sábado, 11 de septiembre de 2021

LA BUROCRACIA, EL INFIERNO CHINO, EL SERVEL Y LOS PROTOCOLOS ADMINISTRATIVOS

Existe una antigua y popular obra de teatro y opera china intitulada “Mulián Rescata a su Madre del Infierno”. Esta obra dio lugar a la imagen del inframundo que tiene la cultura china. Aquella se ve reflejada en ilustraciones en jarrones y múltiples expresiones gráficas del gran país de oriente. Así como la Divina Comedia de Dante generó en el imaginario occidental nuestra visión el infierno; el igualmente indeseable infierno de los chinos, se lo imaginaron plagado de burócratas custodios privilegiados de ese averno. Mulián en el relato, podrá rescatar finalmente a su madre, pero luego de cumplir un sinfín de trámites burocráticos; hacer filas, rellenar formularios y ganarse la voluntad de los hostiles burócratas chinos, que le ponen todo tipo de trabas. Es muy posible que la cultura china, amante del equilibrio y la armonía, reconozca en la burocracia la antípoda de aquello.

Cuando estudiaba mi primer año de derecho en la Universidad de Chile, en las tardes trabajaba de procurador-suche en un estudio de abogados. Mientras los estudiantes de segundo y tercer año a quienes consideraba privilegiados e importantes, tramitaban causas judiciales en los tribunales, el suche de primer año – que era yo-, tramitaba la obtención de pasaportes haciendo cola en las oficinas de General Mackenna al costado de Investigaciones, revisaba los libros de marcas comerciales en el húmedo y fétido subsuelo del Ministerio de Economía, y efectuaba otras tareas oscuras y despreciadas por mis importantes colegas mayores. Había que sonreír empáticamente a hostiles funcionarios, obsequiar chocolates a señoras mayores, adherir ruidosamente a las preferencias futbolísticas de algunos funcionarios; todo en aras de que; “saliera el trámite”. Era mi infierno chino que lo soportaba estoicamente para hacer méritos y ser considerado en el bufete, para ejercer roles forenses más dignos de mi futura profesión de abogado.

Si me hiciera un sicoanálisis con toda seguridad esa experiencia explicaría la aversión que profeso por la burocracia, entendiendo por tal, aquellos ritualismos oficinescos cuya causa y cuyo objeto nunca están del todo claros. La declaración de impuestos de abril de cada año, aparte de ser un agravio a mi pobre patrimonio, tiene ese componente amargo de llenar formularios y más formularios, los que ante cualquiera pequeña equivocación, se deja caer la guillotina: Multa en unidades tributarias mensuales. ¿Por qué? ¿A quién lesioné? A nadie. Simplemente el recuadro está mal llenado.

El surgimiento de la electrónica, se suponía que dejaría en el pasado este infierno chino. Pero los candidatos a cargos de elección popular han constatado que ese infierno está plenamente vigente. La democracia representativa, la voluntad popular y hasta la soberanía; pueden verse trastocadas porque el recuadro XX del formulario YY no ha sido completado adecuadamente. El Servel, órgano público compuesto por funcionarios formalmente inteligentes, con estudios universitarios y de post grado, son incapaces de razonar. Para ellos los “protocolos” son los “protocolos”.

Cuando en nuestro País se legislaba con la recta razón, se dictó la ley 18.575 (que ahora luego de sucesivas y desordenadas modificaciones parece queso suizo), norma de rango constitucional que se denomina, “Bases de la Administración del Estado”. En ella se prescribe: La Administración del Estado está al servicio de la persona humana; su finalidad es promover el bien común atendiendo las necesidades públicas en forma continua y permanente. Del mismo modo cuando aún el legislador se apegaba a la razón y a la adecuada sintaxis, se dictó la ley 19.880 sobre la formalidad de los actos de la administración que manda lo siguiente: El procedimiento debe desarrollarse con sencillez y eficacia, de modo que las formalidades que se exijan sean aquéllas indispensables para dejar constancia indubitada de lo actuado, y evitar perjuicios a los particulares.

El Estado de Chile ha perdido la brújula hace rato. Vivimos prisioneros de protocolos sin sentido exigidos perentoriamente por burócratas cada vez más numerosos, más alejados de la realidad fáctica y menos eficaces para el logro de los fines para lo que se les paga. El País dilapida toneladas de energía creativa en montañas de trámites inútiles como el que tiene rechazadas las candidaturas por el Servel. Para presentar una candidatura, abrir un kiosco para vender empanadas, cruzar con una cañería una calle, levantar un edificio, etc. estamos tapizados de exigencias inútiles.

Salvemos a Chile de este Gulag de la burocracia.

 

Septiembre de 2021

 

 

 

 

  

martes, 7 de septiembre de 2021

LAS ABEJAS, LOS HOMBRES, EL MUNDO ARTIFICIAL Y EL CORONAVIRUS

 


Soy apicultor aficionado. Tengo colmenas y he estudiado a estas maravillosas criaturas, más que por afán productivo, por el placer de sorprenderme con su organización. Cuando despunta el verano, luego de una primavera pródiga en flores, se produce un cambio de conducta en las abejas que los apicultores describimos como “fiebre de enjambre”. La abeja reina acelera su secuencia de postura, y las abejas nodrizas empiezan a alimentar mayor número de larvas con jalea real, alimento que permite a esas larvas desarrollarse como abejas reinas. Lo que su adaptación de millones y millones[1] de años les ha enseñado, es que cuando la naturaleza es pródiga deben expandirse. Es la oportunidad de crecer y hay que prepararse para esa opción. El apicultor debe estar atento a este fenómeno para crear con nuevas reinas y abundante población de abejas obreras, nuevos núcleos. Si no lo hace pierde las abejas y estas se van al bosque a vivir en colmenas naturales inaprovechables para el hombre. A la inversa, si la primavera ha sido seca y pobre en floración, esa conducta no se manifiesta. Conservan su población y no se expanden. Las abejas viven en función de las expectativas, tal como enseña la ciencia económica.

La modernísima agricultura ha creado cultivos artificiales como el rap, insumo para aceites comestibles. ¿Han visto los cultivos de rap en flor? Es algo maravilloso: una explosión de flores amarillas que se puede observar desde los satélites del espacio. La sorprendente inteligencia humana ha creado esta realidad artificial que le permite obtener decálitros de aceite vegetal en extensiones relativamente pequeñas de cultivo, gracias a las semillas genéticamente adaptadas y a procedimiento de cultivo sofisticados. Los productores de rap contratan apicultores para que instalen colmenas en los contornos de la siembra. Las abejas, a través de su trabajo, aceleran y homogenizan la floración de las plantas; ambos, requisitos para el éxito del cultivo. Pero para los apicultores, esta prestación de servicios ha sido un quebradero de cabeza. ¿Por qué? Sucede que las abejas ven esta floración exuberante y procesan que la naturaleza toda, ha sido pródiga en la temporada. Su condicionamiento milenario, no les permite entender que es este un cultivo artificial. Y se produce la fiebre de enjambre elevada a la potencia, lo que genera graves pérdidas para los apicultores, porque no hay capacidad posterior para alimentar a la gran cantidad de nuevos núcleos que se podrían formar. Incluso las abejas se distraen de su trabajo ordinario en su equivocado afán de reproducirse.

Con el hombre y las colectividades humanas está sucediendo, desde hace cuatro siglos, un fenómeno similar; y en el mundo contemporáneo este fenómeno se ha acelerado exponencialmente. La técnica humana ha generado un mundo artificial que ha beneficiado a toda la humanidad, pero paradojalmente a consecuencia de ello el hombre padece, una crónica desadaptación. El vértigo de la capacidad creadora del hombre fruto de la racionalidad humana, no ha ido acompañado de una aceleración de su capacidad racional de adaptación a esas realidades artificiales. En efecto, el hombre se comporta como si las creaciones de la técnica fuesen parte de la naturaleza, y olvidando su precariedad existencial desordena su vida lo que genera angustias personales y crisis colectivas.

Hemos pagado en el transcurso de estos cuatro siglos un alto precio cuando el poder político confunde el mundo artificial de la técnica con el mundo real. Aristóteles hace muchos siglos hizo saber que la virtud de la prudencia era la que debe primar en el arte de la política, esto es en el arte del buen gobierno. Este mundo artificial deprime esa virtud.

La reacción del poder político con la llamada pandemia covid 19 es un ejemplo de este fenómeno de confusión de planos de la realidad. Esa reacción ha causado un grave daño colateral por las consecuencias que ha tenido y tendrá en el futuro en la sociedad occidental. La secuencia de acontecimientos es la siguiente: 1) El aparato burocrático del sistema mundial de salud -que generan un gasto corriente de billones y billones de dólares- se auto legitima como los guardianes de los peligros de la salud mundial y se manifiesta capaz de vencer a la muerte por enfermedad; 2) Crean una serie de protocolos[2] de reacción ante el surgimiento de una pandemia mundial. 3) Para legitimar su presencia y gastos incrementales, por protocolo bajaron la definición de pandemia hace 6 años atrás, quitándole el requisito como causante de una “mortalidad significativa”. 4) Apareció un presunto nuevo virus[3] – como la naturaleza los viene creando desde que apareció la vida en el planeta- que enferma a un porcentaje muy menor de la población mundial, con un compromiso respiratorio que es difícil de identificar de otros virus que generan ese mismo síntoma. Además de enfermar efectivamente a un ínfimo porcentaje de la humanidad, su letalidad es aun menor y hasta ahora no supera las muertes anuales por tuberculosis, sin que se haya declarado la tuberculosis como pandemia. 5) Como el porcentaje es muy menor, la burocracia sanitaria para legitimar su proceder considera infectados, a quienes dan positivo con un examen – el PCR- cuyo inventor reconoció que no es idóneo para identificar virus. El resultado es que el numero de supuestos infectados que no están enfermos es calificado de tales en condición de asintomáticos[4] y se les obliga a obrar como apestados. 6) Se autoriza la aplicación masiva de vacunas en condición de prueba, sin control estadístico y con carácter obligatorio, violando el derecho internacional civilizado contenido en la declaración de Nuremberg sobre la aplicación de medicinas y vacunas de prueba. 7) Se somete a la población a una ingeniería social de concientización a través del terror, en la operación de propaganda política más extensa e intensa que se tenga registro. Se les obliga a llevar mascarilla, un artilugio que científicamente no sirve para nada fuera de un quirófano. 8) Se ocultan y tergiversan datos estadísticos para ocultar el monstruoso fracaso de la campaña de inoculación de vacunas. Hasta ahí vamos.

Nuestra estructura neuronal, fruto de un largo proceso de adaptación, está conformado por tres capas responsables de los mecanismos de reacción ante los estímulos del medio: la arquicorteza, responsable de las respuestas automáticas y reacciones fisiológicas que hacen posible la supervivencia; la paleocorteza, responsable de las reacciones sensitivas y emocionales; y por último la neocorteza responsable del pensamiento racional, mecanismo este último, que los humanos han desarrollado como ninguna otra especie lo ha hecho.

Tenemos la racionalidad que suponemos no tienen las abejas, pero en esta maraña de protocolos sanitarios casi nadie es capaz de ejercitar esa racionalidad. El resultado será el mismo de las abejas: sufriremos un deterioro poblacional y de salud pública incalculable de momento. Sufriremos un empobrecimiento también imposible de calcular. El endeudamiento mundial ha llegado a límites que ponen en jaque el orden económico mundial. El tren sigue veloz y el abismo está ahí; a unos pocos kilómetros de distancia. La creencia de los líderes, al igual que Greespan antes de la crisis sub prime, es que las cosas se arreglarán solas y por último, nadie de los responsables estará ahí cuando llegue la hora de pagar la cuenta.

Hombres libres y racionales: ¡Despertemos!

Septiembre 2021

 

 

 



[1] Se estima que las abejas son 100 veces más antiguas que el homo sapiens. Los ápidos existirían hace 30 millones de años y el homo sapiens hace 300 mil años

[2] Esta palabreja en política es la negación per se, de la virtud de la prudencia, aquella que obliga a ponderar TODAS las consecuencias de nuestros actos. Las abejas tienen como señalé un protocolo; abundante floración=incremento en la postura y la población de abejas reinas.

[3] Digo presunto porque hasta la fecha de hoy, el Sars 2 cov19, no ha podido ser aislado tal como la virología exige para ser identificado como tal.

[4] Este es un concepto casi delirante porque los asintomáticos son enfermos que no están enfermos y es el fundamento de esta febril fantasía tendrá devastadoras consecuencias en el mundo.

miércoles, 28 de julio de 2021

CRIMEN Y CASTIGO. BORIC, EL RASKOLNIKOV CHILENO

 


Dostoyevsky en su novela Crimen y Castigo, nos sumerge en los entresijos del alma humana. Su lectura es apasionante no obstante ser un desagrado desde la primera hasta la última línea. El genio del autor es sostener la atención del lector sobre un personaje que pudiera definirse como el arquetipo del mal: Rodión Romanovich Raskólnikov. Rodia (sobrenombre del personaje) ve el mundo a través de sus miserias. Posee una inteligencia superior y es capaz de ver esas miserias humanas donde los otros hombres no lo ven. El mundo para él es un caos que es menester remediar a cualquier costo. Él se autoasigna la condición de corrector de los males del mundo al precio incluso de bajar al infierno para ello. Es así como asesina a una anciana usurera como una forma de “limpiar” al mundo de la basura humana. El autor le ofrece un respiro de fe en el género humano a través de otro personaje también de aguda inteligencia, pero al servicio del sentido común: el juez instructor Porfirio Petrovich. En estas líneas pretendo oficiar de Petrovich en el análisis de nuestro Rodia criollo.

Los anhelos revolucionarios de un porcentaje de la población (más de un millón de votantes) han permitido escoger a un extraño personaje como su líder para que los represente en la contienda presidencial: Gabriel Boric Font. Manifiesta el personaje un carácter complejo. Hijo de una acomodada familia magallánica, ha expresado a través de sus conductas y su aspecto físico, una hostilidad radical hacia el estado de cosas en el mundo que lo rodea. Por su desaliñado aspecto físico, y por sus conductas, el hombre da cuenta de una excitada alteración en la percepción y enjuiciamiento de la realidad. Por conductas similares llevaríamos a nuestros cercanos a tenderse en el sillón de un sicoanalista para desatar los nudos que aprisionan su juicio, tan apartados de los mínimos comunes que permiten la convivencia humana.

En efecto, solo por nombrar las más llamativas; recibió entre carcajadas el obsequio de una polera que vistió, donde aparece una gráfica del asesinado Senador Jaime Guzmán con su cabeza sangrante luego de ser víctima de magnicidio, exhibiéndola como quien exhibe un trofeo. Ratificando su complacencia por este magnicidio, en un viaje a Francia fue a visitar y manifestó su solidaridad al autor del asesinato de Jaime Guzmán, Ricardo Palma Salamanca. En otro extraño y destemplado arranque, amenazó al presidente de la república con certeza propia de un fanático, que él se encargaría de someterlo a prisión sin precisar claramente por qué causa.

Sus soluciones de gobierno proyectadas en su programa son simples; todo él lo ha conseguido a través de las llamadas movilizaciones; “los cambios nacen de la lucha social”. Es la lucha en la calle la que hace encaminarse al mundo hacia una arcadia de felicidad. Entonces hay que eliminar la organización militar de Carabineros de Chile y promover que las masas se “movilicen” para el progreso y bien del país. La pobreza se soluciona de una manera muy simple: se le deben subir los sueldos a todes. Así todes serán más ricos y felices. Existe según él en el orden económico y social una violencia transversal que él se apresta a remediar. No la que asesinó cobardemente a Jaime Guzmán ni la del lumpen que ataca a Carabineros. No; él se refiere a una violencia que nosotros los comunes mortales no vemos. Según expresa, existe abrumadora evidencia científica que el mundo ecológicamente se cae a pedazos, y su gobierno está destinado a salvarlo con todes sus expertes. En resumen: Su programa de gobierno parece salido de la pluma de Rodión Raskolnikov.

La pregunta que me hago en estas letras no es, como los revolucionarios e inadaptados sociales del mundo llegan a las conclusiones que llegan; sino ¿Qué hemos hecho o hemos dejado de hacer para que más de un millón de personas hayan votado a este personaje y sea él una alternativa para ocupar la primera magistratura de la nación? Esa es la pregunta del día. Aquella que nos somete a escrutinio a nosotros; a quienes pensamos desde el sentido común; aquel sentido común que hace posible la convivencia humana.

Para respondérnosla recurro al genio de Dostoievsky quien nos ofrece una clave. El novelista juega con los nombres de la obra y de los personajes. El nombre mismo de Rodión Romanovich Raskólnikov, aquel reformador revolucionario, homicida pero transformador y profiláctico social; a través de un juego de palabras en ruso quiere significar “La Patria de los Romanov ha quebrado”. El nombre de la obra también tiene un doble sentido. El crimen por omisión de la madre Rusia avizora un castigo. ¡Que profecía más dramáticamente correcta! teniendo presente que el autor precedió la tragedia humana de 1917.

Me objetará el lector; El personaje real Boric y el ficticio Raskólnicov no son puro fruto de sus circunstancias. Su libre albedrio les habría permitido formarse juicios moralmente correctos, ahí donde han llegado a conclusiones moralmente aberrantes como las bondades del asesinato de jaime Guzmán o el homicidio cometido por propia mano en el personaje de Crimen y Castigo. Somos un yo y unas circunstancias; y objetaría bien el lector: ambos son padres de sus actos y juicios.

Mi pregunta apunta precisamente a las circunstancias que hemos creado en el mundo que nos rodea. El vacío existencial de la vida contemporánea, el centrar el bien en el tener cosas, el hecho que la competencia haya pasado a ser un hecho virtuoso, el haber permitido la destrucción del núcleo familiar, el haber considerado a la mujer madre como un recurso económico que hay que incorporar a macha martillo al “mercado” laboral, el haber convertido el domingo como el día del mall.

Si la Rusia pre revolucionaria que retrata Dostoiesky con sus valores sociales invertidos, se hubiese recuperado el sentido de la religión, de la convivencia, evitar el prurito por las vanidades opulentas, de la justicia y empatía social; los Raskólnicov quizá no hubiesen existido. Si a nuestra juventud le hubiésemos ofrecido una nación chilena unida, una riqueza mejor compartida, una mayor cercanía a las cosas de Dios, una preocupación social porque en los hogares no faltase una madre transmisora de valores y un padre proveedor; quizá Gabriel Boric se horrorizaría -como nosotros- por un crimen atroz como el de Jaime Guzmán.

Dios encarnado pidió perdón a Dios Padre por la banalidad del mal en el mundo; Padre perdónalos porque no saben lo que hacen.  No podemos traer el reino de Dios al mundo, es verdad. Pero por lo menos buscando salir del hoyo en que estamos, formemos legión para reconstruir una nación más libre de las vanidades humanas.

 

Julio de 2021

viernes, 16 de julio de 2021

LA DEGENERACION DEL IDIOMA, LA MUERTE DE LA CLARIDAD Y LA SUMISION A LA ESTUPIDEZ

 En la televisión, en la radio, en los discursos políticos, en la administración del Estado, en la judicatura, en la tarea legislativa; se impone el uso del lenguaje “inclusivo”. En su insobornable fuero interno, la mayoría de los usuarios encuentran una soberana imbecilidad tener que repetir “chilenas y chilenos”; “alumnas y alumnos”; “doctoras y doctores”. Pero los que se someten a este verdadero mantra, lo hacen para legitimarse ante los censores de lo políticamente correcto. Parecido a cuando los pobres alemanes cultos e inteligentes, durante el nazismo, debían levantar ridículamente la mano para decir heil Hitler al cruzarse con otras personas, para no ser sindicados como enemigos.

La censura viene de la introducción a macha martillo de la “teoría de género”; bodrio intelectual creado en los países nórdicos. En los años setenta del siglo XX, con el auge de los estudios feministas, se comenzó a utilizar en el mundo anglosajón el término género (ingl. gender) con un modelo conceptual creado en y por la academia. Este constructo se ha extendido a otras lenguas, entre ellas el español. En 2010, luego de un copamiento progresista, la Real Academia de la Lengua Española le cambió el significado a la palabra “género”. Desde luego degrada el prestigio y credibilidad de la RAE, haber abandonado su tradicional rol de espejo de los usos del idioma vivo, para mutar en vagón de cola del elitismo académico que pretende esculpir la sociedad a las espaldas y en sordina de la voluntad de los usuarios del idioma. Hasta antes de esta vuelta de carneo de la RAE, las palabras tenían género (y no sexo), mientras que los seres vivos tenían sexo (y no género).

Así pues, en la “teoría” feminista, con la voz sexo se designa una categoría meramente orgánica, biológica, y con el término género se alude a una supuesta categoría sociocultural que implicaría -según la teoría- diferencias o desigualdades de índole social, económica, política, laboral. Llevado a su extremo, este constructo intelectual pretende imponer la delirante idea que los sexos se han estratificado desde los confines de la humanidad en una relación de señores (los hombres) y esclavas (las mujeres). En su versión mas light también esta teoría comporta el concepto de conflicto dialéctico entre sexos. Todas estas teorías subyacen sobre el dogma del materialismo dialéctico en que la historia del hombre avanza a través del conflicto dialéctico, tesis-antítesis-síntesis. Algo así como el dogma de la reencarnación: hay que creerlo y punto y hay que amoldar la realidad al dogma.

Es el sexo algo omnipresente en el mundo físico y espiritual del hombre, y tener claridad sobre el mismo, es condición necesaria para tener conciencia de sí mismo. A la inversa, tener confusión sobre algo tan omnipresente como el sexo, nos aleja de nuestra individuación; nos aliena y nos aproxima a la animalidad. Y la claridad nos la da principalmente, una creación civilizatoria que es posterior a la del idioma y un producto de él: el concepto.

¿Cuándo, además de estar viendo algo, tenemos su concepto? Cuándo sobre el sentir el bosque en torno, tenemos el concepto del bosque, ¿qué salimos ganando con hacerlo? Comparado con la cosa misma, el concepto no es más que un espectro, o menos aún que un espectro. Jamás nos dará el concepto lo que nos da la impresión; pero Jamás nos dará la impresión lo que nos da el concepto, a saber: la forma, el sentido físico y moral de las cosas. En una palabra: la claridad. Claridad significa tranquila posesión espiritual, dominio suficiente de nuestra conciencia sobre las imágenes, un no padecer inquietud ante la amenaza de que el objeto apresado nos huya. Esta claridad nos es dada por el concepto. Toda labor de cultura es una interpretación—esclarecimiento, explicación o exégesis—de la vida. Claridad no es vida, pero es la plenitud de la vida. ¿Cómo conquistarla sin el auxilio del concepto?[1]

A mucha gente le parece meramente ridículo esto del idioma inclusivo, pero para no parecer irrespetuoso o poco empático con las “oprimidas”, la usan. A menudo este ceder y conceder a la estupidez es parte de una pereza de resistirse a ella. Pero en todo caso es un grave error. A través de esta concesión ayudamos a tender un manto negro sobre la comprensión del ser del hombre y su destino ético y existencial.

Pero la cuestión no es tan trivial e inofensiva. Conceder en este aspecto importa hipotecar la claridad, y cuando se trabaja en educación en universidades y escuelas la confusión y desorientación como imperativo es un fraude. Se engaña que se está educando cuando en verdad se les está confundiendo a los educandos.

Un ejemplo de resistencia lo está brindando en Canadá y los EEUU, el sicoanalista Jordan Peterson. En Canadá se llegó al extremo de imponer por ley el uso de artículos y pronombres para identificar supuestos terceros y cuartos sexos. Peterson se rebeló a ello y señaló; dije, y repito, que no voy a usar esos términos. Primero, porque la imposición de palabras por ley es inaceptable y no tiene precedentes. Y, segundo, porque son neologismos creados por los neomarxistas para controlar el terreno semántico. Y no hay que ceder nunca el terreno semántico porque si lo haces, has perdido. Ahora, imagine que ya hubiésemos cedido. Que hubiésemos aceptado que una persona se define por su identidad colectiva, por cualquiera de sus fragmentos: género, raza, etnia, el que sea. ¿Qué pasaría? La narrativa opresor-oprimido se habría impuesto.

Y Peterson no lo sostiene por pura maña: Las palabras son espadas de fuego al servicio de la revolución. La frase es del filósofo marxista francés Louis Althusser. A confesión de parte relevo de prueba.

Por amor a la verdad: no a la estupidización del idioma; no al idioma inclusivo.

 

 



[1] Meditaciones del Quijote; José Ortega y Gasset

jueves, 17 de junio de 2021

LA DERECHA; DE CONDUCTORA DE VOLUNTADES COLECTIVAS, A LETRA DE TANGO

 


Luego del resultado de las elecciones de 13 de junio, leyendo los juicios emitidos en múltiples grupos de whatsapp de “derecha”, me recordé de las letras de los tangos de Le Pera y Discepolo. ¿Han puesto atención en los versos de esas celebridades de la bohemia bonaerense? Son de un fatalismo afectado y casi ridículo; contra el destino nadie las talla; o, veras que todo es mentira; verás que nada es amor, que al mundo nada le importa, gira, gira. ¿Por qué gustan? Porque interpelan a la autodefensa de uno mismo, cuando tu vida está plagada de malas decisiones que te acarrean consecuencias negativas, le endosas la culpa al destino fatal.

Pero en política, el fatalismo es una explicación muy burda. En la praxis política somos señores de nuestros aciertos y esclavos de nuestros errores. No hay un destino cruel como en el tango. El destino es el que cada uno se labra.

La derecha ha perdido fuerza como consecuencia de su incapacidad de erigir una agenda que resuelva las patologías de la modernidad. La frase anterior no es de un “derechista”; pertenece al profesor Carlos Peña, pensador reconocidamente de izquierda.

¿A que se ha reducido la derecha en el ámbito de la intelectualidad humanista? A defender sus “principios”. Pero ha tratado a esos principios como ídolos intocables, sin contacto con la contingencia. Guardados en templos y custodias no los ha sacado en procesión, al frio de las realidades contingentes. Y así, aquellos principios quedan como explicaciones y pautas de conductas, solo para los convencidos y para quienes no ven o no quieren ver lo que el profesor Peña llama “las patologías de la modernidad”.

¿Que son “los principios”? Visiones basales del mundo que nos rodea; pautas a lo que entendemos debemos ordenar nuestra vida y a las que estimamos, se debe ordenar la sociedad que nos rodea; todo ello para el mayor logro de nuestros objetivos existenciales, y, para los que creemos en una existencia trascendental, prepararnos para ella.

La juventud es una etapa de la vida en que nuestra conciencia escanea la realidad, para ubicarnos en un espacio de esa realidad que nos permita “vivir la vida” de la manera que lo queremos hacer, o, como sucede en nuestros primeros años de individuos conscientes, como intuimos vagarosamente que lo debemos hacer. Son los jóvenes quienes, fruto de este escrutinio preparatorio para la vida, más finamente detectan las patologías del mundo que los rodea, porque “en eso se les va la vida”. Cuando la realidad opone resistencias a vivir la vida como estimamos que debemos hacerlo, el escrutador del mundo recurre a explicaciones que le ofrezcan una salida. Los jóvenes principalmente y muchos que vivimos observando el devenir contingente así lo hacemos. Angustia es una emoción que surge cuando la realidad es distinta a la que deseamos que ella sea. No se piense que soy victimista. Cada uno se labra su destino cuando usa equilibradamente de su inteligencia y de su voluntad. Pero no se puede negar que se fueron acumulando dificultades para que los jóvenes encararan ese tarea. A muchos la angustia los bloqueó.

Pero las élites de la llamada derecha, satisfechas con sus convicciones y principios especialmente desde la caída del muro de Berlín, no estuvieron advertidas que el devenir del mercado abierto y de las costumbres liberalizadas generaba patologías y a veces graves patologías. La misma libertad en ambos ámbitos fue degenerando, y en lugar de expandir la libertad, fue reduciendo los espacios y angostando el horizonte de los que salían de la cáscara de la niñez a la vida adulta. Estos fenómenos y sus circunstancias fueron ayudando con sus deterioros, a que el mundo fuese un lugar más hostil y menos apropiado para una vida de familia, para la solidaridad entre padres e hijos y para la convivencia y solidaridad entre esposos; segregó la sociedad entre los exitosos y los que sobran. En la angustia propia de quien percibe la realidad del mundo y sus aspiraciones, acosados por la demagogia de socialistas y partidarios de una sociedad planificada y controlada; la juventud comenzó a inclinarse hacia esas recetas probadamente fracasadas en el pasado reciente y, la libertad se hizo un valor por inalcanzable, impopular. Chile se hizo el único lugar del mundo donde una doctrina genocida que asesinó a más de mil millones de seres humanos, reciclara su “marca registrada” como una opción para dirigir al país.

Pero volviendo a la derecha: ¿Por qué esto no se advirtió en circunstancias que intelectuales de la talla de un Gonzalo Vial Correa lo voceó hace ya 15 años, y se fue a la tumba sin ser escuchado? Por las mismas razones que el Rey Salomón fue el causante de la diáspora del pueblo elegido de Dios en la Biblia. Por los viejos vicios que acompañan a la humanidad desde que el hombre es hombre: codicia, avaricia, lujuria y cobardía.

¿Y que hacemos ahora? Osvaldo Spengler expresaba una metáfora: Si yo quiero que un barco fletado por un mercader llegue a destino ¿le entrego el timón al mercader o al piloto? La respuesta es obvia. Pero la derecha le entregó el mando a los mercaderes y los mercaderes hicieron lo que saben hacer; maximizar sus utilidades económicas. ¿Cuál fue la oferta de Piñera para ser elegido? Crecimiento económico; único horizonte concreto del porvenir para los conductores de la derecha. ¿Qué propongo? Cambio en el pilotaje. Que se bajen todos los que nos han llevado directo al iceberg del Titanic. Darle el mando a quienes propongan la reconstrucción de la familia destruida, a los que propongan una educación escolar centrada en los valores de la familia, de la unidad nacional, de la solidaridad entre clases, a los que promuevan el domingo como el día de la familia y no del centro comercial. Quitarle el timón a quienes permitieron que la libre competencia degenerara en la libertad para despedazar a los débiles abusando de posiciones de mercado, quienes permitieron una concentración económica no por mérito de crear riqueza sino de quitársela a los que tienen una posición de mercado desmejorada. Quitarle el timón a quienes confundieron libertad de expresión con libertad para agredir comunicacionalmente a las personas de poco juicio.

Los valores son los mismos: libertad, seguridad, igualdad, solidaridad. La izquierda privilegia algunos sobre otros; igualdad sobre la libertad; seguridad por sobre la libertad. Nosotros, quienes abrazamos los valores o las prioridades de esos valores en la perspectiva de la derecha, sabemos que resulta con la receta de izquierda: poder para el estado, tiranía explícita o larvada, pobreza y falta de horizontes. Los ejemplos en la modernidad están a la vista. Nosotros privilegiamos la libertad sobre la igualdad; la libertad sobre la seguridad. ¿Por qué lo hacemos? Tenemos 100 o 1000 relatos para explicarlos. Pero nuestros líderes (o más bien, los que se han apoderado mañosamente del timbre que los acredita como nuestros líderes) carecen de formación humanista, les falta imaginación; y en muchos casos les sobra codicia y avaricia.

Nada sucede por fatalidad como en el tango. Allamand hace años proponía el “desalojo” de la izquierda”. Yo propongo el desalojo de los que han dirigido a la derecha.

Junio 2021

lunes, 7 de junio de 2021

OBJETIVISMO, PERSPECTIVISMO, RELATIVISMO, E IDIOMA


La ciencia física y la biología nos ofrecen en los tiempos que corren, evidencias que nos mantienen perplejos; la materia no es estática, se encuentra en un devenir, en un curso; en un desde, rumbo a un hacia. Moléculas que están en un eterno potenciarse o degradarse, conformadas por estructuras atómicas que giran a unas velocidades increíblemente altas, y que tan pronto se conforman en esos órdenes, como también se dislocan y se transforman en “otra cosa”. La biología moderna ha demostrado que los seres vivos tienen una indeterminada (y quizá indeterminable) aptitud de mutar en estructuras diferentes. Todo este cuerpo de estructuras vivas e inertes, viajan a través del espacio en expansión desde un hipotético día cero del big bang, hacia un destino y en un rumbo imposible de determinar para la inteligencia humana. Nuestra fuente de vida que es el sol, también fluye y se consume, de modo que es posible conjeturar con datos bastante precisos, que un día dejará de alumbrarnos y hacer posible la vida en la tierra. Para mayor perplejidad, la conducta de estos cuerpos atómicos, que creíamos se conducen de modo causal y predecible, se ha constatado que en determinadas circunstancias se conducen de manera aleatoria y eventualmente arbitraria.

Estas evidencias-conjeturas-hipótesis, de las ciencias naturales, es el telón de fondo, o el suelo, o el entorno; desde donde el hombre se hace las preguntas eternas de la filosofía. Y así ha sido desde los albores del pensamiento codificado por el idioma, que en occidente lo fundamos en aquellos pensadores de las costas de Anatolia, por allá por el siglo quinto antes de Cristo. Desde entonces hemos desarrollado conceptos, gracias al idioma, fundados en el retrato que se tiene de la realidad en base a lo que la acumulación de conocimientos sobre la realidad material que nos circunda, nos permite conjeturar.

¿Qué sucede pues cuando aparece un Galileo y zamarrea el árbol de la realidad, y empiezan a caer frutos, cuya existencia antes no nos representábamos que podían existir? Pues sucede lo que gatilló Galileo. La visión del mundo comienza a cambiar a un punto tal que las convicciones y certezas que se tenían entonces se fracturan, caen y se comienzan a disolver. En su defensa el angustiado náufrago de esas ideas que es la conciencia humana, edifica nuevas certezas para poder aferrarse a ellas. Y lo que a mí juicio sucede en el mundo moderno, es que las nuevas evidencias descritas en el primer párrafo de estas letras, conforman un nuevo telón de fondo, suelo, o entorno, en que las ideas filosóficas se reacomodan. Y siendo este reacomodo muy lento y doloroso, lo que vivimos creo yo, es precisamente la “crujidera” de las ideas de la ilustración, que ordenaron el mundo hasta hace muy poco. Así, nos encontramos “dando palos de ciego” en esa búsqueda de nuevas certezas y son algunos de esos palos de ciego, los que pretendo develar.

En efecto, no son estas conjeturas ocio de diletantes sin relación con nuestra vida cotidiana. Por el contrario. El impacto de esta fractura de las convicciones que fundó Newton con la ley de gravitación universal, hoy en franco cuestionamiento y disolución como pilar de la carpa del mundo, nos afectan de una manera cotidiana en el debate social, valórico y político. La ilustración, el racionalismo y la fe en el progreso y la ciencia empírica, lentamente se van inundando y amenazan con irse a pique. La teoría de la relatividad de Einstein, las evidencias sobre las dimensiones y expansión del universo, la teoría cuántica sobre la incausal conducta de cierta materia, son las que implícitamente inducen a Nietsche a su filosofar con el martillo, haciendo trizas las convicciones pretéritas. El nihilismo implícito de filósofos como el bigotudo alemán o Foucauld, es en cierto sentido un vaciamiento de las convicciones ilustradas sin un relleno aun con nuevas convicciones.

Ante esta fractura reaparece la vieja polémica, prexistente ya en la filosofía pre-socrática entre el objetivismo del mundo observado y el subjetivismo del sujeto que observa. Cuando no hay certezas, cualquier postura tiene tribuna -todo vale- y hoy vemos que las academias y la política están inundadas de un subjetivismo bastante obtuso. Es menester coger el martillo de Nietsche para darle de martillazos (filosóficos se entiende) y traer cordura y cauce a los debates.

Uno de los enemigos del subjetivismo imperante es el idioma. Florecieron en Francia y prosperaron en la academia en Estados Unidos, y ahora nos llegan envasados -deteriorados como muchas cosas que heredamos de Europa- a nuestro suelo, una vocación critica en contra de las certezas que nos provee el idioma. Este subjetivismo del observador ha llevado a postular con vehemencia dogmática, que debemos deconstruir (sin eufemismos léase “destruir”) el idioma. Aquellos edificios de la inteligencia lenta y trabajosamente acumulados de generación en generación. El armonioso castellano, el poético francés, el objetivo y certero inglés, el polifacético alemán son precisamente prodigios de la inteligencia humana. Ahora desde la academia, se propone deconstruirlos. El hombre por siglos ha creado reglas lingüísticas para mejor entenderse; y en castellano cuando se usa el género masculino se lo hace para invocar a personas de ambos sexos; no se lo hace no para imponer un sexo sobre el otro, sino para hacer el idioma un efectivo medio de entendimiento entre personas, hacerlo vivaz rápido y certero. Con la invocación a una supuesta virtud de ser “inclusivo”, imbecilidad que nadie es capaz de definir aun, se demuele el idioma repitiendo personas supuestamente inteligentes, como si fuese una letanía, los dos géneros en cada frase, tal como cuando veíamos a los nazis ridículamente levantar la mano para decir ¡heil Hitler!, cada vez que se cruzaban con alguien. Al escuchar esta letanía, me convenzo qué estamos en presencia no de la demolición del idioma, sino la demolición de la inteligencia; a la vez qué al sometimiento coercitivo por sumisión, a una regla totalitaria y estúpida. Si esto se impone en un “centro de pensamiento” como es supuestamente la universidad, ya el fenómeno es francamente delirante.

Otro de los enemigos del subjetivismo es el sexo. Para que no quede ninguna barrera que impida el imperio de la subjetividad, se impone a macha martillo la doctrina de género que pretende subjetivizar la realidad biológicamente objetiva del sexo, que dentro de otras consideraciones implica la continuidad misma de la especie. Esta subjetivización se pretende imponer con vehemencia totalitaria a través de la llamada, “doctrina” de género. Esta postula que el sexo no existe más que por una imposición, y que participar de un sexo es una decisión volitiva de cada uno. Algo así como los burros vuelan y yo no los veo volar, porque les he impuesto autoritariamente un rol de cuadrúpedos terrestres. Pero si me pongo a repetir en la academia, en la prensa y en las cabezas de góndolas de los supermercados que los burros vuelan, pues el que se oponga a la vocación aérea de los burros, será un discriminador que no quiere “incluir” a los burros en el universo etéreo, y por ende seré un burrofóbico[1]. ¿Da risa? Pero es que es, exactamente lo que sucede actualmente frente a nuestras narices.

En la política, este relativismo forzado y estulticia global se impone a través de la supuesta necesidad que los homosexuales contraigan matrimonio. El Estado, a través de los siglos a creado instituciones jurídicas obligatorias, cuyas fuentes materiales siempre han sido necesidades colectivas que es necesario regular forzosamente. La fuente material que dio lugar a la existencia de la institución jurídica del matrimonio no fue jamás el sexo en si mismo, sino la debilidad de la mujer para soportar sola la maternidad y la debilidad intrínseca de la prole. Por eso se llama matri-monio. Para proteger la matriz generadora de vida y al fruto de esa matriz. Jamás fue para proteger que las personas tuvieran sexo o convivieran. Al estado desde siempre, salvo por consideraciones de salud pública, nada le ha importado que las personas adultas tuviesen sexo entre ellos. A la moral de las personas que buscan una vida elevada de las bajas pasiones y administrar su libertad en la búsqueda de lo justo, lo bueno y lo bello, si que les puede repugnar la poligamia, la homosexualidad o el quiebre de las familias durante la dependencia de la prole; pero salvo cuando está comprometida la protección de los débiles, el estado no tiene ninguna justificación para intervenir con normas jurídicas imperativas. ¿Qué protección hacia los débiles hay en una pareja de homosexuales? Ninguna. Entonces ¿Que hay detrás de esta manía del mainstrem -que los políticos siguen como perritos falderos- de imponer el matrimonio de los homosexuales en los ordenamientos jurídicos de occidente? Implícito a ello está la tentación totalitaria de imposición de la subjetividad nihilista, imponiéndose por sobre las manifiestas realidades objetivas. En este caso, haciendo absolutamente artificial y letra muerta el orden jurídico civil.

José Ortega y Gasset advirtió hace cien años esta actitud que ya entonces despuntaba en occidente: el subjetivismo trepando por la borda ante el naufragio de las antiguas convicciones[2]. Para combatirla propuso una nueva epistemología[3] que fuese un remedio a esa tendencia. La denominó el perspectivismo. Su célebre metáfora de la naranja cogida por el observador implica observar una parte de su contorno y negársenos el resto; y al cambiar de posición de observación, perdemos la original perspectiva al ganar la que originalmente no observáramos. Sostenía que, siendo la posición del espectador de la realidad siempre relativa, la realidad objetiva es interpretada parcialmente desde una perspectiva y circunstancia. Solo somos capaces de observar la realidad objetiva desde una perspectiva; la nuestra. Pero la realidad sigue allá afuera de las subjetividades. Esta propuesta orteguiana nos permite confrontar esta conducta delirante que hemos descrito para que el individuo y la colectividad humana retorne a su cauce de convivencia y equilibrio.

Cuando era niño padecía de terrores nocturnos. Despertaba en la obscuridad y se me ocurría que la Calchona, que era una bruja maléfica cuya existencia me habían referido en mis estadías en el campo, se aparecería desde dentro del closet y me atacaría. Corría al dormitorio de mis padres. Mi padre, noche a noche, racionalmente me convencía qué la Calchona no existía y volvía a la paz del sueño.

La obscuridad de las certezas en el mundo contemporáneo, llevan a la humanidad a un pensamiento mágico similar al de la Calchona. Para enfrentar los despropósitos de la deconstrucción idiomática debemos enfrentar la vehemencia totalitaria, sin indignaciones morales, sino develando la ridiculez de aquellos artificiales conceptos. La indignación moral, aunque la sintamos y legítimamente, nos separa como un resorte de aquellos posesos de estas ideas delirantes. Debemos convencerlos, que la Calchona no existe.

Junio de 2020

 



[1] Metáfora expresada por Javier Banegas en “La Ideología Invisible”

[2] En sus obras “La Deshumanización del arte” y “En torno a los valores”

[3] Rama de la filosofía que trata sobre los fundamentos y métodos a través de los cuales se forma el pensamiento.

jueves, 3 de junio de 2021

DESDE EL “SOLO SE QUE NADA SE” SOCRATICO, HASTA EL “SOLO SE QUE TODO SE” HEGELIANO. A PROPOSITO DEL PROGRAMA DEL FRENTE AMPLIO

 

A riesgo de ser lapidado por la comunidad erudita quiero provocar al lector a reflexionar, de qué manera la erudición y el academicismo contemporáneo nos tiene sumidos en un pozo de confusiones. Todos conocemos el apotegma socrático “solo sé que nada sé” supuestamente expresado por Sócrates, el famoso tábano[1] de Atenas; obviamente una hipérbole del petiso ateniense para desnudar la arrogancia intelectual de los sofistas. Estos últimos personajes de Atenas que hoy podríamos ver representados en la academia por doctores, doctorandos, Phd, post doctorandos y otras subespecies de eruditos.

Luego de la formidable proeza intelectual del otro pequeño gigante, Inmanuel Kant, la filosofía alemana se desborda en pensadores que han legado a la humanidad algunas ideas luminosas, pero también bastantes confusiones. Muchos de ellos despreciando o derechamente abandonando la claridad [2] y por consecuencia el respeto hacia el lector; sea de manera deliberada o por falta de destreza en el uso del idioma. El resultado de esta obscuridad es que algunas “célebres” obras -por causa de esta confusión- sirven para un barrido y un fregado. Es el caso de Hegel, quién a mi juicio inicia una carrera, que tiene a la filosofía contemporánea sumida en la confusión más patética; donde la erudición pareciera que se mide en la aptitud para confundir más que para iluminar. A través de su obscuridad Hegel sirvió de fundamento tanto para un neo espiritualismo, como para la genocida doctrina del comunismo.

En efecto, es Hegel el que genera una implícita jerarquía de los pensadores, donde los más eruditos pretenden ser los creadores de Sistemas de Pensamiento. Estos sistemas son las cuevas protectoras que nos permiten una sensación de control intelectual sobre la confusa realidad; esa que se encuentra allá afuera de la cueva. Los sistemas de pensamiento son aquello que nos permite tener una supuesta respuesta para todos los fenómenos de la realidad. En estos oscuros pero protegidos refugios, es donde afloran esos gigantescos hongos que son las ideologías. El último estadio del refinamiento de los sistemas de pensamiento, que provocan la esclerosis del entendimiento hacia la realidad circundante y el desprecio intelectual hacia ella.

También hay filósofos que al igual que el pequeño Sócrates, pretenden ser nuestros tábanos contemporáneos, pero la academia se encarga de darles una cicuta mucho más amarga que la que debió soportar el ateniense: el azote de la indiferencia, el olvido; el desinterés hacia ellos por haber cometido el pecado de tironear hacia fuera de la caverna a sus lectores. A veces se les cita de nombre para demostrar respeto reverencial hacia ellos, pero se ocultan e ignoran sus ideas y obras. Todo el que no se cobije dentro de un sistema, y dialogue bajo el paraguas de un “marco conceptual”, está fuera de la academia. Estos parias forman legiones en el mundo. En Chile por nombrar alguno: el ignorado Jorge Millas.

El desiderátum de esta confusión de hierofantes de la filosofía, lo representa la escuela autodenominada post estructuralista francesa[3]. Si la obra de Hegel es confusa y da para más de una interpretación, lo de los hierofantes franceses de la filosofía contemporánea es una verdadera adicción a lo confuso. “Que cada uno saque las conclusiones que quiera” pareciera ser el lema. Es así como algunos ven una cosa y otros otra en Foucauld o Derridá [4]. Pero gracias a haberme dado “la lata” de intentar nadar en sus cenagosas y turbias aguas, reconozco su idioma o más bien su jerigonza.

¿Pero qué importancia tienen para nosotros chilenos, lo que digan este ramillete de diletantes franceses?

Al leer el programa de gobierno del candidato presidencial Gabriel Boric, elaborado según él, por más de 450 “expertas y expertos[5] según el postulante a la dignidad presidencial, me encuentro con esta jerigonza y reconozco entonces el “marco conceptual” en el que se desenvuelven los auto declarados expertos.

Cuando estos adictos a la confusión semántica se encuentran encerrados en la academia, no causan más pérdidas que el patrimonio de los padres que pagan la universidad y el tiempo de los pobres alumnos que los escuchan. Pero cuando este verdadero paquete de virutilla conceptual accede o pretende acceder a la primera magistratura de la nación la cuestión nos afecta a todos.

Lo que se reconoce en el programa del señor Boric, es un total y completo desprecio por los datos que nos provee la realidad empírica en aras a un relato más o menos trasnochado pero adobado con la novísima doctrina de género. Todo bajo un envase y una falsa épica como de novela. Una gráfica donde aparece un Kombi Volkswagen que fue el símbolo de la revolución de las flores californiana de los 60 ¡del siglo pasado! rodeado de montañas de colores. Una visión onírica de un socialismo que fracasó hace 50 años en Chile, y a través de datos taxativamente erróneos de la realidad empírica se pretende envolver una propuesta fácticamente totalitaria de gobierno globalista, sin respeto a la soberanía nacional, bajo le égida de la agenda 20-30, patrocinado por la burocracia totalitaria de las Naciones Unidas y sus generosos dinosaurios ultra capitalistas. Tiene también algunos aderezos de comunismo maoísta y muchas, muchas, muchas; intenciones sin una descripción de cursos de acción para lograrlas.

Si los electores se dejan engatusar por este tratado de demagogia sofista, quiere decir que se merecen ser gobernados por tiranías burocráticas que propone Gabriel (así se le nombra). Espero que los tábanos chilenos hagan su trabajo de desnudar que el rey Boric va desnudo.

Gabriel; repite conmigo: solo sé que nada sé.

Junio 2021

 

 



[1] Así le decían por perturbar la tranquilidad intelectual especialmente de los sofistas

[2] Al decir de Ortega y Gasset "claridad es la gentileza de los filósofos"

[3] Se disputa mucho entre los sabios de la academia sobre los nombres, categorías y subespecies de estas “escuelas”

[4] Foucauld es el único -quizá no tan confuso en su retórica, pero sí en sus conclusiones- que me he dado el trabajo de leer una obra hasta el final, porque Derrida, Guatarí y Lacan a un tercio o menos de sus “reconocidos” aportes intelectuales, he abandonado su lectura bajo la convicción que me estaban tomando el pelo

[5] Esto de repetir los dos géneros de los artículos es de una irritante monotonía como cuando los musulmanes repiten allhu akbar entre cualquier frase.