viernes, 24 de abril de 2015

COMENTARIOS AL LIBRO LA DERECHA EN LA CRISIS DEL BICENTENARIO DE EDUARDO HERRERA

COMENTARIOS AL LIBRO LA DERECHA EN LA CRISIS DEL BICENTENARIO
DE HUGO EDUARDO HERRERA

Ordenado y lúcido trabajo en los ámbitos que abarca y con las premisas con que aborda el problema.
 En ese aspecto el autor hace un descreme de lo que ha sido la breve historia intelectual de lo que entendemos por sector socio cultural de la derecha en Chile. El resultado es bastante desolador por lo breve de este historial de creación intelectual; y la conclusión que se deriva de esa brevedad, es que no hay nada nuevo bajo el sol  en cuanto al supuesto por el autor apagón cultural que vivimos hoy. Coincido con el autor que Edwards Vives, Encina, Guzmán, Góngora, son las excepciones que confirman la regla. A mi juicio el sector sociocultural que representa la derecha goza hoy del mismo escueto bagaje cultural humanista que la ha acompañado desde siempre.

Su interesante intento de adentrarse en el contrapunto, entre progresismo lineal y concepciones cíclicas del mundo y de la historia, resulta demasiado breve; seguramente porque excede la frontera de su trabajo. Pero profundizar en ello para entender el tópico en que el autor avanza en el libro, es demasiado necesario para haberlo tocado sin profundidad.
Y cuando analiza el supuesto liderazgo intelectual de la izquierda en el Chile contemporáneo, olvida el autor que este sector es más pobre aun en su creación autóctona. Porque la “creación” intelectual de la izquierda chilena es históricamente casi nula. Ramírez Necochea, Marta Harnecker ¿ y …?

Ante esta implícita evidencia de la pobreza intelectual chilena para entender nuestra realidad nacional, el autor no se hace cargo, de lo que resulta tal vez la tara intelectual por antonomasia de las clases pensantes en Chile: su comodidad a dejarse influenciar sin juicio crítico por la avasalladora realidad global que nos rodea. Solo menciona en su exégesis de los autores que cita las influencias intelectuales foráneas que han permeado a cada uno.

Porque el liderazgo intelectual de la izquierda chilena contemporánea, supuesto por el autor, surge evidentemente del ambiente cultural internacional y de la dramática parálisis ideológica de occidente, donde las ideas progresistas campean por el absoluto olvido de premisas que son la base del sustento filosófico de quienes por mera intuición, defienden el orden social, el esfuerzo personal como imperativo categórico, la nación y familia como núcleos de construcción de la libertad verdadera.

Este progresismo del que además se hacen eco con una uniformidad sorprendente los medios de comunicación de masas y el control de los centros de creación intelectual más poderosos, es la clave del liderazgo ideológico de la izquierda. Existen evidencias que los centros de poder mundial en el ámbito de las ciencias humanas solo promueven la visión del mundo funcional a dichos centros de poder. El progresismo en Chile hoy entonces, se nutre de ello, y se ha sustentado en los últimos 100 años en Chile.
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Porque “las modas” intelectuales de occidente (Europa occidental y Los Estados Unidos de Norteamérica) ha condicionado, más que nosotros mismos, el devenir nacional hasta en sus más mínimos detalles desde Almagro hasta la fecha, y han pauteado a los intelectuales hasta el límite de ver un país irreal en el afán de reducirlo a la realidad foránea. Aquel chiste que se le atribuye a Barros Borgoño que señalaba “permuto país largo, lejano y accidentado por uno más pequeño, de preferencia próximo a París”  identifica a nuestra inteligentzia nacional.

Tampoco toca el fenómeno de la relación; creación y expresión intelectual, y poder. La creación formal intelectual, se relaciona con el discurso público; y este se relaciona con el poder. Es aquí donde hay que darle un punto, al análisis de Carlos Marx que siempre hemos combatido, para entender el por qué de la parálisis intelectual occidental, que deviene en parálisis intelectual chilena.

La segunda gran observación que hago al trabajo de Herrera – que no creo que sea una omisión del autor – es que no parte por definir que es la derecha; cual son sus fronteras valóricas, su visión del mundo y del hombre; condiciones necesarias según mi punto de vista, para calificarlo de grupo de referencia. Digo que no creo que sea una omisión sino más bien un deliberado olvido en el afán de llevar más agua al molino de la derecha. Porque en verdad meter a Góngora y a Luis Larraín en un mismo saco, parece un ejercicio harto forzado.

Finalmente coincido con el autor en una idea fuerza expresada tenuemente: la confrontación izquierda- derecha, la ven parte de los actores contemporáneos, en la lógica de la guerra fría, donde el imperativo era suprimir al “enemigo”. Aquella confrontación en el ámbito nacional, tan importada y ajena a nuestra realidad propia como las batallas entre clericales y anticlericales en el siglo antepasado, hacen necesaria para la intelectualidad que pretenda influir en los destinos de Chile, a “resetearse”. Esa humildad intelectual que emana del libro de Herrera, creo yo, es lo más valioso.

El resultado de este vacío intelectual que campea en la política, si bien no ha alcanzado para desmoronar su evolución cotidiana, gracias a que el gobierno militar y los primeros tres gobiernos de la concertación depuraron el orden institucional, mantiene los graves desafíos del futuro en una nebulosa total. Y en el ámbito de la elección de los liderazgos está teniendo un efecto devastador en un régimen republicano esencialmente presidencial y cesariano como el nuestro.

Alguien por ahí en la derecha descubrió que para conquistar el gobierno de la república, no hacían falta líderes. Bastaba con figuras. Porque la “pega” la hacían los técnicos. La candidatura de Hernán Büchi, de Arturo Alesandri Besa, de Joaquín Lavin Infante y finalmente de Sebastián Piñera, fueron el fruto de esa idea fuerza. Los líderes de la derecha rechazaron como opciones, a líderes de la talla de Sergio Onofre arpa o de José Piñera Echenique, por personalistas (léase por ser líderes políticos en el cabal sentido de la palabra).

La izquierda, cuando casi perdió la elección de su mejor líder, Ricardo Lagos Escobar, decidió replicar esta idea fuerza de la derecha: no más líderes. Solo figuras.

Sebastián Piñera, quien en todo su gobierno hizo gala de su superficialidad, tuvo a mi juicio su cenit, en la patética petición del Jefe del Estado de Chile, hecha al presidente de los Estados Unidos, de sentarse, cual escolar impúber, en la silla de la sala oval de Barak Obama. Eso es lo que es Piñera. Un corredor que quiere ganar. Nada más. Un exitoso atleta del Verbo Divino.

Michelle Bachelet, escondió su total falta de liderazgo en su primer gobierno, dado que la burocracia estatal y líderes en la izquierda ayudaron a la continuidad de los exitosos gobiernos precedentes. La inercia la salvó. No pudo evitar empero su patética falta de liderazgo en el terremoto, que costó más vidas por su total parálisis emocional. Pero como el aplausómetro la impuso, la candidateo nuevamente la izquierda y el resultado se encuentra a la vista. Su “equipo” político y ella misma, están como el gallego en medio de un cuarto color blanco con una puerta negra: no saben cómo salir de este laberinto.

Quiero decir con lo anterior que lo peor de la política chilena en estos últimos años es su total e impúdica superficialidad, para buscar entender el mundo, a su país, a sus raíces, sus valores; superficialidad nacida desde los cuadros de la derecha y desde ahí exportada a la izquierda, y que tiene como dramático resultado que sus liderazgos son incapaces de encarar los desafíos urgentes de la Nación.

El libro cae justo cuando con los “escándalos” del financiamiento empresarial a todos los sectores de la política chilena, dan cuenta de liderazgos comprados en la esquina y pagados con las dádivas generosas de las personas jurídicas con fines de lucro.
Coincido con el autor: no son los tiempos del activismo, menos aún del activismo reactivo. Si la derecha quiere influir en el futuro de la República, deberá autodefinirse, pensar en los fenómenos que están cambiando al mundo y por consecuencia a Chile; y especialmente enjuiciar como el hombre con su humanidad y su alma trascendente, puede montarse en este mundo velozmente mutante.

Gracias a Hugo Eduardo Herrera por su aporte.

Abril 2015   


MARCOS TEORICOS Y FENOMENOLOGIA SOCIAL REAL

MARCOS TEORICOS PARA INTERPRETAR
LA FENOMENOLOGIA SOCIAL
Y LOS PORFIADOS HECHOS



Algún analista por ahí por los años 70 teorizó sobre " el fin de las ideologías". En su obra que se constituyó en best seller, Gonzalo Fernández de la Mora denunció la beatería ideológica marxista, y creyó ver el derrumbe de aquella manera de analizar la realidad que se traduce en reducir los hechos reales a pre juicios sobre la fenomenología de la historia “descubierta” como la causa basal de todo lo que acontece.

Pero los porfiados hechos han desmentido a Fernandez de la Mora porque el mundo intelectual sigue 30 años después de su libro El Crepúsculo de las Ideologías, apegado a perspectivas de la realidad que nos presiona a "alinearnos" con algún modelo teórico para luego reducir todos los acontecimientos sociales a dicho modelo teórico. Paradojalmente además por importante que sea el fenómeno de relevancia social, si no se explica en el marco teórico, se le olvida.

El resultado es que cada vez la elite intelectual, incluida la de los cenáculos universitarios, es menos capaz de interpretar y dar a entender una realidad que se le escapa como jabón mojado, de sus formulaciones teóricas.

Se señala que esa actitud intelectual nació con el filósofo alemán Hegel. Fernandez de la Mora lo sindica como el culpable fundador del ideologismo, a Hegel. Yo creo que esta verdadera atrofia intelectual de Occidente, se enraíza mucho antes de Hegel. La propia filosofía escolástica nos somete implícitamente a aquello de que “si la realidad no se ajusta a la teoría pobre realidad". De modo que este afán de dar vuelta la espalda a la realidad evidente, para consultar primero al "modelo", es una conducta intelectual que nos acompaña desde hace varios siglos.

La metodología intelectual descrita, no solo induce a conclusiones equivocadas de los fenómenos analizados. También se produce como una ley del silencio, para abordar fenómenos que resultan inexplicables para el modelo. Así entonces esos fenómenos no se analizan.

Voy a poner un ejemplo de fenómenos sociales que por no “encajar” en los modelos teóricos de análisis de la realidad simplemente se soslayan o se les da una lectura que resulta a veces ridículamente falsa o desorientada:

Primer ejemplo: la píldora anticonceptiva. Me atrevo a afirmar, que es el descubrimiento científico, que ha provocado el cambio social más inédito e importante de la historia de la humanidad. Debemos reconocer que la Iglesia Católica identificó cabalmente que este invento era el gatillo que dispararía cambios profundos en la familia y en la sociedad toda; en todas las latitudes y longitudes del planeta. Trató en vano de neutralizar este invento, pero su capacidad de influencia en la sociedad había mermado entonces, arroyada por el progresismo imperante; en la práctica ha agiornado su posición de rechazo y se ha dejado llevar por la marea del cambio social implícito a este descubrimiento.

Las ideologías progresistas, no atinan con este cambio social. La izquierda revolucionaria según la entendió Luis Emilio Recabarren, pretendía proteger a la familia popular nuclear. Pero esta realidad social producida por la píldora se le ha venido encima, y para ponerse a tono ha querido entender en el cambio social que se manifiesta en la disolución del núcleo familiar que conocemos como consecuencia de este invento, una “evolución”. La lectura que el progresismo propone, sobre los cambios de hábitos de la mujer; es que aquello representa un quiebre de estructuras de dominación derivado de la dialéctica que se suscitaba en el hogar. Es este fenómeno u “progreso” de la pretérita supuestamente desmejorada condición de la mujer. Aquello simplemente choca con la realidad, tanto por sus causas como por sus efectos.

Sucede que la mentada liberación no se habría producido en la sociedad si la píldora anticonceptiva no hubiese existido. Y tampoco se ha generado la supuesta mejoría de la condición de la mujer ya que el 80% de la población femenina trabajadora del mundo occidental, se ha visto sometida a nuevas obligaciones cotidianas que antes no tenía, debiendo mantener empero sus antiguas responsabilidades y su calidad de vida objetivamente se ha deteriorado. Antes el hombre era el exclusivo proveedor. Hoy la mujer debe ser proveedora y dueña de casa. El resultado evidente: el núcleo familiar, base de la formación de los niños se ha deteriorado, se encuentra fracturada la familia, cuando no quebrada.

El liberalismo economicista aplaude la integración de la mujer al “mercado” laboral, fenómeno posible gracias a la píldora anticonceptiva. Mientras más manos, más producción y más productividad; más espacio para rentar los negocios. Se aplaude y se promueve la imagen de la mujer “liberada” del hogar. Cuando la evidencia señala que aquello es perfectamente y empíricamente falso: La mujer antes que liberarse del hogar se esclaviza en el trabajo externo al hogar porque debe hacer ambas cosas.

¿Se ha beneficiado o se ha perjudicado la sociedad con la píldora anticonceptiva y con la liberación sexual que ella produjo? La sola pregunta hace surgir voces que lo someten al que la hace al silencio o al abucheo masivo. La píldora y su consecuencia, la liberación sexual, hoy son un tabú. Cuestionar sus consecuencias, un pecado contra el progreso. Las elites intelectuales actúan como si el fenómeno no existiese. Es sorprendentemente estúpida su actitud. La raíz de una cantidad de fenómenos (buenos y malos) de cambio social está en este descubrimiento, y nadie habla de él.

Segundo Ejemplo: El aumento de la productividad económica. Cada vez menos personas y empresas producen más y mejores bienes y servicios. El almacén es reemplazado por el supermercado; la siembra tecnificada con insumos y semillas caras y sofisticadas, arrasa con la producción agrícola de pequeño agricultor; el artesano desaparece bajo la competencia de la mega industria. Nunca antes en el mundo se habían producido tantas proteínas y calorías y de tanta calidad; nunca antes la logística de distribución había sido tan eficiente para poner esos bienes y servicios masivos a disposición de los consumidores; como nunca antes hay a disposición de los consumidores bienes de capital y de consumo, baratos y eficientes. ¿La consecuencia? Muchas. Pero hay una que es hoy considerada una pandemia que hay que combatir: La desigualdad.

Se ha producido en todo el mundo una inédita brecha entre los que tienen más y los que tienen menos. Y digo los que tienen más y los que tienen menos porque hablar de pobreza y riqueza es equivoco. Ello porque son categorías evidentemente relativas. Yo conocí la pobreza en Chile de que hablaba el Padre Hurtado. Según los cánones de entonces hoy nadie es pobre si se compara con el nivel de supervivencia de esos años. Aquí en Chile, en América en el primer segundo y tercer mundo.

Entonces la Iglesia, la izquierda progresista y la derecha economicista hablan y hablan de la desigualdad y de la brecha económica, cada vez más aguda; la critican, se desesperan por ella. Se habla de atacarla a través de medidas absurdas y conocidamente ineficaces. Pero nadie se refiere a sus causas que están ahí; a la vista y paciencia de todos. Todos saludan el aumento de la eficiencia económica-productiva; todos alaban la acumulación de riquezas; pero nadie evalúa sus consecuencias reales sobre el hombre real; el de carne y hueso. Del mismo modo que el fenómeno de la píldora, el aumento cualitativo de la eficiencia económica es tabú.

En el medioevo la vida de un rey no se distinguía grandemente de la de un siervo de la gleba. Hoy el potentado se transporta en helicóptero y el menos dotado en el metro o microbús: Gran brecha social. La codicia desenfrenada que provoca la existencia de las comodidades al servicio de los poderosos ha desencadenado oleadas de corrupción sin precedentes: La nación de la honesty, Estados Unidos fue arrollada (y casi arroyó al mundo) con la llamada eufemísticamente “crisis sub prime” la cadena de corrupción más grande de la historia del país del honestísimo Lincoln. Hoy Brasil y Chile se encuentran vergonzosamente aprisionados por las denuncias de codicia y falta de probidad. Italia, Bélgica, Rusia, China, la India etc., son también presas de la fiebre de, “manotazos a la caja”.

Entonces ¿Cuánto se ha beneficiado o cuanto se ha perjudicado la sociedad con el aumento de la productividad exponencial y sus consecuencias, la riqueza y la brecha entre la condición de los seres humanos más y menos dotados? La pregunta también es tabú

Estos son los “porfiados” hechos que no se ajustan ni son explicados por los “modelos” o “marcos teóricos”. Y cuando los quieren explicar son de una puerilidad absurda que da vergüenza ajena.

Progreso es una palabra talismán. De manera irracional se hace una asociación de ideas radicalmente falsa: Es bueno el progreso (primera premisa falsa) El cambio es progreso (segunda premisa falsa). En consecuencia el cambio es bueno,(conclusión falsa)

Propongo ponderar las novedades del “progreso” poniendo en una balanza sus beneficios y sus costos.


lunes, 26 de enero de 2015

LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN DE MASAS, EL ESTUPOR Y LA ESTUPIDEZ

LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN DE MASAS, EL ESTUPOR Y LA ESTUPIDEZ

La cultura dominante denomina “medios de comunicación de masas”, a la prensa escrita masiva, a la radio, a la televisión y otros medios tecnológicos por los cuales, ordinariamente y con honrosas excepciones, los propietarios y/o controladores de esos medios de comunicación, dan a conocer a los lectores auditores y espectadores, su visión del mundo, y la cronología de los fenómenos que ellos consideran relevantes. Muchos de los conceptos basales asociados a este fenómeno son ambiguos y equívocos. Se habla de la libertad de prensa como un valor absoluto y que beneficia a toda la humanidad por aquello de, “el derecho a estar informado”. Tras ambos conceptos están, por una parte la potestad de los controladores de los medios de prensa de difundir sus propios puntos de vista sobre la realidad y de tal manera influir en la conducta de los receptores, y la defensa de la condición de receptores pasivos de los receptores. Por ello encontramos que la prensa masiva, ordinariamente se encuentra relacionada con los centros de poder; y en una sociedad global como la que nos ha tocado vivir; más comúnmente con los centros de poder mundiales.
Compartimos todos los seres vivos, la potestad de percibir la realidad por los sentidos que el creador nos entregó. En el caso particular del hombre, aparte de las sensaciones y emociones, nos dotó de la inteligencia. Los animalistas nos dirán que la frontera humana-animal es difusa, pero hay evidencias que es el hombre la única criatura capaz de procesar información compleja, a través de la inteligencia.
Ahora bien, esta potestad propia y casi exclusivamente humana, no es automática y tampoco gratuita; exige un esfuerzo para su ejercicio. Ortega y Gasset en su ensayo sobre “Alteración y Ensimismamiento”, explica este proceso: La realidad exterior obliga al hombre salir de si para percibir la realidad. Pero no reacciona como el caballo, el perro o incluso el mono; de manera automática a los estímulos de esa realidad exterior. Tiene la potestad de “ensimismarse” y procesar esa información, y retornar entonces a la realidad exterior con un bagaje de medios que le permite reaccionar de manera propiamente humana. Insisto, sí y solo sí hace el proceso descrito: alterarse por el estímulo exterior, ensimismarse y finalmente reaccionar humanamente. Porque el hombre también puede quedarse en el proceso simplemente animal, de reaccionar puramente en forma emocional e instintivamente al estímulo.
El diccionario define la palabra Estupor, como la disminución de la actividad de las funciones intelectuales, acompañada de cierto aire o aspecto de asombro o indiferencia. La vaca pastando en el cerro escucha zumbar el tábano y no reacciona ni toma en cuenta al insecto; por el contrario, siente el estampido por el cual revienta el volcán Hudson, y sale corriendo despavoridamente abandonándose al sentimiento de pánico. Ambas conductas suponen estupor.
Sostengo que tal como está concebida la relación entre los medios de comunicación de masas y los receptores, su influencia deshumaniza al público receptor de las informaciones e imágenes. Y ello porque lo que ordinariamente pretende la información cotidiana y masiva, más que informar, es impactar emocionalmente al receptor. Lo que pretenden los mass media a través del hilo de la información, es mantener la atención de los receptores en un nivel pre humano, basado puramente en la emocionalidad.
¿Cómo puedo sostener tamaña acusación?; pues simplemente viendo la televisión, escuchando la radio o leyendo las noticias de actualidad del diario.  Lo que hacen los mass media es sostener ininterrumpidamente la excitación emocional de los receptores, fraguando como se puede sostener la atención y el ambiente de irreflexión que ello importa. Más que informar de los fenómenos, lo que nos brinda la cotidianeidad informativa es un show mediático excitante que pretende el estupor de la audiencia.
No hay tiempo para procesar la información; y pareciera que los medios, deliberadamente pretenden que ese procesamiento no se produzca. Interesa más, que el receptor se forme juicio; reacciones con estupor y se impacte emocionalmente. Tan cotidiano es lo anterior que ese proceso muchos receptores lo confunden con informarse.
¿Han reparado que las emisiones de radio van acompañadas de música violenta y frenética generalmente de percusión? ¿Han reparado que las emisiones de tv van acompañadas de un colage de imágenes y opiniones fraccionadas que impiden detenerse y pensar? ¿Han constatado que la prensa que está cuajada de pequeños recuadros donde se ordenan los distintos hechos e información, que por su tamaño y profundidad de su tratamiento, no alcanza para explicar los acontecimientos? Los entrevistadores no preguntan en la búsqueda del discernimiento o de la verdad de lo que ha sucedido, sino respuesta que provoquen impacto. Se mide el éxito del mass media, por la cantidad de receptores y se estima que ello dependerá de cuán rápido y generalizado sea el estupor que las noticias causan. Es lo que se llama el golpe noticioso
Ahora bien: La palabra estupor está relacionada con la palabra estupidez. La segunda es la consecuencia de la primera. La consecuencia del proceder de los mass media, es que el público receptor cada vez reacciona con menos inteligencia y con más estupidez a los acontecimientos colectivos.
El juicio crítico respecto de la posibilidad de veracidad de lo que se nos informa, es cada vez más limitado. Deprimiendo tal juicio crítico,  los mass media van “saltando” de un tema en otro, “informando” de manera sesgada y superficial,  dividiendo a los actores de las noticias entre “buenos” y “malos” tal como si se tratase de una novela moralista, más que acontecimientos de la realidad.
La democracia se suicida si se deja invadir por la mentira, el totalitarismo si se deja invadir por la verdad, sostiene Jean Francois Revel, en su libro El Conocimiento Inútil. Cabe preguntarse si es posible que estemos viviendo en un régimen democrático, cuando la democracia requiere de la verdad, como la navegación requiere del agua.
Yo diría que por el manejo asfixiantemente unívoco que los mass media hacen de la realidad, nuestro modelo real de sociedad más se acerca a lo podríamos llamar totalitarismo. El totalitarismo para ser tal, hoy no necesita de una Gestapo o de una KGB. Basta con el martilleo permanente de las “verdades oficiales” que pregonan los medios de comunicación social, controlados por los verdaderos poderes.
Quedaron atrás por demodé los métodos totalitarios del siglo XX. Hoy está el mecanismo de la mentira en los mass media para consolidar un poder total.





lunes, 15 de diciembre de 2014

LA SOCIEDAD DE BIENESTAR

LA SOCIEDAD DE BIENESTAR

Existe en occidente en general, y en Chile en particular, un gran esfuerzo de las personas ilustradas, y particularmente de quienes pretenden liderazgos, por identificarse como partidarios de tal o cual “modelo de sociedad” y en base a ello tener tal o cual opción política.
En tal afán empero, estamos más o menos condicionados con conceptos radicalmente equívocos, que por tal causa inducen a confusión; lo cual a su vez tiene por consecuencia la confusión en las identidades de las preferencias políticas y finalmente, de las pretensiones sobre qué hacer con la sociedad; esto es, hacia donde conducir a la comunidad de seres humanos que la conformamos. Adicionalmente este fenómeno confunde y diluye la identidad del aliado y del contendor, en la política partidaria.

Uno de tantos conceptos equívocos, y al que me referiré en estos párrafos, es el de “Sociedad de Bienestar”. El discurso político de quienes propician explícitamente la sociedad de bienestar, pretende seducir a los auditores, ofreciéndoles la seguridad de una sociedad que mitigue o suprima la angustia que produce la inseguridad económica o física hacia el futuro. Se identifica ordinariamente la sociedad de bienestar con el socialismo, especialmente de vertiente democrática, que aboga por un Estado protector, regulador e igualitario. Se crean conceptos de “derechos sociales” y se le asigna al Estado la condición de garante de los así llamados. Opción política partidaria que normalmente denominamos como “izquierda o centro izquierda”. Por su parte, la denominada “derecha o centro derecha”, aboga por un Estado jurídicamente más reducido, por mayor impulso a la iniciativa privada y de libertad personal en lo económico, y propicia esa iniciativa y libertad económica, como motor impulsor del crecimiento de la riqueza y la prosperidad. Sin embargo, un análisis más agudo nos revela que la derecha resulta ser en definitiva y con muy pequeños matices diferenciadores de la izquierda, más de lo mismo. Y ello porque implícitamente también es partidaria de un Estado de Bienestar, por cuanto el objetivo explícito de sus políticas, es conducir a la sociedad a un estado de mayor bienestar económico. Entonces pues, con distintos métodos, la derecha reconoce el mismo objetivo que la izquierda, y los matices están en quien es el garante de dicho objetivo; si el Estado, o el individuo.

Agravando el equívoco, muchos de los opinantes que pretenden liderazgo confunden este  valor de seguridad a futuro, como libertad. Pomposamente se habla de “mayores espacios de libertad” en base al aseguramiento del futuro; o de la “liberación” de las cadenas del trabajador, en razón de asegurarle a ese trabajador el bienestar futuro. La llamada derecha propicia la “libertad” económica, pero ella exclusivamente referida a la seguridad económica como objetivo. Así, la acumulación de riqueza y de ahorro, sería un quehacer “liberador” porque “aseguraría” el futuro. Más paradójico aun es que los estamentos religiosos a través de la llamada “Doctrina Social de la Iglesia” abogan por la “liberación” de los oprimidos, en base a que el Estado o sus empleadores, le “aseguren” el bienestar económico. Desde luego resulta antitética esta opinión de la Santa Madre Iglesia, por su condición de vicaria de Cristo en la tierra, ya que elude implícitamente el mandato evangélico de; “sed como los lirios del campo que no hilan ni tejen”; o de aquella parábola del maestro que le enrostra al que había acumulado trigo en sus graneros su necedad de creerse asegurado, cuando moriría al día siguiente.

A mi juicio, la fuente de esta confusión se encuentra en dos causas:

1.       La palabra “bienestar” es equívoca; es decir, no refleja, como pretender sus defensores, un estado deseado real y efectivo ni para la sociedad en general, ni para vida personal de las personas.

2.       Los valores de libertad y seguridad son antitéticos; es decir, se restan uno a otro. Son inversamente proporcionales. A mayor libertad, menor seguridad y viceversa, a mayor seguridad menor libertad

Lo que señalaré probablemente genere resistencia intelectual de tirios y troyanos, dado que la vida moderna se sustenta en gran parte sobre esta radical contradicción que paradojalmente representa un consenso casi universal; al menos en nuestra cultura occidental.

La palabra bienestar, léxico compuesto de dos palabras -bien y estar-, da cuenta de una condición estática de la vida humana; de un estado finalista al cual se llega, se arriba. Algo así como un puerto de arribada en el devenir de la vida, del cual no habrá que desplazarse más. Pero la realidad cotidiana nos señala que la vida es un devenir; devenir que arranca al nacer y solo concluye con la muerte. En términos estrictamente lógicos el bienestar o el malestar no existen. La vida humana solo se “conduce” cuando el individuo gobierna su destino o simplemente, “deriva” cuando el individuo no la conduce. Esto desde el nacimiento hasta la muerte. En consecuencia el estado deseado de bienestar que “ofertan” los liderazgos políticos o religiosos, en términos estrictamente lógicos propiamente, no existe. El estado deseado solo puede ser un bien-conducirse en el camino de la vida o bien derivar hacia el bien personal o social. Aunque queramos detenernos en la vida, aquello es imposible.

Nuestra cultura occidental, si bien hoy laica y separada de la autoridad religiosa, se funda en las prescripciones y creencias cristianas fundadas en los evangelios. Me causa perplejidad que esta misma cultura occidental que se dice cristiana o de base cristiana, viva cotidianamente esta falacia al concebir la vida humana en términos estáticos y soslaye la evidente e irrefutable condición dinámica de la vida humana. Y hago referencia al origen cristiano de nuestra cultura para expresar mi perplejidad por cuanto, es en los evangelios donde Jesucristo reiteradamente se expresa tratando de sacar a sus auditores del error de creerse dueños de su presente. Si pudiésemos hacer un ranking de importancia a las diferentes prescripciones evangélicas, diría yo que en el tercer lugar – después del amor a Dios y del amor al prójimo - está el de conducirse diariamente sin apego al presente. Y ello porque la existencia del presente es en sí una falacia. La oración que el maestro nos sugiere rezar señala, “danos hoy el pan de cada día”. Pero nuestra cultura se conduce pretendiendo cotidianamente asegurar el pan para varias generaciones.

Y la reflexión anterior no es una elucubración inútil al tema del título de este artículo. Dicha reflexión tiene gran relevancia para identificar la fuente de las confusiones en las identidades políticas y religiosas que vivimos hoy en occidente y en particular en nuestro país. Esta reflexión es la que devela la radical tensión y contradicción entre los valores de la libertad y de la seguridad.

Aldous Huxley en su novela El Mundo Feliz, da cuenta de una sociedad ficticia que ha suprimido por completo el riesgo. El reino de la seguridad total. La atmosfera de la sociedad que describe en su novela es asfixiante, precisamente porque lo suprimido en ellas es la libertad. No obstante ser una caricatura refleja la radical tensión entre dichos valores. Las caricaturas son una exageración de la verdad. Lo que Huxley, con sentido del humor nos advierte, es el precio que la humanidad pagará por un estado de bienestar que él avizora como posible.

Es evidente que los adelantos de la tecnología han cambiado la vida cotidiana del hombre moderno. Vencemos diariamente el espacio y el tiempo; el entorno fácilmente nos provee de abrigo, de alimentación, de cuidados a la salud, de asepsia, de seguridades físicas; que sin lugar a dudas nuestros abuelos no tuvieron y que nuestro tátara abuelos ni se soñaron. Además la sociedad se ha ordenado casi universalmente al dinero como medio de intercambio global de los bienes materiales; de manera que las facilidades para acumular esfuerzo a través del ahorro, para optar por un préstamo financiero o una línea de crédito, que no existían ni remotamente hace tres generaciones; son  hoy accesibles a un porcentaje muy importante de la humanidad. Todas estas comodidades y protecciones inducen al espíritu humano a sentirse protegidos cotidianamente y han generado una atmósfera a nivel global, como el de un enorme fanal o incubadora protectora.

Son tantos y tan relevantes los medios que nos proveen seguridad en la modernidad que nos ha tocado vivir, que el valor de la seguridad ha ido arrinconando al valor de la libertad en el espíritu del hombre contemporáneo. Y el precio sicológico y material, que se debe pagar por optar por la libertad, es más alto que antaño.

La enseña que ostentaba el escudo de armas del fundador de la nacionalidad don Pedro de Valdivia, rezaba La Muerte Menos Temida, Da Más Vida. Por la forma en que se condujo en su vida, parece que creía efectivamente en lo que decía su enseña. El descubridor de Chile, don Diego de Almagro, el día que decidió encarar la conquista de Chile, era uno de los hombres más adinerados del mundo. Invirtió en la empresa de conquista un porcentaje muy importante de su fortuna. No poseía ninguna certeza sobre el éxito de la misma y como se sabe no le fue bien. Nuestro padre de la patria don Bernardo O´Higgins, luego de mucho esforzarse para conseguirlo, se había constituido en heredero de su acaudalado padre. Era pues un hacendado rico y próspero después de vivir humillaciones sociales y graves necesidades económicas. Le pareció sin embargo que la independencia política de su patria era por lo que debía luchar, y no dudó en invertir todo lo que tenía en ese afán, que como se sabe, lo arruinó económicamente.

Menciono esos tres testimonios de vida de tres fundadores de la nacionalidad, para ilustrar no solo el heroísmo personal, sino también las opciones y prioridades de aquellos notables. Y para recordar que Chile existe, gracias a la audacia de quienes no planearon su empresa luego de un “estudio de factibilidad”.

Hay una percepción de que la vida moderna, que nos protege con sus adelantos, nos ha llevado a un estado demasiado extremo de falta de vitalidad de espíritu. A esa debilidad nos induce la seguridad del dinero y de las cosas que con ello se adquieren. Siendo el bienestar una ilusión más o menos vana, se genera en los espíritus más perceptivos, la sensación de tedio vital que hace anhelar una libertad que no se encuentra en la seguridad de los medios de la modernidad.

Tengo la percepción que parte importante del desinterés de las personas en la política y en la religión, se debe a que en la actualidad, los líderes respectivos, solo enfocan su liderazgo a brindar seguridades a los gobernados o fieles. El riesgo, la precariedad de la vida, la inminencia e inevitabilidad de la muerte, son tabúes en nuestra cultura moderna.

Ese desequilibrio empobrece el espacio público de la política y de la religión; incluso a veces lo envilece. Lo que se dice en el foro político y en el púlpito religioso, se perciben como infantilismos bobos que no se relacionan con la vida real. Además por su falta de horizontes, los temas ventilados por los liderazgos empobrecen la autoidentidad de los individuos. Se proyecta por parte de los liderazgos, una realidad sesgada y carente de aquel elemento propiamente humano: La libertad.

El modelo de sociedad que ofrecen entonces los liderazgos, se encuentra en una crisis de credibilidad. Se encuentra quebrada la confianza en el discurso del progreso infinito, y del futuro bienestar. El tedio vital gira sobre la vida de la modernidad como ave carroñera a la espera del primer atisbo de descomposición en el funcionamiento de esta enorme incubadora que es la sociedad moderna para sus habitantes.


Diciembre 2014

viernes, 21 de noviembre de 2014

DEMOCRACIA, CIUDADANIA, VOLUNTARIEDAD DEL VOTO

DEMOCRACIA, CIUDADANIA, VOLUNTARIEDAD DEL VOTO Y
JUICIO CRÍTICO DE LA REALIDAD

El populismo y los sistemas cesaristas envueltos en paquetes de democracia formal electoral, se han ido generalizando y se irán propagando por todo el mundo en las décadas próximas. En la práctica este fenómeno representa el gradual empobrecimiento de la soberanía popular. Y no solo en naciones con carencias materiales se dará este fenómeno. Desde el episodio de las torres gemelas en Nueva York, asistimos a la entronización del cesarismo de hecho en los llamados países del primer mundo.

Las irrefrenables olas de migración de carenciados desde países pobres hacia naciones opulentas, hará más “parejo” el mundo. Carenciados y opulentos vivirán bajo un mismo techo en una relación que tiene muy poco que ver con el mundo de clases sociales de proletarios y burgueses que intuyo Carlos Marx en el siglo XIX. Las sociedades se harán progresivamente más desiguales. No obstante que la bandera de la igualdad pretende sintetizar de manera fácil e intuitiva el fenómeno, la superficialidad de sus conceptos y la vocación populista de los soldados contra la desigualdad aseguran que este fenómeno se seguirá agudizando y las políticas contra su propagación necesariamente convergerán hacia su completo fracaso.

Las causas de este fenómeno son naturalmente complejas y múltiples. Pero básicamente se podrían sintetizar en dos tendencias: El facilismo de la vida cotidiana y la complejidad de la sociedad moderna.

Por facilismo me refiero a que, sin gran esfuerzo personal, el hombre contemporáneo es capaz de sobrevivir donde el habitante de siglos pretéritos desaparecía aplastado por las carencias. El alimento, el acceso a la salud, el vestirse, el desplazarse; exigían al habitante del siglo XVIII grandes sacrificios y esfuerzos. Hoy están a la mano.

El contrapunto de lo anterior es que la sociedad se ha tornado mucho más compleja. Sus equilibrios más precarios; y la posibilidad de los individuos de salirse de la red de interdependencia, se ha tornado progresivamente más difícil. Vivimos con mayor comodidad que antaño, pero en cierto sentido como los peces en una red de arrastre de esos barcos de pesca industrial. La energía, la producción masiva de alimentos, las megalópolis, las redes portuarias, el calentamiento global. Todos son fenómenos colosales que requieren de control cesariano para su funcionamiento.

En esta circunstancia los espacios de la libertad personal y de la soberanía popular se reducen. La democracia se reduce a elegir a quienes no queremos elegir, porque son delegados de maquinarias de poder que superan y soslayan la voluntad de los individuos.  Los llamados movimientos sociales “espontáneos”, son también la mayoría de las veces creaciones de las máquinas de movilización de opinión.

¿Qué hacer para revertir esta tendencia? Propongo algunas ideas enfocados a refinar los conceptos de ciudadanía para revertir o mitigar el fenómeno del empobrecimiento de la soberanía popular. Por otra parte, se trata de sincerar en la sociedad a las personas que tiene vocación de gobernar sus vidas de aquellas que simplemente quieren pasar por la vida guiados por los demás. De hecho resulta injusto que tengan idéntica potestad quien no se interesa en gobernar y gobernarse, que el que si lo tiene. Todos deben tener igual derecho a participar, Pero solo los que optan por hacerlo deben tener la potestad.

El pensamiento, la voluntad y el juicio son las tres actividades mentales básicas[1]. A mi entender las dos segundas son consecuencia de la primera si y solo si, la intención del ser pensante es el conocer genuinamente la realidad. Por ello incluyo en el título de la presente reflexión, el juicio crítico de la realidad.
Me refiero a “crítica” como la actividad de análisis radical de un problema que impone la existencia. No me refiero al uso vulgar del vocablo, cual es, actividad dialéctica orientada a la refutación.

Me refiero a “juicio” tanto como como el acto de distinguir y por lo tanto, también opinión, pensamiento, valoración o ponderación entre ideas opuestas; como la facultad que hace posible ese acto.

Democracia, es un sistema de gobierno de una colectividad, que se define como el gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo.

Por “pueblo” debemos entender a los “ciudadanos” definidos por la constitución, quienes se representarán personalmente y sin derecho a las reglas de la representación estipuladas por el Código Civil.

Ahora bien, la circunstancia que la democracia sea el gobierno “por” el pueblo, impone la necesidad que ese pueblo quiera y pueda gobernarse. Si no es así, la democracia como sistema de gobierno, no pasa de ser una parodia donde los poderosos manipulan a las personas como números, simplemente para imponer su voluntad propia.

Ejemplo vívido de democracias semánticas, son, no solo las repúblicas “democráticas” de tinte totalitario, tales como la fenecida Alemania Oriental y la aun sobreviviente República democrática de Corea del norte; también esta parodia se hace presente en los regímenes populistas de cualquier sesgo, o regímenes sostenidos en el culto a la personalidad. Parodias de elecciones de voto popular se efectúan con el solo objeto de consolidar máquinas de poder que tienen fines totalmente paralelos y a veces reñidos con la genuina voluntad popular.

El remedio a esta situación es posible y supone una colosal revolución de las conciencias en la búsqueda de un mejor gobierno. ¿Parecen muy desapegadas de la realidad contingente estas reflexiones? En absoluto. Tienen una relevancia cotidiana y esbozo cursos de acción que podrían hacer operativas estas ideas. La refutación escéptica dirá que la democracia genuina nunca podrá hacerse realidad porque las personas se conducen ordinariamente de modo inconsciente y que, particularmente en Chile casi nadie tiene cultura y menos cultura cívica.

Se ha desarrollado en Chile debate sobre el voto voluntario o del voto obligatorio. También se ha planteado la necesidad del financiamiento público de campañas políticas y de partidos políticos. Todos estos temas se relacionan con este tópico cual es la radicación efectiva de la soberanía en las personas.

Querer gobernar los elementos y la propia existencia, es una condición volitiva de la esencia de la condición de ciudadano. No es una cuestión baladí o abstracta. Es relevante para la calidad del resultado del ejercicio democrático. 

Para explicarme hago una analogía:

Una de las cargas públicas que define la constitución, es que los mayores de 18 años formen parte de la reserva militar de la Nación. La cuestión es un poco “demodé” en un mundo de ejércitos con mecanismos operacionales más tecnológicos que de tropa, y deviene de un atavismo de siglos anteriores en que los ejércitos defensivos u ofensivos, requerían de gran cantidad de hombres adultos en estado de portar armas, para el logro de sus fines propios. La condición de “reservistas” de las fuerzas armadas se consuma, luego de la instrucción militar, a través del juramento a la bandera, por el cual el reservista pasa a ser parte de las fuerzas armadas en dicha condición. El juramento a la bandera es la asunción de un compromiso personal con la defensa física de la Nación.

Pues bien, siguiendo el ejemplo de dicha carga pública, propongo que la condición de ciudadano se adquiera luego de un juramento o promesa de compromiso al ejercicio de ciudadanía. La asunción de la condición de ciudadano debiera ser estrictamente voluntaria, pero una vez ejercida la opción, y materializado el compromiso de ejercicio de la soberanía, deberá imponerse a los ciudadanos, la estricta obligación de participar en las cargas públicas que impone la democracia.

Pero señalábamos que para participar en el gobierno por el pueblo, además de querer gobernar, hay que poder gobernar. Aquello supone una condición potestativa mínima.

Volviendo a la analogía de la carga pública de la reserva militar, el reservista antes de prestar juramento a la bandera requiere adquirir una destreza mínima en el arte de la guerra que en ese caso se adquiere por la instrucción militar.

Otro ejemplo: para conducir un vehículo motorizado en la vía pública, se debe obtener una licencia. Esa licencia se obtiene luego de un examen de idoneidad de conocimientos mínimos. La exigencia es severa pero justificada por cuanto el conductor de un vehículo pone en riesgo la seguridad de los que transitan en la vía pública.

En el caso de la ciudadanía, no se trata de que el ciudadano sea un Tallyerand o un Kissinger en la comprensión del arte del gobierno del Estado. Se refiere a la condición potestativa derivada de la condición volitiva de querer formarse un juicio de la realidad en base al análisis crítico de la misma. En otras palabras, el ciudadano debe ser una persona que está dispuesta a reflexionar sobre los problemas en base a la realidad, y de esta manera desterrar el hábito perverso que existe en la democracia moderna, en que las personas son “concientizadas” al estilo orweliano en base a la propaganda enajenante. Más específicamente, se trata de desterrar la democracia ofrecida como pasta dentífrica como sucede cotidianamente hoy.

¿Cómo hacer realidad lo anterior?: Para poder gobernar se necesitan por un lado, conocimientos básicos, sobre lo que es la constitución, los derechos y deberes fundamentales, las instituciones básicas de la República y sus fines propios. Para adquirir la condición de ciudadano, se debería imponer la exigencia de rendir un examen de idoneidad básico sobre lo que es Chile, lo que es su sistema de gobierno y respecto cuales son las instituciones que la rigen. Para ejercer la condición de ciudadano el interesado debería contraer un compromiso formal, de formarse juicios como fruto de un juicio crítico de la realidad, y evitar los prejuicios formados y deformados por la propaganda enajenante.

Lo anterior permitiría desterrar la democracia de “las figuras” o en base al people meter y recomponer la democracia de los liderazgos reales. Una condición “activa” y no pasiva de los ciudadanos desterraría los caciques y los liderazgos irracionales.

Adicionalmente, y relacionado con el reciente debate del derecho a voto de los expatriados, estimo que la tercera condición de la ciudadanía debería ser en términos muy amplios, pagar impuestos de cualquier tipo en un período de tiempo reciente. Cualquiera que fuere incluso el impuesto al valor agregado (tributo que afecta a cualquier consumidor en el territorio nacional. Incluso sin obligación de declarar anual o mensualmente ante la autoridad impositiva. Por el solo hecho de pagarlo. Quien no concurre en el esfuerzo de recaudación fiscal, no le afecta el destino de la República. Es absurdo tener un derecho sobre determinar el destino de la República, sin que ello afecte en absoluto.

Noviembre 2014



[1] Hanna Arendt “La Vida del Espíritu”

miércoles, 12 de noviembre de 2014

¿PARA QUE EXISTEN LOS LIDERAZGOS?

FUTURO, CONFIANZA Y LIDERAZGO

La mente y el espíritu humano están condicionados por el tiempo. Nuestra condición humana nos impone ser conscientes de la existencia del tiempo sin haber experimentado el futuro. Desde el día que nacemos, derivamos por el tiempo hasta el día de nuestra muerte. Sabemos o tenemos impresiones de lo que nos ha sucedido en el pasado; pero no podemos tener certezas absolutas sobre el futuro. Nuestro radar espiritual y mental, da por sentado que el futuro existe; entonces aspiramos a estar presentes y conscientes cuando dicho futuro llegue, y aspiramos a disfrutarlo y no sufrirlo.

Las opciones son tres, y dos de ellas nos angustian: O creemos que el futuro nos depara algo bueno, o creemos que el futuro nos depara algo malo o no sabemos ni creemos nada concreto sobre lo que nos depara ese futuro. Tanto la certeza del mal futuro, como la incerteza absoluta sobre el mañana, generan angustia en cualquier humano medianamente consciente de sí mismo. Y como consecuencia de esa angustia,  fluye el sufrimiento. Si bien es posible adormecer esa angustia por los placeres mundanos, con las vanidades humanas, con “los cuentos” que nos contamos de nosotros mismos; esa incerteza, como un cáncer espiritual, soterradamente va carcomiendo por debajo nuestro espíritu, y nos deteriora con neurosis más o menos manifiestas.

La fe cristiana y el budismo, conforme sus dictados, pretenden suprimir esta incerteza del futuro, pero como dijo el buen Jesús, si tuviéramos una fe, tan pequeña como una semilla de mostaza, podríamos decirle a un árbol frondoso: arráncate de raíz y plántate en el mar, y nos obedecería. Lamentablemente no conozco a nadie que haya logrado esa proeza.

En este contexto cabe preguntarnos ¿para qué existen los liderazgos sociales, políticos, religiosos, sindicales, gremiales y de todo tipo? ¿Cuál es su razón de ser?; ¿Acaso para satisfacernos gratuitamente una necesidad actual o futura?; ¿Acaso para asegurarnos la entrada al paraíso después de nuestra muerte? ¿Quizá para asegurarnos que tendremos trabajo remunerado en el futuro?; ¿Acaso para asegurarnos buenos momentos y situaciones, independientes de nuestra conducta? La respuesta que yo me doy a esta pregunta es harto más modesta: Los liderazgos existen para brindarnos las certezas en el futuro, que nosotros mismos no somos capaces de darnos.

Entonces pues, la relación nuestra con el liderazgo es una relación de confianza. Les creemos a los líderes en cuanto a tales. Y los creemos capaces de brindarnos mayores certezas a nuestras existencias, con relación al futuro.

A propósito del estado actual de los liderazgos (religiosos, políticos, empresariales, sindicales), queda en evidencia que algo muy nocivo está pasando en la realidad nacional. Se percibe una desconfianza multilateral, de todos hacia todos, especialmente a los liderazgos y en especial hacia los líderes políticos en carrera electoral. Los medios masivos de comunicación social, por regla casi general, buscan enervar esas desconfianzas e incluso crearlas cuando no existen. La desconfianza pasa a ser la regla. Todos los líderes sociales son objetos de implacables escrutinios e implacables críticas. A esa conducta muchas veces desordenada y sin fundamento legítimo, se le ha bautizado como empoderamiento social, y casi todos dicen celebrarlo, como si fuese algo muy positivo y “evolucionado”.

Desde el lado de quienes pretenden liderazgos sin tener méritos para ello, se estimulan a tambor batiente desconfianzas en fulano o en zutano, en tal o cual grupo o referente social. Su premisa parece ser pisar espaldas para saltar al estrellato. En una ciudadanía receptiva a la mirada hostil, el suelo es fértil para esta semilla de maldad. Se pregona que todo lo que se ha hecho está mal y hay que cambiarlo. El cambio y la demolición del presente es la llave para un futuro esplendor. Por ejemplo, hubo una candidata presidencial “testimonial” (como hoy se le llama a quienes no tienen ningún liderazgo real), que si creyera ciertas la mitad de las cosas negativas que pregonaba, desde luego ya se habría suicidado. El discurso deprimente es la fórmula para conquistar voluntades deprimidas.

Es interesante relacionar este fenómeno de desconfianza, con la conciencia de la incerteza humana respecto del futuro, referida en estos primeros párrafos. Leí por ahí un pensador del siglo pasado decía; en el siglo XVIII se creía en Dios; en el siglo XIX se creía en la razón. En el siglo XX no se cree en nada. Algo de eso hay en el fenómeno descrito.

Decíamos que los liderazgos existen para brindarnos las certezas en el futuro, que no somos capaces de darnos por nosotros mismos. Y en la última parte de esa frase está la clave. La gran parte de las certezas que uno requiere en la vida para poder seguir viviendo con un mínimo de sanidad espiritual y mental, se los tiene que brindar uno mismo. Y es ahí, creo yo, donde está la explicación de la disconformidad casi generalizada de los ciudadanos, feligreses, y miembros de entes colectivos, con sus respectivos líderes. Les piden a los liderazgos un volumen de certezas imposibles de obtenerlas externamente. Certezas que los mismos individuos tienen la obligación de darse a sí mismos. Al ser imposible para los liderazgos brindar esas certezas, entonces sobreviene la rebelión.

La modernidad cuajada de “indignados” y “empoderados”, como el escorpión se ataca asímisma con su aguijón de ponzoñosas frustraciones. ¿El remedio? Definitivamente no está en dañar y reñir lo que en el mundo genuinamente funciona. El remedio está en volver sobre sí mismos, en un esfuerzo de comprensión de los por qué de las existencias y expectativas personales; aventurarse en los cursos de acción para conseguirlas. Nadie puede salvarse desde la inconsciencia. Una sociedad de inconscientes, es una sociedad de esclavos. Y en esto nada tiene que ver la riqueza. Conozco esclavos ricos.

Esta “american way of life” en la que se ordena la vida moderna me parece que nos ha alejado las viejas relaciones de vecindad, de familia, de matrimonio, de pareja, donde cada uno crece a partir del otro pero no a costa del otro; No le pidamos a los líderes lo que los líderes no nos pueden otorgar, y quienes aspiren al liderazgo no ofrezcan lo que son incapaces de entregar. El bienestar personal no lo entrega el Gobierno, la Iglesia o el Estado; se lo labra cada uno.

EMOCION Y RAZONAMIENTO

LIDERAZGO POLITICO; EMOCION Y RAZONAMIENTO

La democracia doctrinariamente es el gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo.  En consecuencia y en teoría, quien postula a un cargo debe poner a disposición del pueblo (los que votan) las disyuntivas que existen respecto del futuro, y proponer cursos de acción para enfrentar esas disyuntivas.

La razón es el medio más sofisticado que las personas individual y colectivamente tienen para escoger correctamente. La emoción también es un medio para decidir; pero gobernarse y resolver disyuntivas a través de la emoción, por regla casi general, nos lleva a soluciones menos eficaces.

Diremos algo que por sabido se calla y por callado se olvida. La democracia falla crónicamente, por cuanto la percepción generalizada de las audiencias masivas surge de la emoción o del acto reflejo más que de la razón, porque el proceso de la comunicación social (o masiva), a diferencia de cómo la asume la mayoría de las personas, implica en éste los conceptos de ética (verdad) y epistemología (conocer). Pero como decía Winston Churchill “La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre, con excepción de todos los demás”.

Se ha popularizado en la industria, en la agricultura y las relaciones laborales en general, el concepto de “las buenas prácticas”. Son indicaciones o pautas de conducta que van más allá de lo legal imperativo, pero que se consideran buenas porque ponen de manifiesto lo importante que es en esas áreas del desarrollo social, la empatía. Esto es; ponerse en el lugar del vecino al resolver como se encara una conducta propia.

De esta manera pudiéramos describir “las buenas prácticas” en la competición democrática enumerando un código de conductas que pudieran estimarse condiciones éticas mínimas que un “buen” líder político debería aplicar al exponerse a la mayormente razonable decisión de los electores. Buenas prácticas que obligan éticamente al candidato a invitar a las audiencias masivas, más a la reflexión que a la emoción:

1.    Formular cuales son las disyuntivas de gobierno de la Nación. Todos los matemáticos dicen que la parte más complicada de un problema matemático, es formularlo. Resolverlo cuando está bien formulado es cuestión de tiempo. En política pareciera ser igual.

2.   Tener una opción y decisión clara sobre esas disyuntivas de gobierno. Desterrar aquellas frases tales como “si bien es cierto, no es menos cierto”. Si se toma la decisión de postular a un cargo existe la obligación ética de saber que voy a hacer en el cargo.

3.   Decir clara y taxativamente lo que se piensa sobre los tópicos de gobierno, en especial aquellos en que existe una disyuntiva actual o futura. No eludir el bulto de las decisiones dolorosas. Las naciones son igual que las personas. A nadie le gusta privarse de las comidas y bebidas que nos agradan para bajar de peso. Pero cuando bajar de peso es un imperativo de salud, se debe abordar esa acción desagradable. Propiciar la subida de la tasa de interés cuando medio mundo está endeudado, no resulta agradable. Pero si es lo conveniente al bien común, hay que decirlo clara y taxativamente.

4.     Dar razón de lo que se piensa y de lo que se quiere respecto del Chile actual y futuro. Aquí está lo que comúnmente se llama ideales o deber ser del hombre y de la comunidad que conforma la Nación. Nadie puede pretender gobernar si no tiene en su mente un ideal o un óptimo.

5.    No evitar ni eludir la contienda de las ideas con los contendores. Aquella conducta es cobardía moral. Nadie que manifieste cobardía moral debería gobernar.

6.       Evitar las convocatorias puramente basadas en la emoción de los electores. Es esto a mi juicio lo que tiene corrompida la democracia chilena: las figuras, más que las personas. Hay un candidato que tiene un montaje cinematográfico sobre su persona. A mí me parece que aquello es coger una picota y demoler las bases del sistema democrático. La democracia es efectiva y justa, cuando los delegados del pueblo lo son en cuanto tales y no son meramente imágenes, contenedores emocionales de pasiones del pueblo.

Ojalá los lideres políticos a la hora de sostener su liderazgo y los ciudadanos a la hora de votar o adherir a los líderes, tuviesen presente aquello. Ojalá los partidos políticos honran sus idearios a la hora de formular soluciones a los problemas de la Nación y de la Región. Ojalá los líderes honraran su pertenencia a los partidos políticos e ideales que dicen representar.
La democracia de los maniquíes, y de las figuras, es un sistema de gobierno débil y precario. La democracia de los delegados del pueblo que formulan, optan, expresan y dan razón de los tópicos de gobierno, es un sistema de gobierno que perdurará y que no degenerará en populismos y tiranías.