viernes, 12 de febrero de 2021

DESINTEGRACION IDEOLOGICA, FILANTROPIA, PODER Y CORONAVIRUS

 


José Ortega y Gasset en su obra Ideas y Creencias expresa grosso modo, que nuestras ideas y nuestra representación del mundo, que es su consecuencia, se sustentan en una creencia, de lo que es el mundo en sí. Para ilustrar esta tesis nos ofrece el ejemplo de quien abre la puerta de su casa con la plena convicción que al otro lado de ella está la calle, las veredas las plazas los edificios; en dos palabras, el mundo. Y, por el contrario, tenemos la certeza que al abrir esa puerta no nos encontraremos con un abismo o la nada.  No es que pensemos o tengamos la idea que el mundo está al otro lado de la puerta. Nuestra convicción nace de una creencia.

Para convencer al lector que esta tesis no es una galimatía o un juego de palabras, Ortega nos ofrece el ejemplo de lo que ha sucedido históricamente en nuestra cultura occidental en los últimos mil quinientos años, en que dos creencias sucesivas y en buena parte antagónicas, la han acompañado.

La primera, el credo cristiano con su fe en un Dios uno y trino, y su visión salvífica del alma humana con un destino trascendental. El hombre occidental que vive desde el año 400 hasta Galileo y Newton (1564 nació el primero y 1727 murió el segundo), lo hace bajo una convicción absoluta que le ayuda a construir un mundo sólido y unitario, que reúne a las voluntades humanas y le permite al observador descansar en la convicción que su prójimo se desplaza, en el tiempo-espacio de la vida, por un camino idéntico al que lo hace él mismo. Santo Tomás ordena estas creencias en una filosofía totalizadora que da respuesta plena a toda la fenomenología conocida hasta entonces.

Inmanuel Kant (1724-1806) amparado explícitamente en las ideas de la física de Newton, con germano rigor, funda y ordena las ideas de la ilustración que ya habían perfilado sus predecesores Descartes y Hume. Estas representan al racionalismo que es, como devela Ortega, mucho más que un cuerpo de ideas. Explicita una creencia; desde luego distinta a la anterior. La convicción que el mundo se desplaza infinitamente en el tiempo y en el espacio, racionalmente, en base a causas y efectos, explicables por las sólidas y aparentemente definitivas leyes físicas de Newton. Este mundo sólido se ampara en leyes, que el hombre a través de su razón, como expresa Descartes, le permitirán hilvanar causas con efectos hasta obtener la maravillosa conquista del conocimiento total del mundo. El racionalismo triza la creencia cristiana que le precede, y comienza a edificar un mundo que nos acompañó hasta Albert Einstein (1879-1955), Edwin Hubble ( 1889-1953) y Max Planck (1858-1947). El hombre, su mente, su espíritu; se regiría, según esta creencia, por las mismas leyes de Newton desarrolladas y ordenadas en la fenomenología humana individual y social.

Pertenecientes a la misma generación de Ortega, Einstein con su teoría de la relatividad especial, Plank con su descubrimiento que fundaría la Física Cuántica, y Hubble con la confirmación que nuestra galaxia era una mínima porción del universo; han trizado de una manera irremediable y definitiva la creencia racional. Tempranamente Ortega intuye éste colosal descarrilamiento del tren de la humanidad occidental, que discurría suavemente por los rieles del racionalismo, y que sostenía la convicción en el orden y progreso[1]. La física de Newton ya no es capaz de explicar fenómenos empíricamente comprobados y eso ha tenido y tendrá consecuencias relevantes en las ideas filosóficas que sostienen nuestra representación del mundo.

Pero el mundo no es un cine rotativo de barrio donde se proyectaban sucesivamente películas de distinto género. En esos cines se cerraba la cortina de una historia de cow boys y luego de un breve intermedio se daba inicio a la otra romántica. El mundo es infinitamente más complejo. El racionalismo no desplazó de la noche a la mañana la creencia cristiana en un Dios uno y trino, y el cristianismo no desplazó de un día para otro, al desvencijado mundo de la Pax Romana que le precedió. Son largos y a veces dolorosos procesos. La creencia desplazada tiene sus defensores y se resiste a morir y crea trincheras de resistencia. La historia del hombre no es precisamente pacífica. El hombre al decir de Ortega pertenece al género de las fieras, y tiene la tendencia a defender sus creencias de una forma bestial.

Este fenómeno de trincheras de las creencias desplazadas, empieza a manifestarse en nuestro mundo contemporáneo. Al mismo tiempo este desfonde de creencias genera inestabilidades que se extienden por muchos años. Tiempos recios que contrastan con aquellos dulces períodos de consensos universales.

Siguiendo la tendencia del racionalismo de reducir ideológicamente los fenómenos del mundo a leyes particulares, Carlos Marx, economista y filósofo, escribió a fines del siglo diecinueve, una colosal obra que pretendió sintetizar el devenir de las sociedades humanas a leyes que, el creyó, las definitivas. Su maestro Hegel había estimado lo mismo respecto de su obra también colosal.

Las utopías marxianas[2] probaron ser un completo, absoluto y definitivo desastre. El mundo no funcionaba como Carlitos decía; el valor del trabajo no era lo que él consideró, la utopía no existía, el orden total impuesto no cambió las expectativas ni las conciencias de quienes eran sometidos a este paraíso soñado por Marx. El resultado de la praxis marxista fue, pobreza, violencia, guerra, muerte y ningún fruto positivo para la historia de la humanidad, surgió de esos malhadados ordenes sociales[3].

Paradójicamente, el final de esta tragedia wagneriana del comunismo (o socialismos reales como elegantemente se les bautizó), sucedía en los mismos años en que físicos, astrónomos, químicos y biólogos empezaban a comprobar la validez de las teorías de Einstein y Plank, y la expansión exponencial de nuestros conocimientos del universo sideral derivadas de las evidencias acreditadas por Hubble. En cada uno de esos campos, descubrimientos colosales afectaron radicalmente nuestra representación del mundo. Algo pues olía mal en esta Dinamarca utópica del racionalismo filosófico. Las teorías perfectas, los modelos, las utopías; todas fracasaban y no cumplían sus pronósticos. Y para peor, la base de sustento del racionalismo le entraba agua por la sentina. La materia, ahora lo sabemos con certeza, no existe como unidad. El tiempo es relativo al observador; las partículas se comportan de diferente manera conforme a la perspectiva del observador, nuestro universo tiene dimensiones elevado a la potencia, de lo que hace 100 años dábamos por definitivo. Entonces el racionalismo materialista que miraba con desdén a la religión y a la metafísica como parte de un pasado primitivo y cerril, ha resultado ser tan imaginario e insubstancial como cualquier concepción religiosa o metafísica.

En el año 1000 de nuestra era, no sobrevino la parusía ni el fin del mundo; pero los milenaristas no abandonaron sus ideas escatológicas por ese solo hecho. Los fieles de la utopía del marxismo  y del socialismo utópico no han cambiado su fe, a pesar de los más de 100 millones de muertos que han causado y de la tragedia humana que desencadenó su creencia; todos hechos tan empíricamente comprobables como que el año mil el planeta siguió girando.

Pero el hombre no se conduce racionalmente, cuando de creencias se trata. Muy pocos tienen el coraje de abandonar sus creencias, porque hacerlo te somete a un vértigo abisal: te quedas sin suelo bajo los pies en sentido espiritual. A la angustia y ansiedad que provocan estas percepciones de falta de solidez en sus creencias, el hombre, individual y colectivamente, reacciona a veces con violenta porfía.

El materialismo dialéctico, que es la arcilla que creó el Totem del comunismo utópico, es el mismo material con el que está moldeado nuevos inventos ideológicos del siglo XXI. La ideología de género es una especie de diablada fabricada con esta arcilla. Conjeturo que algún eugenista debe considerar esta ideología funcional a ingenierías sociales de reducción de la población humana. Pero al contrario del materialismo dialéctico que ofrecía algún razonamiento plausible, carece de todo dato sólido, siendo imposible sostenerlo en un debate académico racional, sin la concurrencia de procedimientos coercitivos de fuerza, tales como funas, expulsiones de académicos, anatemas, y otros procedimientos similares a las quemas de brujas en el tardío medioevo. Se sostiene en base a una repetición de mantras ideológicos que contienen majaderas falsedades. También fabricadas con esta arcilla surgen, creencias aún más cerriles, como el veganismo, asimilable a las devociones de santos menores en el medioevo tardío, donde devotos engreídos se conducían con extrema violencia  y  debían ser reprimidos y anatemizados por la autoridad eclesiástica.

Vivimos pues en occidente un mundo líquido según lo bautizara Sygmund Baupman, donde se han debilitado a tal punto las convicciones, tanto cristiana como del racionalismo ilustrado, que los hombres que buscan entender el mundo, no saben a qué atenerse. Poderosas razones y descubrimientos alimentan esta fragilidad. Pero occidente aún no ha creado o concertado una fe sustituta.

Como hecho sobreviniente al fenómeno de desintegración de las creencias; la inédita prosperidad económica que ha conocido el mundo desde 1945 en adelante, ha generado formidables bolsones de riqueza cuyas condiciones de posibilidad han sido dos: La gigantesca demanda de bienes de capital y de consumo de un mundo enriquecido, y la sofisticación de los sistemas financieros. Lo primero ha hecho posible que personas que han tenido el talento y oportunidad, sea de inventar esos bienes de consumo masivo o de mediar en su comercialización, han podido obtener una enorme riqueza. Lo segundo ha hecho posible que, con bastante seguridad jurídica, hayan podido acumular esa enorme riqueza.

Ambos fenómenos han hecho posible que determinados “filántropos” hayan conformado estructuras de poder, sustraídas casi completamente del poder de los estados nacionales. En efecto, sea para acrecentar sus fortunas o para participar en el vértigo del poder político, algunos millonarios de muchos ceros, han creado fundaciones supuestamente filantrópicas, que tienen la capacidad operativa y financiera para someter los procesos políticos de naciones completas a su voluntad, desdeñando y superponiéndose incluso, a la voluntad democrática de sus ciudadanos o de sus gobernantes.[4]

También los organismos internacionales creados a partir del año 1945, que originalmente respondían a estructuras burocráticas que se sometían con exclusividad y de manera excluyente a la voluntad los Estados miembros, son hoy financiados en parte por estos ricachones. Estas ONG (el solo nombre nos debería poner en alerta) supuestamente “cooperan” con los objetivos de las organizaciones internacionales formales, pero sus agendas, intereses e intenciones propios están explicitadas solo someramente en la letra grande de las actas de sus fundaciones; en tanto que, sus objetivos contingentes están en la letra chica, que, es dable conjeturar, no conoceremos a menos que seamos sus soldados.

Lo expresado no es teoría del complot ni nada parecido. Es una realidad política[5] bastante transparente. Como fenómeno político que es, representa un hecho nuevo e inédito que se da solo en las postrimerías del siglo pasado y en el XXI.

Naturalmente el fenómeno resulta incómodo para quienes valoramos la libertad personal y creemos e instamos para que, la soberanía nacional, sea solo una delegación de los individuos al Estado, Porque, si el Estado es susceptible de ser sometido a los dictados de un ricachón que no conocemos, que queda para los individuos.

Y en este contexto de irracionalidad racionalista surge la reacción a una supuesta pandemia asesina llamada covid 19. Los criterios de autoridad y poder, desdeñando la ciencia empírica y el interés de los “pacientes”[6], hace varios años se han venido utilizando en la medicina pública. Son conocidos por todos que la salud pública es un negocio que mueve cifras de muchos ceros y que a menudo el bienestar de la salud humana real queda sometido a una verdadera tiranía.

Pero el episodio de la supuesta pandemia, ha develado que la racionalidad como método de escrutinio de la realidad, se encuentra en franca decadencia. Todas las evidencias científicas demuestran que el examen de PCR con el cual se toman decisiones de orden público, no tienen valor predictivo de una supuesta enfermedad, y qué en la inmensa mayoría de los supuestos infectados, no se enferman realmente. La Organización Mundial de la Salud sigue dando instructivos contradictorios que develan que los burócratas que la gobiernan carecen de la mínima capacidad. El mundo se suicida lentamente al amparo de esta racionalidad irracional.

¿No les parece esto como las discusiones de el sexo de los ángeles en las postrimerías de la edad media? ¿Será el signo del colapso de una fe? Conjeturo que algo hay de eso.

Febrero 2021



[1] Lema de uno de los apóstoles del racionalismo; Augusto Comte

[2] Marxianos se autodenominan la última falange de defensores de las ideas de Marx, para diferenciarse de los “marxistas” que serían los que  aplicaron de manera práctica sus ideas, quebrando el jarrón que contenía el elixir ideológico, traicionando la “pureza” de esas ideas.

 [3] Que alguien me nombre una obra de arte, un invento útil a la humanidad que haya producido algún régimen político que abrazó el comunismo; y me desdeciré de lo que afirmo.

[4] Algunos detentores del poder estatal como Putin en Rusia o el Partido Comunista de China, han dispuesto lo necesario para neutralizar esos poderes. Vladimir Putin ha prohibido la existencia de ONGs financiadas desde el exterior de Rusia

 [5] Política en el sentido que tienen consecuencias directas en el ejercicio del poder político interno de las naciones.

[6] Este adjetivo equivoco de nuestro castellano, degeneró en un sustantivo

miércoles, 27 de enero de 2021

PERSPECTIVAS PESIMISTA, OPTIMISTA Y BENEVOLENTE

 

 

1.       Perspectiva pesimista

El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente; Lord Acton

Vivimos tiempos rudos. Una agenda globalista se impone en EEUU y conquista la presidencia de ese país luego de un tensionamiento que pocas veces se había visto en el proceso eleccionario. Hay datos que permiten conjeturar que ha existido fraude electoral, pero no se pudo acreditar en los canales institucionales formales que el triunfo de Biden se basara en ese fraude. Así las cosas, el provecto presidente asume rodeado de la desconfianza y hostilidad de la mitad de la ciudadanía norteamericana, no solo por la poca pulcritud de su triunfo, si no por la condición agobiantemente totalitaria de su principal pilar de apoyo: la información que expiden los mass media; ex medios de información, hoy medios de adoctrinamiento masivo. Es evidente que los canales de televisión abierta y la prensa escrita, antaño pingües negocios, hoy no son capaces de generar números azules en su operación y son subvencionados con oscuras fuentes financieras provenientes de poderes facticos presumiblemente originados en las Hight Tech. De otro modo no se entiende su alineamiento riguroso all over the world. Las pautas son de una irritante uniformidad en todos los medios de comunicación masiva de todo el mundo, al punto que nadie que tenga una mínima capacidad de crítica puede pretender obtener de ellos una información ecuánime y seria de los acontecimientos políticos mundiales.

Pero el mayor peligro no radica en estos medios de adoctrinamiento cuya influencia social declina por razones tecnológicas. Lo peor de este proyecto totalitario, es que un consorcio conformado por las empresas de servicios de internet que representan el 90% o más del mercado, se encuentran alineados e impulsando el proyecto político globalista.

El mundo quedó perplejo cuando estos medios, luego de un burdo espectáculo escenificado como asalto al capitolio de los partidarios del presidente Trump, le prohibieron expresarse al hombre formalmente más poderoso del planeta. Ni en la época de los totalitarismos euroasiáticos del siglo XX el control de propaganda había ostentado tal poder. En efecto, cuando los Nazis quemaron el Reichstag y culparon de ello a los comunistas, nadie en occidente dejó de recibir noticias que analizaban críticamente las explicaciones del gobierno nazi. Hoy, no hay un solo medio de prensa masivo que en sus noticias o en sus columnistas denuncie lo que es absolutamente evidente: el supuesto asalto al capitolio ha sido un burdo engaño.

Resumen: Nunca en la historia del estado moderno se había visto un control en tal grado total y unívoco de la prensa y de todo medio de difusión de información. Una ficción se transforma en realidad de una manera rápida y certera gracias al control férreo de las pautas de prensa. La pandemia ha sido un ejercicio de enlace y coordinación de transformar una ficción (pandemia que no lo es) en la mente de los receptores, en algo real; y las agraviantes decisiones de la burocracia sanitaria como algo que nos protege y beneficia.

La libertad que el sistema republicano democrático de separación de poderes; de pesos y contrapesos en la distribución del poder, se encuentra avasallado.


2. Perspectiva optimista

That's one small step for man, one giant leap for mankind; Neil Armstrong

Vivimos tiempos de maravillosa expansión de la inteligencia y la sabiduría humana sin precedentes. Hoy, quienquiera, tiene acceso a adquirir los conocimientos que nunca antes estuvieron a disposición ni siquiera de los hombres más poderosos y sabios del planeta. La trayectoria humana ha ido acumulando conocimientos que permiten al hombre de toda clase, estirpe, raza y ubicación en el planeta disponer de ellos, con unidades de esfuerzo personal muy reducidos.

La comida, el vestido, la vivienda digna, la capacidad para desplazarse sin peligro, las facilidades del comercio que permiten a personas de un rincón del planeta intercambiar bienes y servicios con personas que se encuentran en otro extremo del mundo; son bienes y oportunidades que se encuentran a disposición de un porcentaje de la población infinitamente mayor que en siglos precedentes. El hambre, la enfermedad, las carencias, la precariedad; afectan hoy en menor medida y a una mínima porción de la población humana, y se baten en retirada.

Los medios tecnológicos permiten la cooperación humana de una manera que hasta hace 20 años eran impensables. Los avances y descubrimientos, en poco tiempo están a disposición asequible de un alto porcentaje de la humanidad.

Vivir hoy es una experiencia sorprendente, comparada con épocas de la historia donde la vida humana estaba marcada por la uniformidad y rutina.

 

3. Perspectiva benevolente

Gloria en las alturas a Dios y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad; Lucas 2:14

La palabra benevolencia es una más en nuestro espléndido idioma castellano, que nos revela un estado espiritual muy sofisticado. Solo los espíritus finos y trabajados son capaces de la benevolencia. Mientras menos benevolentes somos, menos humanos y más animalescos. Pero estamos en general mal dispuestos a la benevolencia.

¿Cómo ser benevolentes con Lenin y Hitler que fueron causa suficiente y necesaria del mal que ocurrió a tantos inocentes? ¿Cómo ser benevolentes con quienes buscan destruir o perjudicar lo que amamos y valoramos? ¿Cómo ser benevolentes con quienes nos traicionan?

Ser benevolente – a mi juicio- no es tener la pasividad de un monje ni ser tolerante pasivo con los errores del mundo. Ser Benevolente es asumir una actitud de escrutinio de la realidad, a fin de entender las causas de los fenómenos, antes de enjuiciar estos fenómenos.

En el ámbito de nuestras relaciones sociales y por consecuencia políticas, la benevolencia nos obliga -antes de enjuiciar a nuestros adversarios- escrutar las causas de sus conductas. En el mundo contemporáneo, diseñado conforme a la visión del mundo de la ilustración el valor de la tolerancia nos obliga a convivir con quienes tienen una opinión diferente y a veces antagónica a la nuestra. El optimismo y el pesimismo es una emoción que proyecta un juicio sobre la realidad. La benevolencia es una actitud moral, funcional a construir un juicio de la realidad más fino, que nos permite convivir con los antagonismos sin falsos pesimismos ni optimismos. Esta convivencia con los antagonismos como señalé, no necesariamente nos trasmutará en monjes tibetanos pasivos y tolerantes con el error y la injusticia, pero si moderará nuestra reacción emocional. Las emociones son el principal enemigo del éxito en la guerra y la contienda.

Esta verdad está consagrada en El Arte de la Guerra de Sun Tzu, en El Príncipe de Maquiavelo, en el Bhagavad Guita. Todos ellos se refieren con lujo de detalle a la benevolencia como herramienta del éxito en la contienda.

Templado el juicio por la benevolencia, podremos concluir que el optimismo y el pesimismo consignado en los párrafos precedentes resultan algo pueriles. Mi invitación no es a la pasividad de juicio ni de praxis. Propongo la benevolencia para un juicio de mejor calidad. Al amparo de la célebre frase de Ortega, Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo, la benevolencia me permitirá identificar de mejor manera esa circunstancia para la tarea de salvarme a mí mismo.

 

lunes, 25 de enero de 2021

DESDE EL WE THE PEOPLE, AL ESTADO PATERNAL

 


Un hito en la historia de la humanidad, es la redacción de la constitución de los Estados Unidos de Norteamérica en 1787. El encabezado de ese documento es, Nosotros el Pueblo. Ese título ha reflejado un cambio radical en la modalidad de ejercicio del poder político. Dejaba simbólicamente atrás la modalidad vertical y sumisa de la obediencia al soberano, para reemplazarlos por el ejercicio de lo que hoy nos es tan trivial, que parece hemos olvidado: la soberanía popular.

Se concibe desde entonces, que el pueblo es el que le otorga poder al Estado. Delega en él funciones y le impone límites a su ejercicio. La doctrina de la soberanía popular se resume en una fórmula jurídica que hoy se haya olvidada como un libro viejo: El Estado solo puede hacer lo que le está permitido; Los individuos pueden hacer todo lo que no se encuentra prohibido.

Viajé a EEUU en 1998 y junto a mis hijos - niños entonces – y visité a Disneyworld en la ciudad de Orlando, me llamó poderosamente la atención que en esos parques de diversiones había altoparlantes que con una voz femenina seductora repetían como una letanía “cuide sus pasos”. Me chocó porque pensé que visitaba el país de la libertad y por consecuencia de la responsabilidad personal; ¿por qué tenían que advertirme algo de evidente responsabilidad personal?. Ese mensaje daba cuenta que el We the People se encontraba algo olvidado por los norteamericanos. Más se parecía aquello a la Alemania comunista o campo de concentración de Pol Pot en Camboya. Me explicaron que era para evitar responsabilidades civiles del dueño del parque, en eventos de accidentes. Como soy abogado, entendí entonces que una sociedad de mercado siempre hay un abogado que quiere hacer más dificultosa la vida de todos.

Cuando sucedió el terremoto y Tsunami de 2010 en nuestro país, supimos que la burocracia estatal había formulado protocolos de procedimientos (concepto que hoy nos es tan familiar) que no es otra cosa que recomendaciones a las personas para que cuiden su seguridad personal y familiar, en un evento como el señalado. Pero entre la estulticia periodística, el paternalismo político de políticos protectores del pueblo, se formó la idea fuerza, que era el Estado quien debía decirte de manera paternal e imperativa, lo que tenías que hacer en caso de un terremoto. Como el Estado no les dio directrices claras se aduce, fallecieron varias personas por efectos del maremoto de entonces.

Este fenómeno basado en un juicio que hacen muchas personas, me resulta particularmente chocante porque implica una cesión de mi soberanía personal hacia un ente impersonal: El Estado. Pero en conjunto de circunstancias han ido provocando que las personas no solo no se resistan a que alguien vele por ellas, sino además reclaman porque no lo hace con suficiente fuerza. No solo les acomoda ser esclavos, sino que además piden grilletes más cortos.

Los episodios de la pandemia y del reciente aviso del fallido supuesto maremoto, nos permite emitir dos juicios: El primero jocoso, porque el mensaje dirigido a los celulares era un especie de “cajita feliz” de control estatal: recomendaba distanciamiento social por el covid y arrancar del supuesto maremoto; todo en uno. Y el segundo, la confirmación de lo que venimos pregonando desde siempre los enemigos del totalitarismo estatal: El Estado en particular y la burocracia en general es intrínsecamente ineficaz para administrar las disyuntivas que naturalmente les corresponden a los individuos. Todas las intervenciones estatales en estas materias son como película de los tres chiflados: meten la pata en el balde, se resbalan y caen y provocan risa en los espectadores.

¿El remedio para esto? Quitarle las prerrogativas al Estado de conducir nuestras vidas y recordar que esto nació de Nosotros, el Pueblo, y que al Estado solo le debe corresponder hacer lo que los individuos no podemos hacer. Cuidar nuestra salud cuando circula una enfermedad potencialmente grave, o separarnos de la costa del mar cuando el mar se recoge después de un terremoto, es de exclusiva responsabilidad de los hombres y mujeres adultos y la responsabilidad sobre los niños recae exclusivamente sobre sus padres . Si no es así tendremos peor salud, como esta sucediendo con las consecuencias de la pandemia estatalmente controlada, y perderemos el tiempo y/o la vida por hacerle caso al Gran Hermano en caso de maremoto.

¡Burócratas: fuera de mi vida personal!

 

jueves, 14 de enero de 2021

LA BARBARIE DEL ESPECIALISMO Y EL CORONAVIRUS

 

Me perturba el fenómeno político que estamos viviendo derivado de la existencia de la presunta pandemia. Me perturba porque no lo entiendo. Cuando no entendemos un fenómeno no sabemos a qué atenernos. La vida se hace procelosa e inestable. La inteligencia inspirada en el escrutinio racional de la realidad debería darnos la respuesta de la causalidad que el fenómeno manifiesta. Pero esa causalidad es hoy evasiva y muy difícil de encontrar. Las decisiones trágicamente erradas de la historia (por ejemplo; la decisión de Napoleón de atacar Rusia; la declaración de guerra de Alemania en 1914) siempre tienen un componente de estulticia. Pero no de pura estupidez. Hay algo más que debemos escarbar hasta sacarnos las uñas en el esfuerzo. La realidad siempre está compuesta de infinitos pormenores. Es el caso de este fenómeno. El objetivo de estas letras es escarbar esa realidad escurridiza.

¿Qué parte del fenómeno no entiendo? No entiendo la razonabilidad de las decisiones políticas en torno al tema. Es tan evidente que las decisiones adoptadas son contrarias al bien común, que no veo la causa suficiente por la cual se adoptan[1]. Se declara pandemia a una gripe viral como han existido desde siempre en el pasado y existirán por siempre en el futuro. La burocracia sanitaria mundial cambia parámetros (hace solo cuatro años) para que una gripe no letal, sea declarada pandemia y se activen todas las medidas de control de la población, tal y como estuviésemos en presencia de la peste bubónica antes que esta hubiese sido erradicada por la ciencia. Incomprensiblemente las naciones del mundo (incluidas las gobernadas por personas inteligentes y aparentemente decentes) se pliegan a esta declaración manifiestamente errada. Se usa un procedimiento de detección (el llamado PCR) cuyo inventor declaró que no era idóneo para detectar virus tipo corona. Tan poco idóneo es, que la inmensa mayoría de las personas que dan positivo, no manifiestan ningún síntoma de la presunta enfermedad. No obstante lo anterior y en circunstancias que nadie del establishment pone en cuestión la inanidad del examen del pcr, se toman decisiones agraviantes a los derechos humanos más básicos[2], teniendo presente el número de presuntamente infectados -que no lo son necesariamente- sin tener presente que el despreciable porcentaje de la población muestreada manifiestamente no representa un fundamento sólido para adoptar una decisión tan grave que afecta a la población sana. La supuesta[3] letalidad de la enfermedad es irrelevante según reconoce la misma burocracia. Tan incidente o menor que la de una gripe común. ¿Por qué esta orquestada campaña de aterrorizar a la población? ¿Por qué los encierros? ¿Por qué la paralización del comercio?

No. No creo en teorías de la conspiración del gran reseteo mundial. Es una explicación demasiado sencilla. No niego que existan conspiradores que siempre los hay. No niego que hay iluminados ingenieros sociales que ven extasiados que la economía mundial y las redes de convivencia social se desplomen, pera así permitir rediseñar el mundo desde cero. Pero no creo que la casi totalidad de las voluntades articuladas en esta mega decisión política sean partícipes de una conspiración. Soy más pesimista aun, que la conspiración como causa basal.

Creo que el mundo está afectado por una verdadera pandemia intelectual de muy difícil tratamiento. Mi perspectiva me indica que esta es una manifestación de la barbarie del especialismo[4], el último estadio de una degradación de las perspectivas intelectuales, causada por los excesos de la ilustración.

Las ideas nacen como descubrimiento y representación mental del mundo; crecen, se reproducen, envejecen y mueren. Y este fenómeno se debe a que la realidad del mundo está compuesta de infinitud de pormenores que van escrutando esas ideas juveniles, las que van siendo progresivamente cuestionadas y cayendo en su decrepitud.

Casi todo nuestro entorno cultural, está inspirado en las ideas de la ilustración. Estás ideas, desde hace dos siglos y algo más, han venido cambiando el mundo, y han ido paulatinamente desplazando la visión del mundo trascendente que le precedió. La ilustración, nacida en Europa, coloniza el mundo y lo fue cambiando gracias a la ciencia; y la ciencia se hizo posible gracias a la especialización de formas de ver el mundo, especialismo que hizo posible las destrezas y dominio de áreas del saber y la ciencia. La filosofía como ciencia del conocimiento universal, fue desplazada por arcaica, y sus cultores se tornaron, más que inspiradores de conductas, en especialistas en áreas del saber filosófico. Por eso hoy, hablar de filosofía es hablar en difícil. Para ser aceptados, los filósofos deben conducirse como especialistas, bajo apercibimiento de ser calificados de diletantes si pretenden una visión holística de la realidad.

 Vivimos en un mundo donde el especialista manda. Ese hombre hermético a la realidad global, pero seguro de sí mismo por el dominio de su área de conocimiento. El comportamiento del especialista, en política, en arte, en los usos sociales, en las otras ciencias; tomará posiciones de primitivo, de ignorantísimo; pero las tomará con energía y suficiencia; sin admitir — y esto es lo paradójico — especialistas de esas cosas. Al especializarlo, la civilización le ha hecho hermético y satisfecho dentro de su limitación; pero esta misma sensación íntima de dominio y valía le llevará a querer predominar fuera de su especialidad. Se comportará sin cualificación y como hombre-masa en casi todas las esferas de vida. La advertencia no es vaga. Quienquiera puede observar la estupidez con que piensan, juzgan y actúan hoy en política, en arte, en religión y en los problemas generales de la vida y el mundo los "hombres de ciencia", y claro es tras ellos, médicos, ingenieros, financieros, profesores, etcétera. Esa condición de "no escuchar", de no someterse a instancias superiores que reiteradamente he presentado como característica del hombre-masa, llega al colmo precisamente en estos hombres parcialmente cualificados. Ellos simbolizan, y en gran parte constituyen, el imperio actual de las masas, y su barbarie es la causa inmediata de la desmoralización colectiva[5].

La carta de presentación de esta barbarie y la causa de su arrogante autoconfianza, es la tecnología moderna. ¡Podríamos vencer la muerte si nos lo proponemos! declara desafiante. Pero su tecnología -supuestamente al servicio del hombre- degrada precisamente la humanidad de los individuos. Vivimos más, pero no sabemos para qué.

El desiderátum de esta mentalidad se ha desnudado con el episodio de la “pandemia”. Debemos obediencia a los especialistas que son los que saben, pero como en el cuento del aprendiz de brujo, estos especialistas están, frente a nuestros ojos, demoliendo la sociedad y privándonos del valor más sagrado: la libertad.

Mi pesimismo es radical. Porque creo que este extravío no se solucionará solo con que uno o más líderes locales o mundiales, le saquen el capirote a estos magos de un golpe, y retomen la normalidad inspirada en el sentido común. La solución es mucho más compleja: Es preciso superar las ideas ilustradas; superar la superespecialidad y recuperar la sabiduría holística que alguna vez representó la religión y la filosofía. Es preciso que la inteligencia se reenfoque a la visión del todo, y que la política recupere su virtud basal: La prudencia. De no ser así, estos afiebrados episodios se irán repitiendo con mayor periodicidad hasta la destrucción del hombre y del planeta.



[1] Decenas de millones de personas sin trabajo, sin ingresos, inestabilidad social derivada de lo anterior, endeudamiento de los Estados a niveles nunca antes vistos, angustia, soledad, muerte segura para los senescentes, caos y pobreza

[2] Libertad personal; libertad de trabajo; libertad de desplazamiento; derecho a la salud etc.

[3] Los fallecidos de Covd19 son principalmente fallecidos por muerte natural con covid19

[4] Término acuñado por José Ortega y Gasset, en el penúltimo capítulo de su libro La Rebelión de las Masas. Luego de 20 años leyendo ese libro me doy cuenta que todo el entorno de la denuncia de Ortega gira en torno a este fenómeno.

[5] Ibidem

viernes, 25 de diciembre de 2020

LA AMENAZA DE LOS COMUNISTAS A LA CONVENCION CONSTITUYENTE

 A ningún hombre amenacen

 Porque naides se acobarda

 Poco en conocerlo tarda

Quien amenaza imprudente

Que hay un peligro presente

Y otro peligro que aguarda.

Martín Fierro

 


En una república democrática, los medios de acción política son la persuasión, la transacción y la coerción. Como sabemos el funcionario que ocupa el cargo de presidente de la República, ha renunciado al uso de la coerción; no ha sido capaz de persuadir -según encuestas – a más de a un 7% de los chilenos, y no ha podido convencer a una oposición tenaz y degradada de transigir en las más básicas iniciativas de gobierno. Eso en la escuela de derecho significaba tres bolitas negras y para la casa a volver a estudiar.

Y aquí viene el milagro que pudiera atribuirse a la Virgen del Carmen: no obstante estar sin gobierno y casi sin Estado, Chile funciona. Con pandemia, con los descerebrados que destruyen semanalmente de manera impune la propiedad pública y privada y tapizan de excrementos verbales las murallas; igual funciona.

Los incombustibles comunistas chilenos tuvieron su 26° congreso partidario de su historia. Lo escriben con número romanos para darle una solemnidad eclesiástica. En estas irritantemente aburridas reuniones, se renueva periódicamente su fe en la arcadia comunista que está por venir. Aprueban dos documentos finales; uno exotérico para la plebe y otro esotérico solo destinado al Komitern, que no conocerá el pueblo llano que somos nosotros. Son especies de encíclicas (pero de un nivel de abstracción ínfimo) que conforman la hoja de ruta de su religión laica y genocida. Esa fe que exige la negación ad infinitum de los crímenes cometidos por sus correligionarios en el pasado reciente. Hubo ahora sin embargo una novedad que sazonó su tedioso texto, con modalidades lingüísticas congruentes a la moda progre - light, que son ahora acompañantes de ruta para la ocasión. Repiten en el texto, decenas de veces pronombres y artículos femeninos y masculinos y saludos a los “compañeres”. Se cuelgan impúdicamente del éxito electoral del plebiscito que ellos calificaron hace pocos meses de traidor y entreguista. Lo más (o único) llamativo excluido del texto formal, es que han manifestado su intención de “rodear la Convención Constituyente para evitar las cocinas” y seguir avanzando hasta el pleno establecimiento de la arcadia comunista bolivariana.

Como decía Nicanor Parra; ¿No será mucho? Conforme con que el presidente Piñera les ha dado todas las facilidades a los delincuentes terroristas para operar impunemente. Conforme que un ministerio público integrado por la extrema izquierda hace un descarado abandono de sus funciones persecutorias del delito y del orden público que constitucionalmente les corresponde tutelar. De acuerdo que hay un poder judicial ideologizado con la premisa que los victimarios son más bien víctimas de esta sociedad injusta y patriarcal. Pero les insisto la pregunta a los compañeres: ¿se darán las condiciones objetivas para el anhelado asalto al palacio de invierno?

Yo diría que por primera vez en su larga historia de hemorragias verbales la ansiedad ha traicionado a los comunistas. Su arzobispo Secretario General (que hasta usa sombrerito de los jerarcas soviéticos) ha dicho socarronamente que era solo una metáfora. Pero seamos francos Compañere  Secretario General; una centena de flaites con molotov, la mayor parte de ellos remunerados – por Uds. mismos- que actúan libre e impunemente en base a la deliberada neutralización de las fuerzas de orden, instruidas taxativamente por nuestros valientes servidores públicos del ministerio del interior, son a mi juicio demasiado poco para asaltar el poder.

Y aquí viene el problema: amenazar tiene sus beneficios, pero también sus costos. ¿No habrá tenido, Compañere Secretario General, un delirio de creerse en la Rusia Soviética o en Checoslovaquia del año 68?  Como decía Julio Durán, las porfiadas cifras electorales dirán si Uds. tuvo un mal sueño, fruto de los excesos culinarios al cierre del XXVI Congreso.

Una pregunta final ¿Fue muy aburrido como siempre el congreso partidario; o las caras bonitas lo hicieron más llevadero?

Diciembre 2020

 

 

domingo, 20 de diciembre de 2020

LA DERECHA Y SUS CANDIDATOS; UNA RUTINA MACABRA

 LOCURA ES HACER LO MISMO UNA Y OTRA VEZ, Y ESPERAR RESULTADOS DIFERENTES (Albert Einstein)

El líder es quien tiene una idea sobre lo que el futuro debe ser y la voluntad de vanguardia en el afán de hacer realidad ese futuro.

En Chile, lo que desde el término del gobierno militar se llama La derecha, es una amalgama de personas más o menos bien intencionadas, que reaccionan con diferentes perspectivas a un mismo fenómeno que es La izquierda. Es la izquierda quien ha perfilado lo que es la derecha en las últimas décadas. Tras las caras visibles que representan la derecha, esta ha sido conducida por los hombres de negocio. Individuos exitosos y racionales, que han aportado al país en las últimas décadas, lo que el país no tenía: riqueza material. Se han beneficiado ellos, pero -con algunas excepciones- han beneficiado también al país. Este fenómeno es congruente con un síndrome que ha padecido la derecha a través de la historia: el espíritu de fronda. Aquel que definiera Edwards Vives. ¿Cómo se manifiesta este síndrome?: La derecha tiene alergia a los líderes. Estos hombres de negocios con la lógica del mercadeo que funciona en su oficio de empresarios, han definido los que nos deben conducir; y de esta forma han impedido que la derecha sea conducida por líderes reales.

En las postrimerías del gobierno militar, el líder natural de la derecha era Sergio Onofre Jarpa vanguardia de mil batallas que nos liberaron del comunismo, de una guerra con Perú y de una guerra con Argentina. Los conductores de la derecha se apuraron en neutralizarlo e inventaron una figura; Hernán Buchi Buc. Lo conocí precisamente en la campaña presidencial. Un tipo honesto, brillante ingeniero, experto en economía y super especialista; pero el antítesis de lo que es un líder político. Perdió.

Luego, dando por descontada la derrota y satisfechos que la izquierda gobernaba el país conforme a sus convicciones mercantiles, eligieron a una figura simbólica: Arturo Alessandri Besa, abogado simpatiquísimo, administrador del nombre de la familia, operático; pero líder en absoluto. Perdió.

En la siguiente elección aparece en el horizonte la figura del mercadeo por excelencia, el hasta hoy incombustible Joaco Lavín. Y es aquí donde – siguiendo el verbo tan manoseado de Vargas Llosa- se jodió Chile. ¿Por qué? Porque sucede que la receta del mercadeo político “casi” tuvo éxito. Lavin, quien no tenían mínimas ideas claras y precisas de lo que Chile es, y lo que debería ser,  analfabeto en historia, filosofía y humanidades; un ingeniero experto en economía y marketing; puso en jaque el triunfo del indiscutido y mundialmente reconocido mejor líder de la izquierda post Pinochet: Ricardo Lagos. ¿Por digo que se jodió Chile? Pues porque la izquierda se compró la lógica de las figuras marketeras. Los líderes políticos era parte del pasado. En lo sucesivo había que escoger figuras.

Surge entonces la figura. No importa que hubiese trabajado para la Stassi en Alemania comunista. La “limpiaron” con unos cursillos de seguridad nacional en EEUU, y ya está: tenemos figura. Con su pelo rubio de clase alta pero su cara redonda de mamá de pueblo, su título de medicina trucho, su sonrisa permanente, su nombre en francés que cualquiera madre de clase popular quisiera para su hija. De esta rock star disfrazada de tanquista o con estetoscopio al cuello emergió nuestra ruina. Doña Michelle, sin las mínimas aptitudes para ejercer la primera magistratura de la nación, pasó piola administrando (si es que lo hizo) un país que en su primer período era un fórmula 1.

Luego, nuestro segundo terremoto. La gran figura de la derecha aggiornada. Sebas: Hombre de negocio, billonario (hoy tri) en dólares, de padre y madre de fronda y nomenklatura democratacristiana, absolutamente ignorante en humanidades, arte, historia. Como le negaron el ingreso al partido de sus mayores por su obscuro curriculum comercial, opta por la derecha; se compra un curul en el senado y un partido político completo. Como don Chuma de Condorito: no se preocupe por gastos compadre.

Lo demás no es historia; es tragedia griega.  Y como sucede en ese género, todo espectador habiloso preveía el final, menos los chilenos que estaban en el escenario. Caos, ruina y demolición de una obra que había dado los mejores frutos de la historia de la República. Completaremos dieciséis años con el país desgobernado por personas que NUNCA tuvieron los mínimos méritos y talentos para ostentar el cargo.

Y aquí viene lo más espeluznante: ¡Los partidos de la coalición de derecha presentan nuevamente figuras de marketing! Esto ya no es tragedia, es una película de terror; es una rutina macabra.

El guapetón que vivió en una casa de cartón, que es de izquierda porque eso pega pero representa a la derecha (¿?), el demagogo que habla con las banderas de la izquierda y lidera un partido de derecha, el eterno Joaco con su cara de alumno mateo. Hay más: Falta el rubio lindo que se viste con el apellido de su padre. 

Y los hombres de negocios, con el desgastado expediente de las encuestas de opinión y control de los medios, desde la tramoya pretenden conducir esta danza macabra. Además siguiendo su espíritu de fronda, poniéndole palitos en los rayos al único líder que podría recomponer un orden político despedazado: José Antonio Kast.

Yo creo que las brujas de Macbeth no podrían haberlo hecho mejor.

Diciembre de 2020

martes, 1 de diciembre de 2020

MARADONA, PANTANI, VON MANSTEIN Y LOS NEURODERECHOS

 

La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con que jugaba cuando era niño.

Federico Nietsche

Maradona se encuentra en el olimpo del futbol mundial gracias a su talento. Pero la mancha de su adicción a la cocaína siembra un manto de dudas sobre la integridad de ese talento. ¿Cuánto de su talento es atribuible a esa droga? La devoción que los argentinos le profesan no parece haber sido fracturada por esa sospecha. En Italia el ciclismo de ruta es un deporte muy popular. Marco Pantani; legendario pedalero de montaña, era ídolo. Pero cuando se supo de su adicción a las drogas (que le terminó costando la vida), el ídolo se cayó. Cuestión de idiosincrasia.

El mariscal Erick Von Manstein, fue el gestor de la invasión a Francia por parte del ejercito alemán. Su técnica estratégica fue conocida como la blitzkieg -guerra relámpago en castellano-. Sus soldados avanzaron sin descanso durante tres días y dos noches por los territorios de Bélgica y el norte de Francia, generando el estupor del mundo por la celeridad y eficacia de su desplazamiento, que provocó el colapso de las defensas y de la moral de los ejércitos francés y británico. Quienes nos aficionamos a la historia de la guerra, habíamos admirado la valía de esa ofensiva y la valentía y sagacidad de Von Manstein, quien debió enfrentarse al alto mando e incluso a Hitler, para imponer su victorioso criterio. Pero la dura realidad lo ha ensombrecido porque hoy es un hecho comprobado que sus unidades combatieron bajo los efectos de una metanfetamina llamada Pervitín que se le suministraba a todos los soldados y oficiales. Es verdad que fueron victoriosos, pero hicieron trampa. Al menos para mí, Von Manstein pasó de ser un héroe a ser un estafador.

Se anuncia por parte de parlamentarios de izquierda un proyecto de reforma constitucional para crear una nueva garantía constitucional: el neuro derecho. Se define la identidad mental como un derecho que no puede ser manipulado y que cualquier intervención, por motivos de salud, debe estar regulado legalmente. Es común que la izquierda vea siempre los fenómenos sociales desde el punto de vista de derechos, esto es, que alguien ajeno a mi persona me garantice algo. En este caso la respetable identidad neuronal.

Pero obviamente el problema es muchísimo más amplio que la intervención de deberes del Estado o de los prestadores de salud para con las personas. Se otea en el horizonte que las técnicas de “mejoramiento” de las condiciones físicas en general y neuronales en particular serán una mercadería que se podrá comprar como quien compra un celular con intervenciones químicas y de manipulación genética. ¿Cuál es nuestra respuesta como sociedad? La cuestión no es una cuestión de derechos como la izquierda nos quiere vender; es una cuestión de deberes de los individuos. Se trata de discutir límites, no del Estado ni de los prestadores de salud. Se trata de límites a las personas. Ahí la izquierda gusta de estar ausente. Se trata pues de garantizar la igualdad de talentos. Se trata de impedir a los Maradona, Pantani o Von Manstein. Se trata de no hacer (y hacerse) trampa en la vida. Menuda cuestión ¿no? Hoy que todo nos habla de victimismo, derechos y garantías; abrir un debate sobre deberes, no está en la agenda de esta izquierda generosa y dadivosa.

La metáfora del juego de la vida está presente. El ideal de la igualdad que la izquierda vocea mucho y entiende poco, aquí tiene su prueba de fuego ¿Quiénes son partidarios de valorar a los que meten el gol con la mano? ¿Quiénes de impedir que lo hagan?

Diciembre 2020