lunes, 5 de enero de 2026

LA INDIGENCIA DE LAS IDEAS FRENTE A LAS CIRCUNSTANCIAS

 


 

Desde nuestra formación escolar venimos escuchando algo que a los hombres de occidente nos ha marcado a fuego: Las ideas cambian el mundo. La historia de la humanidad sería un escalamiento progresivo gracias a nuestra capacidad de razonar y de formular ideas sobre el mundo que nos rodea. Se nos ha repetido como un mantra: La revolución francesa fue la consecuencia de las ideas liberales, la revolución rusa fue la consecuencia de las ideas de Marx y Engels, la existencia misma de los Estados Unidos es fruto de las ideas de la libertad expresadas por los padres fundadores de aquella nación del norte, etc.

De esta tendencia a la santificación de las ideas como ídolos y pre formadoras de la realidad, nace también una confusión omnipresente en los estudios históricos y de la política: A menudo se confunden los planos prescriptivos y los descriptivos de la realidad.

Todas las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos, dice nuestra constitución. ¿Qué quiere decir realmente eso? ¿Qué somos todos realmente iguales? ¿Qué somos todos realmente libres? ¿Qué somos todos realmente dignos? ¿Qué todos tenemos realmente los mismos derechos?

Trayendo la cuestión a nuestra contingencia, tenemos a un gobierno muy pronto saliente, completamente fracasado, encabezado por un individuo fracasado. Alguien que prometió transformarse en el sepulturero del neoliberalismo, idea demonizada por los redentores progresistas que entronizarían el reino de la igualdad económica, la igualdad de género, y el respeto irrestricto de los derechos humanos de los que infringen la ley opresora. Para eso una nueva constitución que establecería el reino de la igualdad interseccional.

¿Obras para el bien de Chile y de los chilenos? ¿Conductas que pongan de relieve cualidades personales de los gobernantes? Absolutamente ninguna. Le pagamos el sueldo, casa, viáticos, movilización, viajes, pitutos a sus amigotes, a este fracasado y a su séquito de cleptócratas, para que no solucionaran absolutamente ninguno de los problemas contingentes, algunos de ellos graves. Por el contrario, impuestos, violencia, delincuencia, inseguridad, endeudamiento fiscal; se han incrementado a niveles nunca antes vistos.

Harto de estos fracasados y cleptócratas, la ciudadanía elige por mayoría significativa a quien dice, gobernará con ideas de derecha. De extrema derecha le acusan sus detractores. ¿Qué quiere decir aquello? ¿Más honestidad? ¿más trabajo? ¿ordenar la convivencia sometiendo al imperio de la ley a los gobernantes y gobernados? ¿exterminar el terrorismo en la Araucanía? ¿liberar a los ciudadanos del yugo de impuestos asfixiantes que impiden el emprendimiento?

El anterior gobierno que gobernó con ideas de derecha, subió los impuestos, el endeudamiento fiscal, las regulaciones asfixiantes, toleró el terrorismo, persiguió a miembros de las fuerzas armadas y carabineros por imponer el imperio del derecho, toleró el salvajismo del lumpen urbano. No parece un buen adjetivo pues, profesar ideas de derecha, así sin más.

La clave de esto está en el absurdo del mito dominante descrito en el párrafo inicial. La verdad es muy distinta: no se gobierna con las ideas; se gobierna con las conductas. Las ideas no son justas o injustas. Solo las conductas obtienen ese calificativo.

En lo formal, el Presidente electo José Antonio Kast, aparenta ocuparse de ser un (futuro) gobernante virtuoso. Eso ya es algo. Pero no basta para limpiar la institución de la jefatura de estado del cenagal donde la ha rebajado su predecesor. Se necesita cierta radicalidad que le separe a los ojos de los ciudadanos, de aquel ambiente contaminado.

Las “visitas de estado” a quienes han participado en el saliente gobierno depravado, aunque fuere de manera indirecta, disuelve la energía que debemos empeñar comunicacionalmente, para dejar por establecido, que sus participes, nunca más deben tocar el timón de la república.

José Antonio Kast Rist: si quieres la paz, prepárate para la guerra.

diciembre de 2025