-Nación chileno abogando por el derecho humano a migrar, y quitaban presión a la migración hacia EEUU.

En el frente interno el fenómeno que ha minado gravemente la convivencia y la paz social, ha tenido distintas reacciones. Es estimulado y financiado por la asociación ilícita de tráfico de personas que mantiene impunemente la orden religiosa de la Compañía de Jesus (¡ay Jesús que compañía…!). Es apoyado por la izquierda radical que vio en el fenómeno un regalo del cielo porque le permitía desestabilizar la estructura social y el odiado sistema neoliberal. Y el resto de la élite judicial, política, burocrática y militar, lo observa con parálisis mental y obsecuencia, por el temor de ser acusada de violadora de derechos humanos. Algunos sectores empresariales cegados por su tacañería y estulticia, lo han visto como una “inyección al mercado laboral” que les permite sostener bajos costos salariales.

Entre tanto, el soberano, el pueblo de Chile, observa con estupor como les han expropiado su país frente a sus ojos, sin que la orgánica del Estado que con su esfuerzo financia, no hace absolutamente nada.

Es en este escenario en el cual, el honorable y “generoso” senador Ossandon aboga por la regularización de los migrantes sin mayor precisión de lo que está diciendo y sin medir en absoluto la consecuencia que ello tendría para la institucionalidad. Su opinión puede estar fundada en la estulticia crónica que le afecta, o en la demagógica pretensión de concitar el favor de los extranjeros favorecidos, que podrían ser clientes políticos a futuro, o, en darle pega a su hijo que se anuncia en la web con su oficina de abogados especializada en “regularizar” migrantes. Lo de Ossandón es de un tal patetismo, que nos obliga a meditar urgentemente sobre la necesidad de purgar las instituciones republicanas de este tipo de personas que, con su proceder bobo, demagógico o corrupto, afectan gravemente el bien común general, operando para su beneficio personal. Advierto: no es comparable su motivación a la de los obispos que paso a analizar en seguida.

La jerarquía de la iglesia católica chilena se encuentra formalmente representada por un colegio de obispos diocesanos que se denomina Conferencia Episcopal. Este consorcio elige, al parecer por votación del cuerpo colegiado, un Comité Permanente que es lo que pudiera llamarse la vocería de los obispos chilenos. Ha sido ese Comité Permanente el que, involucrado en prescribir y opinar sobre políticas de Estado desde hace ya cuarenta años, opta por propuestas generalmente desconectadas con la realidad, sin una genuina medición de la consecuencia de dichas propuestas. Estas propuestas, como es la de marras, buscan una justicia y provocan una gravísima injusticia que nos hace recordar la lápida mortuoria del Cardenal Richelieu: Aquí yace un hombre que hizo el bien e hizo el mal. El mal que hizo lo hizo bien, y el bien que hizo lo hizo mal.

¿Qué quieren decir los obispos cuando hablan de regularizar? Ni ellos lo tienen claro. ¿Por qué? Porque no saben ni conocen y por consecuencia no miden, la consecuencia que tendría materializar su propuesta. ¿Qué provocaría? Pues una expropiación masiva de derechos a los chilenos menos autovalentes que demandan prestaciones sociales que son intrínsecamente limitadas. ¿Qué más provocaría? Una oleada incontenible de nuevos migrantes que conforman a los desamparados de redes sociales en toda la “América Morena”. Es decir, la medida propuesta por los prelados, causaría con certeza absoluta, caos e injusticia.

¿Por qué hombre supuestamente ilustrados cometen tamaña equivocación? Conjeturo que es por un error común de toda la iglesia post conciliar: Ponen la justicia como virtud, antes que la virtud de la prudencia, desoyendo en tal sentido, las enseñanzas de su Doctor Angélico, Santo Tomás de Aquino, que les enseñó que la prudencia es la madre de las virtudes, y que, sin cultivar la prudencia, la justicia no es más que una parodia de tal. Porque justicia señores prelados, no es dar a los migrantes lo que les es propio; es dar a cada cual lo que le es propio, y en política eso supone discernir prudentemente sobre lo que se puede y sobre lo que no se puede hacer. Porque a la política no le es aplicable la parábola del buen Samaritano, la cual está referida a la conciencia individual pero no colectiva. En política, si el Samaritano llevaba los valores del erario público y distrayendo esos valores financió el bienestar del pobre herido del camino, no sería un buen samaritano sino un delincuente sustractor de los bienes de terceros. Es una parábola y como tal, no nos hacemos cuestión de dónde sacó las monedas el buen samaritano. Pero que quede claro: es una enseñanza para los individuos, no una enseñanza política.

¿O es que hay en la declaración de los obispos un atisbo de demagogia para hacerse amables frente a una feligresía de desamparados? No lo quisiera ni pensar porque los haría acreedores de un grave pecado (todo esto te daré sí postrado me adorares; Mateo 4-9-11). Prefiero creer que desordenaron el orden de aplicación de las virtudes cardinales y que están mal asesorados.

Junio 2024

domingo, 9 de junio de 2024

LA IDEOLOGIA, LA ESTUPIDEZ Y EL ROL DEL ESTADO

 En días recientes hemos sido golpeados en nuestra inteligencia y sentido común, por una noticia que da cuenta del lamentable estado de nuestras instituciones: cuatro delincuentes extranjeros resuelven ejercer el oficio que probablemente ejercían en el Estado fallido del que son originarios, esta vez en nuestra copia feliz del edén: secuestran a un pobre ciudadano chileno y cobran y perciben rescate de treinta millones de pesos con pleno éxito. Luego de una ardua labor policial logran ser identificados, ubicados, detenidos y puestos a disposición de la autoridad persecutora y juzgadora de esas graves conductas delictuales. Son privados de libertad, pero la defensa, que es pagada por los impuestos de la gente honesta de este asilo contra la opresión, solicita que sean puestos en libertad durante el proceso investigativo. Es un trámite inútil, pero es mi obligación, habrá pensado el Defensor Público, que seguramente le habrá advertido a sus representados que no tendría éxito, porque la conducta tipificada por el artículo 141 del Código Penal, merece una pena altísima y porque son extranjeros sin residencia legal, ilegalmente ingresados a Chile (la noticia filtra ese antecedente para no dañar aún más el relato buenista de los migrantes igual víctimas).

El persecutor, que es un funcionario muy bien remunerado por todos los chilenos cuyo cargo se denomina Fiscal (¡!), de nombre Luis Alejandro Soto Pérez, llega a la audiencia como ordinariamente sucede en los juzgados de represión penal de nuestro país, sin conocer los antecedentes del caso, y la jueza, también muy bien remunerada por todos los chilenos, de nombre Daniella Pinto Cortés, decide castigar la desidia del funcionario, ¡¡poniendo en libertad a los delincuentes!! Cabe destacar que, en un video levantado en la página del Poder Judicial[1], se hace pública la ceremonia de juramento de la señora Pinto como Jueza de Garantía de Los Vilos con fecha 22 de diciembre de 2022. En esa audiencia, el Presidente de la Corte de La Serena, Sergio Troncoso Espinoza hace un emocionado panegírico de la funcionaria, señalando que se ha desempeñado como experta en derechos humanos en esa Corte y en otros juzgados de la república. Por su parte, ocurridos los eventos, el Fiscal regional de la Cuarta Región, Patricio Cooper Monti, como un comentarista más de esta triste situación, barre el piso con el ineficiente funcionario bajo su tutela y responsabilidad, como si él no tuviese arte ni parte en el episodio.

Luego de superar la perplejidad de la decisión judicial al verse libres, los delincuentes huyen, y en las ciudades y calles de nuestro país muy probablemente deben seguir ejerciendo eficientemente -a diferencia de los nombrados en el párrafo anterior- su oficio delictual con comodidad y conciencia de la impunidad que reina en esta tumba de los libres.

He puesto en negritas los nombres de estos cuatro funcionarios, todos remunerados muy por sobre el nivel de remuneración que tienen empleados del sector privado con responsabilidades iguales y superiores, para destacar el primer vicio que afecta a la administración del estado: la total y absoluta falta de sentido de responsabilidad por la consecuencia de sus actos y omisiones. Accountability es una palabra se traduce del inglés escuetamente como responsabilidad. Pero en la cultura anglosajona esa palabra significa algo con mucho mayor contenido: se refiere a lo señalado; a una permanente actitud de responsabilidad por la consecuencia de nuestro actuar, conducta que se les inculca a los niños desde su primera infancia.

De la manera descrita, el Estado de Chile es hoy por hoy, un fraude en contra de los intereses de quienes pagamos impuestos, fraude que se manifiesta en remunerar generosamente, a personas completamente descriteriadas y que son las directas responsables del estado de inseguridad que padecemos. ¿Cómo han llegado las instituciones a tamaña imbecilidad colectiva? Hay varias razones, pero me referiré a dos causas que intentaré explicar.

La primera es que estamos inmersos en una ideología dominante que tiene implicancias en la falta absoluta de operatividad del Estado. Según esta perspectiva sesgada por las ideas equívocas sobre la naturaleza humana, las conductas delictuales son un subproducto de las injusticias de la sociedad y por ende los delincuentes requieren de protección frente al Estado, cuando este ejerce ordinaria y natural tarea represiva de conductas lesivas al interés general. En dos palabras lo que es evidente desde el punto de vista del sentido común: las victimas son las victimas y los victimarios los victimarios, para esta ideología dominante no lo es. Y quienes profesan esta completa imbecilidad actúan con la arrogancia de quienes se sienten poseedores de un arcano de conocimientos a los que, el común de los mortales, no estamos preparados para conocer. Periodistas, abogados de derechos humanos[2], jueces, pontifican genéricamente sobre los derechos humanos, sin conocer o tener presente, conocimientos básicos de exégesis jurídicas y precisión idiomática. Susana Tamaro, brillante novelista y ensayista italiana contemporánea sintetiza este ambiente intelectual al señalar: Una de las más grandes violencias que el pensamiento moderno ha impuesto al hombre es precisamente esta: haber sugerido que no existen bases creíbles. Una cosa no existe por el sentido que tiene, sino únicamente como señal de otra. Todo es ficción y, por lo tanto, fácilmente desmontable y re construible. Esto es lo que hace el hombre de cultura: desmonta y vuelve a montar, divertido por su habilidad. Es solo un juego, y, como tal, se queda en eso”.[3] ¿Qué es sino lo señalado por la Tamaro, la ideología de los derechos humanos? Efectivamente eso: un intento de desmontar el mundo del sentido común y sustituirlo por un montaje intelectual artificial de lo que debe ser el mundo, en base a la pura creatividad teórica. Al respecto sugiero revisar los artículos 22 y siguientes de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, especie de libro sagrado del poder dominante, para concluir que son galimatías que causan necesariamente la disolución de la sociedad.

Así, un hecho tan evidentes como, que la existencia y supervivencia de una colectividad humana está fundada y sostenida por usos, costumbres, normas morales y normas jurídicas que hacen posible el bien común general, donde la autoridad de la familia y del Estado deben imponerse, este último coercitivamente contra esas transgresiones; se ve neutralizado por una ideología obtusa donde resulta sospechosa cualquier potestad, que pretende quebrar y someter voluntades lesivas a esas normas de convivencia. La consecuencia necesaria de la primacía de esta ideología obtusa es una sola: el caos.

Conforme a esta ideología, cuando los individuos se conducen en base a sus egoísmos, pasiones narcisistas y desprecio por los derechos y el bien de los demás, estarían actuando correctamente porque se han liberado de las opresiones a las que la sociedad patriarcal, opresora, explotadora, los ha sometido. El bien común general, y la sumisión a las normas señaladas sería un estado de enajenación, porque la imposición de esos usos, costumbres, normas morales y jurídicas, impedirían la libertad de cada cual.

Esta realidad poco advertida por las masas y que en distintos grados comparten las élites gobernantes, nos ha llevado a bautizar nueves instituciones, con nombres que son ilustrativos del caos que vivimos. Los juzgados de represión penal dejaron de llamarse juzgados en lo penal, y desde la reforma procesal penal son Juzgados de Garantía. ¿Garantía de quién? De los delincuentes. Los llamados estándares de prueba en el proceso penal, son una metodología de ponderación impuesta a los jueces, que las más de las veces insultan el sentido común, y los ejemplos prácticos de aquello son cotidianos.

La segunda causa del lamentable episodio descrito, es la completa inoperancia del Estado en el reclutamiento de personas que ostentan cargos con delicadas responsabilidades. Resulta evidente que las cuatro personas destacadas en el párrafo precedente, por sus expresiones, dan cuenta que no deberían estar en el cargo que ostentan. Carecen de capacidad de abstracción para enjuiciar adecuadamente un acontecimiento, y no son capaces, sea por falta de inteligencia u honestidad, de ponderar la consecuencia de sus actos. El presidente de la Corte de La Serena por el juicio tan radicalmente equivocado sobre los talentos de la jueza; la jueza por la manifiesta falta de inteligencia al resolver como lo hizo; el fiscal a cargo por su completa desidia y flojera; y el fiscal regional por su sórdido intento de exonerarse de su responsabilidad en el caso. Existen eficientes métodos de selección de personal en el sector privado, que, en el ascenso de estos funcionarios a esos cargos, con toda seguridad no se usaron porque de haberse usado, no habrían ascendido a esas responsabilidades.

Lo más grave del episodio, es que no es aislado. Son muchos los casos en que después de costosísimos[4] procesos para aislar y reprimir conductas lesivas al bien común general, donde los delincuentes, sicópatas, sociópatas, resultan libres. El más sonado sin duda es el del ocupante del Palacio de La Moneda que indulto y decretó pensiones vitalicias en favor de algunos de esos sicópatas y sociópatas que han seguido sus meteóricas carreras delictuales.

Mientas no ataquemos ambas causas señaladas en esta reflexión, no es difícil pronosticar que seguiremos en este refalín descendente que nos lleva a la piscina de detritus y al caos.

Junio 2024



[1] https://www.poderjudicialtv.cl/programas/juramentos-integrantes-poder-judicial/daniella-pinto-cortes-jura-como-jueza-titular-del-juzgado-de-letras-y-garantia-de-los-vilos/

[2] Como si existiesen derechos inhumanos o no humanos a los cuales se dedican los juristas vulgares

[3] La supuesta superioridad del desencanto. En: S. Tamaro, Más fuego, más viento, pp. 130-131. 

[4] Costo que sufraga usted estimado lector

martes, 21 de mayo de 2024

LA MOSCA SOBRE EL CRISTAL O EL EXTRAVÍO IDEOLOGISTA

 


Nuestro sistema político. No funciona. ¿Para qué describir lo que todo el mundo sabe?: la convivencia hecha trizas por el total y completo irrespeto a las normas jurídicas, morales y hábitos de conducta que la hacen posible. Los espacios públicos dominados por el terrorismo, la delincuencia y la fealdad de los grafiteros. La convivencia superficial, solo se sustenta en una aceptable -aun- situación económica de las masas y en la opulencia de las élites. Las instituciones creadas y pagadas por todos los contribuyentes para reprimir a quienes no respetan esas normas -razón de ser del estado-, colaboran con los delincuentes y reprimen a los custodios de la ley. El okupa de La Moneda, indulta y premia con pensiones vitalicias a delincuentes violentos que destruyeron Santiago y expropiaron los espacios públicos a los ciudadanos. El mundo exactamente al revés. Quienes deben con sus acciones reparar este entuerto, perplejos, confusos o copartícipes de esta descomposición.

¿Cómo se arregla esto? ¿Cómo se recompone la convivencia? ¿Cómo recuperar el espacio público para las personas que cumplen, trabajan, se esmeran por ser respetuosos de la ley y empáticos? ¿Cómo se combate y reprime a los grafiteros, lanzas a chorro, asaltantes, traficantes de drogas, homicidas, descuartizadores, asesinos por encargo, defraudadores del fisco y un largo etcétera?

¿Qué las instituciones vigentes funcionen? ¿Más rigor en las calificaciones de los miembros del poder judicial; muchos de cuyos integrantes sentencian contra texto expreso de la ley; lista 4 y fuera? ¿Depurar el Tribunal Constitucional de operadores políticos? ¿Reemplazar a los activistas políticos revolucionarios y ayudistas de la corrupción, enquistados en el Ministerio Público? ¿Reemplazar en los próximos comicios a todos los parlamentarios que han apoyado por acción o por omisión a delincuentes sean “primera línea”, o a sus camaradas de partido sorprendidos en desfalcos y rapiñas? ¿Elegir a un presidente de “derechas”? ¿Vaciar la administración pública de ociosos que dilapidan los recursos que pagan a duras penas los hombres y mujeres de trabajo?

Aunque todo ello fuera posible (lo que no parece factible), con toda seguridad no bastaría. No bastaría, porque las causas de esta descomposición seguirían en pie.

¿Dónde se encuentra la madre del cordero? Pareciera que todas las recetas ideológicas ofrecidas apuntan en un sentido tal, que disuelve en vez de componer la convivencia social, la paz pública y en consecuencia la genuina libertad. ¿Dónde está la causa de este desorden global? ¿Hay una causa o muchas? El sentido de estas letras apunta a develar una de ellas que es condición necesaria, sino suficiente, del caos existente.

En su reflexión sobre las ideas y las creencias, el filósofo español Julián Marías conjetura sobre la conducta humana[1]: lanzado a la existencia, el hijo de mujer procura instalarse en la circunstancia. Aquello lo hace premunido de sus creencias sobre la realidad. Amparado en esas creencias, edifica la estructura de sus ideas y juicios sobre la contingencia. Esta tesis filosófica, obviamente es una abstracción de un fenómeno no individual sino colectivo, porque no existe el Robinson Crusoe. Nos instalamos eficazmente en la realidad contingente amparados en la tradición. Los que nos rodean – por antonomasia, nuestra madre, padre y la sociedad -, nos transfieren esas creencias[2], y compartimos con ellos – en tiempos de estabilidad social- la estructura de ideas que nos permiten ordenar nuestra existencia. La consecuencia de que los individuos sean capaces de ordenar sus existencias a dicha estructura, es la calidad de la convivencia que se llama paz social.

¿Qué sucede cuando se disuelven las creencias? ¿Qué sucede cuando no hay convicciones basales sobre la realidad? Sucede que quedan solo las ideas, huérfanas de una raíz. Y esas ideas las adoptamos ortopédicamente como creencias. Surge pues el ideologismo. Este fenómeno, que viene gestándose desde hace más de un siglo, explica varios aspectos de nuestro caos contingente.

En efecto, la causalidad de la compleja situación de la modernidad contingente, tiene una explicación también compleja: el problema es epistemológico. El error está en la respuesta que se nos ofrece a la pregunta, ¿cómo se forma el pensamiento crítico?, es decir, aquel cúmulo de representaciones racionales que explican la realidad que nos toca vivir. Y el efecto de ese error, condiciona que la modernidad se golpea como las moscas en el cristal buscando salir a la luz del día. Lo que en occidente nos mantiene con un pie atado a una estaca que impide salir del atolladero en que nos encontramos, es la respuesta epistemológica que sostiene el sistema de creencias. ¿Cuál es esta creencia en un mundo sin creencias? Pues que serían las ideas las que formatean[3] la realidad. Esa es la piedra basal del ideologismo.

¿Cómo salir de la anomia y caos contingente? Falazmente, el ideologismo imperante dirá que, para solucionar el desorden contemporáneo necesitaríamos nuevas ideas. Aquel es un error común o transversal entre quienes se auto perciben como contendores en el mundo de las ideas de la modernidad tardía que nos toca vivir. Hago una breve sinopsis de como se ha manifestado este error.

Primera ideología: El relato dice que un buen día, Voltaire, Rousseau, Montesquieu, Diderot y su mesnada, se ponen a pensar iluminados por la razón (como si antes de ellos nadie hubiese razonado) y se les ocurren una serie de ideas que causan, provocan y dan sustento a la revolución francesa, que, conforme al mismo relato, es el gran salto hacia el progreso, mito sustitutivo de la tradición religiosa salvífica que sustentó hasta entonces en occidente, la convivencia social.

Segunda ideología: Un judío resentido y odioso con su círculo social y racial [4] que le vio nacer, Carlos Marx; apoyado y financiado por otro judío que comparte la hostilidad de su camarada a sus hermanos de sangre y de cultura, Federico Engels; con elocuencia y retórica genial, idean un relato genealógico del devenir humano basado en algo que se les aparecía en la realidad contingente que les tocaba vivir. El relato oficial dice que sus ideas, fueron el sustento del devenir político y social trágico que sucediera en Rusia.

Tercera ideología: En la post segunda guerra, un grupo de franceses que deambulan en una sociedad hiper opulenta, donde es posible vivir y prosperar sin realizar trabajo productivo alguno, más que elucubrar interpretaciones de la realidad (fundan una nueva profesión: la de los intelectuales), y ensalzados por una burguesía cansada y nihilista, “descubren” ideas que ya habían sido formuladas por un personaje dostoyevskiano de nacionalidad italiana: Antonio Gramsci[5]. La verdadera revolución que el marxismo clásico no podría consumar[6], se haría posible según ellos, partiendo por demoler la cultura, (deconstruir es el nuevo verbo) es decir, destruir las relaciones sociales aceptadas y aceptables que hacen posible la convivencia. Su gran logro, es una asonada juvenil de niños ricos ocurrida en París en 1968. “Iluminarían” la sociedad para erradicar las injusticias y males del mundo, a través de una idea genial: destruir todas las identidades y relaciones (prohibido prohibir sería su lema) para reedificar su nueva utopía: una sociedad de seres asexuados, pacíficos y disciplinados. Es útil para ponderar la valía de sus ideas, conocer detalladamente el perfil de la moralidad de conducta cotidiana de aquellos intelectuales[7], quienes se identificaron por la ausencia completa de las reglas de vida y respeto al prójimo, reglas que ilustran a cualquier persona con sentido común. Por sus obras los conoceréis, nos enseña el Salvador.

Muchos que pretenden reaccionar y detener el desastre contemporáneo, creen que este se debe solucionar con nuevas concepciones ideológicas que se opongan a las anteriores. Un nuevo dibujo de una realidad plasmada en una hoja en blanco, según inspiración de un nuevo ideal. Habría pues que rastrear en las bibliotecas, para encontrar aquel anillo de los Nibelungos que nos permita recuperar la convivencia, la justicia y la libertad. Los reaccionarios intelectualmente más rústicos, postulan que será una política económica la que, a través de generar más prosperidad, redimirá a las masas de andar pensando tonteras.[8]

Pero … no funciona así la historia, no funciona así el género humano, no funciona así la convivencia entre hijos de mujer. ¿Por qué? Poque las ideas no son más que representaciones imperfectas. ¿De qué?: de la realidad del mundo que se proyecta sobre nuestra psique, dotada en primer lugar de emociones y en segundo lugar de racionalidad.

¿Qué hizo posible los cambios en la estructura social francesa que permitieron aquella asonada sangrienta e inicua llamada revolución francesa? Algo muy trivial: La acumulación de riqueza que la tecnología de la época hizo posible, lo que permitía que los valores que sustentaban la sociedad tradicional francesa, perdiesen vigor sin grave consecuencia visible. Las barreras morales se hicieron inútiles o al menos, no funcionales. No era necesario para prosperar y disfrutar de la vida las restricciones morales prescritas por la sociedad tradicional de entonces. La misma acumulación de riqueza, la imprenta y otros bienes económicos cotidianos (ropa, vivienda, agua corriente y alimentación a discreción, no disponibles un siglo antes) fue lo que hizo posible la existencia de “los intelectuales” que formularon la ideología y el estilo de vida despreocupado que animó a los revolucionarios. Incluso los que fungían de reaccionarios como Mirabeau, eran también destructores del orden tradicional por esas mismas condiciones de posibilidad.

Años después, la sociedad inglesa, gracias también a los logros tecnológicos alcanzados, fue profundizando una más rigurosa división del trabajo en los sistemas de producción y la especialización social derivada de ella. De esta manera se hizo posible que hubiese a disposición de la sociedad bienes de consumo y de capital, alcanzables para una población mayor. Surgió la acumulación de capital que hasta el día de hoy se le llama capitalismo. Fue esta la condición de posibilidad de la explotación de obreros por patrones. En aquel orden social, libre de restricciones morales, se generó una dinámica en que los tiburones más dotados intelectual y emocionalmente pudieron usar y las más veces abusar de otros miembros de la sociedad para beneficio propio. Entonces, un intelectual impotente para prosperar en ese ambiente, capturado por una emocionalidad e intelecto volcánico, retrata esa realidad en el relato genealógico de la sociedad humana recién mencionado, cuando no falso, equívoco. Carlos Marx siguiendo la tradición rabínica de su raza oficia de profeta: la supresión del capitalismo traerá como consecuencia necesaria la sociedad comunista. Otro resentido social, Victor Ilich Lenin, dañado emocionalmente por el asesinato de su hermano por la policía política zarista, potencia su psique homicida y con el apoyo del alto mando militar alemán (siempre en la historia las malas ideas las tienen los expertos) quienes lo financian para que destruya la sociedad del enemigo circunstancial, Rusia, desarrolla su obra satánica. Esta melcocha de acontecimientos históricos da lugar a la tragedia genocida que la historia conoce como revolución rusa.

Otra sociedad – la posterior a 1945- ordenada por otras nuevas y potentes circunstancias tecnológicas, permite la profundización de la división del trabajo capitalista pero esta vez no amparada en una explotación inmisericorde sino en relaciones laborales soft, generando una prosperidad inédita de hombres y mujeres, calificados o no, vulgares o sofisticados, dueños o no de sus existencias, haciendo desaparecer aquel proletariado de las ensoñaciones marxistas. Democráticamente nivelados, individuos y masas, se desplazan en automóvil, pueden viajar, pueden tener vacaciones, todas circunstancias que sus abuelos ni se soñaron. En Asia y en nuestra Latinoamérica tardíamente se alcanza ese estado de “desarrollo” que se reflejaba en sociedades más disciplinadas, lo que generó tensiones y resentimientos derivados por la pulsión basal que es la envidia estimulada por la propaganda revolucionaria. Para mayor impacto sobre la vida social e individual, en los 60 del siglo XX, a través de un fármaco, se le hace posible a la mujer planificar su maternidad y por lo tanto su sexualidad. La llamada liberación femenina, no surge de una idea; surge de un fármaco. Pero se acumulan más aun las complicaciones. Cuando en Chile recién nos estábamos acostumbrando a “disfrutar” de la american way of life, en las postrimerías del siglo XX, casi alcanzando este anhelado desarrollo como le bautizan los economistas, llega otro tsunami tecnológico: las comunicaciones electrónicas. Personas que nunca tuvieron opinión sobre el acontecer, sin ilustración cultural alguna, ahora son emisores de emociones, pulsiones y a veces (las menos) ideas y conceptos. La sociedad de masas, dependiente hasta entonces de una élite de emisores, se expande por la auto emisión de percepciones. Las masas pasan entonces a auto percibirse poderosas y falazmente autovalentes. Son los empoderados, el peor subproducto moral que pudiere darse para sostener la convivencia social. Una mezcla fatal entre El Señorito Satisfecho que describe Ortega en la Rebelión de las Masas, y El Último Hombre que retrata Nietzsche en Así Hablaba Zaratustra, pero en versión vulgar de analfabetos funcionales. Todo ello acompañado de una caída en picada de la educación pública, el mejor subproducto social de la ilustración, factor de cohesión en los albores de la república.

Pregunto: ¿La demolición de la estructura social que sufrimos en Chile y en occidente, es, como denuncian intelectuales de derecha, causada por las ideas de Foucauld, Sartre, Gramsci, la Bouvoir y sus discípulas norteamericanas feministas? No. Absolutamente no. Los intelectuales de la nueva izquierda mencionados, simplemente vieron venir (en parte, porque el tsunami de las comunicaciones nadie lo previó) este cambio y lo interpretaron y relataron, como un paso hacia la dichosa revolución, que ya deberíamos saber, es un unicornio inexistente. Sus ideas, huérfanas de creencias basales, han sido una nueva interpretación de la realidad, fundada en la franquía que ha hecho posible los cambios tecnológicos; y estos son la causa del reformateo de la vida post moderna. No son las ideas las que cambiaron la realidad social; fue la realidad social formateada por la tecnología, la que cambió las ideas.

Entonces ¿no tenemos solución? ¿Acaso el mundo que nos rodea, la vida humana, la sociedad, está fatalmente al albedrio de las circunstancias? ¿acaso la sociedad humana está condenada como tal a disolverse y nos convertiremos en individuos cual mónadas solitarias consumidoras de bienes y servicios que nos permitan una alegre esclavitud, como sueñan los miembros del Foro Económico Mundial?

Quisiéramos, sostenidos por la virtud teologal de la esperanza, creer que el péndulo del extravío moderno se moverá en contra de esta tendencia de un modo natural y automático. Pero es menester enfrentarnos a una realidad bastante más tétrica: se necesita una acción humana para que, individual y colectivamente aquello suceda. A Dios rogando y con el mazo dando, dice el refrán. Pero en una nueva receta ideológica, no está la solución.

Si la mayoría de la sociedad se percibiese extraviada y azorada por el vacío existencial de la post modernidad y en consecuencia angustiada, la tarea sería fácil: proponer un camino, una idea, un derrotero, un nuevo contrato social que contuviese y sustentase la convivencia. Pero como aquello no sucede, el problema es mucho más grave: El hombre y la mujer masa, post modernos no se reconocen extraviados de un camino. Por el contrario, se auto perciben omnipotentes[9]. Ese es el mito vigente: la omnipotencia o empoderamiento. Pero como esa auto percepción es falsa, es mentirosa y las mentiras, como nos enseñaron nuestras madres tienen piernas cortas y el resultado concreto de esta falsa autopercepción, es que la convivencia social desde París del 68 se viene disolviendo precisamente gracias a la conducta activa o pasiva de los empoderados, que tiene por consecuencia la implosión de las reglas de convivencia propiciada por ellos. Un estado de anomia letal para la vida en común.

¿Cuál es el camino para detener esta disolución? Antes de abordar cursos de acción redentores, es menester reconocer las limitaciones que nos opone la circunstancia contingente. Y la más relevante es reconocer que la sociedad contemporánea carece de creencias basales. En la historia, estas no se compran en la botica, no se inventan de un día para otro, son una creación cultural lenta y afanosa. No podemos pretender reordenar la sociedad en torno a una convicción compartida por todos de la noche a la mañana. En un mundo donde la ciencia ha descubierto la relatividad del tiempo y del espacio, la expansión en aceleración del universo físico, la cadena de ADN y la física subatómica, no podemos resucitar convicciones tradicionales que ilustraron la vida social en siglos pretéritos, cuando no existían estas evidencia. Pretender resucitar una estructura de creencias fenecida es un esfuerzo estéril.

Huérfanos de creencias ¿podemos detener el caos? ¿podemos contener el nihilismo ambiental de las masas? Creo que sí, pero no de una manera alegre e indolora. Los tiempos son rudos. Sila, el vencedor de la cruenta guerra civil en Roma, lo consiguió, pero no de una manera muy académica. Octavio Augusto con rudeza pasó por sobre todas las instituciones sacrosantas romanas, en aras de una paz social, que de otra manera era imposible. Fue un gran destructor de estructuras anquilosadas y las sustituyó por una autocracia rígida y autoritaria.

Es preciso en este punto, no confundir creencias con relatos. Este concepto acuñado por la metafísica de la desesperanza y un nihilismo existencialista contemporáneo, da cuenta de una falacia: que las creencias son un relato más, igual que cualquier invento ideológico. Eso no es verdad. Por la patria, por ejemplo, mucha gente está dispuesta a morir. Por el desarrollo económico, nadie. Una creencia no es un relato. Una creencia es una convicción que nos confiere sentido de vida.

Es verdad que la izquierda revolucionaria tuvo en el siglo XX un relato que movilizó masas enajenadas a su muerte y destrucción. Hoy no los tiene. El nazismo alemán también lo tuvo. La derecha, especialmente en su vertiente materialista, vive anhelando tener un relato como aquellos que los movimientos revolucionarios materialistas del siglo XX tuvieron. Pero sus objetivos explícitos (prosperidad, desarrollo económico, libertad individual para hacer lo que me venga en gana) no alcanzan a conmover y emocionar a las masas. Sus relatos no son creencias. No confieren sentido.

Y así también sucede con los llamados neo relatos de la izquierda del siglo XXI; no confieren sentido y ni siquiera soflaman a las masas enajenadas como el comunismo y el nazismo lo hizo en el siglo pasado.

¿Ejemplos de neo relatos? Los conocemos hasta la náusea:

La ideología de género, que por su superficialidad teórica y su nulidad empírica ni siquiera la merece llamarse ideología. Es más bien un corpus de silogismos repetidos con la técnica de saturación mental, que, aceitada con los recursos financieros de una élite opulenta y depravada, manipula las mentes más frágiles del mundo contemporáneo, que son muchas.[10]

La devoción irreflexiva por los cambios tecnológicos alimentada por un relato que pretende ver en la tecnología una redención y que nos habla de una nueva era de inteligencia artificial (un oxímoron como concepto). Se profetisa alegremente del control de la vida humana por los cacharros y franquías tecnológicas[11], como si se tratara de un destino fatal y necesario, pero a la vez liberador. En base a un reduccionismo de los órdenes de magnitud de la complejidad de la vida biológica, se postula con una pedantería infantil, que, con la programación cibernética, esa vida -un misterio por donde se la mire- es capaz de replicarse y superarse por el hombre.

¿Llegan solos estos relatos a las masas? ¿Son inducidos o espontáneos? ¿Son descubrimientos de la inteligencia libre de personas más dotadas intelectualmente? La respuesta es categóricamente no. Son imposiciones a macha martillo de formateos mentales de las masas. Son fruto de una operación política destinada al control global y universal de las masas. Son una Torre de Babel moderna que pretende suprimir la humanidad de las masas sometiéndolas a un condicionamiento como el Paulus a sus perros. Pero en esta reflexión no me abocaré a explicar y justificar esta afirmación sobre la que existe suficiente información en la literatura contemporánea y en la web.

Solo me enfocaré sobre dos premisas que servirán de herramientas para desmontar estos neo relatos y de esta manera ayudar a la Divina Providencia a impulsar el péndulo de nuestra nación y de nuestra cultura occidental, desde la oscuridad contemporánea hacia una mayor comprensión y claridad de nuestra aventura existencial como creaturas.

1.      La política ES una pulsión atávica a través de la cual, los seres humanos mejor dotados emocional e intelectualmente, pretenden controlar las vidas de quienes son menos dotados. ¿qué motiva esta conducta? Al percibirse limitados por el tiempo y por el espacio, los hijos de mujer pretendemos proporcionarnos certezas respecto del futuro. La hegemonía y la política pretenden en último término aquello: certezas respecto del futuro y control de las voluntades y de los espacios donde se desarrolla la vida. A través de la política los detentadores del poder buscan que las voluntades de los gobernados se ajusten a márgenes que permitan hacer predecible el futuro y a través de la hegemonía limitar los espacios físicos de cada cual y así evitar colisiones. La política es imponer un orden para impedir la natural tendencia al caos y la entropía.

Esta realidad viene siendo en nuestra cultura occidental, soslayada, ocultada, deformada y, en extremo negada. El afán por legitimar la política como un quehacer ético[12], es un esfuerzo intelectual -no factico- que nos acompaña estimo, desde la reforma y la contra reforma. Del esfuerzo de mistificar la política por esta ilustración académica emanan graves confusiones que es menester desmontar ordenándose a los siguientes conceptos:

a)      La política DEBE SER un quehacer donde, los que aspiran a dominar, ajusten sus conductas a las virtudes cardinales[13]. Con eso basta, el resto se dará por añadidura. Nobleza obliga, dice el adagio y eso quiere decir que los que buscan dominar sobre los demás, se encuentran atados a la obligación de ser virtuosos y obrar en pro del bien común.  Esta realidad evidente ha sido suprimida por las ideologías en boga. Este imperativo ético que ha tenido y tendrá por los siglos de los siglos, sus ondulaciones es condición de posibilidad de todo orden jurídico justo. No hay progreso en la conducta humana. La historiografía o historia científica así lo demuestra. Las culturas orientales hace milenios lo tienen claro. Nosotros los occidentales, prisioneros de escatologías lineales, aun creemos en alcanzar un desiderátum temporal que nunca llega. Los que pretendan mandar, deben estar jurídicamente seleccionados entre los mejores. Para conducir un automóvil que potencialmente puede causar daños, es menester tener una licencia. Para conducir a millones de seres humanos, hoy nadie debe demostrar ninguna virtud que asegure que no causará daño. ¿Se entiende donde está la causa de nuestro extravío colectivo? La política debería estar restringida en su ejercicio a un nuevo tipo de nobles: Aquellos que demuestren y garanticen su idoneidad moral.

b)     La política NO DEBE SER, precisamente lo que hoy impera: el esfuerzo por imponer una agenda, una receta, un deber ser idealista, un modelo ideal de sociedad. El idealismo o ideologismo imperante pretende un unicornio que es -en sus versiones contemporáneas- la revolución que propicia la izquierda, o del pleno desarrollo que propicia la derecha. Un deber ser donde la conducta del agente no es menester que sea virtuosa. Lo político en la modernidad tardía, está sustraído de la calidad de la conducta moral de sus agentes. Por el contrario. el buen político es hoy el cazurro, el zorro que espera a la presa sobre seguro. Josef Pieper[14] en su obra sobre las virtudes, nos advierte la profunda confusión y degeneración de la prudencia, no como virtud cardinal, sino como conducta astuta, artera, sobre seguro y cobarde. Y esto no es válido solamente para los actores políticos revolucionarios y extremistas. En una entrevista que le hicieron al finado expresidente Sebastián Piñera sobre su conducta, cuando como senador, noticiado de información que tendría un impacto de mercado, uso y abusó de información privilegiada con fines de lucro. Contestó para exculparse, que no había estándar superior a la ley. Él había sido sorprendido en aquella falta que retrataba su codicia desordenada, pero había pagado la multa, con lo cual había quedado compensada su deuda con la sociedad. La cuestión no es solo atingente a Sebastián Piñera, porque posteriormente a esa explicación, la mayoría electoral, lo eligió Presidente de la República. Demuestra pues que su escala de valores es compartida por una mayoría, electoral al menos.

¿Por qué no debe ser la política el esfuerzo por imponer agendas o ideales? Primero, porque esos estados ideales no existen ni existirán jamás, porque la naturaleza humana es y seguirá siendo siempre la misma atada a nuestras limitaciones existenciales. Segundo porque en aras de hacer posibles esas agendas e ideales, se han asesinado o se les ha privado del derecho a la vida a millones de seres humanos como nosotros. Millones de vidas, de promesas de ser, se han apagado o no han visto la luz, gracias a los mitos de la modernidad. Una política virtuosa hoy, ejercida solo por hombres y mujeres nobles, es incompatible con toda receta ideológica diseñada mirando hacia atrás. ¿Por qué? Porque entendida la política como la instalación de un modelo, de una receta respecto de cómo organizar la sociedad, se cuelan como gestores del poder público, lo más bajo del género humano, tal como lo vemos hoy, donde decir político es sinónimo de un individuo mentiroso, artero, traidor y dispuesto a las mayores vilezas humanas para conservar o conquistar el poder formal.

¿Por qué es tan importante recuperar la moralidad de la política? Porque la moralidad de los gobernantes es la única receta para obtener la legitimación del poder, esto es, una conducta positiva de los gobernados dispuesta a soportar las limitaciones personales, en aras del bien común general. La legitimidad no es consecuencia de la calidad de un régimen político formal -monarquía, aristocracia o democracia -. La legitimidad es la consecuencia de la percepción emocional y racional de los gobernados, que el gobernante obra en beneficio del interés público. La evidencia que en occidente la legitimidad del poder está por los suelos es que no existe afinidad emocional en la mayoría de los estados nacionales, entre gobernante y gobernados.

 

2.      Es imposible organizar una sociedad en base a una estructura de derechos individuales como se sostiene por parte de todo el espectro político, como un mantra intocable. Si siempre fue difícil hacerlo, y el relato que existe de ello desde la ilustración es mañoso y mentiroso, con mucho mayor razón en una sociedad tecnologizada que le confiere un enorme poder al individuo, respecto a la comunidad. Esta premisa de los derechos inalienables, es suicida de la convivencia a mediano plazo.

La soberanía del individuo debe restringirse al derecho a la vida, a la familia y su protección física y a la propiedad. Sostener un orden político con una retahíla de derechos que imponen gravámenes intolerables para el resto de la comunidad, es promesa de caos o de tiranía. Dar a cada uno lo suyo, impone simplificar esta estructura y codificar rigurosamente y con técnicas legislativas precisas, los deberes de los ciudadanos.

Si en términos estrictamente lógicos, una sociedad de derechos fue siempre un oxímoron, una contradicción en sí misma, por cuanto la vida en comunidad supone necesariamente una red de inhibiciones del individuo omnipotente, en base a una estructura de usos, costumbres, normas morales y normas jurídicas, donde esto se hace particularmente notorio es en una sociedad como la contemporánea, complejizada por la tecnología que confiere al individuo un enorme poder.

Sostengo que el relato de la sociedad de derechos, impuesto desde la ilustración en adelante, y que se ha visto barroquizado en los últimos tiempos por aquellos teóricos que hablan de derechos de segunda y de tercera generación, se encuentra completamente agotado. La ideología de los derechos humanos, donde se relata una especie de expansión progresiva de los derechos de los individuos, es la promesa de muerte de toda sociedad, pero en especial de la sociedad tecnológica contemporánea.

 La única forma de reorganizar la sociedad contemporánea, atendida la potencia de los medios físicos a disposición del individuo y de grupos intermedios, es hacerlo al amparo de los deberes individuales. Es preciso girar el gobernalle de la política en ciento ochenta grados. La sociedad contemporánea será una sociedad de deberes, o no será. Así de grave.

La declaración Universal de los derechos del hombre ha sido un constructo rústico ideado e impuesto desde una potencia hegemónica poco sofisticada que surgió en el horizonte mundial al cabo de la Segunda Guerra Mundial. Poco sofisticada me refiero en sus fundamentos filosóficos y jurídicos son febles. Su estructura está pensada para ejercer hegemonía política antes que dar a cada uno lo suyo.

Esa convención debe ser sustituida por un código riguroso de deberes. Los derechos son solo la consecuencia del cumplimiento consciente y estricto de los deberes.

 



[1] Antropología Metafísica. Julián Marías

[2] Se funda Marías en la teoría desarrollada por Ortega y Gasset en su ensayo Ideas y Creencias.

[3] Este neologismo es útil para ilustrar la pretensión de ordenar la sociedad a una idea sobre ella.

[4] Lo dice él, no yo, en dos ensayos por él escritos intitulados La cuestión judía y El Pueblo Judío a través de la Historia.

[5] Basta con leer su vida acosada por la pobreza miserable, observar en sus fotos, su fealdad física causada por el mal de pott, leer su obra y apreciar su inteligencia y elocuencia literaria extraordinaria, para tener un exacto perfil sicológico del personaje: un consumado resentido social en busca de una compensación existencial. Un Caín moderno que clama contra el mundo, causante de su desgraciada vida.

[6] No las podía consumar por la sencilla razón que sus premisas eran falsas y sus cursos de acción erróneos

[7] Althuser asesinó a su esposa, Foucauld debió huir de Túnez acusado por violación sodomítica de niños, Bouvoir madre del feminismo ideológico paradójicamente fue una esclava sexual de un narcisista como Sartre, que siendo judío, colaboró con los nazis en la persecución de sus hermanos de raza. Realidades puras y duras para calificar que calidad de personas eran y en consecuencia, cuáles fueron sus pulsiones emocionales desde donde brotan sus ideas.

[8] He aquí la razón por la cual la llamada derecha, en las sociedades contemporáneas siempre carece de un sentido colectivo y fracasa. Hay una novela de José María Gironella que se llama Condenados a Vivir, en la cual se retrata como se desinfla el espíritu de los vencedores de la guerra civil española en un nihilismo chato y materialista, tan materialista como el que habían combatido en los campos de batalla.

[9] Aquí está la explicación del por qué los partidos progresistas en las democracias occidentales tienen el gran nivel de apoyo que ostentan y porqué la llamada derecha desde Charles de Gaulle en adelante, siempre se desinfla.

[10] Beauvoir, Butler y un largo etcétera de mentes brillantes, promovidas a macha martillo por los dueños del dinero

[11] Alvin Toffler con su obra La Tercera Ola en los 80, y recientemente Yuval Noha Hararí con su Homo Deus.

[12] Aquí me refiero a ética entendida como adjetivo, esto es, conducta recta

[13] Prudencia, justicia, fortaleza y templanza.

[14] Las Virtudes Fundamentales Josef Pieper.

miércoles, 24 de abril de 2024

LA ELITE, PERDIDOS EN EL ESPACIO. Y EL PUEBLO, CUNCTA FESSA

 


Los que cruzamos el umbral de los 65, nos deleitábamos de niños con una serie cómica de televisión que se llamaba, Perdidos en el Espacio. Una familia típica norteamericana había sido enviada a la exploración de las galaxias siderales, perdiendo la ruta. Y en la nave se había infiltrado un espía villano que hablaba con acento de Europa del Este, traidor, artero y cobarde, que no conseguía consumar sus bellaquerías, gracias a un prudente y sabio robot que desfacía los entuertos provocados por el siniestro Míster Smith.

Solo el título de la serie sirve para describir con exacta nitidez a nuestra elite que controla el poder del Estado de Chile. No su comicidad, porque nuestra situación nacional es más bien trágica.

El extravío de la clase política, judicial, policial, militar y comunicacional, es total y absoluto respecto de la realidad que los circunda. Esa élite, disfruta de un bienestar, comodidad, lujo, desahogo y holgura económica, que los mantiene asépticos y los induce a perseverar en una estructura ideológica y en una interpretación de la realidad social, que se encuentra completa y totalmente divorciada de la experiencia práctica de la casi totalidad de los chilenos, (exceptuados los habitantes de guetos de prosperidad extrema, que son los barrios más pudientes del país). No solo están perdidos en el espacio, como los personajes de la serial; es qué también lo están en el tiempo. Si el okupa de La Moneda, Boric, tuviese la sagacidad del siniestro Smith, podríamos considerarlo el malo de la película, pero sucede que nuestro seudo revolucionario, carece de la inteligencia mínima para calificar de villano.

Roma, en su mayor estado de apogeo económico sufrió la implosión (estallido hacia el interior) de su estructura política, desde que Julio César cruzara el Rubicón en el 49 AC. Guerras civiles, cuartelazos, demagogos, oligarcas ambiciosos, abogados elocuentes; todo se confabuló para generar un estado de ánimo que el historiador Tácito describió para explicar, lo que hizo posible que un mozalbete, armado solo de una prudencia muy elemental, como Octavio Augusto, fuese capaz de causar el desmoronamiento de un sistema político -la república- que había regido por centurias. La historiografía lo ha explicado con las dos palabras que refiero en el título: Cuncta Fessa; Todos hartos, todos cansados. Todos chatos. ¿Quién? el pueblo; ¿de quién? de las élites. En alguna medida, nos posee ese estado de ánimo de los romanos del siglo primero.

Digo, en alguna medida, porque es evidente que hay una especie de letargia moral que induce a estimar normales y aceptables, la delincuencia, la represión judicial a Carabineros de Chile por el cumplir con su deber policial, la prisión de ancianos en Punta Peuco, la mayoría completamente inocentes de los delitos que se les imputan. si es que existen esos delitos; la falta de reacción, que es el aspecto más peligroso de nuestra circunstancia contingente.

¿Tiene que degradarse más aun la institucionalidad y la convivencia para que la población reaccione? ¿o es que a diferencia del año 24 AC en Roma, el pueblo es más pasivo y bastará un relator populista y demagógico para que lo sigan como los ratones al flautista de Hamelin?

El episodio de la pandemia y de las vacunas induce a pensar que las masas son hoy como perritos del circo a los que se puede condicionar facilmente que salten por las argollas. La molicie que provoca el satisfactorio nivel de vida y subsistencia para la mayoría, algo tiene que ver. 

Dios quiera que alguna circunstancia terrena o divina ilumine los corazones de Chile y reaccionemos a las monstruosidades que he relacionado.

Abril de 2024

 

lunes, 4 de marzo de 2024

ALGUNOS ASPECTOS DEL LIBRO DE JORGE PEÑA VIAL; “LA CONJUNCION: UNA CLAVE ANTROPOLÓGICA”. “Unidualidad de la condición humana”

 

Don Jorge Peña Vial ha de ser en nuestro país, una de las más excelsas inteligencias humanistas, no solo por la enseñanza de una vastísima bibliografía de autores modernos y clásicos, sino por aportar él mismo, tesis y síntesis que agregan valor a la tradición académica. Con su libro, según el autor refiere en su prólogo, ha querido reunir el compendio de más de tres décadas enseñando Antropología Filosófica. Más de 600 páginas que, a pesar de la viscosidad de los temas abordados, se leen de forma ardua, pero amena y comprensible para el lector ordinario no especialista. Cita autores interesantísimos, que están ordinariamente fuera del radar del mainstreem académico global, que hoy, bien podría compararse con los celadores de la Inquisición, por su imperativa tendencia a la clausura, de los que no acaten las verdades oficiales.

Había intitulado estas letras pretendiendo una crítica global a la obra. Pero al avanzar comprendí que era un exceso, porque el libro contiene muchos temas, de modo que solo me resumo a una fracción de la obra, basta e íntegramente interesante y provocadora.

El autor se fija una tarea: derrotar la diáspora de conocimientos que padece la academia en particular y la ciencia en general, debido a la super especialización, un fenómeno evidentemente perverso del racionalismo tardío de nuestra época, que nos aproxima peligrosamente a un primitivismo y masificación de las élites intelectuales, económicas y gobernantes. Para hacerlo, desempolva la palabra conjunción, en relativo desuso, pero atinente a lo que el autor pretende: sintetizar las conclusiones de las especialidades de las ciencias de variada índole.

Siguiendo el anhelo ya expresado en el siglo anterior por Husserl, por Ortega, por Juan Pablo II y por tantos otros, propone Peña repotenciar a la Universidad como institución que provoque esta síntesis, que cierre los múltiples dilemas morales que el avance de la ciencia ha enfrentado los últimos casi cien años: límites de la ingeniería militar, energía atómica, bio ética etc. La propuesta adolece a mi juicio de realismo, toda vez que, la Universidad hoy por hoy, es parte del vicio crematístico que inunda a la sociedad toda. En efecto, son las universidades contemporáneas en Chile y el mundo, más bien terminales del poder crematístico, donde solo interesa imponer relatos, verdades, preferencias, visiones del mundo etc. no por amor a la verdad, sino como piezas y partes de maquinas políticas y económicas. Pero es el autor un académico universitario y el peso de la nostalgia por lo “que no fue”, tiñe su juicio.

La conjunción propuesta por el autor, se construye en supuestos basales: una dignidad consubstancial al ser humano, y una finalidad de la vida humana, en base a una teleología aristotélico tomista[1]. No obstante que, para quienes ponemos en cuestión ambos supuestos -sin negarlos a priori- el tejido lógico por el que discurre el autor, permite ordenar e incrementar apreciaciones sobre la realidad.

No es Peña un teólogo que habla de filosofía. Es un filósofo que, como todo hijo de mujer, funda sus ideas en creencias basales que están más allá de la experiencia. Digo esto tan trivial porque el positivismo racionalista y kantiano ha querido por más de dos siglos imponer el dogma de la pureza del conocimiento racionalista, sin premisas a priori, y la tendencia a descartar quienes revelan explícitamente esas premisas, supuesto radicalmente falaz ya que toda ciencia se sienta en una creencia.

Volviendo a la propuesta de la conjunción, el autor refiérela a la dualidad cultura-naturaleza. Podría traducirse desde una perspectiva más amplia en el viejo dilema filosófico entre sujeto-objeto del conocimiento. Y es aquí donde, a mí juicio, se percibe la ausencia de una llave maestra que permita salir del laberinto y seguir, como la mosca que golpea el cristal, batallando en una aporía sin fin.

Digo esto porque al hombre moderno, lo que nos circunda de modo omnipresente y esculpe nuestra vida, dentro de otras circunstancias, es la técnica. Me refiero a técnica en un sentido amplísimo, como toda creación histórica humana que abarca desde el idioma y la escritura hasta la mal llamada inteligencia artificial. Cosas que nos formatean radicalmente como entes. Surge entonces la pregunta ¿es la técnica parte de la cultura o de la naturaleza humana? El autor no formula este dilema. Y cabe preguntarse por qué no lo hace. ¿Por qué pone en cuestión su premisa teleológica? ¿Por qué le parece un dilema trivial y da por supuesto que la técnica es parte de la cultura?

A mi juicio, arroja alguna mayor claridad sobre este dilema cultura-naturaleza, la perspectiva epistemológica de pensar el mundo a través de la tríada, sujeto-objeto-circunstancia. Las circunstancias más enormes para la vida humana son el espacio y el tiempo. Desde tal perspectiva concebir entes (Dios y la conciencia humana) en ausencia de espacio y de tiempo es legítimo y útil especulación metafísica. Ahora bien, sustrayendo ambas circunstancias (espacio y tiempo), la teleología es problemática, por cuanto no habiendo espacio-tiempo, no hay finalidad posible, porque toda finalidad importa un principio y ambos conceptos se relacionan con el tiempo que está amarrado a los entes inmanentes. Cualquier concepto que tengamos de Dios, deberíamos concluir que es una entidad que no tiene tiempo ni espacio; y, si concebimos la vida de la conciencia humana después de la muerte, aquella tampoco lo tiene. Deseo, finalidad, tránsito; son conceptos válidos en categorías temporales y espaciales.

Es relevante cuestionarse aquello, porque a mi juicio la teleología introduce en filosofía una frontera difusa entre la ontología y la ética; esto es, entre lo que el mundo es y lo que la conducta humana debe hacer para que el mundo sea lo que debe ser. Porque si “todo tiende a su perfección” ¿Cuál sería el sentido del quehacer humano? Bastaría dejarse llevar por esta tendencia virtuosa y alcanzaríamos aquel desiderátum. En alguna teología contemporánea jesuítica, esto -que parece aberrante- se ha formulado como plausible. Un especie de doctrina hippie[2], que por cierto no comparte el autor.

Y lo dicho en el párrafo anterior se relaciona con otra premisa problemática del autor: la dignidad ontológica intrínseca de la persona humana, según él, como aporte histórico de la revelación del Verbo Cristiano. La palabra dignidad tiene una etimología latina y viene significando, merecedor de. A mi juicio la dignidad humana es un aporte histórico de la revelación, pero ético; no ontológico. La dignidad humana se adquiere. Es un imperativo relacional. Me explico: ¿La pecadora que es llevada a la presencia de Jesús para que Él dictamine si merece o no la lapidación, es digna o indigna? El mensaje de Jesús dibujando en el suelo, no está dirigido a la pecadora. Jesús oblicuamente les hace saber a sus acusadores, no que ella es digna, sino que es tan indigna como quienes la juzgan. La dignidad humana, es el resultado -una conquista- del obrar humano y no del toque de una varita mágica divina que le confiere a la creatura per se.

La cuestión se plantea a propósito del aborto. Algunos defensores antiaborto fundan su posición en la dignidad per se del nonato.  A mi juicio, el aborto es un crimen y un pecado, no porque la criatura sea digna, si no porque, proteger la vida de un nonato es un imperativo para hacerse merecedor de la dignidad humana de quienes están en la potestad de quitarle la vida. Con el equívoco de impugnar el aborto en la dignidad del nonato, quienes cometen aborto, estarían en la misma condición del soldado que mata en batalla al enemigo, lo que resulta aberrante. La frágil moralina de los derechos humanos está contaminada por esta confusión. El laissez faire moral hoy en boga, donde cualquier conducta es lícita porque es el fruto de mi conciencia, se basa en este error de la dignidad intrínseca del ser humano.

Es muy lúcida a mi juicio, la crítica del autor a la llamada por la doctrina liberal roussoniana y kantiana, de la autonomía de la voluntad como fundamento de la libertad, cuando los ilustrados dicen que, solo es libre aquel que obedece las leyes que el mismo se ha dado. Igualmente, lúcida es aquella definición de calidad moral de la persona como, su disposición para rebasar la propia centralidad, poner en paréntesis sus propios intereses y no concebir todo lo que le rodea exclusivamente como medio para su propia realización o conservación. Aquello representa un batatazo en las rodillas al credo liberal, y es la radical condición de posibilidad, de la humanidad del hombre.

Sobre la concepción teleológica, citando a Alejandro Llanos, sostiene que no es una teoría para proporcionar explicaciones físicas concretas, según la cual la realidad es inteligible y está dotada de sentido, aunque no siempre sepamos concretamente en qué consiste esa naturaleza que confiere a cada cosa su fin. Robert Spaemann, sostuvo qué: si el ser humano desteleologiza completamente el mundo, entonces se cumple lo que dijo Pascal acerca del silencio de los espacios infinitos, que aterra profundamente al hombre: Se ve a sí mismo como un solitario vagabundo en un universo sin sentido. De ambas frases se desprende que, la teleología sería un deseo para darle un sentido a la realidad, lo que es una honesta confesión de aquel principio epistemológico postulado por Ortega en virtud del cual, el deseo es el fundamento de toda teoría.

Citando al mismo Spaemann, el autor señala que, el extravío de la ciencia moderna provendría de la desteleologización de las concepciones de la naturaleza. El hombre habría inventado artilugios técnicos que han sido capaces de tronchar su naturaleza humana (en lo que coincido absolutamente) debido a un extravío de la idea de sentido de finalidad del mundo. Esta genealogía de la comprensión del mundo, donde el hombre tuvo una comprensión de la obra de Dios que luego perdió, me parece algo naif. La experiencia nos indica que la naturaleza humana ha sido la misma a través de la historia, y lo que hace, es porque puede hacerlo. Así como el gato se acicala el cuerpo entero con su lengua, el hombre hace lo que es capaz de hacer. Eso determina a mi juicio, que la batalla por el recto proceder, es decir la ética, es un dilema eterno en el ser humano. La perspectiva que el autor hace de R. Spaemann, tiene algo de ucrónico[3].

Propongo alguna idea para salir de esta aporía: A mi juicio, la creación de Dios tiene complejidades y dimensiones que, el enanismo intelectual de la ilustración y del positivismo, pretendieron reducir a una envergadura de causas y efectos comprensibles y controlables. El hombre no entiende las cosas, porque piense en ellas. El proceso epistemológico es más complejo que aquello: el hombre capta el mundo, desea transformarlo, luego piensa como fundamentar esa transformación y finalmente genera un relato abarcativo de la realidad tal como la desea. Tomando prestado un concepto de la física, los ordenes de magnitud de la realidad son tales, que resultan inabarcables para la inteligencia humana. La ciencia no es más que un fragmento ínfimo de inferencias y relaciones causales sobre esa realidad.  No hay tal edad aurea en que el hombre comprendía el mundo y luego, porque surgió la ilustración, dejó de hacerlo.

La referencia de Spaemann a Pascal representa un reconocimiento que en las weltanschauung o cosmovisiones (dentro de las cuales está la teleología aristotélico-tomista) flota un deseo de no encarar el terror vacui provocado por el silencio de los espacios infinitos Pascaliano. El idioma es una herramienta para ubicarse en el mundo, pero una herramienta imperfecta, y las referencias de la teleología de que el mundo tiende, al bien, a la belleza y a la verdad, a mi juicio, nos deja donde mismo. Mejor resistir el terror vacui y descansar en la perfección presente de la obra y creación (permanente como se dirá) de Dios.

El autor describe la creación, como una noción no solo religiosa, sino metafísica. Respecto de la hipótesis del big bang, sostiene que la creación es algo mucho más profundo que un hecho circunscrito como lo sería aquel evento. Es el origen, no el comienzo; y condiciona la estable y eterna dependencia de las criaturas respecto su hacedor. Trae a colación la abrumadora evidencia de la puerilidad del evolucionismo radical. Tampoco es la creación un golpe de taco a una bola de billar. Según el autor, la creación es contemporánea con todas las fases del proceso evolutivo. En otras palabras, el creador está permanentemente creando el mundo, idea que me parece a mí esclarecedora y luminosa para encarar una crítica efectiva a la técnica moderna.

Me explico: ordinariamente, en filosofía de la ciencia, se habla del principio de responsabilidad para referirse críticamente a invenciones que manifiestan un peligro demasiado evidente, tal como la energía atómica. Pero cuando se concibe la creación como un proceso permanente, se debe cautelar que ella siga su curso, y prevenir que cualquier artilugio humano la altere. Cuando el hombre inventa normas, procesos, cosas; que potencialmente alteran la naturaleza humana, se deben ponderar prudentemente todos sus efectos. Porque los efectos pueden ser, y de hecho han sido algunos, devastadores.

Y no me refiero solo a grandes inventos tecnológicos. Ivan Ilich, antropólogo social hacía ver el efecto devastador que sobre los escolares tenía la presencia de un guardia que les indicaba a los escolares cuando cruzar la calle y cuando no hacerlo. Aquello era potencialmente capaz de generar monstruos carentes de toda responsabilidad social y personal[4]. ¿No es acaso la omnipresente anomia contemporánea el fenómeno más devastador de la sociedad de masas? Con mayor razón cabe preguntarse pues, ¿Cuántos y cuáles son los efectos negativos de la píldora anticonceptiva, del automóvil moderno, del smartphone etc.? Muy probablemente se levantarían airadas voces para rechazar hasta la pregunta, por quienes estiman que los cambios se legitiman conforme a la ley de la oferta y la demanda.  Pero el dedo no tapa el sol, y los efectos de cada uno de esos artilugios están ahí, reformateando la naturaleza humana; a veces mejorándola, a veces deteriorándola. Estas preguntas, que son tan antiguas como el hombre, el progresismo moral y tecnológico las invisibiliza bajo la premisa que todo cambio es progreso y todo progreso es bueno.

Masticar intelectualmente este aspecto de la conjunción propuesta por el autor, no solo es muy importante para no errar en el futuro, sino también para salir del brete en que el progresismo nos tiene prisioneros.

Marzo 2024



[1] El concepto teleología tiene variado género de acepciones y es polémico. En el concepto tomista sería la ciencia del fin de las cosas del mundo atendida la verdades aportadas por la revelación divina.

[2] En la película de “El Rey Leon” el jabalí y la suricata representan este ideal: Hakuna Matata.

[3] Reconstrucción de la historia sobre datos hipotéticos.

[4] La sociedad desescolarizada; Iván Ilich