viernes, 16 de julio de 2021

LA DEGENERACION DEL IDIOMA, LA MUERTE DE LA CLARIDAD Y LA SUMISION A LA ESTUPIDEZ

 En la televisión, en la radio, en los discursos políticos, en la administración del Estado, en la judicatura, en la tarea legislativa; se impone el uso del lenguaje “inclusivo”. En su insobornable fuero interno, la mayoría de los usuarios encuentran una soberana imbecilidad tener que repetir “chilenas y chilenos”; “alumnas y alumnos”; “doctoras y doctores”. Pero los que se someten a este verdadero mantra, lo hacen para legitimarse ante los censores de lo políticamente correcto. Parecido a cuando los pobres alemanes cultos e inteligentes, durante el nazismo, debían levantar ridículamente la mano para decir heil Hitler al cruzarse con otras personas, para no ser sindicados como enemigos.

La censura viene de la introducción a macha martillo de la “teoría de género”; bodrio intelectual creado en los países nórdicos. En los años setenta del siglo XX, con el auge de los estudios feministas, se comenzó a utilizar en el mundo anglosajón el término género (ingl. gender) con un modelo conceptual creado en y por la academia. Este constructo se ha extendido a otras lenguas, entre ellas el español. En 2010, luego de un copamiento progresista, la Real Academia de la Lengua Española le cambió el significado a la palabra “género”. Desde luego degrada el prestigio y credibilidad de la RAE, haber abandonado su tradicional rol de espejo de los usos del idioma vivo, para mutar en vagón de cola del elitismo académico que pretende esculpir la sociedad a las espaldas y en sordina de la voluntad de los usuarios del idioma. Hasta antes de esta vuelta de carneo de la RAE, las palabras tenían género (y no sexo), mientras que los seres vivos tenían sexo (y no género).

Así pues, en la “teoría” feminista, con la voz sexo se designa una categoría meramente orgánica, biológica, y con el término género se alude a una supuesta categoría sociocultural que implicaría -según la teoría- diferencias o desigualdades de índole social, económica, política, laboral. Llevado a su extremo, este constructo intelectual pretende imponer la delirante idea que los sexos se han estratificado desde los confines de la humanidad en una relación de señores (los hombres) y esclavas (las mujeres). En su versión mas light también esta teoría comporta el concepto de conflicto dialéctico entre sexos. Todas estas teorías subyacen sobre el dogma del materialismo dialéctico en que la historia del hombre avanza a través del conflicto dialéctico, tesis-antítesis-síntesis. Algo así como el dogma de la reencarnación: hay que creerlo y punto y hay que amoldar la realidad al dogma.

Es el sexo algo omnipresente en el mundo físico y espiritual del hombre, y tener claridad sobre el mismo, es condición necesaria para tener conciencia de sí mismo. A la inversa, tener confusión sobre algo tan omnipresente como el sexo, nos aleja de nuestra individuación; nos aliena y nos aproxima a la animalidad. Y la claridad nos la da principalmente, una creación civilizatoria que es posterior a la del idioma y un producto de él: el concepto.

¿Cuándo, además de estar viendo algo, tenemos su concepto? Cuándo sobre el sentir el bosque en torno, tenemos el concepto del bosque, ¿qué salimos ganando con hacerlo? Comparado con la cosa misma, el concepto no es más que un espectro, o menos aún que un espectro. Jamás nos dará el concepto lo que nos da la impresión; pero Jamás nos dará la impresión lo que nos da el concepto, a saber: la forma, el sentido físico y moral de las cosas. En una palabra: la claridad. Claridad significa tranquila posesión espiritual, dominio suficiente de nuestra conciencia sobre las imágenes, un no padecer inquietud ante la amenaza de que el objeto apresado nos huya. Esta claridad nos es dada por el concepto. Toda labor de cultura es una interpretación—esclarecimiento, explicación o exégesis—de la vida. Claridad no es vida, pero es la plenitud de la vida. ¿Cómo conquistarla sin el auxilio del concepto?[1]

A mucha gente le parece meramente ridículo esto del idioma inclusivo, pero para no parecer irrespetuoso o poco empático con las “oprimidas”, la usan. A menudo este ceder y conceder a la estupidez es parte de una pereza de resistirse a ella. Pero en todo caso es un grave error. A través de esta concesión ayudamos a tender un manto negro sobre la comprensión del ser del hombre y su destino ético y existencial.

Pero la cuestión no es tan trivial e inofensiva. Conceder en este aspecto importa hipotecar la claridad, y cuando se trabaja en educación en universidades y escuelas la confusión y desorientación como imperativo es un fraude. Se engaña que se está educando cuando en verdad se les está confundiendo a los educandos.

Un ejemplo de resistencia lo está brindando en Canadá y los EEUU, el sicoanalista Jordan Peterson. En Canadá se llegó al extremo de imponer por ley el uso de artículos y pronombres para identificar supuestos terceros y cuartos sexos. Peterson se rebeló a ello y señaló; dije, y repito, que no voy a usar esos términos. Primero, porque la imposición de palabras por ley es inaceptable y no tiene precedentes. Y, segundo, porque son neologismos creados por los neomarxistas para controlar el terreno semántico. Y no hay que ceder nunca el terreno semántico porque si lo haces, has perdido. Ahora, imagine que ya hubiésemos cedido. Que hubiésemos aceptado que una persona se define por su identidad colectiva, por cualquiera de sus fragmentos: género, raza, etnia, el que sea. ¿Qué pasaría? La narrativa opresor-oprimido se habría impuesto.

Y Peterson no lo sostiene por pura maña: Las palabras son espadas de fuego al servicio de la revolución. La frase es del filósofo marxista francés Louis Althusser. A confesión de parte relevo de prueba.

Por amor a la verdad: no a la estupidización del idioma; no al idioma inclusivo.

 

 



[1] Meditaciones del Quijote; José Ortega y Gasset

jueves, 17 de junio de 2021

LA DERECHA; DE CONDUCTORA DE VOLUNTADES COLECTIVAS, A LETRA DE TANGO

 


Luego del resultado de las elecciones de 13 de junio, leyendo los juicios emitidos en múltiples grupos de whatsapp de “derecha”, me recordé de las letras de los tangos de Le Pera y Discepolo. ¿Han puesto atención en los versos de esas celebridades de la bohemia bonaerense? Son de un fatalismo afectado y casi ridículo; contra el destino nadie las talla; o, veras que todo es mentira; verás que nada es amor, que al mundo nada le importa, gira, gira. ¿Por qué gustan? Porque interpelan a la autodefensa de uno mismo, cuando tu vida está plagada de malas decisiones que te acarrean consecuencias negativas, le endosas la culpa al destino fatal.

Pero en política, el fatalismo es una explicación muy burda. En la praxis política somos señores de nuestros aciertos y esclavos de nuestros errores. No hay un destino cruel como en el tango. El destino es el que cada uno se labra.

La derecha ha perdido fuerza como consecuencia de su incapacidad de erigir una agenda que resuelva las patologías de la modernidad. La frase anterior no es de un “derechista”; pertenece al profesor Carlos Peña, pensador reconocidamente de izquierda.

¿A que se ha reducido la derecha en el ámbito de la intelectualidad humanista? A defender sus “principios”. Pero ha tratado a esos principios como ídolos intocables, sin contacto con la contingencia. Guardados en templos y custodias no los ha sacado en procesión, al frio de las realidades contingentes. Y así, aquellos principios quedan como explicaciones y pautas de conductas, solo para los convencidos y para quienes no ven o no quieren ver lo que el profesor Peña llama “las patologías de la modernidad”.

¿Que son “los principios”? Visiones basales del mundo que nos rodea; pautas a lo que entendemos debemos ordenar nuestra vida y a las que estimamos, se debe ordenar la sociedad que nos rodea; todo ello para el mayor logro de nuestros objetivos existenciales, y, para los que creemos en una existencia trascendental, prepararnos para ella.

La juventud es una etapa de la vida en que nuestra conciencia escanea la realidad, para ubicarnos en un espacio de esa realidad que nos permita “vivir la vida” de la manera que lo queremos hacer, o, como sucede en nuestros primeros años de individuos conscientes, como intuimos vagarosamente que lo debemos hacer. Son los jóvenes quienes, fruto de este escrutinio preparatorio para la vida, más finamente detectan las patologías del mundo que los rodea, porque “en eso se les va la vida”. Cuando la realidad opone resistencias a vivir la vida como estimamos que debemos hacerlo, el escrutador del mundo recurre a explicaciones que le ofrezcan una salida. Los jóvenes principalmente y muchos que vivimos observando el devenir contingente así lo hacemos. Angustia es una emoción que surge cuando la realidad es distinta a la que deseamos que ella sea. No se piense que soy victimista. Cada uno se labra su destino cuando usa equilibradamente de su inteligencia y de su voluntad. Pero no se puede negar que se fueron acumulando dificultades para que los jóvenes encararan ese tarea. A muchos la angustia los bloqueó.

Pero las élites de la llamada derecha, satisfechas con sus convicciones y principios especialmente desde la caída del muro de Berlín, no estuvieron advertidas que el devenir del mercado abierto y de las costumbres liberalizadas generaba patologías y a veces graves patologías. La misma libertad en ambos ámbitos fue degenerando, y en lugar de expandir la libertad, fue reduciendo los espacios y angostando el horizonte de los que salían de la cáscara de la niñez a la vida adulta. Estos fenómenos y sus circunstancias fueron ayudando con sus deterioros, a que el mundo fuese un lugar más hostil y menos apropiado para una vida de familia, para la solidaridad entre padres e hijos y para la convivencia y solidaridad entre esposos; segregó la sociedad entre los exitosos y los que sobran. En la angustia propia de quien percibe la realidad del mundo y sus aspiraciones, acosados por la demagogia de socialistas y partidarios de una sociedad planificada y controlada; la juventud comenzó a inclinarse hacia esas recetas probadamente fracasadas en el pasado reciente y, la libertad se hizo un valor por inalcanzable, impopular. Chile se hizo el único lugar del mundo donde una doctrina genocida que asesinó a más de mil millones de seres humanos, reciclara su “marca registrada” como una opción para dirigir al país.

Pero volviendo a la derecha: ¿Por qué esto no se advirtió en circunstancias que intelectuales de la talla de un Gonzalo Vial Correa lo voceó hace ya 15 años, y se fue a la tumba sin ser escuchado? Por las mismas razones que el Rey Salomón fue el causante de la diáspora del pueblo elegido de Dios en la Biblia. Por los viejos vicios que acompañan a la humanidad desde que el hombre es hombre: codicia, avaricia, lujuria y cobardía.

¿Y que hacemos ahora? Osvaldo Spengler expresaba una metáfora: Si yo quiero que un barco fletado por un mercader llegue a destino ¿le entrego el timón al mercader o al piloto? La respuesta es obvia. Pero la derecha le entregó el mando a los mercaderes y los mercaderes hicieron lo que saben hacer; maximizar sus utilidades económicas. ¿Cuál fue la oferta de Piñera para ser elegido? Crecimiento económico; único horizonte concreto del porvenir para los conductores de la derecha. ¿Qué propongo? Cambio en el pilotaje. Que se bajen todos los que nos han llevado directo al iceberg del Titanic. Darle el mando a quienes propongan la reconstrucción de la familia destruida, a los que propongan una educación escolar centrada en los valores de la familia, de la unidad nacional, de la solidaridad entre clases, a los que promuevan el domingo como el día de la familia y no del centro comercial. Quitarle el timón a quienes permitieron que la libre competencia degenerara en la libertad para despedazar a los débiles abusando de posiciones de mercado, quienes permitieron una concentración económica no por mérito de crear riqueza sino de quitársela a los que tienen una posición de mercado desmejorada. Quitarle el timón a quienes confundieron libertad de expresión con libertad para agredir comunicacionalmente a las personas de poco juicio.

Los valores son los mismos: libertad, seguridad, igualdad, solidaridad. La izquierda privilegia algunos sobre otros; igualdad sobre la libertad; seguridad por sobre la libertad. Nosotros, quienes abrazamos los valores o las prioridades de esos valores en la perspectiva de la derecha, sabemos que resulta con la receta de izquierda: poder para el estado, tiranía explícita o larvada, pobreza y falta de horizontes. Los ejemplos en la modernidad están a la vista. Nosotros privilegiamos la libertad sobre la igualdad; la libertad sobre la seguridad. ¿Por qué lo hacemos? Tenemos 100 o 1000 relatos para explicarlos. Pero nuestros líderes (o más bien, los que se han apoderado mañosamente del timbre que los acredita como nuestros líderes) carecen de formación humanista, les falta imaginación; y en muchos casos les sobra codicia y avaricia.

Nada sucede por fatalidad como en el tango. Allamand hace años proponía el “desalojo” de la izquierda”. Yo propongo el desalojo de los que han dirigido a la derecha.

Junio 2021

lunes, 7 de junio de 2021

OBJETIVISMO, PERSPECTIVISMO, RELATIVISMO, E IDIOMA


La ciencia física y la biología nos ofrecen en los tiempos que corren, evidencias que nos mantienen perplejos; la materia no es estática, se encuentra en un devenir, en un curso; en un desde, rumbo a un hacia. Moléculas que están en un eterno potenciarse o degradarse, conformadas por estructuras atómicas que giran a unas velocidades increíblemente altas, y que tan pronto se conforman en esos órdenes, como también se dislocan y se transforman en “otra cosa”. La biología moderna ha demostrado que los seres vivos tienen una indeterminada (y quizá indeterminable) aptitud de mutar en estructuras diferentes. Todo este cuerpo de estructuras vivas e inertes, viajan a través del espacio en expansión desde un hipotético día cero del big bang, hacia un destino y en un rumbo imposible de determinar para la inteligencia humana. Nuestra fuente de vida que es el sol, también fluye y se consume, de modo que es posible conjeturar con datos bastante precisos, que un día dejará de alumbrarnos y hacer posible la vida en la tierra. Para mayor perplejidad, la conducta de estos cuerpos atómicos, que creíamos se conducen de modo causal y predecible, se ha constatado que en determinadas circunstancias se conducen de manera aleatoria y eventualmente arbitraria.

Estas evidencias-conjeturas-hipótesis, de las ciencias naturales, es el telón de fondo, o el suelo, o el entorno; desde donde el hombre se hace las preguntas eternas de la filosofía. Y así ha sido desde los albores del pensamiento codificado por el idioma, que en occidente lo fundamos en aquellos pensadores de las costas de Anatolia, por allá por el siglo quinto antes de Cristo. Desde entonces hemos desarrollado conceptos, gracias al idioma, fundados en el retrato que se tiene de la realidad en base a lo que la acumulación de conocimientos sobre la realidad material que nos circunda, nos permite conjeturar.

¿Qué sucede pues cuando aparece un Galileo y zamarrea el árbol de la realidad, y empiezan a caer frutos, cuya existencia antes no nos representábamos que podían existir? Pues sucede lo que gatilló Galileo. La visión del mundo comienza a cambiar a un punto tal que las convicciones y certezas que se tenían entonces se fracturan, caen y se comienzan a disolver. En su defensa el angustiado náufrago de esas ideas que es la conciencia humana, edifica nuevas certezas para poder aferrarse a ellas. Y lo que a mí juicio sucede en el mundo moderno, es que las nuevas evidencias descritas en el primer párrafo de estas letras, conforman un nuevo telón de fondo, suelo, o entorno, en que las ideas filosóficas se reacomodan. Y siendo este reacomodo muy lento y doloroso, lo que vivimos creo yo, es precisamente la “crujidera” de las ideas de la ilustración, que ordenaron el mundo hasta hace muy poco. Así, nos encontramos “dando palos de ciego” en esa búsqueda de nuevas certezas y son algunos de esos palos de ciego, los que pretendo develar.

En efecto, no son estas conjeturas ocio de diletantes sin relación con nuestra vida cotidiana. Por el contrario. El impacto de esta fractura de las convicciones que fundó Newton con la ley de gravitación universal, hoy en franco cuestionamiento y disolución como pilar de la carpa del mundo, nos afectan de una manera cotidiana en el debate social, valórico y político. La ilustración, el racionalismo y la fe en el progreso y la ciencia empírica, lentamente se van inundando y amenazan con irse a pique. La teoría de la relatividad de Einstein, las evidencias sobre las dimensiones y expansión del universo, la teoría cuántica sobre la incausal conducta de cierta materia, son las que implícitamente inducen a Nietsche a su filosofar con el martillo, haciendo trizas las convicciones pretéritas. El nihilismo implícito de filósofos como el bigotudo alemán o Foucauld, es en cierto sentido un vaciamiento de las convicciones ilustradas sin un relleno aun con nuevas convicciones.

Ante esta fractura reaparece la vieja polémica, prexistente ya en la filosofía pre-socrática entre el objetivismo del mundo observado y el subjetivismo del sujeto que observa. Cuando no hay certezas, cualquier postura tiene tribuna -todo vale- y hoy vemos que las academias y la política están inundadas de un subjetivismo bastante obtuso. Es menester coger el martillo de Nietsche para darle de martillazos (filosóficos se entiende) y traer cordura y cauce a los debates.

Uno de los enemigos del subjetivismo imperante es el idioma. Florecieron en Francia y prosperaron en la academia en Estados Unidos, y ahora nos llegan envasados -deteriorados como muchas cosas que heredamos de Europa- a nuestro suelo, una vocación critica en contra de las certezas que nos provee el idioma. Este subjetivismo del observador ha llevado a postular con vehemencia dogmática, que debemos deconstruir (sin eufemismos léase “destruir”) el idioma. Aquellos edificios de la inteligencia lenta y trabajosamente acumulados de generación en generación. El armonioso castellano, el poético francés, el objetivo y certero inglés, el polifacético alemán son precisamente prodigios de la inteligencia humana. Ahora desde la academia, se propone deconstruirlos. El hombre por siglos ha creado reglas lingüísticas para mejor entenderse; y en castellano cuando se usa el género masculino se lo hace para invocar a personas de ambos sexos; no se lo hace no para imponer un sexo sobre el otro, sino para hacer el idioma un efectivo medio de entendimiento entre personas, hacerlo vivaz rápido y certero. Con la invocación a una supuesta virtud de ser “inclusivo”, imbecilidad que nadie es capaz de definir aun, se demuele el idioma repitiendo personas supuestamente inteligentes, como si fuese una letanía, los dos géneros en cada frase, tal como cuando veíamos a los nazis ridículamente levantar la mano para decir ¡heil Hitler!, cada vez que se cruzaban con alguien. Al escuchar esta letanía, me convenzo qué estamos en presencia no de la demolición del idioma, sino la demolición de la inteligencia; a la vez qué al sometimiento coercitivo por sumisión, a una regla totalitaria y estúpida. Si esto se impone en un “centro de pensamiento” como es supuestamente la universidad, ya el fenómeno es francamente delirante.

Otro de los enemigos del subjetivismo es el sexo. Para que no quede ninguna barrera que impida el imperio de la subjetividad, se impone a macha martillo la doctrina de género que pretende subjetivizar la realidad biológicamente objetiva del sexo, que dentro de otras consideraciones implica la continuidad misma de la especie. Esta subjetivización se pretende imponer con vehemencia totalitaria a través de la llamada, “doctrina” de género. Esta postula que el sexo no existe más que por una imposición, y que participar de un sexo es una decisión volitiva de cada uno. Algo así como los burros vuelan y yo no los veo volar, porque les he impuesto autoritariamente un rol de cuadrúpedos terrestres. Pero si me pongo a repetir en la academia, en la prensa y en las cabezas de góndolas de los supermercados que los burros vuelan, pues el que se oponga a la vocación aérea de los burros, será un discriminador que no quiere “incluir” a los burros en el universo etéreo, y por ende seré un burrofóbico[1]. ¿Da risa? Pero es que es, exactamente lo que sucede actualmente frente a nuestras narices.

En la política, este relativismo forzado y estulticia global se impone a través de la supuesta necesidad que los homosexuales contraigan matrimonio. El Estado, a través de los siglos a creado instituciones jurídicas obligatorias, cuyas fuentes materiales siempre han sido necesidades colectivas que es necesario regular forzosamente. La fuente material que dio lugar a la existencia de la institución jurídica del matrimonio no fue jamás el sexo en si mismo, sino la debilidad de la mujer para soportar sola la maternidad y la debilidad intrínseca de la prole. Por eso se llama matri-monio. Para proteger la matriz generadora de vida y al fruto de esa matriz. Jamás fue para proteger que las personas tuvieran sexo o convivieran. Al estado desde siempre, salvo por consideraciones de salud pública, nada le ha importado que las personas adultas tuviesen sexo entre ellos. A la moral de las personas que buscan una vida elevada de las bajas pasiones y administrar su libertad en la búsqueda de lo justo, lo bueno y lo bello, si que les puede repugnar la poligamia, la homosexualidad o el quiebre de las familias durante la dependencia de la prole; pero salvo cuando está comprometida la protección de los débiles, el estado no tiene ninguna justificación para intervenir con normas jurídicas imperativas. ¿Qué protección hacia los débiles hay en una pareja de homosexuales? Ninguna. Entonces ¿Que hay detrás de esta manía del mainstrem -que los políticos siguen como perritos falderos- de imponer el matrimonio de los homosexuales en los ordenamientos jurídicos de occidente? Implícito a ello está la tentación totalitaria de imposición de la subjetividad nihilista, imponiéndose por sobre las manifiestas realidades objetivas. En este caso, haciendo absolutamente artificial y letra muerta el orden jurídico civil.

José Ortega y Gasset advirtió hace cien años esta actitud que ya entonces despuntaba en occidente: el subjetivismo trepando por la borda ante el naufragio de las antiguas convicciones[2]. Para combatirla propuso una nueva epistemología[3] que fuese un remedio a esa tendencia. La denominó el perspectivismo. Su célebre metáfora de la naranja cogida por el observador implica observar una parte de su contorno y negársenos el resto; y al cambiar de posición de observación, perdemos la original perspectiva al ganar la que originalmente no observáramos. Sostenía que, siendo la posición del espectador de la realidad siempre relativa, la realidad objetiva es interpretada parcialmente desde una perspectiva y circunstancia. Solo somos capaces de observar la realidad objetiva desde una perspectiva; la nuestra. Pero la realidad sigue allá afuera de las subjetividades. Esta propuesta orteguiana nos permite confrontar esta conducta delirante que hemos descrito para que el individuo y la colectividad humana retorne a su cauce de convivencia y equilibrio.

Cuando era niño padecía de terrores nocturnos. Despertaba en la obscuridad y se me ocurría que la Calchona, que era una bruja maléfica cuya existencia me habían referido en mis estadías en el campo, se aparecería desde dentro del closet y me atacaría. Corría al dormitorio de mis padres. Mi padre, noche a noche, racionalmente me convencía qué la Calchona no existía y volvía a la paz del sueño.

La obscuridad de las certezas en el mundo contemporáneo, llevan a la humanidad a un pensamiento mágico similar al de la Calchona. Para enfrentar los despropósitos de la deconstrucción idiomática debemos enfrentar la vehemencia totalitaria, sin indignaciones morales, sino develando la ridiculez de aquellos artificiales conceptos. La indignación moral, aunque la sintamos y legítimamente, nos separa como un resorte de aquellos posesos de estas ideas delirantes. Debemos convencerlos, que la Calchona no existe.

Junio de 2020

 



[1] Metáfora expresada por Javier Banegas en “La Ideología Invisible”

[2] En sus obras “La Deshumanización del arte” y “En torno a los valores”

[3] Rama de la filosofía que trata sobre los fundamentos y métodos a través de los cuales se forma el pensamiento.

jueves, 3 de junio de 2021

DESDE EL “SOLO SE QUE NADA SE” SOCRATICO, HASTA EL “SOLO SE QUE TODO SE” HEGELIANO. A PROPOSITO DEL PROGRAMA DEL FRENTE AMPLIO

 

A riesgo de ser lapidado por la comunidad erudita quiero provocar al lector a reflexionar, de qué manera la erudición y el academicismo contemporáneo nos tiene sumidos en un pozo de confusiones. Todos conocemos el apotegma socrático “solo sé que nada sé” supuestamente expresado por Sócrates, el famoso tábano[1] de Atenas; obviamente una hipérbole del petiso ateniense para desnudar la arrogancia intelectual de los sofistas. Estos últimos personajes de Atenas que hoy podríamos ver representados en la academia por doctores, doctorandos, Phd, post doctorandos y otras subespecies de eruditos.

Luego de la formidable proeza intelectual del otro pequeño gigante, Inmanuel Kant, la filosofía alemana se desborda en pensadores que han legado a la humanidad algunas ideas luminosas, pero también bastantes confusiones. Muchos de ellos despreciando o derechamente abandonando la claridad [2] y por consecuencia el respeto hacia el lector; sea de manera deliberada o por falta de destreza en el uso del idioma. El resultado de esta obscuridad es que algunas “célebres” obras -por causa de esta confusión- sirven para un barrido y un fregado. Es el caso de Hegel, quién a mi juicio inicia una carrera, que tiene a la filosofía contemporánea sumida en la confusión más patética; donde la erudición pareciera que se mide en la aptitud para confundir más que para iluminar. A través de su obscuridad Hegel sirvió de fundamento tanto para un neo espiritualismo, como para la genocida doctrina del comunismo.

En efecto, es Hegel el que genera una implícita jerarquía de los pensadores, donde los más eruditos pretenden ser los creadores de Sistemas de Pensamiento. Estos sistemas son las cuevas protectoras que nos permiten una sensación de control intelectual sobre la confusa realidad; esa que se encuentra allá afuera de la cueva. Los sistemas de pensamiento son aquello que nos permite tener una supuesta respuesta para todos los fenómenos de la realidad. En estos oscuros pero protegidos refugios, es donde afloran esos gigantescos hongos que son las ideologías. El último estadio del refinamiento de los sistemas de pensamiento, que provocan la esclerosis del entendimiento hacia la realidad circundante y el desprecio intelectual hacia ella.

También hay filósofos que al igual que el pequeño Sócrates, pretenden ser nuestros tábanos contemporáneos, pero la academia se encarga de darles una cicuta mucho más amarga que la que debió soportar el ateniense: el azote de la indiferencia, el olvido; el desinterés hacia ellos por haber cometido el pecado de tironear hacia fuera de la caverna a sus lectores. A veces se les cita de nombre para demostrar respeto reverencial hacia ellos, pero se ocultan e ignoran sus ideas y obras. Todo el que no se cobije dentro de un sistema, y dialogue bajo el paraguas de un “marco conceptual”, está fuera de la academia. Estos parias forman legiones en el mundo. En Chile por nombrar alguno: el ignorado Jorge Millas.

El desiderátum de esta confusión de hierofantes de la filosofía, lo representa la escuela autodenominada post estructuralista francesa[3]. Si la obra de Hegel es confusa y da para más de una interpretación, lo de los hierofantes franceses de la filosofía contemporánea es una verdadera adicción a lo confuso. “Que cada uno saque las conclusiones que quiera” pareciera ser el lema. Es así como algunos ven una cosa y otros otra en Foucauld o Derridá [4]. Pero gracias a haberme dado “la lata” de intentar nadar en sus cenagosas y turbias aguas, reconozco su idioma o más bien su jerigonza.

¿Pero qué importancia tienen para nosotros chilenos, lo que digan este ramillete de diletantes franceses?

Al leer el programa de gobierno del candidato presidencial Gabriel Boric, elaborado según él, por más de 450 “expertas y expertos”[5] según el postulante a la dignidad presidencial, me encuentro con esta jerigonza y reconozco entonces el “marco conceptual” en el que se desenvuelven los auto declarados expertos.

Cuando estos adictos a la confusión semántica se encuentran encerrados en la academia, no causan más pérdidas que el patrimonio de los padres que pagan la universidad y el tiempo de los pobres alumnos que los escuchan. Pero cuando este verdadero paquete de virutilla conceptual accede o pretende acceder a la primera magistratura de la nación la cuestión nos afecta a todos.

Lo que se reconoce en el programa del señor Boric, es un total y completo desprecio por los datos que nos provee la realidad empírica en aras a un relato más o menos trasnochado pero adobado con la novísima doctrina de género. Todo bajo un envase y una falsa épica como de novela. Una gráfica donde aparece un Kombi Volkswagen que fue el símbolo de la revolución de las flores californiana de los 60 ¡del siglo pasado! rodeado de montañas de colores. Una visión onírica de un socialismo que fracasó hace 50 años en Chile, y a través de datos taxativamente erróneos de la realidad empírica se pretende envolver una propuesta fácticamente totalitaria de gobierno globalista, sin respeto a la soberanía nacional, bajo le égida de la agenda 20-30, patrocinado por la burocracia totalitaria de las Naciones Unidas y sus generosos dinosaurios ultra capitalistas. Tiene también algunos aderezos de comunismo maoísta y muchas, muchas, muchas; intenciones sin una descripción de cursos de acción para lograrlas.

Si los electores se dejan engatusar por este tratado de demagogia sofista, quiere decir que se merecen ser gobernados por tiranías burocráticas que propone Gabriel (así se le nombra). Espero que los tábanos chilenos hagan su trabajo de desnudar que el rey Boric va desnudo.

Gabriel; repite conmigo: solo sé que nada sé.

Junio 2021

 

 



[1] Así le decían por perturbar la tranquilidad intelectual especialmente de los sofistas

[2] Al decir de Ortega y Gasset "claridad es la gentileza de los filósofos"

[3] Se disputa mucho entre los sabios de la academia sobre los nombres, categorías y subespecies de estas “escuelas”

[4] Foucauld es el único -quizá no tan confuso en su retórica, pero sí en sus conclusiones- que me he dado el trabajo de leer una obra hasta el final, porque Derrida, Guatarí y Lacan a un tercio o menos de sus “reconocidos” aportes intelectuales, he abandonado su lectura bajo la convicción que me estaban tomando el pelo

[5] Esto de repetir los dos géneros de los artículos es de una irritante monotonía como cuando los musulmanes repiten allhu akbar entre cualquier frase.

viernes, 28 de mayo de 2021

LA IRREALIDAD COMO ADICCION

 

Todos conocemos los perjuicios que representan para la salud las adicciones. El tabaquismo ha sido combatido con cierta eficacia por normas imperativas que han arrinconado socialmente a los fumadores, al punto que, fumar es hoy dificultoso y hasta humillante; pero no por eso deja de cautivar a millones de seres humanos en el mundo. La comida chatarra es hoy la gran adicción de multitudes que padecen obesidad, pero que no pueden abandonar el hábito por que el cuerpo del obeso se encuentra arrinconado por las llamadas grasas saturadas que le envenenan y le generan angustia si decide abandonar la adicción. En síntesis, las adicciones generan un circulo vicioso en el cuerpo que te va destruyendo poco a poco los equilibrios fisiológicos del cuerpo.

En materia sociopolítica también se da este fenómeno de las adicciones del modo que pasaré a explicar.

Los seres humanos en nuestro afán de vivir en el mundo, buscamos comprender la realidad y proyectarnos en el tiempo. Usando de la inteligencia que disponemos, utilizamos dos mecanismos para ello; hacemos un escrutinio de la realidad que nos rodea para tener un diagnóstico de la misma, y proyectamos una realidad futura. Lo sano es que esa realidad proyectada sea consecuente con las circunstancias de la contingencia que nos toca vivir. Si proyectamos un futuro que no pondere adecuadamente nuestra circunstancia presente, es muy posible que la realidad proyectada no se transforme jamás en realidad. Nos basamos en una realidad descriptiva – el ser de las cosas- para proyectar una realidad prescriptiva – el deber ser de las cosas-.

El formarse un juicio de la realidad, no resulta cosa tan sencilla. Se necesita un arsenal de información para que ese juicio de la realidad atine a describir lo que realmente son las cosas. Ese arsenal de información es el fruto de un trabajoso afán de las generaciones de seres humanos que nos han precedido; afán que se remonta desde que el homo erectus se proyectó fisiológicamente en lo que hoy somos. Pero sucede a menudo en el devenir de la historia que la realidad nos supera con sus cambios, y la perplejidad que deriva de esos cambios gatilla un bloqueo de la inteligencia. Algo así sucede hoy en el mundo. Los cambios tecnológicos de las últimas décadas han sido de tal envergadura, que el mismo hombre con sus acciones, ha generado una realidad artificial sustituta a la que fisiológicamente estábamos preparados para comprender. Circunstancias basales donde nos desenvolvemos tales como la familia, el estado o sociedad política, el comercio, el entorno natural, el modo de ganarse la vida; tienen una fisonomía completamente distinta a la que tenían en la época de nuestros padres, abuelos y bisabuelos; que muy a menudo no comprendemos. Nuestra programación mental tiene una secuencia histórica y la capacidad de mutación de nuestra psique demanda generaciones.

¿Qué deberíamos hacer como individuos o como sociedad para superar esta perplejidad? Detenernos, ensimismarnos individual y colectivamente, investigar, reflexionar; y en base a un juicio prudencial proyectar un futuro que sustituya los errores que hemos cometido en las últimas décadas y aproveche las oportunidades que ofrece las maravillas de la creación divina y de la creación humana.

Pero esa conducta no la percibo suficientemente en el mundo contemporáneo. Más bien lo que percibo es una peligrosa adicción a la irrealidad.

El círculo vicioso de un obeso es que tiene una condición adversa de exceso de grasas en el cuerpo por consumir comida chatarra, y cuando su organismo le demanda energía, su cuerpo le provee los lípidos que almacena. Y como los lípidos que almacena provienen de grasas saturadas, entonces fluye a su torrente sanguíneo lípidos con elementos tóxicos que le generan malestar; y debe ceder a su adicción de comer más comida chatarra para superar su malestar y así sucesivamente hasta demoler los equilibrios de su organismo, y generarle los costos sanitarios, sociales y sicológicos de ser obeso mórbido.

Así sucede con las ilusiones irreales en nuestro país y en el mundo contemporáneo:

Ejemplo 1) los males del mundo son por el sistema neoliberal y la solución, sustituirlo por un sistema socialista de “solidaridad” social. Pero se ha comprobado que eso no funciona histórica y fácticamente en el mundo contemporáneo. Cruzamos el túnel del Cristo Redentor y nos damos cuenta que el socialismo argentino provee pobreza, discordia, injusticia y malestar desconocidos para nosotros. No importa esa realidad. Agreguemos más irrealidad; es cuestión de calidad de gestión. Nosotros lo haremos bien y ellos lo hacen mal. Más socialismo nos llevará al verdadero socialismo, aquel socialismo de las ensoñaciones utópicas.

Ejemplo 2) Los males de Chile se deben a la constitución de Pinochet. Hay que sustituirla. Pero la constitución de Pinochet, que no es de Pinochet, no dice nada más ni nada menos que lo que dicen todas las constituciones que han existido en la historia de Chile y en el mundo contemporáneo. No; responden los irrealistas; debatiremos todo y sustituiremos todos los rasgos “autoritarios” de ese texto que es la causa de nuestras desgracias. Pero aquello traerá más discordia que la que ahora soportamos, y los problemas de Chile y del mundo son otros y seguirán pendientes. No importa; aferrémonos con fe a esta irrealidad para seguir adelante y alimentemos esa irrealidad con nuevas irrealidades.

Ejemplo 3) Existe una pandemia. Pero sucede que la enfermedad propagada no genera un número significativo de víctimas para que esa enfermedad pueda denominarse pandemia. No importa. Los protocolos así lo señalan y la OMS así lo ha decretado. Se detecta la enfermedad a través del examen de PCR. Pero la ciencia dura señala que el PCR no detecta enfermedades virales y prueba de ello es que los positivos al examen en su enorme mayoría no hacen esa ni ninguna enfermedad. No importa; tomemos decisiones de salud pública basadas en ese dato. Pero sucede que las medidas sanitarias adoptadas encierro, mascarilla y vacuna; no eliminan ni moderan la propagación de la enfermedad y evitan lo que científicamente se conoce como inmunidad de rebaño. No importa; la irrealidad está ya internalizada y se debe justificar con nuevas irrealidades. Pero el daño a la convivencia social, a la economía de las familias etc. etc. etc. No importa; sigamos adelante.

¿Qué hacer para recobrar el equilibrio? Mi receta: la humildad. Lo que los creyentes llamamos el santo temor de Dios, que para un no creyente es una conducta casi incomprensible. Sapere aude diría Kant. Todas las recetas se resumen en una: ¡detengamos esta locura!

mayo de 2021

jueves, 20 de mayo de 2021

I WANT IT ALL AND I WANT IT NOW

 


Escribo estas letras, no contra el 66% que no votaron el domingo y que merecen irse al carajo. Las escribo contra los comentaristas de las elecciones.

Llueven los diagnósticos del desastre electoral del fin de semana. Casi todos “lo vieron venir”. En casi todos los diagnósticos se conserva en una custodia sacrosanta, esta sagrada forma: la impoluta voluntad popular. Aquella mirífica voluntad que clama por justicia, igualdad y libertad; que la sociedad opresora les niega a jóvenes, ancianos, mujeres, miembros de pueblos ancestrales, LGTB, inmigrantes y otras víctimas. ¿Los malos?; los políticos, los empresarios, los curas, los carabineros etc. Elites malas e injustas; pueblo bueno y “abusado”. Avinagrados lugares comunes, enchulados para la ocasión. Siempre, de parte de los buenos y anatemizando a los victimarios.

Yo no formo parte de esos inteligentillos. Si Uds. leen en mi blog mi artículo Educación para el Señorío, que escribí en 2014 para la revolución pingüina y el que escribí a un mes de la asonada de octubre de 2019, Algunas Causas de la Crisis 19-10-19, podrán comprobar que no soy de ellos. No me quiero abanderizar por los buenos, porque en lo que ha sucedido en mi patria, no hay buenos. Desafortunadamente son casi todos del bando de los malos, o peor aún, de los tontos.

El título de estas letras es el de una popular canción del grupo británico Queen: Lo Quiero Todo y lo Quiero Ahora. Los artistas perciben las emociones antes y mejor que los inteligentillos intérpretes de lo políticamente correcto. Escrita en 1989, donde los fenómenos sociales que hoy nos afectan era lo que las masas demandaban entonces en Reino Unido. Siempre Chile 20 años atrasado.

Es eso lo que viene sucediendo en Chile desde hace más de 20 años: Las expectativas y deseos de la masa[1] son uniformemente acelerados. Corren desbocados. Sus curvas de incremento, exponenciales. La conflictividad entonces va por el mismo carril cuando los talentos no son capaces de satisfacerlos como es el caso de nuestro país. Los aprendices de brujo que han sido elegidos el pasado fin de semana, serán pronto objeto de funas y “movilizaciones”, por ser incapaces de satisfacer estas expectativas fuera de control.

Entonces; ¿está todo bien? ¿no hay nada que mejorar? Nunca está todo bien. Vivimos en el mundo. Lo que les puedo garantizar es que por donde vamos irá todo peor. ¿Cómo lo sé? Como dicen los chilotes; me lo dicta la experencia.

Analizo un solo hecho: la votación de primera y segunda vuelta en la elección presidencial de 2018: En primera vuelta sorprende Beatriz Sanchez que promete dar curso al torrente de expectativas de las masas. Desafortunadamente sale tercera[2]. En segunda vuelta los mismos que habían votado por la “extrema izquierda”, votan a Piñera que gana con mayoría histórica. ¿Por qué? Porque prometía satisfacer esas demandas. Es billonario en dólares, sabe enriquecerse y promete “tiempos mejores”. Nadie reparó en este fenómeno. Todos lo escondieron. La derecha para atribuirse a los votantes como partidarios doctrinarios de su sector. La izquierda para no reconocer lo veleta de su voto.

Obviamente los tiempos mejores no llegaron. Las fantasías nunca llegan. Pero la caldera de las expectativas seguía hirviendo y la extrema izquierda organiza una asonada terrorista en octubre y… oh milagro; un millón de empoderados salen a solidarizar con el terrorismo urbano. ¡Que cambie todo gritan! Ínfulas para el violentismo leninista que se siente ahora parte de esta fiesta e intensifica la violencia verbal y física en las ciudades de Chile haciendo de ellas un lugar desolador. Y sucede lo impensable: La clase política con una musculatura espiritual e intelectual mínima, no soporta el peso de las demandas y cede. El barco se escoró entonces, en meses subsiguientes toda la clase política, presidente incluido, se dedicó a violar sus obligaciones juramentadas, y al barco le entro agua hasta la sentina. El domingo pasado la nave en que cabíamos todos y había superado escollos y temporales se ha ido a pique.

Para los opinólogos, las de las masas no son demandas; son “legítimas demandas”. Es decir, tener jubilación sin haber ahorrado un peso; legítimo, tener una casa sin haber ahorrado para ello; legítimo, estar (porque no es estudiar) en la universidad 7, 8 o 10 años, sin pagar un mango; super legítimo, circular por autopistas gratis; legítimo. La doctrina de la pensión soto: Cama, comida y …. ¿Y que tal los que ahorramos, durante la universidad trabajamos después de salir de clases para pagar nuestros estudios, llevamos ahorrando 35 años, cuando fuimos empleados recibimos salarios reales que son una fracción de los actuales? Giles no más. Ahora la gente está empoderada.

¿En qué falló la clase política? “No haber leído a tiempo las aspiraciones de la gente” gritan a coro los inteligentillos. No señores: lo que les faltó fue carácter y presencia de ánimo -solo presente en hombres moralmente impolutos- para darse cuenta qué las expectativas desbocadas había que neutralizarlas urgentemente con un contra relato, y ¡por supuesto! con el ejercicio legítimo de la fuerza coercitiva del Estado. Leer a Maquiavelo, a Aristóteles a Winston Churchill no les habría venido mal. ¿demasiado pedir? Tal vez.

Y ahora ¿Qué hacemos? Hacer lo que los chilenos, igual que Sísifo, hemos hecho tantas veces al punto que es una rutina nacional; esperar que terminen de demoler lo que con tanto esfuerzo construimos, recoger los pedazos y volver de nuevo a edificar. Mientras tanto, montar una máquina política que vaya reclutando voluntades que contenga la energía creadora del país. Aquella del sentido común, del valor de la familia y del trabajo, de la solidaridad con los antepasados, de honrar la palabra empeñada, del amor a Chile, a su libertad y soberanía. Que siga la borrachera dentro hasta que se acabe la piscola. Nosotros afuera, bajo las estrellas, esperaremos activos y tensos, el amanecer de la patria.

Mayo 2021



[1] Las masas son aquella proporción de la población que desea cosas sin relación con las condiciones de posibilidad de las mismas y sin responsabilidad por las consecuencias de sus demandas.

[2] Desafortunadamente digo, porque si hubiese tomado la guitarra entonces ya las cuerdas de esta izquierda renovada estarían todas cortadas y podríamos empezar la reconstrucción.

domingo, 2 de mayo de 2021

LA PANDEMIA COMO EPIFENOMENO

La Real Academia de la Lengua denomina epifenómeno a aquel fenómeno accesorio y que acompaña al fenómeno principal y que no tiene influencia en él.

El devenir de la realidad contemporánea es objeto de escrutinio por quienes nos interesamos en entender nuestro mundo y buscamos interpretarlo, basados en ciertas creencias que nos sirven de faro. Interpretamos pues la realidad montados en nuestra perspectiva de lo que entendemos, es el mundo. Algunos lo vemos el mundo como la manifestación de la voluntad de Dios, otros como un encadenamiento de causas y efectos materiales; todos en esta vigilia permanente, tratando de orientarnos sobre el por qué de los acontecimientos, y las proyecciones que el hombre, la sociedad y el mundo, pueden tener hacia el futuro.

De pronto irrumpe un acontecimiento imprevisto: la epidemia del sars2 covid 19 un fenómeno supuestamente natural[1] que desencadena un fenómeno político-social: la reacción del poder de los estados nacionales y del orden jurídico internacional ante el evento indeseado. No analizo la cuestión clínica ni epidemiológica directamente Solo me enfoco a analizar solo el fenómeno social y político.

¿Cuál es la actitud intelectual de la gran mayoría de quienes se encuentran en esta vigilia escrutadora del mundo frente a la reacción del poder político mundial ante el virus Sars2 covid 19? La gran mayoría interpretan este evento como un epifenómeno, es decir algo que está descolgado y que no tiene por causa ni efecto, los acontecimientos contemporáneos. Es este un colosal error que con la elocuencia de que soy capaz, pretendo desvirtuar. La forma en que el poder político ha reaccionado ante la supuesta pandemia, es parte indesligable del fenómeno político.

En el arte de crear opinión, la modernidad contemporánea no tiene competidores al través de la historia. La Iglesia católica por siglos buscó evangelizar a la humanidad; esto es librar a los hombres de lo que en su perspectiva eran las cadenas del error. Pero sus medios técnicos para ello fueron antes de la modernidad, muy limitados: el púlpito, la misa dominical, la estructura administrativa de la iglesia, etc. En la modernidad, la mayor eficacia para formar opinión se funda en los medios de difusión masivo. Dichos medios están íntimamente ligados al surgimiento de la sociedad de masas[2]. ¿Qué es la sociedad de masas? Aquella donde muy pocos son los que administran su conciencia personal, y la mayoría se forma opiniones envasadas por quienes les entregan las interpretaciones del devenir del mundo y en el extremo, les prescriben cuales deben ser sus deseos vitales. Incluso entre quienes se perciben como ilustrados y se esforzaban por administrar su conciencia individual, la enorme complejidad del mundo derivada de la irrupción de la tecnología que rodea nuestra vida los va empujando a la categoría de hombres masa, esto es, quienes buscan en el supermercado de las interpretaciones del devenir del mundo, aquella que mejor cuadre con lo que consideran lo correcto. Los dispuestos a formarse un juicio propio con esfuerzo, los lectores de las obras de la literatura y de la sabiduría tradicional (teología, filosofía, ética, etc.) van escaseando, y se impone la figura del ilustrado light. Incluso el culto religioso va despojándose progresivamente de la piedad y del santo temor de Dios como lo definía la teología tradicional, fácticamente lo que le daba sentido al culto, y se transforma en una religiosidad sentimental y emocional.

Así las cosas, el devenir de los acontecimientos humanos queda al albedrío de los pocos que forman opinión y que la suministran con la mamadera al bebe, sosteniendo el joiztick de la historia. Así sucede por cuanto, dentro de otras razones, los medios de difusión y de formación de opinión quedan en manos de muy pocos; poderosos anónimos y lejanos de nuestra vida colectiva. Y aquello se debe a estas dos causas que se coluden peligrosamente: Debido en primer lugar a que “formar” opinión cerrada que no acepta discusiones, es hoy más simple que antaño, dado los potentes y omnipresentes medios de difusión e imposición de esas interpretaciones; y debido a la debilidad cuantitativa de quienes nos resistimos a las interpretaciones envasadas y mantenemos este vigilante escrutinio del mundo.

La reacción del poder político mundial ante el fenómeno de la gripe china ha sido procediendo con una vehemente voluntad de imposición y despreciando la razón científica del evento. ¿Por qué digo esto? Por las siguientes razones: 1) La llamada pandemia se enfoca a una enfermedad menos letal que muchas con las que convivimos actualmente en el mundo. No existe razón para que se reaccione ante el covid 19 como se ha hecho y no se reaccione ante la tuberculosis, por dar un ejemplo; que mata más gente todos los años. Hace cinco años atrás la OMS reemplazó el concepto de pandemia eliminando la parte de la definición que cualificaba como pandemia, enfermedades que causen una letalidad significativa. 2) La identificación de esta gripe se hace a través de un procedimiento científicamente ineficaz para detectarla. En efecto, el examen denominado PCR, está científicamente definido que no detecta siempre la enfermedad y además detecta como positivos a quienes no manifiestan la enfermedad. Además, resulta equivoco conforme distintas formas de practicarlo. En base a este procedimiento de detección, se toman decisiones lesivas a las garantías jurídicas más básicas; libertad de desplazamiento, libertad de trabajo, libertad de culto etc. etc. etc. Las más lesivas de que se tenga memoria incluso cuando se han desencadenado guerras que afectan al territorio afectado. 3) Las medidas que se adoptan no tienen ningún efecto positivo comprobado para disminuir el número de supuestamente contagiados, entre otras cosas porque el PCR detecta un número indeterminado de virus que conviven pacíficamente con el organismo humano. En otras palabras: aunque permanezcamos 20 años encerrados, los llamados “positivos” detectados por el PCR no hay razón científica para esperar que se reduzcan. 4) el paño en la boca y nariz no tiene efecto alguno para combatir la dispersión del virus, fuera de recintos cerrados. Es completamente absurdo e inútil científicamente usar mascarilla fuera de un recinto cerrado por el orden de magnitud de la atmosfera natural que respiramos en los exteriores.

¿Es este mega desatino un epifenómeno? ¿Está desconectado con la fenomenología de la modernidad? La respuesta es no. Los políticos del mundo no se refieren a los cuestionamientos señalados.

Vivimos el colapso por desgaste, de una forma de interpretar el mundo. Este colapso se manifiesta en el sinsentido existencialista con que reacciona la autoridad pública. Nos pretenden convencer qué, se procede para protegernos de un evento excepcional. En verdad, no nos protegen y no es un evento excepcional. La enfermedad y la muerte acompañan a la humanidad y la acompañarán por siempre y la muerte es un hecho individual no social. A través del martilleo cerebral se pretende privar a las personas de su dimensión individual. Si sales a la calle y ejercitas tu libertad personal, matas gente. Eres un homicida”. La buena salud deja de ser un bien, y pasa a ser una virtud personal.

Lo expresado no lo inventé. No lo digo yo. Spengler hace 98 años lo visualizó someramente. Ortega, hace 97 años también lo hizo. El Papa emérito, Benedicto XVI lo ha dicho en sus escritos.

La ilustración y su confianza liberadora, agoniza. Padecemos la beatería de las estructuras, de los protocolos, de los procedimientos previstos en manuales. La vida discurre libremente por afuera, y la burocracia sanitaria, económica, militar, policial, empresarial etc. solo se ajusta a procedimientos previamente establecidos sin tener en cuenta esa vida y su lógica. El comunismo fue precisamente la cúspide de la mentalidad ilustrada. Llevó el racionalismo administrativo al extremo, y colapsó envuelto por las llamas de la completa y total irracionalidad e inutilidad. Le ha tocado la hora a occidente y al llamado “sistema capitalista”. La sociedad moderna carece de sentido trascendental humano. Se pilla la cola permanentemente. El logro de ser “una sociedad plenamente desarrollada” está definida adjetivamente. Es el hombre y el orden social que se dio el que se manifiesta en el mega desatino de la campaña anti pandemia. Se persuade a las masas que este Leviatan los salvará de la muerte y que lo único que deben hacer es someterse a sus dictados. ¿Puede haber una imbecilidad más completa? Se persuade a las masas que la muerte es un evento y no como realmente es: un plazo. Mientras vivo la muerte no existe.

No. No es este un epifenómeno del comportamiento humano en la modernidad. La forma en que los poderosos del mundo han reaccionado ante este evento que sería completamente natural[3], es un fenómeno enganchado estrechamente con la modernidad. Forma parte de la locura ilustrada de querer controlarlo todo, incluso la muerte.

Mayo de 2021



[1] Hay quienes sostienen tener pruebas científicas que el covid 19 es una fabricación humana en los laboratorios de China.

[2] ¿Como causa o como efecto? Hay una duda razonable.

[3] Aunque el virus hubiese sido creado en un laboratorio, aquello no quiere decir que el surgimiento de un virus nuevo no sea un evento potencialmente natural.